LA «NUEVA» ESTRUCTURA DEL GOBIERNO
María del Carmen Pardo*

Todo lo que tiene que ver con la llegada del gobierno encabezado por Vicente Fox se ha convertido, no sólo en noticias que de suyo pueden serlo, sino en noticias que generan expectativas desmedidas porque van apareciendo acompañadas de decisiones rodeadas de un cierto misterio, lo que mantiene a la ciudadanía siempre expectante. Pero también porque las «primicias» se acompañan de declaraciones de parte del recién llegado presidente que añaden, si cabe, mayor dosis de sorpresa, y le imprime lo que podría calificarse como característica distintiva del nuevo presidente, esto es, un sesgo de espectacularidad. El diseño de la estructura de gobierno y de quienes serían sus colaboradores directos, no escapó a esa dinámica.

Atrapada la integración del gabinete y los cambios a la estructura orgánica del gobierno, entre la noticia de que se estaba en la búsqueda y caza de «talentos» por una lado, y las declaraciones hechas en el sentido de que llegaría un «gabinetazo», aumentaron y potenciaron la normal curiosidad de quiénes serían los elegidos para materializar en decisiones un proyecto político encabezado por primera vez en el México posrevolucionario por un partido de oposición, el de Acción Nacional.

No podría sostenerse que efectivamente llegaron los mejores, ni tampoco que la propuesta de ajuste al aparato administrativo se haya hecho con todo el rigor y la racionalidad necesarios en búsqueda de los mejores resultados. Lo que sí se puede afirmar, es que hay novedades en ambas propuestas.

La propuesta del nuevo gobierno consistió en modificaciones a la Ley Orgánica de la Administración Pública para crear la Secretaría de Seguridad pública a efecto de que el Ejecutivo contara «con el instrumento que hará las propuestas necesarias para reordenar y especializar el diseño y atención de la política criminal federal a través de una sola estructura orgánica».1 Este cambio intenta responder a una de las demandas más sentidas de la sociedad en relación con el problema de la inseguridad, tratando de darle unidad de mando a las diversas acciones que se emprendan en este aspecto y de contar con una dependencia que tenga responsabilidad exclusiva en dicha materia.

La estructura vigente se modifica no sólo de forma, esto es, cambiando los nombres de algunas dependencias, sino también implica alguna transformación de fondo, como podría ser un importante reacomodo de funciones. Es el caso, por ejemplo, de la supresión de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial, que dejaba fuera «diversos sectores de la economía como son toda la amplia gama de servicios los cuales representan un gran porcentaje de la actividad nacional»2, para dar paso a la de Economía que «al ser la disciplina que tiene que ver con la creación de la riqueza pública y el conjunto de ejercicios e intereses económicos, ayude al desarrollo nacional...»3 Esta Secretaría también se encargará de coordinar y apoyar empresas asociadas a grupos de escasos recursos. Lo mismo ocurre con la de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, que cambia de nombre y se reacomodan tareas, por el de Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, que se modifica por el de Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación. Los cambios en los nombres de las secretarías reflejan, de alguna manera, la prioridad que el nuevo gobierno otorga a las atribuciones que por ley se le confieren. El desarrollo como eje rector, la seguridad pública, la gobernabilidad democrática, el aprovechamiento racional de recursos naturales y la necesidad de garantizar insumos para la alimentación forman parte importante del compromiso que el nuevo gobierno estableció, primero como oferta de campaña y después como responsabilidad gubernamental.

De ahí que se fortalezcan las atribuciones de algunas secretarías, notablemente las de la de Gobernación, para convertirla en el eje de la «gobernabilidad democrática» que implica, según lo declarado por la Comisión encargada de emitir el dictamen sobre las reformas a la Ley Orgánica, el que se «genere una nueva forma de llevar a cabo la política interior, que se apoye en la unidad nacional, en la participación ciudadana, en las tareas propias de una gobernabilidad democrática incluyente, que tiene su expresión en una sociedad plural y en la construcción de consensos».4 Sin que quede claro el sentido otorgado a los conceptos de gobernabilidad democrática, participación ciudadana y sociedad plural, se intuye que los cambios propuestos en las atribuciones que le corresponderán a la Secretaría de Gobernación, caminan en dos direcciones: quitarle las responsabilidades en materia de seguridad pública, que por su magnitud y dificultad requieren de una atención particular y exclusiva, y centrar su atención en el trabajo político, esto es en la búsqueda de acuerdos y la construcción de consensos.

Hubo, finalmente, algunos cambios que no fueron aceptados como el de identificar a la Secretaría de Desarrollo Social como de Desarrollo Humano.

