MENSAJE
DE VICENTE FOX QUESADA EN LA CEREMONIA DE TOMA DE POSESIÓN
DE LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA 2000-2006
Hola,
Ana Cristina; Hola, Paulina, Vicente y Rodrigo.
H. Congreso de la Unión:
He asumido la alta responsabilidad de Presidente de la República,
protestando respetar la Constitución y las leyes que en
ella tienen su origen. Lo he hecho también de frente a
mi conciencia y teniendo presentes los valores y principios morales
que me comprometen. Vengo a este solemne acto, portando no sólo
mis convicciones personales, sino los sueños y anhelos
de cambio de todos los mexicanos. No es posible pasar por alto
que asumo la titularidad del Poder Ejecutivo en nuevas condiciones.
La decisión soberana de los electores del 2 de julio, no
tiene precedente. Nadie puede arrogarse la autoría de este
logro, pero a nadie puede regateársele su contribución.
Al desarrollo de esa jornada acudimos millones de mexicanos y
mexicanas, en todos los rincones del país, para emitir
nuestro voto. Todos y todas participamos en esta fiesta cívica.
Quizá por primera vez en nuestra historia, no hubo quien
llegara tarde ni quien se rezagara. Nada impidió la libre
expresión de nuestra voluntad democrática, nadie
murió aquél día para hacerla posible. Al
final, el triunfo fue de todos. A la cita acudieron también
las instituciones electorales, los partidos y sus candidatos.
El entonces Presidente, Ernesto Zedillo, reconoció el mandato
que la ciudadanía expresó en las urnas y con ánimo
republicano, facilitó la transición entre su administración
y el gobierno que presido a partir de hoy.
Por
ello expreso el más orgulloso reconocimiento a todas las
mexicanas y mexicanos que el 2 de julio renovamos nuestro pacto
político con civilidad y concordia.
La
presencia de los Jefes de Estado y de Gobierno y de las Misiones
Diplomáticas de Alto Nivel que hoy nos acompañan,
es un signo de confianza que inspira nuestras perspectivas de
cambio.
Agradezco
también la presencia de destacados representantes de la
vida política, económica y cultural del mundo. Reciban
ustedes nuestro agradecimiento y lleven a sus países la
manifestación de la gratitud y solidaridad de la sociedad
mexicana.
Las
mexicanas y los mexicanos demostramos, en las pasadas elecciones,
nuestra voluntad y decisión de fincar, sobre bases democráticas,
los nuevos cimientos de la nación en el Siglo XXI.
Este
cambio democrático que entró en su fase decisiva
el 2 de julio, es resultado de un largo afán colectivo.
Se gestó durante varias décadas con el sacrificio
y la entrega de muchos y muchas mexicanas excepcionales, que lucharon
en distintas trincheras para hacer posible lo que ahora vivimos.
Evoco
con devota emoción a Don Francisco I. Madero. Su sacrificio
en pos de la democracia no fue en vano. Hoy, al cierre de una
etapa histórica, marcada por el autoritarismo, su figura
se levanta de nuevo como un hito que marca el rumbo que nunca
debió abandonarse.
Rindo homenaje a los hombres y mujeres que fundaron organizaciones
y partidos políticos, a los que por encima del triunfo
personal, creyeron y enseñaron a creer en el triunfo de
un México democrático; a quienes hicieron de cada
esquina una tribuna, hasta obtener este triunfo para la democracia.
Pienso
en José Vasconcelos, en Manuel Gómez Morín,
en Vicente Lombardo Toledano, en Valentín Campa, en José
Revueltas, en Manuel Clouthier, en Salvador Nava, en Luis Donaldo
Colosio, en Heberto Castillo y en Carlos Castillo Peraza, entre
otros muchos hombres y mujeres de este país.
Hombres
de signos políticos diversos, pero de una misma convicción
democrática. Todos ellos estarán hoy y siempre
presentes en nuestra memoria.
En
esta nueva época de ejercicio democrático, el Presidente
propone y el Congreso dispone. Esa es la nueva realidad del Poder
en México.
El
presidencialismo tradicional impuso por muchos años su
monólogo. Ahora más que nunca, gobernar es dialogar;
la fuerza de la nación no puede venir ya de un sólo
punto de vista, de un sólo partido o de una sóla
filosofía.
Ahora
como nunca, es necesario el entendimiento, el acuerdo y la convergencia
entre los distintos actores políticos, económicos
y sociales, los diferentes intereses legítimos y las diversas
visiones ideológicas.
Convoco
a todas las fuerzas políticas a construir, sin prejuicios,
una relación digna, transparente y sin servidumbres; a
un intercambio franco y espontáneo de argumentos y razones
con el nuevo gobierno, para avanzar juntos en el encuadramiento
jurídico del proceso de cambio.
Por
mi parte, alentaré una relación cimentada en negociaciones
permanentes con los grupos parlamentarios que aquí concurren,
para que en el proceso de coincidencias y discrepancias, alcancemos
las reformas que eleven la legitimidad de las instituciones públicas
y sus decisiones.
En esta Sesión Solemne, ratifico el compromiso de mi gobierno
de rendir cuentas ante esta Representación Nacional, tan
amplia y frecuentemente como sea necesario.
