EL PRI DEBE RETOMAR SUS PRINCIPIOS Y OBJETIVOS:
SANTIAGO GUTIÉRREZ TORIBIO*

examen.- ¿En qué circunstancias te inicias en la organización del movimiento indígena, empezando una trayectoria política que te llevaría a la máxima dirigencia del Consejo Nacional de Pueblos Indígenas?

Santiago Gutiérrez Toribio(sgt).- Yo participé en una comisión con las autoridades para ver un problema agrario, a fines de 1970, en la Dirección de Bienes Comunales del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización. Mi idea era diseñar una nueva estrategia para la resolución de los conflictos agrarios en las comunidades. Yo venía como intérprete de la mi etnia, soy mixe y hablo este idioma. Me invitan a colaborar para que yo fuera como conciliador de los problemas en esa región.

Me incorporo al grupo de los 17 promotores agrarios de la citada dependencia. Nos capacitan sobre la medición de los terrenos, desde los trabajos topográficos, hasta cumplir todo el proceso de una resolución presidencial que culmina con su ejecución. En este grupo habíamos tarahumaras, yaquis, mayos, del norte del país; por Oaxaca y el sur teníamos a los chinantecos, zapotecos, mixtecos, mixes y mayas de Quintana Roo. Nos mandan luego a nuestras regiones a hacer estudios socioeconómicos mediante cuestionarios previamente elaborados.

A pesar de que pertenecía a ese grupo étnico, me tocó lo más difícil, no habían caminos; yo viví una situación bastante adversa para llegar a las comunidades, las distancias y las serranías nos dividen y separan en la región mixe.

e.- ¿Cuál fue el germen de Consejo Nacional de Pueblos Indígenas?

SGT.- Precisamente estas tareas que realizábamos en las regiones nos hicieron tomar conciencia sobre las precarias condiciones de vida de las comunidades, sus grandes necesidades.

Veíamos también cómo se enfrentaban entre ellos por la tierra, cómo se mataban entre ellos, entre los campesinos colindantes. La forma en que se hacían los deslindes era casi al azar; los títulos primordiales no se asignaban mediante procedimientos técnicos, sino de cerro a cerro; así cada quien defendía su arroyo, su cerro, esto provocaba los enfrentamientos. En realidad no habían latifundios en esta región por el tipo de terrenos de que se trataban. Eran situaciones muy dolorosas.

A partir de eso hacemos conciencia; empezamos a concentrarnos en las oficinas centrales del DAAC.

Los promotores éramos insuficientes para cubrir las necesidades agrarias del país.

En los años siguientes se conformó un grupo de 36 promotores, con los que se podía cubrir todas las regiones indígenas. Nuestra preocupación central era evitar los sangrientos enfrentamientos en las comunidades por motivos agrarios. Ya se había creado la SRA.

Estas actividades nos dieron la pauta para comprender que la única manera de resolver los problemas con las comunidades era organizándonos, haciendo trabajo de concientización en las mismas localidades sobre cómo abordar sus propios problemas. Para esto se invitó a otras gentes, expertos, estudiosos, para que nos dieran orientaciones y asesorías sobre las particularidades socioeconómicas y culturales existentes en las diferentes regiones étnicas.

Antes de la conformación del Consejo Nacional de Pueblos Indígenas se creó una Comisión Nacional de Avenimiento, para ver concretamente la cuestión agraria, en la que participamos los 36 promotores y otras instancias oficiales. Hablamos del periodo 1970-1974. Se trataba de una fuerte inquietud de nosotros como trabajadores y como indígenas que éramos también.

Guiados por las pautas que marcaban los lineamientos de la SRA, pudimos llegar hasta el presidente Luis Echeverría. El Secretario era Augusto Gómez Villanueva, quien fue nuestro interlocutor ante el Ejecutivo. El Presidente nos escuchó en audiencia en Los Pinos, cuando le planteamos la necesidad de atender los problemas indígenas.

