Niza y la Reforma a la Unión Europea
MARÍA CRISTINA ROSAS*

La reciente cumbre de los países integrantes de la Unión Europea, efectuada en Niza, bajo la presidencia de Francia en el Consejo, constituyó un evento de la mayor importancia, debido a que su objetivo fue la reforma institucional materializada en el Tratado de Niza. La reunión fue polémica, como lo impone la magnitud de las reformas propuestas y sobre todo porque el proceso de toma de decisiones estará modificándose sustancialmente para, según los defensores de ésta idea, agilizar el desenvolvimiento de la institución.

Así, en Niza se debatió el reparto del poder entre los estados miembros (que a la fecha son 15: Alemania, Austria, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Gran Bretaña, Irlanda, Italia, Grecia, España, Dinamarca, Portugal, Suecia, Finlandia y Francia) en aras de definir la nueva composición del Consejo en términos del número de votos para cada nación; el número de miembros de la Comisión de Bruselas, y el derecho de veto. Hay que recordar que la Unión Europea posee una serie de instituciones políticas encargadas de “administrar” el proceso de integración. Así, el Consejo junto con la Comisión hacen las veces de poder ejecutivo, en tanto el Parlamento vendría siendo la entidad legislativa. Ciertamente éstas instituciones se encuentran en proceso de perfeccionamiento y es razonable suponer que en la medida en que se consolide la integración económica, se sofistifiquen en concordancia. Por otra parte, si la integración económica se estancara, existiría muy poco estímulo, por parte de los países miembros, para fortalecer las instituciones políticas de la integración.

Respecto a la composición del Consejo, los expertos acotan que el sistema de hoy para repartir votos es anacrónico, dado que fue diseñado cuando en las entonces Comunidades Europeas, había seis miembros (Francia, Italia, la otrora República Federal Alemana, Bélgica, Luxemburgo y Países Bajos, que desde 1951 habían instituido la Comunidad Económica del Carbón y del Acero o CECA). De hecho los votos en aquél entonces no eran proporcionales al número de habitantes de cada país miembro, porque magnificaban la influencia de naciones medianas y pequeñas (que eran justamente las fundadoras, como Bélgica y Países Bajos). Ese método no se modificó para hacer frente a las ampliaciones sucesivas de la hoy Unión Europea, de manera que si bien Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España tienen el 80 por ciento de la población de la Europa comunitaria, sólo cuentan con el 55 por ciento de los votos en el Consejo de Ministros. Claro que los países medianos y pequeños se resisten a una modificación del statu quo. Una preocupación colateral es que aplicando los mismos lineamientos imperantes, al ampliarse la membresía en la Unión Europea, podría llegarse a una situación en la que las decisiones serían tomadas por menos de la mitad de la población de la Europa comunitaria.

Un debate análogo se efectuó respecto al número de Comisarios. La ampliación de la Unión Europea, podría llevar a que la Comisión creciera, dado que se sustenta en el principio de que debe contar con funcionarios de las nacionalidades de cada país miembro para garantizar la representación de todos y cada uno. Pero si esa es la tónica, la Comisión podría integrarse por más de 30 miembros ante las ampliaciones que se llevarán a cabo para incluir a países de la Europa Oriental y Mediterránea y estaría convirtiéndose en una institución mucho más burocratizada y quizá, menos eficiente. Ya en 1999, cuando la Comisión tuvo que renunciar en pleno junto con el Presidente de las Comunidades Europeas (debido a que se encontró que los funcionarios eran culpables de corruptelas y prácticas nepotistas), se hizo latente la carencia de control sobre las instituciones que gobiernan la integración europea, y sobre todo, la falta de transparencia. España, por ejemplo, se pronuncia por una Comisión más fuerte, no más grande.

