EL PRI ANTE LA NUEVA REALIDAD POLÍTICA
HERIBERTO RAMOS SALAS*

El pasado dos de julio los mexicanos expresaron su voluntad en las urnas de manera adversa al PRI. A partir de esta fecha, y después de 71 años en la Presidencia de la República, pasamos a ser partido de oposición; sin duda, nos encontramos ante intensos cambios en la realidad política nacional y esto nos obliga como partido a identificar el nuevo rol de nuestro Instituto Político.

La oposición asume el poder sin contar con cuadros políticos y administrativos, con escasa experiencia, y un titular del Poder Ejecutivo que llega apoyado por una militancia que ve su actuación con mucha desconfianza. Volvemos a ver un populismo que creímos erradicado de nuestra cultura política y, en contrario a lo que se dijo en campaña, vemos crecer nuevamente la figura del presidencialismo omnipotente, con la gravedad de que desestima a las instituciones y la legalidad.

Ante estas circunstancias, es necesario hacer algunas reflexiones acerca de nuestro partido, su actuación reciente y los retos que plantea el futuro; como sabemos, el PRI realizó un gran esfuerzo democrático, novedoso, a través de la contienda interna para elegir al candidato a la Presidencia de la República, este mecanismo posicionó a nuestro partido en una franca ventaja en popularidad respecto a los otros partidos; la contienda fue una gran experiencia que ningún partido político en México había llevado a cabo, sin embargo, este esfuerzo tuvo costos muy importantes que se reflejaron en la campaña electoral previa al dos de julio en la que perdimos la Presidencia.

La derrota sufrida nos demostró, entre otros aspectos, la falta de acuerdos entre las distintas fuerzas y corrientes políticas que confluyen en nuestro partido. Esto representa nuevamente una amenaza seria para lograr nuestros objetivos y acotar al nuevo poder ejecutivo. Tenemos enfrente, antes que nada, el reto de lograr esos acuerdos y consensos para definir la reforma integral del partido acorde con las nuevas circunstancias políticas, la cual debe ser a la brevedad posible.

La dirigencia tiene el gran reto de reconstruir la vida interna del partido y edificar un nuevo liderazgo que nos permita definir el rumbo y los objetivos que queremos lograr en el corto, mediano y largo plazo, así también tiene el reto de lograr que el partido sea una oposición sólida y madura y una alternativa política viable, lograr posicionarnos como un partido moderno y plenamente democrático, a su vez tendrá la tarea de desarrollar nuevos instrumentos políticos para incorporar a los sectores que en los últimos tiempos no han simpatizado con nuestras propuestas, mujeres, jóvenes.

Además de lo anterior, es necesario definir las nuevas reglas y los nuevos procedimientos para lograr la unidad y la disciplina partidaria tan indispensable para cualquier partido político.

Nos encontramos ciertamente en uno de los momentos más difíciles que hayamos vivido en nuestro partido. Es un momento complejo, el PRI ya no tiene un líder indiscutible que proporcione directrices y que sea capaz de lograr la unidad en torno suyo, es una coyuntura crucial en la cual tenemos que estar a la altura de las circunstancias.

Logrando fortalecernos, tendremos que definir nuestro papel de partido opositor en base a una verdadera planeación y análisis de nuestra actividad tanto en el campo político-electoral, de gobierno y en el quehacer parlamentario, la cual estará basada en nuestra declaración de principios y nuestros estatutos.

Nuestro nuevo rol como partido de oposición debe reconocer, también, que hoy en día la corres-ponsabilidad es un hecho en la política mexicana, no es una alternativa, sino una exigencia de nuestro arreglo constitucional y de la realidad política actual.

El Congreso de la Unión y los congresos locales son una gran oportunidad para desplegar nuestra experiencia política. Nuestros legisladores tanto en la Cámara de Senadores, en la Cámara de Diputados y en los congresos locales, tienen la valiosa encomienda de hacer un papel digno.

Por otro lado, los gobernadores priístas, con su trabajo responsable, eficaz y de cercanía con la ciudadanía mantendrán vigentes los principios de gobierno de nuestro partido, y desde estos importantes niveles de gobierno, deberán exigir el cumplimiento de tantas promesas de campaña, por el bien de nuestro país. En estas trincheras políticas es donde la opinión publica evaluará el trabajo de nuestro partido.

En estos espacios de lucha política, nuestros representantes populares y nuestros gobernantes, respaldados en la experiencia política de nuestro partido, deben actuar con corresponsabilidad y civilidad política, se debe enriquecer el debate con propuestas novedosas y viables, debemos ser un partido generador de ideas, con debate de altura, debemos ser una oposición sensata, que anteponga el interés de México sobre el interés partidista. Este rol, debe estar basado también en un profundo análisis y una adecuada planeación estratégica que nos permita generar propuestas a la altura de las demandas ciudadanas, de manera que los esfuerzos de todos los militantes y actores políticos de nuestro partido, sean enmarcados en unidad, en cohesión y con responsabilidad.

Debemos ser una oposición que haga vivir al Estado, que articule sus propuestas a las demandas del país, debemos tener claro que la oposición también gobierna, lo debemos hacer sobre la premisa de que la marcha del Estado y su funcionamiento harán indispensables el acuerdo político y el entendimiento entre los adversarios, como único camino para la gobernabilidad. Es indispensable estar dispuestos a pactar y a entendernos con las otras fuerzas políticas del marco político mexicano.

Es necesario articular un proyecto de gobierno alterno, democrático, de modernidad que nos permita ganar la iniciativa política reformadora, no esperar al ejecutivo, sino marcarle la agenda política, no ser receptores de propuestas sino generadores de las mismas.

Nuestro partido tiene una gran historia y experiencia política, en los últimos años se consiguieron logros sumamente importantes para nuestro país, nuestros gobiernos lograron un México democrático, se impulsaron las reformas electorales del 1993 y 1996, se pugnó por un nuevo federalismo, se alentó la participación ciudadana y se logro mantener finanzas sanas y un país en pleno auge económico.

No es casualidad que tengamos la mayoría en el Senado, en la Cámara de Diputados y que 20 legislaturas locales sean mayoría el PRI y sólo tres la oposición, que tengamos 18 gobernadores.

En conclusión, tenemos que desplegar nuestra capacidad política para lograr los consensos hacia dentro de nuestro partido, tenemos que enfrentar este proceso de transformación con inteligencia y madurez política; en razón de esto, utilizar una adecuada planeación estratégica de nuestro quehacer partidista de acuerdo a nuestro nuevo rol como partido de oposición y sin un líder político como era el Presidente, tenemos que ser capaces de encontrar nuevas formas y reglas que rijan nuestra vida interna. Todo ello será nuestro reto.

*Presidente de la Conferencia Nacional de Diputados Locales Priístas.