SIMULACRO
EN EL REINO DE LO VEROSÍMIL
Pablo
Espinosa Vera*
Dentro
de las fases de producción, reconocimiento, y representación
a que se ve sometido todo proceso de construcción, transmisión
y recepción discursiva, es innegable que la «Gran
Práctica Discursiva» o ejercicio de Semiótica
Presuposicional representada por el Presidente Vicente Fox en
el marco de su toma de posesión ante el Congreso de la
Unión el 1 de diciembre del 2000, donde los «mundos
posibles» se dieron como «reales» dentro de
una massmediática «puesta en escena», generó
una inesperada semiosis social (procesos interpretativos o de
«lectura» por parte de los destinatarios) con un consenso
favorable por parte del gigantesco auditorio a pesar de exhibir
y darle prioridad a una «realidad de simulacro» al
gusto del enunciador, donde se distorsionaron toda clase de alegorías
y de «referentes reales». Lo anterior lo ilustran,
por una parte, el mesiánico inicio que presupone sutilmente
que todos votaron por Fox («...quizá por primera
vez en nuestra historia no hubo quien llegara tarde ni quien se
rezagara. Nadie impidió la libre expresión de nuestra
voluntad democrática. Nadie murió aquel día
para hacerla posible. Al final, el triunfo fue de todos...»)
y, por la otra, el final, inspirado en Mussolini o en algún
viejo caudillo de ficción tipo Artemio Cruz («...tengo
las botas bien puestas en la tierra. A la realidad la veo de frente
y nunca le doy la espalda.
Gobernaré
alejado del culto a la personalidad y de toda concepción
patrimonialista del poder... Las duras jornadas que nos esperan
serán las mejores que Dios nos haya concedido vivir, pues
nada hay más hermoso que servir a la Patria...»).
La
arquitectura del texto, reduccionista y absolutista
en sus premisas es, en sí, conmovedor por su carga mítica,
simbólica, idealista y ritual, además de emotiva
y sentimental destacando los capítulos dedicados a los
pobres en el rubro de Política Social y a los «hermanos
indígenas», con guión de telenovela, sin dejar
de mencionar un enunciado que hizo suspirar a los intelectuales:
«...La riqueza cultural de México está en
su pluralidad. Octavio Paz nos mostró al mexicano encerrado
en su laberinto, escondido detrás de su máscara,
lastimado por heridas ances-trales que provocaron sometimiento
y frustración...», a lo que agregó una minicátedra
política digna de inscribirse en el contexto del
nonsense carrolliano donde la «lógica del sentido»
analizada por Gilles Deleuze explota en el bigbang tautológico
de los nuevos conceptos: «...Difiero radicalmente de la
antigua expresión de que el poder no se comparte... Compartiré
el poder pero también la responsabilidad. Soy depositario
del Poder Ejecutivo no su propietario...No seré un Presidente
que lo pueda todo...».
(¿Iluminismo
neobarroco o nuevo credo virtual de la «Súperdemocracia
sin adjetivos»? Si la Semiótica es la ciencia de
la mentira, que analiza toda práctica discursiva o icónica
que permite mentir, persuadir y manipular, como lo señala
Umberto Eco en su «Tratado de Semiótica General»,
el «Gran Texto» de Fox representa un formidable «objeto
semiótico» de dicho arte estilizado en sus más
mínimos detalles).
«Complicidad»
del receptormedio en el plano de la «perlocución».
Como
un efecto de «pragmatismo postdiscursivo» (ámbito
de la perlocución que Aristóteles define como entimema)
el televidente o el radioescucha en sí aceptó y
aprobó, de manera perceptual y sintética («visual
thinking») la serie de temerarios enunciados contenidos
en los casi 50 ítems vertidos por el primer Presidente
de la oposición, más por sus modalidades simbólicas
que por su nivel de verdad o de veridicidad (difícilmente
sometiendo cada ítem al análisis de la verificación
más profunda, resistirían dicha prueba contenida
en el cuadrado semiótico de A.J.Greimas, empezando con
el stock de nuevos héroes ¿o superhéroes?
simbólicos donde Juárez no tiene cabida y Venustiano
Carranza se coló lateralmente mientras Vasconcelos, Clouthier,
José Revueltas, Colosio, Heberto Castillo y Carlos Castillo
Peraza ocupan un sítio privilegiado en la galería
de la Era Fox) (¿¿??)
En
este ritual de liturgia política, como lo revela Alain
Berrendonner (Pragmática Lingüística; Barcelona,
Ed. Gedisa, 1987), el receptor asumió, en forma inconsciente,
el papel de «complice enunciatario» (aclarando que
hubo muchos «sujetos contestatarios» o «guerrilleros
semióticos» que generaron una «lectura aberrante»
o transgresora del supertexto) ante un sujeto de la enunciación
esforzado y preocupado por dotar de nuevo sentido y de innovadores
significados a significantes ya despro-vistos semánticamente
de contenido (p.ej. romper el protocolo al saludar a sus hijos
antes que al H. Congreso de la Unión), así como
a conceptos tradicionales, más por lo que representaba
el Tlatoani en turno, símbolo de la «transición
democrática» y de la «alternancia en el Poder»,
que por la propia conformación del Discurso saturado de
connotadores que evocan toda clase de «figuras», en
el sentido que les concede J.F. Lyotard, donde la pertinencia,
base de todo texto regido por la coherencia, está ausente,
al margen de argucias retóricas y estilísticas como
dirían Teun A. Van Dijk, Herman Parret y Umberto Eco en
sus estudios sobre SemióticaTextual.
Con
su avasallador gran récit o Summa Theologica Foxiana saturada
de significaciones fragmentarias y posmodernas, Fox buscó,
y logró, impactar a sus oyentes tejiendo frases y bloques
textuales cargados de «verbos de acción» (enunciados
performativos donde el ser y el hacer se dimensionan exponencialmente),
incluyendo referencias históricas confundidas con promesas
y compromisos al por mayor de tipo epopéyico que detonaron
la emoción y la pasión (universo de lo sensible
antes que de lo inteligible) además de reacciones airadas
ya previstas (ante mentalidades eclécticas y en «estado
de alerta») conformando globalmente, un «edificio
enunciatario» donde la «realidad», simulada
y representada, alcanzó el hollywoodense efecto de lo verosímil,
nivel de la ficción bien escenificada que satisfizo al
receptor siempre consciente de que se enfrentaba a una «fantasía
creíble», como lo destaca Christian Metz al analizar
lo que caracteriza a una buena película de una mala: el
poder de transmitir «credibilidad» gracias a la destreza
de artilugios digitales y efectos especiales que asumen el rol
de la «normalidad mítica» en el concepto de
Roland Barthes o de la naturalidad narrativa como
diría Juri Lotman (ejemplos clásicos, acudiendo
al discurso fílmico de notables blockbusters: de «Star
Wars» a «Matrix» pasando por «Titanic»
y por la obra maestra de Bob Zemeckis, «¿Quién
engañó a Roger Rabitt?»).
En
este contexto de «fantasías vertosímiles»
el nuevo Mandatario hizo impugnaciones contra el Antique Régime
en forma deíctica y espectacular como cuando enfatizó
que «... los grandes corruptos del pasado, del presente
y del futuro rendirán cuentas; no habrá para ellos
borrón y cuenta nueva...», además de enumerar
«siete macrorreformas medulares» que se inscriben
más en el ámbito de la utopía presuposicional
que en el de la capacidad de respuesta de un Estado acotado presupuestalmente
para asumirlas incluyendo, entre los potenciales mitos de la Era
Fox, que el Poder Legislativo representaría una auténtica
instancia regulatoria del Poder Ejecutivo, junto con el «nuevo»
Poder Judicial para consolidar la Democracia recien instaurada
destacando el término «transición» como
formidable mantra del tercer milenio.
El
Discurso, instalado cómodamente en los confines de una
Semiótica del Simulacro o de una Semiótica de los
Mundos Posibles oculta las intenciones subyacentes del emisor
que, por supuesto, no son las de una «democraciacolorderosa»,
por más que la mítica Foxilandia se asemeje a una
logósfera de Disney World.
*Presidente
del Instituto de Semiótica y Cultura de Masas A.C. y autor
de la columna Semiótica del Poder (Página
Uno, revista dominical del periódico UNOMASUNO) así
como de varios libros: «Semiótica Zedillista: ¿Nueva
Imagen Presidencial, o Guerrilla Semiótica?»;
«Semiótica del Arte: Van Gogh, la furia de la Semiosis»;
«Semiótica de los Mass-Media»; «Poesía
Semiótica: El Semiófago»; «Umberto Eco,
Semiosis-in-Progress»; «Fox en Los Pinos: Utopía
Semiótica», etc.
