CARRANZA
Y LOS DESAFÍOS HISTÓRICOS DEL CONSTITUYENTE DE QUERÉTARO
FREDDY
J. ESPADAS SOSA*
Presentación
El
objetivo general de este trabajo consiste en ponderar en su dimensión
histórica la gran visión política que tuvieron
los constitucionalistas encabezados por Venustiano Carranza, al
erigirse como la facción hegemónica que tomó
el control político y militar del país después
que se produjo la escisión revolucionaria. Entre los objetivos
estratégicos que se plantearon los consti-tucionalistas
destacan la búsqueda de la centralización política
del país, la creación de las bases institucionales
del Estado moderno y la adopción de un nuevo pacto social
que recogiera las principales demandas económicas, políticas
y sociales expresadas a lo largo de la Revolución, las
cuales finalmente quedaron plasmadas en la Constitución
discutida y aprobada por en Constituyente de Querétaro.
I.
Carranza vs. Huerta. El Plan de Guadalupe.
El
principal opositor al gobierno ilegal de Victoriano Huerta fue
el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, quien convocó
a los demás gobernadores a pronunciarse por el desconocimiento
de aquél.1
Al encabezar un amplio levantamiento político y armado
mediante el Plan de Guadalupe proclamado el 26 de marzo de 1913,
Carranza comenzó a darle una dimensión nacional
al movimiento constitucionalista. Con la autoridad que le confería
el citado Plan, el gobernador norteño comenzó a
expedir decretos sobre asuntos fiscales, militares, políticos
y administrativos.
La
amplia visión de Carranza como hombre de Estado puede apreciarse
con las adiciones que le hizo al Plan de Guadalupe mediante un
decreto emitido en Veracruz el 12 de diciembre de 1914, en el
que se pasó del plano eminentemente político a los
planos económico, social y administrativo, proponiendo
acciones y reformas profundas previas a la promulgación
de la Constitución de 1917.
En
el decreto citado, que comprendía siete artículos,
el segundo señala que Carranza continuaría expidiendo
y aplicando todas las leyes, disposiciones y medidas encaminadas
a satisfacer las necesidades económicas, sociales y políticas
del país, en aspectos tales como: igualdad de los mexicanos;
leyes agrarias a favor de la pequeña propiedad; disolución
de latifundios y restitución de tierras a los pueblos;
leyes fiscales encaminadas a un sistema equitativo de impuesto
a la propiedad; legislación a favor del obrero, el peón
rural, el minero y las clases laborantes en general; libertad
municipal como institución constitucional; nueva organización
del ejército; reforma de los sistemas electorales para
hacer efectivo el sufragio; bases para la organización
de un Poder Judicial independiente; leyes relativas al matrimonio
y al estado civil de las personas; revisión de los códigos
Civil, Penal y de Comercio; revisión de las leyes relativas
a la explotación de minas, petróleo, aguas, bosques
y demás recursos del país; reformas para hacer expedita
y efectiva la administración de la justicia, y en general
«...todas las demás leyes que se estimen necesarias
para asegurar a todos los habitantes del país la efectividad
y el pleno goce de sus derechos y la igualdad ante la ley».2
Antes
de que finalizara 1913, Carranza tenía por capital a Hermosillo,
mientras Huerta ocupaba la ciudad de Méxi-co. Si bien los
poderes de ambos dependían de los militares, el de Carranza
estaba en expansión y el de Huerta en plena decadencia.3
De esta manera, Carranza se abrió paso en el complejo y
encarnizado escenario de la revolución, hasta convertirse
en Primer Jefe de la poderosa facción constitucionalista.4
II.
La escisión revolucionaria y el ascenso hegemómico
de los constitucionalistas.
Entre
1914 y 1915 transcurre el mayor enfrentamiento bélico,
político e ideológico entre los grandes rivales
de la Revolución: los «constitucionalistas»,
con Carranza a la cabeza, y los «convencionistas»,
lidereados por los caudillos más radicales, Zapata y Villa.