Estuvimos los 36 promotores, así como algunas organizaciones comunitarias. Nos fue bien en esta reunión, ya que Echeverría simpatizó con nuestros planteamientos; procuró dar todas las facilidades para que se atendieran. Su esposa, a quien recordamos como «la compañera María Esther», también se interesó en estos asuntos, porque se preocupaba por las artesanías que producían los indígenas.

También ella estuvo en la reunión. Fue en 1974. En realidad, se produjeron muchas otras reuniones.

No hablé en ellas porque aún tenía poca experiencia; eran otros compañeros los que estaban al frente de esto. Sin embargo, era muy interesante porque teníamos entusiasmo y deseo de ayudar; entre nosotros no había diferencias, había identificación total entre todas las regiones, norte, sur, etc., aunque no nos conocíamos.

e.- ¿Entonces cómo surge el CNPI?

SGT.- De aquí sale la idea de acercarnos a las instituciones, como el INI, porque tenía sus Centros Coordinadores en las regiones indígenas y tenía la información técnica y socioeconómica sobre la vida de los pueblos indígenas. También nos acercamos a la CNC, por ser un sector que tenía cubierto todo el país con sus ligas de comunidades agrarias, razón por la cual nos interesaba su apoyo y participación para organizar los trabajos. La dimensión del trabajo que se comenzaba a vislumbrar era muy grande y las posibilidades y las condiciones eran precarias, por eso acudimos en busca del apoyo de las instituciones y del gobierno.

En realidad, se respetaron nuestras intenciones e ideas. Nos hacían recomendaciones y sugerencias, porque no nos cerrábamos, no rehuíamos la participación y el aporte de otros.

e.- ¿Cómo se crea la comisión organizadora del CNPI?

SGT.- Se crea en septiembre de 1974; ya cada uno de nosotros conocía su región, sabíamos cómo vivían y cómo reaccionaban nuestras comunidades. Lo que había era una dispersión organizativa, no había una instancia que condujera las inquietudes de las comunidades. Entonces comenzó a surgir el germen de la organización nacional; en los primeros documentos se empezó a plasmar la forma en que se debía trabajar, quiénes podíamos participar. Estas inquietudes fueron bien recibidas en el INI y en la SRA. El propio presidente de la República simpatizaba con esta idea. Curiosamente, donde observamos cierto obstáculo era en la CNC...

e.- ¿Porqué se resistía la CNC?

SGT.- Pensamos que eran nuestros mejores aliados, pero resulta que no, porque hubieron recelos, ya que pensaron que íbamos a desbancar a los líderes regionales y estatales; entonces hubo resistencia fuerte de parte de este organismo, cuyo líder nacional era entonces Celestino Salcedo Monteón. Sin embargo, el Presidente, como siempre había sido, daba las indicaciones, pero allá abajo había temor a esto. Pero después de las discusiones y los estiras y aflojes, llegamos a un acuerdo mediante el cual se conviene lanzar las convocatorias para crear los primeros consejos supremos regionales indígenas. Decidimos empezar la organización en las regiones, detectando los liderazgos que estaban guardados en las montañas, en la sierra, y había que convocarlos para que participaran.

Fue el 24 de septiembre de 1974 en que se lanzó la primera convocatoria para el norte, con los compañeros kukapá, en Baja California, y con otros grupos étnicos. Se siguió con Sonora, Sinaloa, etc. Posteriormente se continuó con Chiapas, Quintana Roo, Yucatán, Campeche, parte de Veracruz.

Aquí se hace un receso por los problemas que se derivaban del mismo proceso organizativo; se tuvieron que limar asperezas y reanudar las líneas que debían seguirse. En la segunda etapa, el 12 de mayo de 1975 se convoca al congreso regional mixe, en el que participo directamente. Intervienen las 78 comunidades, porque yo había hecho un trabajo previo como promotor y había una muy buena relación con ellas; nos entendíamos bien; había mucha confianza, que yo guardo con mucho cariño y respeto.