Instruyo
a los miembros del Gabinete a atender, con disposición
y prontitud, semana a semana, los requerimientos de este H. Congreso
y de sus Comisiones.
Los
ciudadanos demandan una mejor justicia, la consolidación
de la autonomía del Poder Judicial de la Federación
y la independencia de sus integrantes tendrán, en el Ejecutivo
a mi cargo, a su mejor aliado.
En
esta ocasión solemne, asumo el compromiso de hacer todo
lo que esté a mi alcance, a fin de reforzar la capacidad
de los órganos jurisdiccionales federales, para determinar
la constitucionalidad de las Leyes de la República y la
legalidad de los actos de la Administración Pública.
Me
honra asumir, por disposición constitucional, el comando
supremo de las Fuerzas Armadas. Con honor y dignidad, los soldados
de México han sido fieles, desde su juramento, a favor
de la nación.
Su
lealtad a la República, el estricto cumplimiento de sus
deberes constitucionales, su actuación ejemplar en el combate
al narcotráfico y la protección civil y su respeto
a los procesos políticos del país, han constituido
una garantía fundamental de la democracia.
El
gran reto de la Reforma del Estado es inaugurar un nuevo futuro
político, después de 71 años. Ello nos obliga
a ser audaces para romper paradigmas, inercias y atavismos de
una cultura política que ha visto en el acuerdo un acto
de capitulación y en la coincidencia política, prueba
plena de cooptación.
Sólo por la vía de franquear el paso a una era de
democratización profunda de la vida nacional, la Reforma
del Estado podrá satisfacer las expectativas sociales de
cambio.
Ello
demanda una propuesta programática consensada, de largo
alcance, cuya factibilidad no se agote en un acuerdo de coyuntura.
El
origen de muchos de nuestros males se encuentra en una concentración
excesiva de poder. La Reforma del Estado deberá garantizar
el fortalecimiento de un ejercicio del poder, cada vez más
equilibrado y democrático.
Deberá
garantizar también la modernización política
del país, por la vía de asegurar un Estado de Derecho
pleno, equidad en la distribución de la riqueza, racionalidad
de la estructura administrativa del gobierno, institucionalización
plena del ejercicio del poder público, una amplia participación
social en sus decisiones y la preparación para enfrentar
los retos de la globalización.
La
alternancia no va a cerrar por sí sola el proceso de transición.
Invito, a todos cuantos tienen competencia para conducir la Reforma
del Estado, a que juntos propongamos al país las iniciativas
necesarias para un cambio sustantivo de régimen político.
Procedamos con sensatez y valentía a demoler todo vestigio
de autoritarismo y a edificar una genuina democracia.
La
Constitución que nos rige, ha sido excesivamente deformada.
Necesitamos reconstruir el consenso nacional de largo plazo, en
torno a una ley suprema, acorde con nuestras mejores tradiciones
y con los requerimientos del Siglo XXI.
Estabilidad
política y cambio democrático se condicionan de
manera recíproca. Es prácticamente imposible aislarlos
sin perder eficacia y es una ilusión suponer que se dará
el uno sin la otra.
Juntos
debemos encontrar la fórmula para abordar todos los cambios
que la nación demanda, sin perder la eficacia en la conducción
del gobierno.
Para
garantizar una democracia eficaz y una eficacia democrática,
asumo el compromiso de promover siete reformas medulares, recogidas
durante mi campaña presidencial como el mandato de cambio
de los mexicanos.
Una
reforma que consolide el avance democrático, para que toda
persona pueda hablar con libertad y ser escuchada.
Una
reforma que avance en el combate a la pobreza y en la igualdad
social, para que ninguna madre carezca de dinero suficiente para
comprar la leche de sus hijos.
Una
reforma educativa, que asegure la formación del mejor capital
humano y para que ningún joven en nuestro país así
sea el de condición más humilde se quede sin
alcanzar su proyecto educativo por falta de recursos.
Una
reforma que garantice el crecimiento con estabilidad en la economía,
para que nunca más nuestros jóvenes tengan que dejar
su hogar y emigrar a otro país.
Una
reforma que descentralice facultades y recursos de la Federación,
para darles mayor vitalidad a los Estados, los Municipios y las
comunidades.
Una
reforma que asegure la transparencia y el rendimiento de cuentas
en la tarea de gobierno, para anular la corrupción y el
engaño.
Una
reforma que abata la inseguridad y cancele la impunidad, para
que toda familia pueda dormir tranquila.
No
se puede hacer política rindiendo culto a nuestras diferencias.
Las diferencias políticas e ideológicas, consustanciales
a toda sociedad democrática, antes que dividirnos nos enriquecen.
Es
imprescindible convertir esa valoración en premisa básica
de la nueva convivencia mexicana, para pasar de un pluralismo
polarizante a una relación plenamente civilizada entre
los distintos actores políticos.
Tenemos
toda una historia por delante, que es imprescindible empezar a
construir sobre un diálogo propositivo y en el marco de
una relación madura entre los actores políticos,
que conduzca la lucha con ética y respeto y no como un
pleito por el poder.
Aceptemos
con realismo que la democratización plena del país
es una causa nacional que difícilmente surgirá de
iniciativas partidistas aisladas.
