POR QUÉ DEFENDER LA CONSTITUCIÓN
AMADOR RODRÍGUEZ LOZANO*

En diversos momentos y con variable intensidad, algunos actores políticos han señalado que es necesario crear una nueva Constitución Política para México. Son cuatro los argumentos que se esgrimen. Primero, que la Carta de Querétaro no es normativa, que existe una inmensa distancia entre sus preceptos y la realidad del país. Segundo, que la constitución vigente no regula mecanismos institucionales para incorporar a nuevos actores sociales y políticos, como el caso de los grupos indígenas y los grupos sociales emergentes.

En tercer lugar, se ha afirmado que no tienen legitimidad porque ha sido un instrumento del régimen de la revolución mexicana y sus continuos cambios han sido resultado de la voluntad presidencial. Por último, se señala que el proceso de democratización del país requiere de un acto fundador y que para romper con el pasado lo mejor es crear una nueva constitución para culminar la transición democrática.

Es significativo que quienes han hablado sobre una nueva constitución, no han presentado un proyecto que pudiesen compartir las distintas fuerzas políticas. Todos están de acuerdo en la necesidad de cambios profundos en la vida pública del país, pero no en cuales, ni en la forma de realizarlos. Existen diferencias sustanciales entre quienes desean una nueva constitución y es poco probable que en la coyuntura actual, se logren acuerdos sobre temas centrales como la propiedad, la educación o la participación del Estado en la economía.

Por otra parte, los argumentos a favor de una nueva constitución han sido rebatidos por la propia realidad del país. Porque México ha realizado en las últimas décadas un cambio político trascendente y la Constitución de 1917 ha sido un cauce adecuado para este cambio y no un obstáculo. La reforma al Poder Judicial de la federación en 1994 es un ejemplo. Lo son también las reformas electorales que han desembocado en cambios políticos de gran alcance. Factores centrales de la democracia como son una opinión pública independiente, la creciente confianza en los procesos electorales y la alternancia política, se han desarrollado al amparo de cambios en nuestro marco legal, pero no han sido en contra de los principios de la Constitución.

Considero que las nuevas realidades sociales del país, las organizaciones políticas emergentes y aún la problemática planteada por EZLN, pueden ser resueltas dentro de la Constitución. Por otra parte, la Constitución de 1917 sigue siendo la bandera de las principales luchas de la sociedad mexicana. La exigencia de hacer cumplir la ley y sobre todo, el hecho de que los trabajadores y campesinos vean en ella la defensa de sus intereses, demuestra el arraigo social de sus principios.

Por ello, más que una nueva constitución, lo que requiere el país es una nueva constitucionalidad.

Una nueva forma de concebir la constitución por todos, ciudadanos, partidos, jueces y políticos.

Ante el argumento de que sus preceptos no se cumplen, la respuesta no debe ser una nueva constitución, sino encontrar mecanismos para hacerla cumplir. Abrazar el principio de la fuerza normativa de todas y cada una de sus partes, bajo la idea de que cualquier segmento de la constitución que no se cumpla extravía su fuerza como norma.

Por ello es deseable que se incorporen mecanismo de control de la vigencia de la Carta de Querétaro. Un ejemplo es la Acción Constitucional por Omisión, prevista en la Constitución de Brasil y que es un mecanismo de control procesal que evita que la vigencia de normas programáticas dependa de la discrecionalidad de los órganos legislativo o ejecutivo. Por lo tanto, la interpretación de la Constitución se convierte en pieza angular para su cumplimiento. Además para quienes consideran que es necesario un acto fundacional para la democracia mexicana, justo sería reconocer que es más positivo que todos hagamos un esfuerzo por tener una nueva cultura de la legalidad. Porque una nueva constitución no garantiza su vigencia por sí misma.

La necesaria reforma del Estado mexicano no puede verse sólo desde la perspectiva de una nueva Constitución Política. Si uno de los problemas fundamentales que tiene el proceso de democratización del país es la debilidad del Poder Legislativo frente al presidencialismo, existen propuestas para lograr un cambio profundo y en el marco de la constitución.