A los congresos regionales asistían representantes de la Comisión Organizadora del CNPI, los comisionados de la CNC, un representante de la Señora Zuno de Echeverría, representantes de la SRA, del INI y otros sectores que tenían algo que ver en las regiones. Fueron trabajos muy difíciles pero que yo mantengo gratamente en el recuerdo. Se crea entonces el Supremo Consejo Mixe.

Después de una larguísima sesión y varias rondas de votaciones, yo fui electo, porque fui vetado por la gente de la CNC. Las autoridades mixes se aferraron y no quisieron dar ni un paso atrás. Hubo mucha polémica y recriminaciones.

e.- ¿Porqué te impugnaba la CNC?

SGT.- Quizá por mi orientación política e ideológica; yo simpatizaba con la izquierda; existía el PCM, pero yo más bien estaba en la UGOCM, cuyo líder era Jacinto López, un sonorense muy aguerrido. Era la organización campesina del PPS de Lombardo Toledano. Me parecieron buenas sus ideas y me alimenté de ellas. En realidad, se luchaba por la causa de los indígenas, sin ningún tipo de condicionamien-tos. Por eso participaba.

De esta manera me introduje de lleno a la organización de los demás consejos que faltaba integrar, como Veracruz, Oaxaca., Guerrero, Michoacán, Estado de México. Fueron 58 congresos los que se realizaron en total. Entonces asumo completamente la representación de las comunidades mixes , con la responsabilidad de ser gestor para ellos, con la importante salvedad de que en ese congreso en el que me eligieron, se me dijo que yo debía disciplinarme y acatar lo que todas las autoridades mixes me indicaran: nunca salirme de su encomienda, nunca usarlos como trampolín; fue un mandato que me dieron y que cumplí. Afortunadamente, vencí las tentaciones y les respondí...

e.- ¿Cuáles eran esas tentaciones?

SGT.- Las de un ser humano: ocupar puestos, por ejemplo. Yo pude haber sido diputado, pues arrasaba con la gente; el gobernador Pedro Vázquez Colmenares personalmente me propuso ser diputado federal; porque vio mi presencia en las comunidades; hicimos actos y eventos en los que respondía la gente. Yo no me daba esa categoría de líder; pero había una gran identificación con mi gente; yo le respondía y ella me respondía. En 1976 fue la vez que me lo ofrecieron. Ni rechacé ni acepté. Me remití a mis autoridades mixes, y me dijeron: «Tú sabrás, ya te dijimos lo que debes de hacer». Yo me discipliné, y no lo busqué, fue una de mis mejores satisfacciones.

e.- ¿Cuándo se constituye el CNPI?

SGT.- El I Congreso Nacional de Pueblos Indígenas se realizó en Pátzcuaro, Mich., del 7 al 10 de octubre de 1975, concretamente en Janitzio. Contó con la participación del presidente Echeverría.

Aquí se le da la denominación de Consejo Nacional de Pueblos Indígenas. Se establece el nombramiento de una dirección, que era una Comisión Permanente, que no tenía un sólo dirigente, ya que era una comisión colegiada en la que todos tenían la misma responsabilidad. Empiezan a haber otras actividades; se nombran primero siete, y luego se amplía hasta 16 miembros esa comisión, que eran delegados de reforma agraria, de agricultura, etc., para coordinarse con las dependencias.

Me integro como parte de esta directiva cuando se amplía, y empiezo a adentrarme y a dedicarme de tiempo completo a esas tareas. Me ausento de mi región, pero se nombra a otro dirigente.

Participo en dos comisiones permanentes, porque se consideró que con mi experiencia podía seguir apoyando en este órgano colegiado.

e.- ¿Quién fue el primer coordinador general del CNPI?

SGT.- Fue un amuzgo de Guerrero, Galdino Perfecto Carmona; el segundo fue un chontal de Oaxaca, Jerónimo López Castro. A éste se le vence el periodo como dirigente regional, un año antes de que venza el periodo de coordinador general de la Comisión Permanente; es cuando los compañeros me proponen. Es decir, estaba estipulado que si algún dirigente de la Comisión Permanente dejaba de ser dirigente del supremo consejo regional, se dejaba de ser miembro de esta comisión.

e.- ¿Cómo eres nombrado máximo dirigente del CNPI?