Todos
estamos limitados por la correlación de fuerzas, lo que
significa que ninguna expresión política podrá
impulsar cambio alguno, en forma independiente.
En
una sociedad plural no caben la intransigencia, las visiones únicas
ni las verdades absolutas. La tolerancia es imprescindible para
consolidar la pluralidad de nuestra sociedad y para avanzar a
una transición concertada en cuanto a modalidades, fines,
etapas y plazos.
Lo
que está en juego en los próximos seis años
no es sólo el cambio de un partido en el poder, está
en juego algo mucho más significativo y profundo: la esperanza
de millones de mexicanas y mexicanos.
Aquí
encuentra el proceso de convergencia democrática su verdadero
valor histórico, su sustento ético, moral y político.
Ese es el verdadero reto en esta etapa de transición, dar
respuesta a las esperanzas de todas o todos a través del
encuentro entre las diferentes fuerzas políticas y sociales
de la nación.
Como
muchos de ustedes en este recinto y al igual en todo nuestro
país yo crecí en un rancho, en un ejido y
todos en el campo sabemos que la mayor cosecha es la crece del
híbrido de distintas semillas, porque aún la naturaleza
obtiene su mayor fuerza en la diversidad.
Así
es como la gente del campo alimentamos mejor el ganado y el obrero
forja los metales más fuertes.
Todas
y todos en este Congreso, todos quienes nos escuchan y nos ven
en toda la nación, debemos saber que la diversidad es el
fundamento de nuestro futuro, nuestras ideas, nuestra energía,
nuestro trabajo, son los ladrillos, el pico y la pala, el acero
templado para construir el nuevo México.
El
estricto respeto a la libertad de expresión es garantía
irrenunciable de desarrollo democrático, su preservación
es el compromiso, primero, de todo Estado democrático.
Creo
firmemente que los medios de comunicación nacen de la libertad
y sólo en ella pueden cumplir su responsabilidad ética
de informar a la sociedad.
Mi
Gobierno observará un absoluto respeto a esa libertad fundamental
de informar y disentir.
Escucharemos
y atenderemos el escrutinio ciudadano de la opinión de
la ciudadanía.
Me
comprometo con una nueva ética que supere el vicio histórico
de una cultura oficial que privilegió el control y la manipulación
de la información sobre los asuntos políticos, en
demérito de su oportunidad y veracidad.
En
el umbral del nuevo milenio, un centralismo absorbente y un federalismo
simulado, impiden que México sea un auténtico Estado
Federal.
Tenemos
que encontrar nuevas vías para conducir las relaciones
del Ejecutivo Federal con los Gobiernos estatales, a través
de formas ajenas al cobro de mecanismo de control político
y financiero subyacente en el actual sistema.
Al
fin de replantear sus términos, hoy convoco a una gran
alianza Federal para diseñar un esquema coherente en el
que cada uno de los ámbitos, federal, estatal y municipal,
lleve a cabo con eficiencia y transparencia las labores que le
son encomendadas.
Abrir
la política y el ejercicio del Poder a la participación
y control desde la base social, será un objetivo central
de mi Gobierno.
Acepto
el mandato popular de consolidar la democracia a través
de fórmulas relacionadas con la democracia directa, como
el plebiscito, el referéndum y la iniciativa popular.
En
un sistema políticamente moderno, tales instrumentos debidamente
reglamentados, permiten que la ciudadanía manifieste su
sentir, de manera precisa y proporcione orientaciones enriquecedoras.
La
sociedad que queremos, exige terminar con toda forma de discriminación.
Haremos realidad nuestros compromisos de eliminar toda forma de
discriminación y exclusión de los grupos minoritarios.
El
objetivo es que no haya entre un ser humano y otro, más
diferencia que las que señala su compromiso con la libertad,
la justicia y la fraternidad.
Los
mexicanos aspiramos y merecemos vivir en la certeza de la legalidad
en la que el ejemplo del Gobierno haga del orden legal una realidad
cívica.
Caprichos
e insuficiencias en la aplicación de la ley explican muchos
de nuestros males sociales.
En
México, el uso de la violencia ha sido una prerrogativa
del Gobierno, más que del Estado. No pocos actos de coerción
del Estado han sido motivados por conveniencias políticas
de algún funcionario o grupo de poder.
La
enemistad personal o la discrepancia política con quienes
detentan el poder ha sido causa frecuente para que el ciudadano
común sea víctima de la fuerza del Estado.
Para
gobernar y preservar la seguridad política del Estado,
no es válido usar aparatos de espionaje de vigilancia o
de intimidación en contra de partidos, sindicatos, organizaciones
sociales, personajes políticos o líderes de opinión.
Un
Gobierno para saber lo que la gente está pensando, es porque
no está escuchando.
Mi
Gobierno no tolerará que continúen impunemente estas
prácticas. La represión nunca más será
medio para resolver diferencias políticas. Mi Gobierno
no distraerá a los órganos de seguridad para disuadir
a sus críticos o para neutralizar a sus opositores; mientras
que el Estado carece de información indispensable para
la seguridad nacional.
Los
peligros que acechan a la seguridad colectiva de los ciudadanos,
los riesgos para la seguridad nacional y las contingencias de
carácter natural o humano que debemos anticipar y evitar,
nunca provienen del ejercicio de la libertad.
