UNA
ACTUACIÓN MEDIÁTICA
GERARDO
SOSA CASTELÁN*
Presentación
Antes
de iniciar el análisis de los contenidos del discurso pronunciado
por el presidente Vicente Fox Quesada al tomar posesión
de su cargo ante el Congreso de la Unión el pasado 1º
de diciembre, resulta pertinente hacer referencia a la naturaleza
misma del discurso. Dentro del texto constitucional, el único
artículo que alude expresamente al acto de toma de posesión
del Presidente de la República es el 87, pero se limita
a establecer los términos de la protesta que debe prestar
el titular del Ejecutivo Federal al asumir el cargo. Por su parte,
la Ley Orgánica del Congreso de la Unión no contiene
ninguna disposición que regule dicho acto; y el Reglamento
para el Gobierno Interior, por último, sólo dispone
en sus artículos 185,186 y 187 el protocolo que deberá
observarse en el acto de toma de posesión del cargo de
Presidente de la República, pero no prevé ningún
mensaje o discurso por parte del nuevo titular del Ejecutivo Federal;
incluso, el artículo 187 del Reglamento señala que,
una vez hecha la protesta, el Presidente de la República
se retirará del recinto «con el mismo ceremonial
prescrito en los artículos anteriores».
En
efecto, no hay disposición constitucional, legal o reglamentaria
alguna que prescriba el pronunciamiento de un discurso del Presidente
de la República después de prestar la protesta prevista
en el artículo 87 de la Constitución. De allí
se puede concluir que el pronunciamiento del discurso es producto
de una tradición política y constituye una costumbre.
Esto significa que no existe ninguna indicación o restricción
en torno a los contenidos del discurso. Pero lo cierto es que
en la práctica se ha tratado de un mensaje de carácter
general, cuyos contenidos suelen referirse a la situación
en la que el nuevo presidente asume el cargo y a las grandes líneas
de su proyecto de gobierno. En este sentido, el mensaje que tradicionalmente
han pronunciado los presidentes al tomar posesión de su
cargo ante el Congreso de la Unión, no ha sido, ni debería
esperarse que fuera, la presentación de su plan de gobierno.
Para este fin está prevista la elaboración del Plan
Nacional de Desarrollo.
Estas
consideraciones sirven al propósito de determinar y acotar
el significado y los alcances del mensaje pronunciado por el presidente
Fox el pasado 1º de diciembre: conforme a la tradición,
se trató de un mensaje general en el que buscó exponer
en grandes líneas su visión sobre el estado que
guarda la nación al momento de asumir el cargo de Presidente
de la República y el proyecto que ha concebido para el
ejercicio de su mandato, eso sí, en condiciones singulares
que no pueden pasarse por alto y que, desde luego, no fueron ajenas
al contenido de su discurso: la alternancia democrática
en el poder y el proceso de cambio que ella entraña.
I.
Consideraciones Generales
En
términos generales, el mensaje de Vicente Fox se caracterizó
por un doble propósito: transmitir una imagen clara de
cambio y ofrecer un futuro con esperanza. A esos dos objetivos
subordinó su actuación, incluso pasando por encima
de formas y protocolos. En este sentido, por lo tanto, se puede
decir que no dirigió su mensaje, salvo en aspectos muy
específicos, a los miembros del Congreso, sino a la sociedad;
y fue, por lo mismo, una actuación mediática, que
asumió deliberadamente riesgos y costos en su relación
con los legisladores. A Vicente Fox le importó más
transmitir una imagen de cambio a la sociedad, vía los
medios de comunicación masiva, que cuidar su relación
con los miembros del Congreso a través de la observancia
de las formas debidas para el acto de toma de posesión
de su cargo.
Asimismo,
aprovechó el mensaje para deslindarse de algunas intenciones
que se le han atribuido a su proyecto: su énfasis en los
principios de educación pública, laica y gratuita;
en la necesidad de mantener un equilibrio entre el Estado y el
mercado para regular la economía y promover el desarrollo
económico y social; en la soberanía nacional y la
no injerencia en los asuntos internos de cada Estado; y en el
rechazo al culto a su persona. En buena parte de su discurso de
campaña estos temas habían despertado suspicacias
y reservas por el tratamiento ambiguo, muchas veces contradictorio,
que les había dado.