SGT.- Cuando Jerónimo, por lo que ya expliqué, deja de ser coordinador general, se arma todo un problema. Los compañeros se reunen, yo andaba de comisión, y cuando regreso en la tarde me habla uno de nuestros compañeros ancianos zapotecos, un profesor jubilado muy respetado en la Comisión Permanente. Me empieza a cuestionar a bocajarro, sobre qué pensaba yo, si me sentía capaz de tomar las riendas del CNPI.

Le respondí que yo no estaba preparado para eso, pero me indicó que los compañeros ya habían decidido que yo ocupara provisionalmente la coordinación general de dicha Comisión.

Ocupo esta responsabilidad en abril de 1980. Recuerdo que trabajamos con armonía, nunca se trabajó en contra de nadie o de nada, siempre siguiendo los lineamientos de la organización. Sin embargo, aquí ocurre algo tremendo y aparentemente inexplicable.

Se me despoja de todo el personal: secretarias, choferes y otros recursos que teníamos por parte del INI, que era el encargado de darnos los apoyos que había autorizado la Presidencia. Me quedé pasmado. Entonces yo dije: vamos a enfrentar al toro a como nos toque, porque ya empieza esto a tocar las fibras de la sensibilidad de uno. Esto me cayó de sorpresa. Pero afortunadamente siempre ha habido gente que simpatiza con nosotros, como fue el caso del Profr. Salomón Nahmad, quien llegó cuando iba a empezar el pleno del Parlamento Indígena, que era la reunión de todos los consejos supremos para deliberar sobre los asuntos de todos los pueblos indígenas.

e.- ¿Durante cuánto tiempo tuviste la responsabilidad de las riendas del CNPI?

SGT.- Aproximadamente un año y tres meses, entre abril de 1980 y julio de 1981.

e.- Entendemos que hubieron muchos conflictos. ¿A qué se debieron éstos?

SGT.- Hubieron conflictos desde mi nombramiento hasta el final de mi encomienda. Se debían a mi supuesta ideología de izquierda. Pero yo simpatizaba con las ideas de Ricardo Flores Magón, Carrillo Puerto, Morelos, Hidalgo, grandes hombres que han luchado por este país; con la ideología de Cárdenas, que trabajaba por los desposeídos; en fin, simpatizaba con los que lucharon contra los caciques que siempre han violentado la vida de nuestras comunidades.

Quizá por esta política de principios a favor de los que teníamos que defender, era yo un riesgo, pero en ningún momento yo me salí de las normas de la organización.

e.- ¿Cómo se integraba y qué discutía el Parlamento Indígena?

SGT.- Formaba parte de la estructura del CNPI. La autoridad máxima de éste era el Congreso Nacional. Después seguía el Parlamento Indígena, que lo conformaban todos los dirigentes regionales, es decir, los supremos consejos indígenas, que llegaron a ser 82 de las 56 etnias de todo el país.

Hablamos de principios de los ochenta. El Parlamento se reunía cada seis meses, en la Ciudad de México. Coincide el Parlamento con el cambio del Lic. López Castro en su región y su relevo como coordinador general de la Comisión Permanente. El Parlamento me ratifica el nombramiento de coordinador general.

e.- ¿En cuántos Parlamentos Indígenas participaste?

SGT.- En más de 15; ya éramos conocidos y estábamos un poco fogueados. Pero nuestro objetivo era cuidar la unidad de todos. El Parlamento tenía como característica de que únicamente podían entrar los presidentes de los consejos supremos indígenas regionales, era muy cerrado, ni un funcionario podía entrar; si se trataba del presidente de la República, se tenía que hacer una sesión especial para tal efecto. Nadie más tenía acceso. Era deliberativo, se daban discusiones bastante fuertes, el lenguaje que hablábamos no era refinado, se sacaban coincidencias y era una gran responsabilidad.

e.- ¿En algún Parlamento se llegó a ver la mano negra del gobierno o del PRI, para manipular o controlar?