México
no será ya más una referencia de descrédito
en materia de derechos humanos, vamos a protegerlos como nunca,
a respetarlos como nunca y a considerar una cultura que repudie
cualquier violación y sancione a los culpables.
La
corrupción ha dejado exhausta la credibilidad social en
el Gobierno. La prepotencia y arbitrariedad han configurado el
resto de su imagen.
Tales
excesos mantienen en la agenda pública el reclamo social
de restituir autoridad moral al ejercicio del Gobierno.
La
solución no es tan sólo más leyes o leyes
más duras, se requiere sobre todo que su aplicación
se dé en un marco de plena certeza, esa es la mejor alternativa.
Combatiré
estos males con el rigor y el imperio de la ley, con todo el poder
del Presidente de la República, pero también con
la fuerza sencilla y poderosa del ejemplo.
Las
decisiones de mi Gobierno tendrán congruencia histórica,
pero no aceptaré que sea el pasado el que decida la suerte
y las expectativas de nuestro porvenir. La historia se hace viendo
siempre hacia delante, pero ninguna relación con el pasado
es saludable, si no está fincada en la verdad, sin sustituir
a las instancias de procuración e impartición de
justicia.
Me
propongo abrir lo que ha permanecido cerrado en episodios sensibles
de nuestra historia reciente e investigar lo que no ha sido resuelto,
mediante una instancia que atienda los reclamos por la verdad
de la mayoría de los mexicanos.
No
es posible contener la justa indignación social. Los grandes
corruptos del pasado, del presente y del futuro rendirán
cuentas, no habrá para ellos borrón y cuenta nueva.
No
habrá piadoso olvido para quienes delinquieron, tampoco
habrá tolerancia para quienes pretendan continuar con privilegios
hoy inaceptables.
Sin
embargo, ningún acto relacionado con el pasado estará
inspirado por resentimiento alguno, venganza, ansias de reivindicación
personal o aspiraciones a reinterpretar la historia.
No
daremos cuartel a la delincuencia, no descansaremos hasta que
vivamos seguros, sin temor ni angustia, hasta que disfrutemos
de la vida sin asaltos ni vejaciones.
Abordaremos
el rompecabezas de la inseguridad, con la fortaleza de la ley
y las instituciones, pero también con medidas que hagan
desaparecer la desigualdad extrema y la marginación.
Las
medidas policíacas desvinculadas del contexto social, corren
el riesgo de tomarse en represión y no sirve apostarle
al autoritarismo cuando la criminalidad no es sólo producto
de la debilidad de lasfuerzas
de seguridad. No hay cuerpo policiaco capaz de contener hambre
y desempleo.
Reconocer
con objetividad la realidad, sin deformaciones ni complacencias,
es una premisa básica para mejorarla. No obstante que existe
estabilidad en las principales variables macroeconómicas,
seguimos sin alcanzar el viejo anhelo de moderar opulencia e indigencia.
Recibo
este gobierno con una economía en marcha ciertamente, pero
con un presupuesto con muy escaso margen de maniobra para responder
a los enormes rezagos sociales.
A
lo largo de mi campaña electoral observé grandes
potenciales humanos y naturales, desaprovechados en todo el país:
niños sin escuela, jóvenes sin futuro ni perspectivas
de avance; desintegración familiar, marginación
y discriminación; profesionistas y técnicos altamente
capacitados, sin otra alternativa que el desempleo y el subempleo;
madres solteras sin preparación, como único sostén
de sus hogares; ancianos sin apoyo ni recursos para pasar con
tranquilidad la última etapa de su vida.
La
responsabilidad gubernamental acumulada es enorme en materia social.
El más mínimo sentido común, señala
la falsedad de la tesis que afirma que es preciso frenar el nivel
de vida la población, en aras de la salud de la economía.
Sostengo
enfáticamente que la justicia social es parte de una economía
eficiente, no su adversaria.
Es
hora de reconocer que ni todo puede ser resuelto por el Estado
ni todo puede ser solucionado por el mercado.
Dicho
de otro modo: ni el Estado todo, ni el individuo solo.
Es
mi convicción que el voto por la democracia es inseparable
del voto por la equidad social.
Podemos
cerrar los ojos a la miseria y a la marginación, podemos
vivir con más delincuencia, menos agua, menos bosque y
un ambiente más contaminado.
Podemos
fingir que no vemos la corrupción, la pobreza ni el desempleo.
Si lo hacemos, estaremos traicionando a quienes han luchado por
el cambio.
México ya no quiere ni puede sobrevivir entre islas de
riqueza y prosperidad, rodeadas por mares de miseria.
Desde
hace mucho tiempo, millones de mexicanos y mexicanas resisten
la sobrecarga de la marginación y la pobreza. Quienes la
padecen, tienen justos reclamos que formular a la sociedad, al
Estado y a mi gobierno.
Estoy
convencido de que la economía debe recuperar la dimensión
moral y humanista, para darle sentido y rumbo. Estoy convencido
también de que la calidad de vida de una sociedad no se
mide únicamente por su capacidad para generar riqueza,
sino sobre todo por la equidad para distribuirla.