Después
de la derrota de Huerta en julio de 1914, se produjo una escisión
revolucionaria de gran envergadura y trascendencia, expresándose
en una aguda lucha intestina entre estas dos grandes facciones
del movimiento.
En
realidad, la unión de carrancistas, obregonistas, villistas
y zapatistas había sido básicamente coyuntural,
tan sólo de 18 meses, suficientes para derrotar a Huerta.
Después, las contradicciones políticas y programáticas
entre estas facciones se agudizaron al extremo, cobrando expresión
de auténtica escisión en la Soberana Convención,
magna junta a la que había convocado el propio Carranza
y que inicialmente -sin la participación de zapatistas
y villistas- se había reunido del 1º al 5 de octubre
de 1914 en la ciudad de México, con el declarado objeto
de establecer un gobierno en el que estuvieran representadas las
diferentes facciones del movimiento.
Trasladada
a Aguascalientes, donde sesionó del 10 de octubre al 10
de noviembre de 1914, la Convención incorporó a
villistas y zapatistas. La Convención fue francamente hostil
a Carranza por su composición, por el peso político
de los jefes militares y por el tenor de sus demandas, postulados
y compromisos.
La
escisión y el enfrentamiento entre las principales fuerzas
beligerantes alcanzó tal dimensión, que llegaron
a constituirse dos gobiernos con influencia política diferenciada
pero real sobre el país: el de la Convención instalada
en Aguascalientes, que designó presidente provisional a
Eulalio Gutiérrez, y el encabezado por el Primer Jefe Constitucionalista,
Venustiano Carranza, quien, debido a la inseguridad persistente
en la capital, tuvo que trasladarse al puerto de Veracruz a principios
de noviembre de 1914.5 La escisión se hizo irremediable
cuando Eulalio Gutiérrez designó a Villa como Jefe
del Ejército Convencionista, provocando la oposición
de los adictos a Carranza y la capitulación del gobierno
de la Convención en manos de los ejércitos villista
y zapatista.6
Tanto
el gobierno de la Convención como el de Carranza estuvieron
sujetos a múltiples presiones y vaivenes, por lo que uno
de sus signos esenciales era la inestabilidad. Sin embargo, el
afianzamiento político de Carranza obtuvo un fuerte impulso
con el reconocimiento de Woodrow Wilson, Presidente de los Estados
Unidos, a su gobierno el 19 de octubre de 1915.
También
fueron definitivos para el fortalecimiento carrancista los combates
que Obregón libró contra el ejército villista
en abril de 1915 y el repliegue del Ejército Libertador
del Sur, comandado por Emiliano Zapata, cuya presencia se fue
reduciendo a su mínima expresión en el Estado de
Morelos y en parte de las entidades circunvecinas. Con estos acontecimientos
fue desapareciendo la última sombra del gobierno de la
Convención, que en un lapso de casi un año, llegó
a tener como presidentes a Eulalio Gutiérrez, Roque González
Garza y Francisco Lagos Cházaro, siendo su última
sede la ciudad de Toluca, donde comenzó a desvanecerse.7
III.
La preparación del Constituyente de 1916-1917.
Con
su fortalecimiento político, militar y diplomático,
el régimen de Carranza pudo impulsar el proceso de discusión
de una nueva constitución. En realidad, el Primer Jefe
había dispuesto en las Adiciones hechas al Plan de Guadalupe
el 12 de diciembre de 1914 que una vez que triunfara la revolución
constitucionalista y que se hubiesen celebrado las elecciones
de Ayuntamientos en la mayoría de los Estados, el Encargado
del Poder Ejecutivo convocaría a elecciones para el Congreso
de la Unión (Artículo 4º). Asimismo, se comprometió
a rendir cuentas a este Congreso de su actuación en el
gobierno provisional, señalando que8 le someterá
las reformas expedidas y puestas en vigor durante la lucha, con
el fin de que el Congreso las ratifique, enmiende o complemente,
y para que eleve a preceptos constitucionales aquellas que deban
tener dicho carácter antes de que se restablezca el orden
constitucional.