Sin
embargo, lo cierto es que los festejos del 1º de diciembre
mostraron a un presidente que le dio prioridad a la construcción
de su liderazgo, con el apoyo de técnicas motivacionales,
la utilización de nuevos recursos actorales y retóricos,
y una evidente aproximación a los sentimientos religiosos
de la mayoría católica, por encima del apego a los
principios que mandan la separación estricta entre la investidura
presidencial y cualquier tipo de creencia, práctica o símbolo
religiosos. También mostraron a un presidente proclive
a cimentar su liderazgo sobre un culto abierto a su personalidad
y con fuertes tentaciones populistas.
Por
las mismas razones, el texto de su mensaje no precisó las
líneas centrales de su proyecto, aunque las delineó,
y se caracterizó más por exponer planteamientos
generales que por contenidos puntuales y propuestas programáticas
concretas. En este sentido, el mensaje permite identificar algunos
rasgos de lo que será su estilo personal de gobernar y
la concepción general que tiene sobre el ejercicio de su
mandato, y en cambio ofrece pocos elementos precisos sobre su
proyecto de gobierno. Y si bien el mensaje muestra algunos componentes
de lo que será su programa, también evidencia la
carencia de un proyecto integral y articulado dotado de consistencia.
Por ello tampoco es casual que el texto no tenga la estructura
y el orden necesarios para identificar primero las líneas
medulares de su proyecto y para conocer después el despliegue
y la puntualización de las mismas.
Por
último, cabe señalar que el propósito legítimo
y hasta necesario de desacralizar a la figura presidencial, refrescar
las prácticas institucionales y renovar el lenguaje y el
discurso políticos, no lo resolvió adecuadamente.
La construcción de una figura presidencial más humana
y próxima a la sociedad; la inauguración de unas
prácticas institucionales más frescas y flexibles;
y la articulación de un lenguaje más claro y menos
solemne, no están peleados con la seriedad y el respeto
a los principios y las instituciones del ordenamiento constitucional.
Vicente Fox confundió los símbolos del cambio en
la vida pública con las señas de identidad de su
estilo personal.
II.
El Contenido Político
El
contenido político del mensaje se articuló sobre
tres ejes: el deslinde con el pasado, el énfasis reiterado
en el contexto de pluralidad en el que se inscribirá la
presidencia de la República y el reconocimiento de las
limitaciones objetivas que enfrentará la institución
presidencial.
En
cuanto a lo primero, buscó subrayar el inició de
una nueva época a través de dos líneas. Por
una parte, mediante el recuento de la lucha por la democratización
de la vida política, donde evocó a personajes con
identidades ideológicas diversas que, desde su perspectiva,
contribuyeron en forma decisiva a la construcción del cambio
político; con ello buscó edificar el mausoleo del
nuevo régimen que él pretende encarnar. Pero el
deslinde no se limitó al corte de caja: incluyó
el anuncio de una auditoría previa, si cabe la metáfora:
«Me propongo abrir lo que ha permanecido cerrado en episodios
sensibles de nuestra historia reciente e investigar lo que no
ha sido resuelto, mediante una instancia que atienda los reclamos
por la verdad de la mayoría de los mexicanos (...) Los
grandes corruptos del pasado, del presente y del futuro rendirán
cuentas, no habrá para ellos borrón y cuenta nueva».
La intención manifiesta es particularmente delicada. Nadie
podría poner en duda no sólo la legitimidad, sino
la obligación jurídica de investigar y sancionar
las conductos ilícitas del pasado, siempre y cuando la
actuación de la autoridad se ciña a los cauces legales
y reconozca las limitaciones que derivan de la prescripción
de la acción penal. Pero la intención sugerida antes
y reiterada ahora de instituir una especie de Comisión
de la Verdad para ajustar cuentas con el pasado entraña
la tentación de cimentar una nueva legalidad sobre la ilegalidad,
pasando por encima de las vías jurídico-institucionales,
y entraña también el riesgo autoritario de pretender
sacrificar en la plaza pública a los símbolos del
pasado, en lugar de avanzar por el camino de la conciliación
y la unidad nacional.
Respecto
al contexto de pluralidad en el que se inscribirá su mandato,
el presidente Fox reiteró una y otra vez la necesidad del
diálogo y la construcción de acuerdos: «No
se puede hacer política rindiendo culto a nuestras diferencias.