Trabajaré
con todos y por todos, pero buscaré atender siempre primero
a quienes esperan la justicia desde tiempo inmemorial, a quienes
cotidianamente sufren la miseria, el abandono, la ignorancia y
la violencia.
La
educación ... ya vamos, ya vamos, tranquilos...
La
educación de calidad, el empleo y el desarrollo regional
serán las palancas para remover, de una vez por todas,
el signo de la pobreza que es inequidad, injusticia, discriminación
y exclusión.
Con
las comunidades indígenas tenemos una deuda que habremos
de saldar, los pueblos originarios de estas tierras siguen sufriendo
una intolerable situación de injusticia y desigualdad.
Desde
mi campaña lo ofrecí y hoy lo refrendo: como Presidente
Constitucional de la República he estado, estoy y estaré
comprometido con una nueva relación entre los pueblos indígenas
y el Estado Mexicano. Trabajaré sin descanso hasta lograrlo.
Aplicaré
programas dirigidos al mejoramiento de sus comunidades que ellas
mismas habrán de administrar.
Reitero
clara e inequívocamente que esta tarea es y será,
desde este momento, responsabilidad directa del Presidente de
la República; que en el cumplimiento de este compromiso,
voy por delante.
Sin
embargo, todo esfuerzo será insuficiente, sin la participación
plena y constante de los propios pueblos indígenas y sus
representantes en las deliberaciones, en las propuestas y en las
decisiones nacionales.
Hermanos
y hermanas de las comunidades indígenas; a mis amigas y
amigos de los pueblos indígenas:
Permítanme dirigirme a ustedes de manera especial. De manera
especial para que sea el mañana el que florezca.
Como
Presidente de México, asumo responsablemente el compromiso
de crear condiciones que hagan posible la participación
permanente de todos y cada uno de ustedes, de sus comunidades
y sus pueblos, en la construcción de los marcos legales
que garanticen dentro del Estado Nacional el ejercicio pleno de
su autonomía y su libre determinación en la unidad
nacional, para que sea el mañana el que florezca.
¡Nunca
más un México sin ustedes!
¡En
México y en Chiapas habrá un nuevo amanecer!
En
Chiapas serán las acciones, no las palabras huecas, el
eje vertebral de una nueva política federal y presidencial
que conduzca a la paz.
Fue
mi palabra empeñada enviar a este H. Congreso de la Unión,
como iniciativa de Ley, el documento elaborado por la COCOPA,
que sintetiza el espíritu de los Acuerdos de San Andrés
y este será mi primer acto de mi gobierno en referencia
a este Congreso. El próximo martes, tienen aquí
tal iniciativa.
Convoco
a los y las legisladores, a las fuerzas y partidos políticos,
para que deliberen con plena responsabilidad el tema capital que
aquél documento entraña: el del Estado, la sociedad
y los pueblos indígenas de México.
En
el ámbito rural, buscaremos que los campesinos puedan progresar
con los recursos, fruto de su trabajo y no con los que pueda darles
el gobierno. Vamos a pasar de los subsidios ineficientes, a los
apoyos productivos que generan riqueza.
La
educación será la columna vertebral del desarrollo.
Ratifico mi palabra de buscar por todos medios, a fin de elevar
el presupuesto para la educación porque es aquí
donde invertimos en el futuro de la nación.
Es
aquí, en nuestra calidad educativa, donde radican las posibilidades
de que niños y jóvenes se constituyan en fuerza
para la nación.
La
Universidad pública mantendrá el lugar privilegiado
que actualmente ocupa en la formación de profesionales.
No está en el Orden del Día su privatización.
Lo que somos hoy en el terreno de las profesiones, las empresas
y el conocimiento científico y cultural, es en gran parte
fruto de la obra de estas universidades públicas.
Sólo
a las respectivas comunidades universitarias corresponde determinar
las reformas para preservar sus núcleos de excelencia y
adecuarse a los requerimientos impuestos por los avances científicos
y tecnológicos, así como por la aparición
de perfiles profesionales superiores, derivados de los nuevos
conocimientos.
Refrendo la laicidad, el carácter público y la gratuidad
que establecen nuestras leyes en la educación que establece
el Estado.
(VOCES
A CORO): ¡Juárez!, ¡Juárez! ¡Juárez!
¡Juárez!
-PRESIDENTE
VICENTE FOX: ¡Juárez!, ¡Juárez!, ¡Juárez!,
¡Juárez!, ¡Juárez!, ¡Juárez!
Bien,
jóvenes.
Sobre
estas bases, extenderemos la educación a todas las mexicanas
y mexicanos; promoveremos su equidad y nos empeñaremos
en la formación de valores, en el desarrollo humano de
los alumnos y enla
capacitación eficiente para la vida y para el trabajo.
La
riqueza cultural de México está en su pluralidad.
Octavio Paz nos mostró al mexicano encerrado en su laberinto,
escondido detrás de su máscara, lastimado por heridas
ancestrales que provocaron sometimiento y frustración.
Debemos
avanzar y salir al mundo con orgullo y autoestima, convencidos
de que lo que nos distingue del resto del mundo es también
lo que nos da identidad.
Los
chiquillos, los queridos chiquillos de México serán
nuestra prioridad, la justificación de todos nuestros empeños.