Pero
las preocupaciones y la visión de Carranza iban más
allá, pues se comprometió a convocar a un Congreso
Constituye al decretar el 14 de septiembre de 1916 varias modificaciones
a las Adiciones al Plan de Guadalupe. Los artículos 4 y
5 de este nuevo decreto establecían explícitamente
la conformación de este Congreso y el compromiso de Carranza
de presentar a discusión un proyecto de Constitución
Reformada, tomando por base la promulgada el 5 de febrero de 1857,
pero que contendría las principales reformas expedidas
por el gobierno provisional.9
Carranza
y sus más cercanos colaboradores ocuparon el centro del
escenario en este proceso político.10 El Primer Jefe del
Ejército Constitucio-nalista y Encargado del Poder Ejecutivo
de la República, impulsó todo el proceso preparatorio
para llegar al Congreso Constituyente. El 19 de septiembre de
1916, bajo el lema de Constitución y Reformas que había
enarbolado como defensor del restablecimiento del orden constitucional
roto por la asonada huertista, Carranza emitió un decreto
convocando a la elección de los diputados constituyentes,
que en sus principales artículos establecía:11
Artículo
1º. Se convoca al pueblo mexicano a elecciones de Diputados
al Congreso Constituyente, el que deberá reunirse en la
Ciudad de Querétaro, y quedar instalado el primero de diciembre
del corriente año.
Artículo
2º. La elección...será directa y se verificará
el 22 del próximo octubre, en los términos que establece
la ley general que se expide por separado con esta fecha.
Artículo
11º. El Primer Jefe...concurrirá al acto solemne de
la instalación del Congreso Constituyente, y en él
presentará el proyecto de Constitución Reformada,
pronunciando un discurso en el que delineará el carácter
de las reformas y su verdadero espíritu...
El
Congreso quedó legítimamente constituido en la 10ª.
Junta Preparatoria celebrada en el Teatro Iturbide, hoy de la
República, la mañana del jueves 30 de noviembre
de 1916, bajo la presidencia del diputado jalisciense Luis Manuel
Rojas.12
IV.
Carranza y el desafío histórico de adoptar una nueva
Carta Magna.
Resulta
importante apreciar el espíritu prevaleciente en aquellos
momentos en los que los principales actores políticos asumían
el enorme desafío histórico de dar a la nación
mexicana una nueva Carta Magna que recogiera las más sentidas
demandas que emergieron a lo largo de la revolución.
Reflejando
los grandes enconos que los enfrentaban, el diputado hidalguense
Alfonso Cravioto advertía:13 «...en estos momentos
acaba de quedar constituido el Congreso Constituyente; desde este
momento inolvidable tenemos una inmensa responsabilidad ante la
historia, porque de aquí saldrá la nueva Constitución
que regirá los destinos del pueblo mexicano. Os conjuro,
pues, a que olvidemos nuestros resentimientos personales y dejemos
a un lado todas nuestras bajas pasiones...trabajemos solamente
por la mejor solidez de nuestras instituciones políticas,
por la mayor grandeza de la patria, por la gloria de la revolución.»
En
la misma tesitura se expresaba el Gral. Francisco Múgica,
del estado de Veracruz, cuando señalaba:14 «...estos
momentos solemnes...son el principio de la reconstrucción
nacional...porque en estos momentos depende del criterio de los
legítimos representantes del pueblo mexicano la consumación
de todos los ideales de esta augusta revolución y la consecución
de todas las conquistas que hemos soñado...»
