NO
A PROTAGONISMOS NI AVENTURAS
ENRIQUE
JACKSON RAMÍREZ*
Las
legisladoras y los legisladores del Partido Revolucionario Insti-tucional,
acudimos con convicción democrática y con orgullo
republicano a esta ceremonia de transmisión del Poder Ejecutivo
Federal.
De
nueva cuenta, la transmisión del Poder Ejecutivo se lleva
a cabo en paz, en orden y en armonía; se hace frente a
los ojos de la nación toda y ante la presencia de naciones
amigas que mucho nos honra y estimula.
Quienes
reclamamos como origen y proyecto la revolución social
de 1910, quienes desde 1929 nos comprometimos con la democracia,
hoy celebramos la firmeza de las instituciones que todos hemos
construido, instituciones que permiten ahora la alternancia sin
turbulencias ni zozobras. Ante este Congreso de la Unión,
depositario de la soberanía nacional, se inaugura una nueva
Administración surgida del mandato de las urnas, pero se
inicia también una nueva relación entre los poderes
Legislativo y Ejecutivo de la Federación.
La
voluntad soberana, libre, auténtica, decidió confiar
la conducción de la Administración Pública
Federal a un ciudadano postulado por una alianza de partidos,
a la que no le confirió la mayoría en el Poder Legislativo;
el cambio expresado en las urnas no es patrimonio de institución
ni de partido alguno, esta es una histórica decisión,
fuente de nuevas responsabilidades políticas, obliga por
igual al Congreso y al Presidente. Del Ejecutivo esperamos y demandamos
en el marco de la Constitución, un desempeño responsable,
serio, eficaz.
La
nueva relación entre los poderes abre espacios para ahondar
en la construcción de la democracia, una democracia ajena
a caudillismos iluminados; ajena también igualmente, a
la confrontación estéril. Convencidos estamos los
priístas, de que las mexicanas y los mexicanos hemos decidido
continuar con los cambios en este siglo, cambios trascendentes,
que no se agoten en cargos y personas, que abran nuevas rutas
para la nación; el cambio que México reclama, ese
por el cual los legisladores priístas pugnaremos sin descanso,
es la socialización del poder, un poder público
más cercano a la sociedad.
El
cambio con el que los legisladores priístas nos comprometemos
exige la construcción de un nuevo entramado, una nueva
relación entre los poderes y los grupos sociales. Son tiempos
de nuevos equilibrios entre gobernados y gobernantes, nuevas correspon-sabilidades
surgidas de un diálogo franco, abierto, respetuoso entre
el Legislativo y el Ejecutivo.
No
hay en nuestras consideraciones nada predeterminado, ni aprobaciones
ni vetos, ni pronósticos ominosos ni deseos ocultos. Sólo
será la justicia, la justicia y no la revancha, la que
invariablemente oriente nuestro proceder. Al país lo desaniman
amenazas y venganzas.
En
el horizonte mexicano no hay espacio para protagonismos, tampoco
para aventuras de quienes pretendan rescatar y ejercer esquemas
ya superados de autoritarismo.
Sigamos
empeñados todos en la tarea de des-personalizar el poder.
En los hechos, legisladores y gobernantes estamos obligados a
desterrar de una vez y para siempre cualquier intento por encontrar
en el pasado la justificación de ineptitudes y desaciertos,
menos encontrar y buscar en el pasado, espacios para evadir la
responsabilidad por incumplimiento de promesas y dichos de campaña.
No
podemos negar lo realizado. Reconozcamos todos que las condiciones
con las que México inicia el milenio nos permiten ver con
optimismo un futuro compartido. Ahí, en la esperanza del
futuro y no en la culpa, es donde está la fuerza de la
nación. Frente a nosotros, legisladores y titular del Poder
Ejecutivo, se presenta el reto de superar desigualdades y rezagos,
de cancelar injusticias y de abrir un horizonte cierto, seguro
para más de 100 millones de mexicanos.
El
tiempo es de entrega y no de mezquindades. Construyamos juntos
oportunidades francas de justicia y desarrollo para todos; demos
cauce a la redistribución equitativa de la riqueza; ofrezcamos
a los mexicanos espacio para su desarrollo y progreso. Por nuestra
parte, los legisladores priístas seremos leales: leales
en la defensa de la soberanía nacional, democracia, libertades
y justicia social; seremos leales con nuestra patria, no escatimaremos
esfuerzo alguno en la defensa del Estado de Derecho; en la consolidación
del régimen federal y en la preservación irreductible
del carácter laico y pluriétnico del Estado mexicano,
Seremos
intransigentes frente a los abusos, la opresión, el autoritarismo
y ante el menoscabo de la identidad nacional. Intransigentes también
seremos a toda intentona por reducir el patrimonio, la soberanía
y la dignidad de la nación mexicana.
Esta
es la orientación de nuestro quehacer político,
así será el trabajo legislativo de los priístas
desde la oposición; no olvidaremos, como ha sucedido a
otros, que la oposición constituye también compromiso
y propuestas viables, ofertas y esperanzas alternas. Las mexicanas
y mexicanos pueden contar con la serenidad, con la prudencia,
con la capacidad, con la firmeza, con el patriotismo de los legisladores
priístas; pueden contar con un partido garante de la estabilidad
nacional, que asume su papel para asegurar la gobernabilidad el
país; un partido que promueve la concordia y la unidad
entre los mexicanos.
Señoras y señores:
Quien
hoy recibe ante el Congreso de la Unión la titularidad
del Poder Ejecutivo, recibe un México rico en el talento
de su gente; un México orgulloso de su independencia; un
México con la esperanza firme de que juntos, mexicanas
y mexicanos, sabremos construir una patria más generosa,
más libre y un México más justo para todos.
¡Que viva México!
*
Mensaje del Senador Enrique Jackson Ramírez, Coordinador
del Grupo Parlamentario del PRI en el Senado de la República
en la ceremonia de transmisión del Poder Ejecutivo Federal,
1º de diciembre de 2000.