Las diferencias políticas e ideológicas, consustanciales
a toda sociedad democrática, antes que dividirnos nos enriquecen
(...) En una sociedad plural, no caben la intransigencia, las
visiones ni las verdades absolutas. La tolerancia es imprescindible
para consolidar la pluralidad de nuestra sociedad y para avanzar
a una transición concertada en cuanto a modalidades, fines,
etapas y plazos (...) Todas y todos en este Congreso, todos quienes
nos escuchan y nos ven en toda la Nación, debemos saber
que la diversidad es el fundamento de nuestro futuro...».
En este sentido, el mensaje parece impecable; sin embargo, tanto
en discursos previos como en el mensaje del 1º de diciembre,
Vicente Fox ha dejado ver una estrategia sobre la que es necesario
poner especial atención: transmitir a la sociedad la impresión
de que él quiere cambios y mejorías, pero que el
Congreso podría impedírselo, lo cual a su vez se
relaciona con la recurrente invocación de mecanismos de
democracia directa, como el plebiscito o el referéndum,
que muestran una tentación a flor de piel de buscar una
forma de legitimación y respaldo popular directo a la figura
presidencial, esquivando a los órganos de representación
política. La cuestión es relevante porque si algo
caracterizó a los regímenes autoritarios de este
siglo y caracteriza a los populismos más recientes es precisamente
la utilización de este tipo de mecanismos.
De
allí también que el reconocimiento de las limitaciones
del poder presidencial expresa una actitud ambivalente. Por una
parte, sugiere una buena disposición al diálogo
y la construcción de acuerdos.
Por
otra, sin embargo, muestra la intención de pasar las facturas
«de lo que no se logre» a los legisladores y, en particular,
a los grupos parlamentarios opositores. Cuando Vicente Fox dijo
que «el presidente propone y el Congreso dispone»,
lanzó esa señal ambivalente: reconoció y
asumió las limitaciones de su poder, pero también
advirtió a la sociedad que sus buenas intenciones (sus
propuestas de cambio) podrían encontrarse con obstáculos
de los que él no sería responsable.
En
suma, el contenido político del mensaje ofrece dos rostros
que merecen la misma atención: el de la disposición
al diálogo en un contexto de pluralidad, y el de la inclinación,
a un tiempo, populista y autoritaria. Por ello, para el grupo
parlamentario del PRI será imprescindible contar con una
muy buena estrategia de comunicación social que permita
hacer del conocimiento público sus razones (frente a la
publicidad permanente que previsiblemente desarrollará
la presidencia de la República) y con una agenda propia
de reformas políticas que evite dar paso a reformas impulsadas
por el presidente en torno a los mecanismos ya mencionados de
democracia directa o semidirecta. El PAN, curiosamente, puede
ser el mejor aliado para contener los impulsos populistas y personalistas
de Vicente Fox.
III.
Las Siete Reformas Medulares
Al
inicio de su mensaje, Vicente Fox trazó lo que él
llamó las siete reformas medulares de su proyecto: una
reforma que consolide el avance democrático; una reforma
que avance en el combate a la pobreza y en la igualdad social;
una reforma educativa que asegure la formación de capital
humano; una reforma que garantice el crecimiento con estabilidad
en la economía; una reforma que descentralice facultades
y recursos de la Federación hacia los estados, los municipios
y las comunidades; una reforma que asegure transparencia y rendición
de cuentas en la tarea de gobierno, contra la corrupción;
y una reforma que abata la inseguridad y cancele la impunidad.
El
texto del mensaje no desarrolla ni precisa los contenidos, el
sentido y los alcances de dichas reformas. Carece también
de un despliegue ordenado y articulado de esas líneas medulares.
Las siguientes páginas del documento leído por Fox
constituyen un catálogo de compromisos e intenciones, pero
no ofrecen elementos concretos acerca de la forma y los términos
que adquirirán esas reformas.
Lo
anterior se hace más que evidente cuando se refiere a la
reforma del Estado: «El gran reto de la Reforma del Estado
es inaugurar un nuevo futuro político, después de
71 años (...) Sólo por la vía de franquear
el paso a una era de democratización profunda de la vida
nacional, la Reforma del Estado podrá satisfacer las expectativas
sociales de cambio (...) La alternancia no va a cerrar por sí
sola el proceso de transición. Invito a todos cuantos tienen
competencia para conducir la Reforma del Estado, a que juntos
propongamos al país las iniciativas necesarias para un
cambio sustantivo de régimen político». ¿A
qué cambio de régimen se refiere? ¿Cómo
se pueden traducir en iniciativas concretas ideas tan confusas?