La
preocupación por impulsar las reformas constitucionales
era plausible en la mayoría de las intervenciones que se
dieron en esta junta de instalación; los legisladores llamaban
a deponer los enconos, las pasiones mezquinas, las ruindades y
los enfrentamientos personales, y a trabajar para lo que realmente
habían sido electos: discutir la Carta Magna, o sea, dotar
al país de un código constitucional que estuviera
acorde con las necesidades del pueblo mexicano.15
Como
había estipulado en la convocatoria para el Constituyente,
en la sesión inaugural celebrada el viernes 1º. de
diciembre de 1916, Carranza pronunció un discurso en el
que se refirió a las reformas propuestas, tomando como
referente fundamental la Constitución de 1857 y señalando
cómo muchos de los preceptos contenidos en ésta
no se habían cumplido o bien habían sido desbordados
por los cambios revolucionarios que se venían produciendo
en el país. Carranza entregó el proyecto de modificaciones,
señalando:16 «Vengo a poner en vuestras manos, en
cumplimiento de una de las promesas que en nombre de la revolución
hice en la heroica ciudad de Veracruz al pueblo mexicano: el proyecto
de Constitución reformada...en que están contenidas
todas las reformas políticas que la experiencia de varios
años y una observación atenta y detenida me han
sugerido como indispensables para cimentar sobre bases sólidas
las instituciones, al amparo de las que deba y pueda la nación
laborar últimamente por su prosperidad, encauzando su marcha
hacia el progreso por la senda de la libertad y el derecho...»
La
formación ideológica del Primer Jefe tenía
por base la férrea defensa del individuo y de la libertad
humana. Reiteraba que el objeto de todo gobierno era el amparo
y protección del individuo considerado como unidad de la
que se compone el agregado social; por tal razón, sostenía
que el primer requisito que debía llenar la Constitución
Política tenía que ser la protección precisa
y clara de la libertad humana en todas sus manifestaciones. Con
esta orientación expresaba:17 «...Lo primero que
debe hacer la constitución política de un pueblo
es garantizar, de la manera más amplia y completa posible,
la libertad humana, para evitar que el gobierno, a pretexto del
orden o de la paz, motivos que siempre alegan los tiranos para
justificar sus atentados, tenga alguna vez de limitar el derecho
y no respetar su uso íntegro, atribuyéndose la facultad
de dirigir la iniciativa individual y la actividad social, esclavizando
al hombre y a la sociedad bajo su voluntad omnipotente.»
En
su borrador, Carranza planteó las metas políticas
fundamentales que derivaban de las principales preocupaciones
y demandas del movimiento revolucionario, y que necesitaban ser
plasmadas en la nueva Carta Magna: sufragio efectivo, libertad
municipal, forma presidencial de gobierno, protección a
la pequeña propiedad, sistema de impartición de
justicia, separación de la Iglesia y el Estado, educación
laica y gratuita. Si bien su proyecto fue inicialmente secundada
por la mayoría de los constituyentes, la complejidad de
los aspectos que tocaban las reformas originó que los debates
fueran muy extensos y sumamente polarizados.18
Carranza
participó directamente en el análisis del nuevo
pacto federal, sobre todo en los álgidos debates que se
produjeron en torno a los artículos 3º., 27 y 123.
Aunque su posición fue relativamente flexible, comprendía
que la Carta Magna tenía que codificar los sentimientos
populares. Como nacionalista, Carranza sostenía que se
necesitaba un ejecutivo fuerte para proporcionar energía
al Estado, a fin de garantizar las reformas sociales y el desarrollo
de la economía del país.19
La
discusión de la Constitución ocupó 66 sesiones
regulares desarrolladas entre el 30 de noviembre de 1916 y el
31 de enero de 1917, día en que fue firmada y juramentada
por los diputados y Carranza con el título de «Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos».20 En la
sesión de clausura celebrada este día, Carranza
pronunció un breve discurso en el que hizo un amplio reconocimiento
al trabajo realizado por los diputados constituyentes y expresó
su satisfacción porque: «Veo que la nación,
por medio de sus legítimos representantes, aprecia en el
mismo sentido que yo, a la vez que sus legítimas tendencias,
cuáles son las medidas a que fundamentalmente debe recurrirse
para reorganizar nuevamente la nación y encarrilarla por
la senda de la justicia y del derecho, como único medio
de cimentar la paz y las libertades públicas».21
V.
Colofón.