Respecto a las nuevas Comisiones Coordinadoras que aparecen por encima de los secretarios, es evidente que su integración rebasa el marco que la Ley Orgánica de la Administración Pública establece. Por otra parte no queda claro cuál será su responsabilidad, si es sólo de coordinación y qué tramo de control le corresponderá a cada una de ella. Tampoco queda claro como se coordinarán entre ellas. Las diferentes denominaciones que las identifican sugiere que hay diferencias jerárquicas que tampoco se pueden localizar fácilmente. No se sabe con que partida presupuestal se cubrirán los sueldos de los funcionarios designados en esas nuevas responsabilidades. Las interrogantes que se abren respecto a estas coordinaciones parece que no se despejarán sino con el tiempo y a través de los resultados que se vayan obteniendo. Esto de suyo habla no sólo de falta de experiencia sino de falta de previsión en términos de qué proyecto de gobierno se espera impulsar. Y si el proyecto existe, la ciudadanía tendría derecho a estar mejor informada de lo que se espera haga la Coordinación de Asesores de Políticas Públicas, el Comisionado de Asuntos de la Frontera Norte, el Comisionado para el Desarrollo Humano, con todo lo ambiguo que resulta dicho concepto, el Consejo Nacional de Educación para la Vida y el Trabajo, la Oficina de Atención a Migrantes, la Oficina para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, la Oficina de Promoción e Integración Social para Personas Discapacitadas, el Comisionado para la Paz en Chiapas, el Coordinador de Asesores de Planeación Estratégica y Desarrollo Regional, la Coordinación para el Orden y Respeto, la Oficina de Innovación Gubernamental, el Plan Puebla–Panamá, la Embajadora Especial para los Derechos Humanos y la democracia, el Consejo de Seguridad Nacional y la Coordinación de Opinión Pública e Imagen.

Se antoja, por las denominaciones de las nuevas agencias, que habrá que definir con precisión que le corresponde a las secretarías y qué a las coordinaciones, oficinas, consejos, así como a los comisionados, coordinadores de asesores, responsable del plan y embajadora.

Por lo que se refiere a las trayectorias profesionales de los responsables tanto de los cargos consignados en la Ley Orgánica, como de los de reciente aparición, se puede decir que a pesar de que las carreras y trayectorias de algunos de los funcionarios de los últimos gobiernos priístas ya no correspondían a la formación en, por ejemplo, universidades necesariamente públicas, ni en carreras liberales, sí se puede decir que existe novedad respecto a quienes llegan al nuevo gobierno, entre otras cosas, porque el desarrollo profesional y la experiencia las adquirieron en empresas y despachos privados. Es decir, el contacto con el sector público se tuvo, en la mayor parte de los casos, desde el otro lado: proveedores, asesores, contratistas. La visión empresarial cruza de manera horizontal los curriculae de la mayor parte de los nuevos funcionarios. Estudiaron, en una proporción importante, administración de empresas, organización industrial, contaduría pública, sistemas computacionales, administración y finanzas. Hay, sin embargo, varios abogados y economistas, además de biólogos, psicólogos, ingenieros y arquitectos. Con sus excepciones la mayor parte de los funcionarios estudiaron sus licenciaturas o postgrados en escuelas y universidades privadas, además de haber tenido sólo experiencia en el sector privado, características ambas que sin duda imprimirán un nuevo sesgo a la actividad gubernamental.

A pesar de las declaraciones y de la insistencia en que como resultado de la caza de talentos llegarían los mejores, es evidente que lo prevaleciente es una enorme incertidumbre respecto a como se diseñó la nueva estructura y si se tuvo algún criterio que rigiera su acomodo. Lo mismo ocurre respecto a si los recién llegados fueron efectivamente cooptados a través del mecanismo de «caza talentos» o si su vinculación con el nuevo gobierno se debe a otro tipo de razones. No parece que sea la racionalidad jurídica o técnica lo que guió la integración del gabinete y del «gabinete ampliado». La incertidumbre se convierte en duda cuando no queda muy claro cómo va a operar una estructura en la que hay tantos centros decisorios y entre los que no se sabe quién está por encima y quién depende de quién. Lo que es evidente es que la mayor parte de los nuevos funcionarios adquirieron experiencia en un sector totalmente diferente al que van a operar a partir de sus nuevas responsabilidades. Sin calificar si esa experiencia podrá ser de utilidad en el servicio público en el que la rentabilidad social no puede medirse como la que se obtiene en las empresas, la ciudadanía confía en que sepan responder al reto que tienen enfrente, concediéndoles el beneficio de la duda, en el entendido que son personas cuyo compromiso es con el país y con sociedad a la que sirven.

1 Dictamen de la Comisión de Gobernación y Seguridad Pública con proyecto de Decreto por el que se reforma, adicionan y derogan diversas disposiciones de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, de la Ley de Radio y Televisión, de la Ley General que establece las bases de coordinación del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de la Ley de la Policía Preventiva y de la Ley de Pesca, presentado el 9 de noviembre de 2000 por los diputados del Grupo Parlamentario del Partido Acción Nacional, p.5.
2 Ibídem, p.8.
3 Ídem.
4 Ibídem, p.3.
*Profesora-investigadora de El Colegio de México