Más que pensar en una estrategia de prudencia o reservas
para anunciar su idea sobre el significado y los contenidos de
la Reforma del Estado, da la impresión de que no tiene
una idea elaborada y acabada al respecto.
Otro
aspecto del mensaje que muestra la carencia de una idea precisa
y la improvisación, se encuentra en el hecho de haber hecho
propia la iniciativa de la COCOPA en materia de cultura y derechos
indígenas, cuando su propio partido tiene una iniciativa
distinta, y cuando al hacerlo ya asumió un compromiso a
través del cual Marcos lo hará su rehén:
«que es como el presidente se comprometió o la palabra
empeñada del presidente no garantiza nada», se podrá
escuchar en unas semanas o meses en voz del subcomandante. Además
del error táctico hay la carencia evidente de un proyecto
articulado, discutido y acordado con su partido.
En
cuanto a líneas programáticas el discurso es muy
pobre. Temas como la reforma eléctrica o la reforma hacendaria
se conocen más por las filtraciones y las expresiones informales
de su equipo que por una posición clara, asumida expresamente
por el Presidente el día de su toma de posesión.
Probablemente
en materia de política social sea donde con más
claridad sugirió en el mensaje su posición y su
visión: tenderá hacia una lógica más
asistencialista de mercado que de responsabilidad del Estado.
En materia de política económica sostiene por un
lado la necesidad de poner al centro su sentido humano y el bienestar,
pero hace propias las exigencias de disciplina rigurosa en las
variables macroeconómicas: «No queremos victorias
pírricas en el combate a la pobreza. Las medidas de bienestar
artificial terminan por confiscar el fruto del trabajo de todos
y por aplazar el bienestar que anhelamos». Esto, sin más
recursos, no ofrece ningún cambio relevante respecto a
la situación actual; y mientras no precise los contenidos
y el sentido de la llamada reforma hacendaria, sus políticas
públicas no dejarán de ser o más de lo mismo
o una verdadera incógnita.
En
materia laboral, el mensaje traza una línea clara de liberalización
del mercado. Pero carece de una propuesta frente al mundo del
trabajo y el sindicalismo. Este es un tema que el PRI debe apropiarse
para colocarse a la vanguardia: un nuevo sindicalismo, pero no
la supresión o la marginalidad del sindicalismo, debe ser
una divisa de un partido con sustancia social, frente a la idea
simple de la liberalización del mercado laboral en un contexto
donde las grandes empresas y, por lo tanto, los patrones tienden
a agregarse, mientras el sindicalismo y la defensa genuina de
los derechos de los trabajadores se debilita y dispersa.
IV.
Prospectiva. El Sentido del Mensaje y sus Implicaciones Previsibles
1.
El presidente Vicente Fox definió con su mensaje, más
que contenidos, un estilo y una actitud. Su estrategia central
será legitimar y popularizar a la figura presidencial,
aún a costa de debilitar a los órganos de representación
política. Aprovechará al máximo el inmenso
bono de legitimidad con el que cuenta para mostrar y reiterar
cada vez que pueda su afán de cambio frente a los obstáculos
de la oposición y los lastres del pasado.
2.
Tenderá a acentuar la liberalización de la economía
y la preponderancia del mercado, a partir de una visión
de desprestigio de lo público (expresión de un pasado,
dirá, de corrupción e ineficiencia) y exaltación
de lo privado. En este terreno, se requiere una oposición
inteligente, en la medida en que la percepción de la sociedad
favorece de entrada el discurso foxista.
3.
Frente a las dificultades de la tarea de gobierno (y las dificultades
para sacar adelante sus reformas), es previsible que tienda, por
una parte, a hacerse cargo de la difícil administración
de la realidad pero, por otra, a pasar las facturas al Congreso
por lo que no logre y, en concreto, a la oposición y al
pasado.
4.
En poco tiempo empezará a enfrentar una contracción
ya evidente: la consolidación de su liderazgo personal
con las dificultades y el desgaste propios del ejercicio del gobierno.
Y es allí donde se acentuarán los riesgos de sus
impulsos populistas y personalistas.
5.
El día de su toma de posesión Vicente Fox demostró
que sus batallas políticas las dará en los medios
de comunicación y hay que reconocer que lo hace con eficacia.
A partir de la definición de una agenda propia, una estrategia
completa y bien articulada de comunicación será,
como ya se apuntó, uno de los retos más importantes
de los legisladores del PRI.
*Coordinador
de la Diputación Federal Del Estado de Hidalgo