Finalmente el tema del derecho de veto que debería modificarse a un sistema de votación en el proceso de toma de decisiones de 50 por ciento más uno, ha desatado importante controversias. España e Italia se oponen a modificar la situación actual, ya que, por ejemplo, en la discusión sobre la asignación de recursos para los fondos de cohesión que le permiten a éstos países recibir aportaciones para financiar proyectos de desarrollo, poseen derecho de veto. El tema es importante a la luz de la ampliación de la Unión Europea para incluir a países de menor desarrollo relativo como los de la Europa Oriental y Mediterránea, que calificarían para recibir fondos de cohesión. Si se modifica el sistema actual, España e Italia ya no tendrían derecho de veto y claramente podrían ver disminuidos los recursos para el desarrollo que hasta hoy reciben.

El tema de la ampliación de la Europa comunitaria, estuvo en la agenda. Los países que califican, en primera línea, para ser admitidos, son la República Checa, Polonia, Hungría, Eslovenia y Letonia. Eslovaquia mantiene algunas esperanzas toda vez que recientemente se incorporó como miembro de pleno derecho, a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) a la que ya pertenecían Praga, Varsovia y Budapest. La lista, desde luego, es excluyente y hay un país que en especial ha buscado la adhesión a la Europa comunitaria desde los 60 y al que reiteradamente le ha sido negado el acceso: Turquía. Las razones para dejarlo fuera de los planes inmediatos de ampliación son múltiples, pero destacan, entre otros, su situación geográfica (¿es o no un país europeo?), su nivel de desarrollo, su situación social (derechos humanos) y su carácter islámico.

Sólo que Turquía, que pertenece a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), cobró muy cara la propuesta eurocomunitaria de echar a andar la idea de las fuerzas de reacción rápida, que se pretende sean la célula de un futuro euroejército capaz de lograr, como postula Francia, que la Unión Europea resguarde su seguridad en situaciones en que Estados Unidos no considere prioritario participar. Es decir, reposar la seguridad de Europa Occidental en Washington, no sólo vulnera la soberanía de esas naciones, sino que supedita sus agendas a las de la Unión Americana. Francia logró en Niza el consenso de la mayor parte de los miembros de la Europa comunitaria. Los británicos, como de costumbre, hicieron saber al Presidente Chirac que Londres no apoyará iniciativa alguna que pretenda competir con o sustituir el papel de la OTAN en Europa. Pero el problema mayor se produjo con Turquía, que sintiéndose excluída de los planes de ampliación de la Europa comunitaria, decidió vetar la propuesta francesa.

Hay otros temas sobre el tintero que a todo mundo preocupan, pero que en Niza se intentó obviar en aras de la unidad europea. El más grave tiene que ver con el funcionamiento del euro, la moneda única que hoy por hoy sólo 11 de los 15 socios comunitarios han adoptado. Los cuatro restantes se encuentran en situaciones distintas: Gran Bretaña, por ejemplo, no desea dar el espaldarazo a la moneda única y sacrificar su libra esterlina. Dinamarca, en el referéndum celebrado recientemente votó en contra de la participación danesa en el euro. Suecia, que suele tomar muy en cuenta las opiniones de sus vecinos nórdicos, seguramente esperará un tiempo antes de tomar la decisión y Grecia es quizá el caso más lamentable de un país que no logró cumplir con los criterios de convergencia macroeconómica, por lo que quedó fuera de la participación en la divisa comunitaria. Así, de los cuatro países, tres no están porque no quieren y otro porque no puede. Esta situación amenaza con crear una Europa a dos o tres velocidades que operaría en el mediano y largo plazos contra la integración misma, ya que el estancamiento y/o la no participación de algunos se puede revertir contra los demás.

El euro, de hecho, vivió momentos críticos a lo largo del año 2000 y a su rescate tuvieron que acudir, en distintos momentos, Estados Unidos y Japón. Y tras Niza, la situación de la moneda única no parece haber mejorado sustancialmente, por lo que la integración europea tendrá que encontrar nuevos mecanismos de consenso en el nuevo siglo, para poder prosperar.

*Doctora en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Profesora de tiempo completo en esa Facultad. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores.