¿CIUDADANIZAR
EL GOBIERNO?
ROSA
ISABEL MONTES MENDOZA*
Los
nombres de quienes encabezan, por el momento, las secretarías
de estado y oficinas del gabinete ampliado, así como la
integración del equipo de gobierno en su conjunto han generado
múltiples comentarios. Se trata, hasta donde se puede ver,
de un grupo entusiasta y bien intencionado de personas cuyo propósito
apunta a mejorar la conducción institucional, económica,
administrativa y política; todo esto, para que México
tenga un mejor gobierno. Hay que anotar que en el balance de las
tareas que enfrenta el nuevo gabinete, de lo que sabemos y de
lo que aún ignoramos sobre sus integrantes, de las circunstancias
coyunturales en que inician su trabajo, y de la serie de primeros
actos públicos y comunicacionales que han realizado, lo
cierto es que aparecen grandes espacios de oportunidad pero también
de riesgos y costos.
Una
oportunidad importante está en que, según los sondeos
de opinión, una gran parte de la población recibió
con buenos ojos la conformación del equipo de primera línea
del nuevo presidente y está optimista sobre su posible
desempeño. Esto no resulta sorprendente. Finalmente el
2 de julio mucha de esa gente votó por un cambio de partido
y de personalidades: «no más los mismos políticos
de siempre». El modificar formatos, lenguajes, modos de
comunicación y estilos resulta propio de un gobierno recién
electo cuya bandera principal durante toda la campaña y
la postcampaña ha sido el cambio. Y aquí, una oportunidad
derivada es el impacto esperanzador que ha generado en grandes
sectores ciudadanos el citado factor «cambio». Hay
que renovarse, eso ha caído muy bien. Además, esto
a su vez abre otra oportunidad en términos de las altas
expectativas que se han generado y de las ilusiones de que la
situación del país mejorará.
Empero,
algunos riesgos se vislumbran. Apuntamos reflexiones iniciales
a partir del perfil de los integrantes, el conjunto del gabinete
y de su novedosa estructura, pero también de esas ansias
casi desbordadas de demostrar con el discurso, los golpes publicitarios
y los mensajes de impacto que «hoy» todo es distinto.
El
perfil de los integrantes. Con algunas excepciones, quienes ocupan
los puestos más relevantes son un grupo con un perfil empresarial,
gerencial, extraído de las filas de la iniciativa privada
que, en su mayoría, carece o tiene poca experiencia de
gobierno. Y aquí una serie de preocupaciones: ¿Cómo
van a enfrentar los asuntos de la administración pública,
del trato con la burocracia, de la construcción de acuerdos
y consensos, de su relación con el Poder Legislativo y
el Judicial? ¿Tienen ya los nuevos secretarios definidas
sus tácticas inmediatas y sus estrategias de mediano plazo
para poner en marcha sus programas de trabajo, para mantener aceitado
el engranaje de sus dependencias, para dialogar con los líderes
sindicales, para negociar con los gobernadores? Después
de todo, algunos de ellos se enteraron de sus encargos sólo
unos días antes de ser nombrados. ¿Con qué
criterios se diseñarán las políticas públicas
del nuevo gobierno? ¿Con qué criterios se van a
evaluar?
Desde
distintos ángulos, resulta claro que las prácticas
laborales del sector público y del privado revisten características
distintas porque, entre otras cosas, responden a prioridades y
objetivos también distintos. Los fines últimos de
las empresas y los hombres de negocios en términos de generar
ganancias y acrecentar patrimonios o de poner ante todo la eficiencia
y la competitividad, no son los fines que debe perseguir el Estado
en un sentido amplio, ni el servidor público en el sentido
más acotado de su desempeño cotidiano. ¿Es
entonces posible afirmar o esperar que los «éxitos
profesionales» anteriores de los nuevos funcionarios sean
garantía de un desempeño exitoso como servidores
públicos en sus dependencias?
El
conjunto del gabinete. La pluralidad de los antecedentes ideológicos
del equipo cercano al presidente es evidente. Hay quienes no tienen
una militancia partidista activa ni declarada; otros han mantenido
alguna afinidad con el PRI; unos pocos son panistas aunque no
se han distinguido por ser figuras prominentes de ese instituto
político; algunos más son simplemente foxistas;
otros han sido identificados como «de izquierda» y
pertenecen o han pertenecido a otros partidos.
La
filiación político partidista de los integrantes
del gabinete, o su carencia de filiación es una decisión
individual muy respetable. Sin embargo, ¿qué opina
realmente y en lo más recóndito de su pensamiento
la cúpula de la dirigencia panista de que una gran parte
de los funcionarios de primer nivel del Poder Ejecutivo no pertenezcan
a su partido? Finalmente, un partido político en esencia
busca acceder al poder y ejercerlo. Además, el PAN es un
partido que desde 1939 ha sido oposición, y hoy que finalmente
su candidato a la Presidencia de la República triunfa en
los comicios, pareciera que en algunos sentidos el Partido tendrá
que seguir siendo oposición. Por otro lado y ante la pluralidad
enunciada, ¿Cómo logrará el Sr. Fox mantener
una línea de gobierno coherente, sin disrupciones o discrepancias
mayúsculas en la toma de decisiones? ¿Cómo
se van a dirimir los posibles intereses encontrados de personas
que han pertenecido a grupos empresariales o sociales diferentes
o hasta antagónicos? y ¿cuál será
el proyecto de nación a seguir o a construir?