Carranza
siempre se consideró representante de la voluntad nacional
y asumió la defensa de diversas demandas de las clases
populares. Con su actuación política, militar, ideológica
y diplomática, logró la transición de un
régimen oligárquico a un régimen nacionalista
regido por un pacto federal que tenía por fin último
consolidar la centralización política del país,
preservar la protección de los derechos fundamentales de
los ciudadanos, plasmar los principales programas económicos
y sociales, y establecer con bases sólidas la forma democrática
y republicana de gobierno.22
Frente
a la existencia de diversos centros regionales de poder, cuyo
punto de apoyo fundamental eran los diversos ejércitos
fuertemente permeados por las ambiciones de sus jefes, «Carranza
construyó una estrategia militar que abarcó todo
el territorio, y otra política, que lo condujo a aceptar
las reivindicaciones agraristas... y a establecer pactos con el
movimiento obrero, las dos fuerzas sociales más beligerantes
y ajenas a los proyectos originales de los constitucionalistas.»23
Florescano
ha sostenido recientemente que el Constituyente conformó
en realidad un amplio espectro político e ideológico,
ya que las ideas y los debates de los diputados acerca del contenido
de la nueva constitución sobrepasaban los propósitos
delineados por Carranza.24 El autor señala que precisamente
esta pluralidad ideológica de los delegados y su compromiso
con las reivindicaciones sociales los condujo a transformar radicalmente
el proyecto original de reformas y a producir una nueva constitución,
concluyendo:25 «...el documento reafirmaba los postulados
políticos del liberalismo consagrados en la Constitución
de 1857, [pero] el contenido de los artículos 27, 123,
3 y 130 definió un nuevo proyecto de estado, colocó
en un lugar de primer rango las demandas de la población
más desprotegida, y le atribuyó al estado la facultad
de intervenir en el desarrollo económico y de conciliar
los intereses sociales a favor del interés más alto
del conjunto de la nación».
Al
decir de Berta Ulloa, la nueva Constitución siguió
de cerca los preceptos de la de 1857 y a la vez se apartó
de ellos. Conservó el espíritu liberal de ésta,
preservando el sistema federal, la división de poderes,
la no reelección, la legislatura bicamaral y las restricciones
a la Iglesia.26
La
Constitución de 1917 incorpora el papel preponderante del
Estado en los asuntos económicos y sociales, se impregna
de un profundo y beligerante espíritu nacionalista que
se levantó como poderosa ideología política.
Con
los cambios políticos experimentados por el país,
en la actualidad no sólo se cuestiona la vigencia del llamado
«nacionalismo revolucionario», sino que también
se plantea la posibilidad de que México pueda dotarse de
una nueva constitución que esté acorde con las características
que ha adquirido la sociedad mexicana y con las principales tendencias
del mundo contemporáneo. Como quiera que sea, la gran visión
de estadista de Carranza, la titánica labor de los diputados
constituyentes y el contenido mismo de la Carta Magna de 1917
serán referentes ineludibles en este nuevo desafío
que se le ha presentado a la nación mexicana en el inicio
del nuevo milenio.
1
En el decreto emitido por el Congreso de Coahuila, además
de desconocer a Huerta y de otorgar amplios poderes a Carranza
a fin de que armase fuerzas para el restablecimiento del orden
constitucional de la República, se excitaba «a los
gobiernos de los demás estados federales, rurales y auxiliares
de la Federación, para que secunden la actitud del gobierno
de este Estado». Cfr. Carpizo, Jorge. La Constitución
Mexicana de 1917. UNAM. Instituto de Investigaciones Jurídicas.
3ª. Edic. México, 1979. P. 46
2.
Cfr. Carpizo, Jorge. La Constitución Mexicana de 1917,
op. cit., P. 55
3
Cfr. Cumberland, Charles. La revolución mexicana. Los años
constitucionalistas. Trad. de Héctor Aguilar Camín.
FCE, México, 1975. 1ª. Edic. en español, P.
85
4
«Desde el principio- apunta Cumberland- Carranza adoptó
la posición de ser el representante del gobierno constitucional;
en la medida en que el gobierno central y todos los gobernadores
que lo reconocían, eran inconstitucionales; él,
en cambio, como primer magistrado electo de un estado soberano,
tenía un deber constitucional que cumplir». Cfr.