El camino de la reforma constitucional sigue siendo valido y expresa también que la Carta de Querétaro sigue teniendo fuerza y capacidad para incorporar nuevas realidades. Es por ello, que en noviembre de 1997 presenté una iniciativa de reformas a la Constitución General de la República. El objetivo de la iniciativa es crear un nuevo esquema de mayor equilibrio entre los poderes y para ello, propongo el fortalecimiento del Poder Legislativo.1

La debilidad del Poder Legislativo tiene múltiples causas, algunas de ellas de carácter estructural, como su organización interna. Pero también hay aspectos que tienen que ver con la relación que guardan los legisladores con la sociedad. Por eso, un aspecto central es lograr mayor vinculación de los miembros del Congreso con sus representados. Para ello, se debe introducir la reelección inmediata de diputados y senadores, lo que permitiría la formación de una autentica carrera parlamentaria y, sobre todo, el representante tendría una mayor responsabilidad con quienes lo eligieron. Es necesario introducir instituciones de democracia semidirecta como la iniciativa popular o el referéndum. La posibilidad de que cada Cámara pueda decidir la realización de una consulta popular previa a la discusión y votación de un proyecto de ley, fortalecería socialmente al Congreso.

Se requiere fortalecer al Senado de la República, creando nuevas reglas para la aprobación de la Ley de Ingresos y que el Senado participe en la aprobación del Presupuesto de Egresos y de la Cuenta Pública. La CNDH, debe informar al Senado y ello reforzaría la presencia de éste en temas como la procuración de justicia en el país. Debe ampliarse el papel del Senado en la política exterior, para que sea él quien apruebe cualquier tratado internacional que suscriba el Ejecutivo. De vital importancia, es que el Senado participe en el diseño y evaluación de las políticas en el ámbito estatal y regional.

Para reforzar el papel del congreso como órgano de control del Ejecutivo, el Senado debería ratificar algunos nombramientos de Secretarios de Estado que por su importancia deben ser objeto de discusión. Por ello, además de ratificar el nombramiento del Procurador General de la República, se propone que los nombramientos del Secretario de Hacienda y Crédito Publico y el Secretario de Relaciones Exteriores, tengan que ser ratificados por el senado de la República. Asimismo el Senado debe discutir y ratificar el Plan Nacional de Desarrollo.

Si las funciones más importantes de los parlamentos contemporáneos son las de control, vigilancia e investigación del ejecutivo, es indispensable poner al día esta función en México. Para ello, se debe, en primer lugar, agilizar la formación de Comisiones de investigación, que puedan investigar sobre cualquier asunto publico y que sus resultados tengan efectos para exigir responsabilidad, política, administrativa o penal. De esta manera la fuerza de las comisiones crecería y sería un instrumento de control. Estas y otras propuestas contenidas en la iniciativa presentada en noviembre de 1997, permitirían fortalecer al Congreso y ayudarían a construir un esquema más racional de colaboración entre los poderes.

Se requieren en México cambios profundos para que el poder controle al poder. La reforma del Estado Mexicano es una necesidad para que el país pueda desarrollarse en todos los aspectos. Sin embargo, para reformar al Estado no se requiere, hasta el momento, de una nueva constitución. No existen los acuerdos, entre las diversas fuerzas políticas como para lograr un acuerdo de tal magnitud y por otra parte, la Constitución de 1917 sigue teniendo una fuerza social profunda. En ella están expresados los proyectos y aspiraciones de los grupos más diversos, pero sobre todo, las aspiraciones de los trabajadores del campo y la ciudad. En ella también, es viable introducir nuevas instituciones para que sectores tan importantes como los grupos indígenas puedan integrase en la diversidad del país.

El reto es entonces que la Constitución de 1917 se cumpla cabalmente y que todos los actores políticos y sociales de la nación trabajemos para que la legalidad se fortalezca. Defender la Constitución es hoy una lucha por el cambio democrático. Es la defensa de las más profundas aspiraciones de los mexicanos, de la justicia social y de la libertad.

1Esta iniciativa la presenté el 10 de noviembre de 1997 en el Senado de la República junto con el Senador José Trinidad Lanz Cárdenas. Una versión completa de la propuesta se encuentra en mi libro: La reforma al Poder Legislativo en México, Cuadernos constitucionales México-centroamerica No 32. Editado por al UNAM y la Corte de constitucionalidad de Guatemala, México 1998.

*Licenciado en Derecho por la UNAM. Fue investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de esa Casa de Estudios. Diputado y Senador por el Estado de Baja California. Secretario de Acción Electoral del CEN del PRI. Ha publicado diversos ensayos en revistas especializadas en Derecho y dos libros «Claroscuros de la representación política» y «La reforma del Poder Legislativo en México». Actualmente es Diputado a la LVIII Legislatura.