LA CONSTITUCIÓN Y LA DICTADURA
CÉSAR AUGUSTO SANTIAGO*

El magistral ensayo de Don Emilio Rabasa, sobre la Constitución de 1857, no ha sido superado. Análisis ejemplar, documento culto, reflexión teórica que no por serlo ignoró el profundo sentido pragmático-mexicano de nuestro desarrollo constitucional.

La Constitución de 57 fue la respuesta política para enfrentar políticamente el oprobio de la época de Santa Ana.

La Constitución de 24 y su federalismo,( su portento de creación y fundación del Estado mexicano), no pudo, por sí misma, contener la ambición de Santa Anna y menos oponerse al gobierno pragmático, convenenciero, dictatorial que se construyó en los hechos, alrededor de su figura.

Un ejecutivo incontrolado e incontrolable era el problema que evidentemente la Constitución de 24 no pudo evitar ni sancionar.

Santa Anna fue un cínico, espléndido en el manejo de la idiosincrasia de la época y maestro en el arte de engatusar al pueblo con mentiras creíbles, porque la necesidad hacia propicia la circunstancia para que la gente tuviera esperanza aún cuando supiera que sólo sería eso, una esperanza sustentada en la mentira y en la manipulación de la publicidad de la época.

Contra eso los hombres del 57 discutieron y aprobaron un documento espléndido que Rabasa se encargó de decirnos en su magistral ensayo «La Constitución y la Dictadura», que realmente, al igual que la del 24, no pudo ser eficaz.

La Constitución del 57, por el prejuicio político derivado de la arrogancia y soberbia del ejercicio santanista, decidió postular un modelo de Gobierno en que el Poder Legislativo tuviese una gran preponderancia.

Las facultades que la Constitución del 57 otorgaba al legislativo se explicaban por la necesidad política que se advertía, en la época, de controlar de alguna forma, a un demagogo Poder Ejecutivo que gozaba de la simpatía o de la sumisión de la gente; pero conducía al país a un terrible fracaso.

Juárez fue el defensor más consistente de la Constitución y sus nuevas facultades, aunque en estricto sentido, Juárez gobernó casi todo el tiempo con poderes metaconstitucionales. La Constitución era su arma de lucha, pero reconocía en los hechos, la dificultad de gobernar con una Constitución muy cercana a un parlamentarismo que no podíamos implantar cuando no había las condiciones sociales para poderlo desarrollar.

Juárez fue también un Ejecutivo muy fuerte, que en su tiempo se vio obligado a imponer su decisión por encima de gobernadores y ante el acoso del exterior. Tuvo una gran autoridad moral y esa fue la mejor razón para gobernar y trascender por siempre.

La Constitución del 57 por sí sóla no fue garantía, porque no basta construir en el papel un diseño correcto consecuente con un modelo de Gobierno, si ese diseño no arraiga en la conciencia popular y en el convencimiento de la sociedad para respetarla y engrandecerla.

Ni la de 24 ni la del 57 por sí sólas demostraron su eficacia para garantizar estabilidad, desarrollo, gobernabilidad.

La Constitución de 1917 es el intento más exitoso para construir un modelo de Gobierno y un proyecto. En 17 estuvieron vivos los escenarios que quisieron evitar la Constitución de 24, las Constituciones centralistas y las parlamentaristas. También estuvieron presentes los problemas que se generaron en el desarrollo del país y por el defecto brutal de dejar a un Poder Ejecutivo incontrolado e incontrolable como garantía única de la vigencia y postulación de la Constitución.

Por eso la Constitución de 17 desarrolló en su diseño original una síntesis magistral de las virtudes políticas y prácticas que el desarrollo constitucional y sus fracasos habían dejado en nuestro país.

Insistió en postular un Ejecutivo fuerte, con un sistema de colaboración de poderes. Dio la garantía de la no reelección para evitar lo que las otras constituciones no pudieron: la perpetuación de un Ejecutivo.

Construyó las garantías sociales para dar, un apoyo normativo a la intención de Morelos plasmada en 24 de aminorar la indigencia y moderar la opulencia.

La Constitución del 17 dijo sí a un Ejecutivo fuerte; pero sin la posibilidad, ni la tentación de reelegirse. Dijo sí a un Ejecutivo con amplias facultades pero siempre orientadas a atender primero los derechos sociales y las alianzas con las grandes capas de la población.

Dijo sí a un Ejecutivo preponderante. Pero sometido a la obligación de incluir a todos sobre la base de respeto a un proyecto de larga duración que se definía precisamente a través del texto constitucional.

La Constitución del 17 por eso es un esquema de organización de la soberanía del pueblo traducida en Gobierno; pero es, además, un programa de Gobierno que postula en su origen las claras conquistas de la revolución social de 1910.

El modelo duró y sirvió, la Constitución fue vínculo y programa de Gobierno y de la sociedad hasta que, como en otras épocas, el Gobierno cayó en manos de quienes no entendieron la razón de ser de la Constitución y la explicación necesaria del sistema político que con base en ella se creaba.

Calles completó el modelo al decidir la incorporación de un nuevo y grande elemento en la conformación del gran sistema que llevó al país a más de 60 años de vida pacífica y ordenada.

Sentido de inclusión, alianza con las clases populares, no reelección, Ejecutivo fuerte, sistema de partidos para propiciar el desarrollo político y las adecuaciones normativas frente a los problemas de cada nuevo tiempo.

Y llegó la tormenta, la Constitución, como en la época de Rabasa, se fue dejando de soslayo. Se acabó la alianza con las clases populares, el Ejecutivo siguió siendo fuerte pero cada vez más autoritario, sin ánimo de incluir a todos, sólo a sus favoritos e incondicionales que por la adulación disfrutaron de los privilegios burocráticos del poder público.

Poner a la política en segundos niveles para dar paso a la especulación económica y al acelerado encumbramiento de los poderosos que acapararon medios de comunicación, influencia religiosa, para ocupar finalmente el mismo poder político.

Se olvidaron de lo que la Constitución exigía y el programa de la Revolución implantado en la Constitución fue como en las épocas anteriores la «letra muerta» que ya no se recordaba siquiera, en las celebraciones del 5 de febrero.

Esa fecha fue la reiteración de un espectáculo en el que el Presidente aprovechaba para explicar los problemas de ese tiempo y dar a conocer sus consignas. Nada que ver con las Constitución que se celebraba en cada tiempo.

Ahora, en esta supuesta transición, la Constitución ya dejó de ser, en poco tiempo, la guía y la norma, el programa o hasta el pretexto. Es ahora un estorbo.

El Gobierno reciente no tiene interés en corresponder a los compromisos sociales y ni siquiera en aceptar el diseño normativo que exige que el Gobierno sóo puede hacer aquello que estrictamente está ordenado en una ley.

Con el eslogan «de reinventar el Gobierno» se atropellan los principio de igualdad de todos ante la ley y sobre todo el de seguridad jurídica. Ya hay vicepresidentes de facto, gabinetes, comisiones, supercoordinadores y las discusiones y el contacto con la sociedad que obliga la Constitución en sus artículos 25 y 26, ha sido substituido por un abusivo y excesivo programa publicitario en los medios de comunicación.

El PRI tiene la responsabilidad histórica de denunciar este hecho y de exigir la vigencia de una Constitución que ha probado por encima de sus problemas, ser vínculo y punto de convergencias.

Ahí está una razón poderosa para la nueva lucha política que exija y proponga. Si la Constitución tiene que adecuarse, debemos discutirlo todos por muchas Cocopas, Consejos Coordinadores Empresariales o Gabinetes de Seguridad Nacional que existan. Es un asunto de todos, es un asunto para todos, es un asunto que conviene definir y exigir.

De ahí tendrá que partir o principiar la Reforma del Estado si de verdad hay intención honesta y buena fe. Si sólo es otro eslogan para engatusar a la gente, también hay que decirlo o exigir que así se diga.

En cada etapa ha habido hombres y mujeres que por encima de sus intereses personales entienden su misión en la historia y su compromiso con la vida, tendrá que haberlos ahora también, en todos los partidos y en todas las organizaciones.

*Diputado Federal y Presidente de la Fundación Alternativa, A.C. (PRI).