Cumberland, Charles. La Revolución Mexicana. Los años
constitucionalistas..., op cit. P. 74
El
autor refiere que «el gobierno constitucionalista era una
anomalía en 1913. Aunque Carranza se cuidaba de mantener
el sabor de un gobierno constitucional, en realidad era un dictador
absoluto que gobernaba por decreto y circular...Don Venustiano
construyó un gobierno y formó un ejército
durante 1913 y 1914...Como Huerta, Carranza se vio enfrentado
al triple problema de lo militar, lo financiero y lo político».
Idem.,P. 75-76.
5
Ulloa, Berta. La encrucijada de 1915. Historia de la Revolución
Mexicana. 1914-1917. Vol. 5. El Colegio de México, México,
1981. 1ª. reimpresión. P. 7-14
6
Florescano, Enrique. El nuevo pasado mexicano. Cal y Area, 6ª.
Edición, México, 1999. P. 84
7
Cfr.. Barbosa, Heldt. Cien años de educación en
México. Edit. PAX-México. 1ª. Edic., México,
1972. P. 149-150
La
Convención tuvo varias sedes: Aguascalientes, del 10 de
octubre al 15 de noviembre de 1914; México, del 1 de diciembre
de 1914 al 26 de enero de 1915; Cuernavaca, del 11 al 31 de marzo
de 1915; México, del 31 de marzo al 8 de julio de 1915;
Toluca, del 10 de julio al 10 de octubre de 1915; y finalmente
Jojutla, donde se disolvió el 16 de mayo de 1916. Cfr.
Arnaut, Alberto. La federalización educativa en México.
El Colegio de México, 1998, P. 124
8
V. Carranza. Decreto de Adiciones al Plan de Guadalupe. 12 de
diciembre de 1914. Fabela, Isidro. Documentos históricos
de la Revolución Mexicana. Revolución y régimen
constitucionalista. Vol. IV, FCE, México, 1963, P. 468
9
Berta Ulloa. Historia de la Revolución Mexicana. 1914-1917.
La Constitución de 1917. (Vol. 6). El Colegio de México,
1ª. reimpresión, México, 1988, P.493-501
10
Cfr. Cumberland, Ch. La revolución mexicana. Los años
constitucionalistas... op. cit. P. 199
11
Fabela, Isidro. Documentos históricos de la Revolución
Mexicana, op. cit., Pp. 159-161
12
Cfr. Diario de los Debates del Congreso Constituyente. Versión
taquigráfica publicada bajo la dirección del C.
Fernando Romero García, oficial mayor de dicho Congreso,
y revisada por el C. Joaquín Z. Valadez. Imprenta de la
Cámara de Diputados, México, 1922. T. I, P.253
13
Idem.,P. 253
14
Idem., P. 253
15
Idem., Pp. 254-257
16
Discurso de V. Carranza en la Sesión Inaugural del Congreso
Constituyente celebrada el viernes 1º. de diciembre de 1916.
Diario de los Debates del Congreso Constituyente..., op. cit,
P. 260
17
Idem., Pp. 262
18
Richmond, Douglas W. La lucha nacionalista de Venustiano Carranza.1893-1920.
FCE. Trad. de Mariluz Caso. 1ª. Edic.en español, México,
1986. P. 154-155
19
Cfr. Carpizo, Jorge. La Constitución mexicana de 1917,
op. cit., P. 155
20
Cfr. Ulloa, Berta. Historia de la Revolución Mexicana.
1914-1917..., op. cit., P.536
21
Discurso de V. Carranza en la sesión de clausura del Congreso
Constituyente. Diario de los debates..., op. cit., Tomo II, P.
847
22
Cfr. Richmond, Douglas W. La lucha nacionalista de Venustiano
Carranza..., op. cit., P. 190-191
23
Cfr. Florescano, Enrique. El nuevo pasado mexicano. Cal y Arena,
6ª. Edic., México, 1999. P. 83
24
Idem., P. 86-87
25
Idem., P. 87
26
Ulloa, Berta. Historia de la revolución Mexicana. 1914-1917...,
op. cit., P.537
*Maestro
en Antropología Social, asesor parlamentario y estudiante
del Doctorado en Educación en la Universidad Pedagógica
Nacional.