La
estructura. Se ha planteado una estructura administrativa con
novedosas denominaciones en la que habrá secretarios de
estado, coordinadores de gabinete o de asesores en Los Pinos,
comisionados para atender temas específicos (como los migrantes
en el extranjero, los discapacitados, los indígenas), habrá
también jefes de la oficina presidencial para atender otros
asuntos más genéricos (como la ciudadanía,
la planeación estratégica y el desarrollo), y por
supuesto, está también el presidente. ¿Entre
todos estos funcionarios, cuál será la línea
de mando de facto? ¿Quién tomará la responsabilidad
de las decisiones últimas? ¿Cuál es el esquema
de operación real, cotidiana, con el que funcionará
una estructura como la planteada? ¿Porqué no se
incluyeron para su aprobación por el Congreso, muchos de
estos cargos que no existían, en las modificaciones planteadas
a la Ley Orgánica de la Administración Pública
Federal?
El
funcionamiento de un esquema como el que se ha presentado no ha
sido explicado con detalle y, por el momento, se antoja problemático
entre otras cosas por la naturaleza política - no gerencial
- de los asuntos que deberán dirimirse; hay demasiados
intermediarios entre quien tiene la responsabilidad última
del gobierno y quienes operarán los distintos programas
gubernamentales.
El
discurso, los mensajes y el lenguaje. Estos elementos han sufrido
cambios significativos y lo que a muchos interesa conocer es si
la sustancia que debiera acompañarlos hará cambiar
para bien la calidad de vida de los mexicanos. Un ejemplo: la
intención expresada de manera categórica por los
nuevos funcionarios es que lo que se busca es que México
avance y «los mexicanos y las mexicanas» vivan mejor,
que «todos y todas» tengan iguales oportunidades y
reconocimientos, y que «Dios nos ayude a hombres y mujeres».
Pareciera que la insistencia en repetir un buen deseo pudiera
hacer posible su consecución casi inmediata.
Otro
ejemplo: en la serie de acontecimientos, declaraciones y presentaciones
mediáticas organizadas alrededor del gabinete y sus primeros
actos públicos, se ha hablado con insistencia de «ciudadanizar»
el gobierno. ¿Qué, exactamente, quiere decir esto?
¿Es una licencia literaria empleada para estar a tono con
lo políticamente correcto? o ¿la «ciudadanización
del gobierno tiene algunas implicaciones? Y, entonces, ¿cuáles
son ellas, en qué ramos se plantean con profundidad? Precisarlo
resulta hoy una exigencia, pues la ambigüedad con la que
se ha externado este propósito podría llevar a confusiones.
Sería
acaso prudente no fundir la tentación de seguir agradando
a la animosa opinión pública con frases de impacto
y eventos de alta recordación (como dicen los expertos
en mercadotecnia), con la verdadera necesidad de delinear con
nitidez y llevar a la práctica un nuevo estilo de gobernar
que efectivamente supere al anterior. O ¿es todo esto sólo
una nueva forma de expresión política a la que habremos
de acostumbrarnos?
Un
último apunte. Hasta el momento se han abierto oportunidades
importantes de actuación para los recién nombrados
funcionarios muchas de ellas a partir del manejo de un discurso
fresco, coloquial, esperanzador y emotivo. Un segundo paso para
que esas oportunidades cristalicen en logros es definir cómo
se están cumpliendo las promesas, qué se hace desde
el gobierno, cuáles son las acciones específicas
que están detrás de cada evento mediático
y, más allá de las intenciones, cuáles son
los hechos.
Este
es el primer ensayo de gabinete del nuevo gobierno. No se duda
de la capacidad, el optimismo y la buena voluntad de los funcionarios
que lo integran. Todos son elementos importantes para las tareas
que emprenden; la pregunta es si esa capacidad, optimismo y buena
voluntad son suficientes, y si las oportunidades presentes seguirán
siendo mayores que los riesgos.
*Doctora
en Ciencias Sociales y Políticas se la Universidad de Cambridge,
Gran Bretaña. Actualmente es consultora de la OEI y está
a cargo de la Coordinación del proyecto sobre el Impacto
de las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación
en el Ámbito Educativo; es profesora en la UIA. En el sector
público se desempeñó en las Secretarías
de Educación Pública, Gobernación, Desarrollo
Urbano y Ecología, de Salud; en el Consejo Nacional de
Ciencia y Tecnología, así como en la Presidencia
de la República. Recientemente publicó un artículo
sobre «La Tercera Vía: principios y valores».