Hoy
por la mañana, desayuné ricos tamales con niños
de la calle. Percibí en sus rostros el abandono y la injusticia.
Cuando
asumo ante el pueblo de México cada uno de los compromisos
que hago, de cara a la nación, está en mi mente
el recuerdo de estos niños a los que ofrecí no fallarles.
Hoy
les digo, a todas las chiquillas y chiquillos mexicanos y mexicanas,
que no les fallaré. El futuro de México no puede
construirse al margen de más de la mitad de su población.
Las
mujeres empeñadas en su mayoría en dos jornadas
cotidianas de trabajo, la laboral y la derivada de su atención
a los asuntos de hogar y de familia demandan espacios y
oportunidades, a la altura de su entrega y pasión. Es mi
convicción atender este reclamo.
Mi
gobierno se conducirá con perspectiva de género,
impulsará una transformación cultural que reconozca
los valores y que promueva las medidas para facilitar la plena
integración de la mujer en todos los ámbitos del
quehacer nacional. En este compromiso, empeñaré
toda la fuerza de la Presidencia que hoy asumo.
El
Programa Económico de mi Gobierno contempla un compromiso
auténtico con la estabilidad y el crecimiento. Con las
variables macroeconómicas no vamos a jugar. Vamos a actuar
con plena disciplina.
No
queremos victorias pírricas en el combate a la pobreza.
Las medidas de bienestar artificial terminan por confiscar el
fruto del trabajo de todos y por aplazar el bienestar que anhelamos.
Mantendremos
la estabilidad macroeconómica, porque representa ese orden,
sin el cual lo ganado se pierde. Pero trabajaremos para convertirla
en beneficios tangibles y concretos, en los bolsillos de cada
mexicana y cada mexicano.
El Programa Económico que proponemos contempla una participación
eficaz y ponderada del Gobierno, para promover la equidad entre
las regiones, las empresas y los hogares.
Una
política de desarrollo empresarial para la pequeña,
micro y mediana empresa y una política de economía,
con sentido social para la microempresa, para los trabajadores
por su cuenta.
Vamos
a emancipar a las mexicanas y mexicanos de menores ingresos, de
un sistema legal e institucional de crédito, que les discrimina.
Comparto
la aspiración de construir una relación de respeto,
diálogo y objetivos comunes con los obreros y sus sindicatos.
Muchas
son las metas que habremos de alcanzar, comenzando por la elevación
gradual, pero sostenida, del nivel de vida de los trabajadores.
Pero
no hay soluciones mágicas. Requerimos aumentar la productividad,
crear riqueza y distribuirla al mismo tiempo.
Mi
gobierno quiere apoyar este esfuerzo mediante la actualización
de la legislación laboral para consolidar derechos, promover
el empleo, fomentar la capacitación, la productividad y
la competitividad y dar así nuevos cauces a la vida sindical.
La
Reforma Fiscal no es la salida fácil para resolver los
problemas de ingreso del gobierno. Es la salida correcta.
El
México que queremos edificar tendrá una piedra angular
en la Reforma Fiscal Integral como vía para estimular el
ahorro, las inversiones y transformar la recaudación en
motor del desarrollo.
Sus
criterios serán de equidad en las cargas, simplificación
del pago y eficacia en la administración; su objetivo será
disponer de mayores recursos para beneficiar a los más
pobres, para incluir a los excluidos.
Pero
sobre todo, los recursos fiscales de la nación serán
invertidos en salud, seguridad y educación para la siguiente
generación: para tus hijos, para mis hijos y para todos
los chiquillos de México. No es para comprar votos para
la siguiente elección.
Como
Presidente de la República, pondré en este objetivo
sustancial la fuerza jurídica de mis facultades constitucionales.
La legitimidad que me otorgó el voto y toda mi voluntad
política.
En
materia de recursos energéticos seremos fieles a nuestra
historia y atenderemos las previsiones estratégicas frente
al porvenir. En este proceso no, no, no se privatizará
la Comisión Federal de Electricidad ni se venderá
ninguno de sus activos.
Promoveremos
ante este H. Congreso la apertura a la inversión, a fin
de salvaguardar los recursos fiscales para invertirlos en hospitales
escuelas, desarrollo de comunidades indígenas y combate
a la pobreza; eso es donde deben de usarse los recursos fiscales.
En
el marco constitucional vigente, PEMEX continuará como
propiedad exclusiva de la nación.
Debe
reconocerse, sin embargo, que PEMEX enfrenta una fuerte rigidez
administrativa presupuestal y normativa que le impiden desarrollarse
como empresa eficiente y competitiva.
Hoy
ratifico que PEMEX será transformado en una empresa manejada
con criterios de eficiencia y sujeta a criterios de vanguardia
a nivel mundial; que PEMEX será administrada honestamente.
Será también, una empresa con sensibilidad para
las regiones, los estados y los municipios en los que opera.
La
globalización es el signo de nuestro tiempo, pero debemos
conciliarlo con los intereses de México.
En
materia de política exterior, rechazamos todo intento de
injerencia en nuestros asuntos internos, condenamos cualquier
intención de hacer valer un criterio extraterritorial en
la aplicación de leyes de terceros.
Nos
oponemos a las visiones unilaterales y a cualquier trato que infrinja
la regla máxima del derecho internacional: igualdad soberana
del derecho internacional, igualdad soberana entre las naciones.
Mi
Gobierno no dejará solos a nuestros queridos migrantes,
a nuestros heroicos migrantes, ni a nuestras empresas frente a
abusos de la autoridad o prácticas desleales de comercio
internacional.
Nos aseguraremos que el talento que tenemos por todo el mundo,
en nuestras embajadas y consulados se convierte en el mejor aliado
de sus derechos y en una verdadera palanca del desarrollo económico
de nuestro país.
Una
de las cosas que más duelen es ver como cada año
cientos de miles de mexicanos, muchos de ellos bien preparados,
tienen que emigrar a Estados Unidos y Canadá muchos,
muchísimos de ellos de Guanajuato, efectivamente; y de
Chiapas, y de Tabasco, y de la ciudad de México, y de Jalisco,
y de Zacatecas, y de Chihuahua y de todo el país a Estados
Unidos y a Canadá para encontrar ahí trabajo
y oportunidades que les son negados en su propio país.
A
todos ellos reitero el compromiso de que velaré por sus
derechos en el extranjero y en su regreso a México. Aquí
haremos lo esencial y trabajaremos para que pronto encuentren
las oportunidades que fueron a buscar, porque México les
necesita a todos ellos.
Hoy
propongo democratizar el acceso a los servicios de salud pública,
contar con un sistema en el que los beneficiarios tengan voz en
las decisiones que les afectan, y una mayor libertad en la elección
del prestador del servicio, hasta llegar a que cada familia elija
a su propio médico.
Si
el 2 de julio mexicanos y mexicanas pudieron elegir a su Presidente,
no veo por qué no puedan elegir a su médico.
El
cambio implica brindar protección financiera en materia
de salud a toda la población, para que al finalizar el
sexenio todas las familias mexicanas cuenten con un seguro básico
de salud. Implica también que los servicios públicos
de salud se otorguen no sólo con calidad, sino con el respeto,
la calidez y la sensibilidad que todos queremos ver.
La
vivienda es el espacio esencial de las familias mexicanas, es
un derecho consignado en nuestra Constitución, es un compromiso
central de mi Gobierno, que cualquier mexicano y mexicana tenga
acceso a comprar, construir, remodelar o rentar una casa de acuerdo
a su presupuesto o capacidad de crédito y preferencia.
Los
sueños de cientos de miles de mexicanas y mexicanos para
contar con un lugar seguro y digno, encontrarán respuesta
en mi Gobierno.
Los
modelos de crecimiento experimentados en las últimas décadas,
han seguido la estrategia de crecer hoy y limpiar después.
La protección del patrimonio natural de los mexicanos es
parte esencial de mi programa de Gobierno.
Promoveremos
una economía productiva y competitiva en armonía
con el ambiente, sólo bajo un eje de desarrollo sustentable
es que daremos cabida a la inversión productiva y al crecimiento
económico.
Difiero
radicalmente de la antigua expresión de que el poder no
se comparte. Con esa idea se ha prohijado el cacicazgo, el centralismo,
el autoritarismo y todas las demás formas perniciosas de
ejercer la función pública. Compartiré el
poder y también las responsabilidades.
Soy
depositario del Poder Ejecutivo, no su propietario. Jamás
me alzaré por encima del marco del origen democrático
del cargo que he recibido, nunca será mi propósito
concentrar el poder, sino ganar autoridad moral en su ejercicio.
No
seré un Presidente que lo pueda todo. Terminará
entre nosotros la época en que el Presidente de la República
era omnipresente en el escenario nacional.
Ya
no es más una sola persona o un Gobierno el responsable
de los destinos de la nación. Todos y todas tenemos, en
nuestras trincheras cotidianas, un papel que jugar en esta gran
lucha a favor de México.
A todos y a todas invito, a todos y a todas convoco a una gran
alianza para transitar de la discrecionalidad al Estado de Derecho:
una gran alianza para avanzar de la marginación y el desarrollo,
una gran alianza para transformar el pesimismo en esperanza, una
gran alianza que fomente la unidad, la concordia y el acuerdo
entre mexicanos y mexicanas.
Iniciamos
nuestra gestión con un equipo de Gobierno cuyo signo es
la pluralidad. Se trata de un equipo de funcionarios de convicción
democrática y con ideas nuevas, que reúnen una adecuada
amalgama de inteligencia, lealtad y pericia, capaces, honestos
y con sentido de Estado. Ajenos, por supuesto, a una visión
política de clan o cofradía.
A
ellos y a ellas, aquí presentes, quiero expresarles en
público lo que les dije en privado: no creo en la habilidad
de aquellos políticos que para ser eficaces, actúan
al margen de toda noción de legalidad. Los recursos indebidos
de que se valen y su falta de escrúpulos descalifica cualquier
habilidad.
Tampoco
creo en aquella institucionalidad que obliga la complicidad y
que es pretexto para justificar atrocidades.
Tengo
las botas bien puestas en la tierra, a la realidad la veo de frente
y nunca le doy la espalda.
Gobernaré
alejado del culto a la personalidad y de toda concepción
patrimonialista del poder.
No
buscaré más privilegio que servir a ustedes, a todos
ustedes y al pueblo de México. Esta misma convicción
les exigiré a quienes integran mi equipo de Gobierno.
Les
exigiré también cuentas por actos de corrupción
y de sus subordinados. Todos debemos de aceptar esta dura carga
con gravedad, serenidad y satisfacción.
Las
duras jornadas que nos esperan, serán sin duda las mejores
que Dios nos haya concedido vivir, pues nada hay más hermoso
que servir a la patria.
Creo
en mi país y únicamente su interés me compromete.
Asumo con orgullo la visión de colaborar en la construcción
colectiva de su destino, asignada por la voluntad democrática
de los mexicanos.
Como
Presidente de la República estaré siempre abocado
al cumplimiento de mi mandato con responsabilidad, honradez, eficacia
y patriotismo.
No
toleraré desviación alguna y me cercioraré
de que cada peso de los recursos públicos sea bien gastado.
Es
mi mayor aspiración convertir la esperanza de todos los
mexicanos en confianza. Sé perfectamente que habrá
muchos obstáculos; la población ha sufrido muchos
engaños, la estrategia en consecuencia no será compleja
por encima de convencionalismos, en mi palabra estará empeñada,
siempre, la mayor sinceridad. Estoy y seguiré obligado
por mis compromisos de campaña, a ellos me apegaré
sin reserva.
Los
mexicanos aspiramos a un Gobierno que sirva con sensibilidad y
cercanía a sus intereses; escucharé con obediencia
su voz, nutriré mi sensibilidad con una intensa comunicación
con organizaciones, grupos y sectores sociales.
Siento
una gran responsabilidad ante las expectativas de todas las mexicanas
y mexicanos, particularmente de los jóvenes y los chiquillos,
para satisfacerlas una sola es la consigna: trabajar duro a partir
de hoy.
A
las niñas y niños que en sus años tiernos
tendrán al país en sus manos próximamente,
les debemos una morada confiada y una vida exenta de angustias
y de temores. A ellos les responderemos con un crecimiento económico
que permita a todos los jefes de familia tener un empleo para
vivir con dignidad y decoro. Comenzamos hoy.
No
más niños de la calle, no más deserción
escolar, no más ilusiones frustradas, para lograrlo empezamos
hoy.
A
los jóvenes les ofrezco escuchar siempre sus voces, atender
invariablemente el mensaje de sus miradas, compartir la lucha
para realizar sus sueños y contagiarme de su simpatía
social y de su energía para combatir las injusticias.
Les
responderemos con universidades de más calidad y con diversidad
de opciones profesionales, con un sistema de becas que reconozca
el mérito y el esfuerzo, porque ningún joven debe
de ver frustradas sus ambiciones ni el despliegue de sus cualidades
y talentos por falta de recursos para estudiar.
Para
que esto sea efectivo, iniciamos hoy.
A
las mujeres y hombres que ocupan las trincheras del trabajo, a
las familias, a los maestros y a los profesionistas, a los intelectuales
y creadores, a nuestros técnicos y artesanos les debemos
un país de leyes, un país seguro. A todas y a todos
les responderemos con la recuperación de la seguridad en
la ciudad y en el campo a partir de hoy.
A los jubilados les digo que lucharé por pensiones justas,
que les permitan vivir con dignidad, con la dignidad que se merecen
hoy.
La
construcción del México del futuro no es tarea de
una persona, se necesita del trabajo y el compromiso de todas
y de todos, cada quien desde su trinchera, pero siempre con pasión
y amor por nuestra patria.
No
basta votar y luego abandonar la participación política.
La responsabilidad no excluye a nadie, al contrario, el cambio
verdadero, profundo y radical vendrá de todos o no vendrá.
Hagamos a un lado el pesimismo y la apatía, seamos optimistas
sin dejar de tener los pies sobre la tierra. Con realismo y alegría
construyamos el porvenir, día a día convirtamos
nuestro presente, el nuestro, el de nuestras familias en un mejor
futuro para todos y para todas.
Está
en nuestras manos y a nuestro alcance, con el esfuerzo de todas
y de todos, todos estaremos mejor, empecemos hoy.
Hemos
heredado rezagos y tenemos enfrente tareas por hacer y problemas
por resolver, el reto es grande, pero no nos debe de intimidar,
no tiene porque hacerlo.
El
2 de julio despertó una intensa emoción entre nosotros
y fortaleció nuestro amor por México.
Con
este triunfo hemos ganado de entrada un nuevo ánimo para
encarar los retos del porvenir, no lo perdamos jamás, vivámoslo
cada día a plenitud, buscando siempre ser mejores y manteniendo
viva la llama de la esperanza.
Hoy,
todos y todas somos responsables de cumplir el mandato que nos
dimos en esa ejemplar elección; mandato de cambio para
instalar, para instaurar un ejercicio democrático del poder,
está en nuestras manos y a nuestro alcance, todos estaremos
mejor.
Estoy
y seguiré obligado a continuar el esfuerzo de esta gran
nación, estoy obligado a continuar y a trabajar con pasión
por quienes nos dieron patria, por quienes construyeron el México
que hoy tenemos y por quienes soñaron con ese México
diferente, exitoso y triunfador.
Gracias.