SGT.- No, que yo recuerde, porque teníamos identificadas nuestras posturas. Nosotros evaluábamos constantemente la actividad de cada presidente de consejo regional, qué hacía en su región, cómo se comportaba, entonces no podían cambiar su comportamiento en un Parlamento Indígena.

Teníamos casi una radiografía de ellos. No podíamos entonces manejar otra ideología, sino regirnos por lo que decían los estatutos del Consejo. El Parlamento tardaba tres días y era conducido por el coordinador general.

e.- Después que terminaba el Parlamento, se sacaban documentos, pronunciamientos. ¿Qué se hacía con ellos?

SGT.- Se tenían que promover, había que canalizar todas las conclusiones que ahí se sacaban. Se tenía también que rendir cuentas sobre lo que se había hecho con las conclusiones de los congresos y parlamentos anteriores. Se hacía pues el seguimiento de todos los trámites, dónde habían agresiones e infinidad de problemas que se manifestaban, si fueron atendidos por los gobiernos de los estados. Se recibía toda la información para discutir cómo debíamos presionar en un momento dado y cómo trazar las estrategias a seguir. Era muy bonito, era muy difícil llegar a conclusiones, siempre nos apoyábamos en nuestro ancianos, que nos alimentaban con su sabiduría...

e.- ¿Porqué los ancianos?

SGT.- Porque ellos tienen la experiencia y el conocimiento sobre el manejo de las comunidades, han pasado por muchas situaciones; ellos tienen la serenidad para conducir cuando se alteran los ánimos. Yo era joven y era fogoso, y sólo un anciano podía centrarme. Les teníamos mucho respeto y nos realmente nos centraban. Nos agarrábamos duro, pero saliendo éramos hermanos de ideas, de pensamientos, en fin, fue una bonita experiencia para mí.

e.- ¿Qué pasó con el CNPI?

SGT.- A mí me tocaron lo momentos más difíciles, en que se me retiraron todos los apoyos. Los últimos seis meses fueron terribles para mí. Cualquiera en mi situación hubiera tomado otra decisión; lo más fácil era decir yo ya me voy, ahí los dejo. La otra era armar un movimiento de protesta y convocar a todos los líderes del país, pero nos lo impedía la falta de recursos; en muchas comunidades casi no había acceso, no había caminos, la comunicación era muy difícil, era a través de los radios de los centros coordinadores del INI como se les citaba para las reuniones. Entonces, al no contar con esto, prácticamente nos amarraron las manos. Yo llegué hasta el final de mi misión sin fracturar al consejo, sin agrietar más la situación con el INI y la CNC.

e.- ¿Podemos decir que te tocó la crisis del Consejo?

SGT.- Crisis total y final, porque nos desarmaron. Llegó el momento de cambiar a los consejos regionales y no teníamos los recursos para hacerlo. A pesar de esto, sostuvimos la organización contra viento y marea.

e.- ¿Qué provocó tu salida del Consejo Nacional?

SGT.- Finalmente acordamos que debíamos reunirnos con las instituciones que estaban a cargo de apoyar nuestras actividades, para que conjuntamente analizáramos la situación de los consejos supremos. Tuvimos que ceder en algunas cosas para hacer los cambios...

e.- ¿Qué querían ellos? ¿Controlar?

SGT.- Eso era, querían el control político, porque ellos tenían los recursos en la mano y era muy fácil para ellos hacerlo. Nosotros nos resistíamos a eso, no teníamos miedo a que ellos llegaran con todo su aparato; queríamos ante todo respeto por el trabajo que habíamos hecho; eso merecíamos y más.

Queríamos hacer una renovación general iniciando desde el norte y terminar con el sur, y hacer las cosas con calma para que los líderes se fueran conociendo y pudieran dialogar. Pero fue todo lo contrario, se sacó una sóla convocatoria para todas las regiones indígenas simultáneamente. Ya no pude asistir a ningún otro cambio más que al de mi región.

e.- ¿A partir de aquí entra un mayor control del gobierno?

SGT.- Prácticamente. Luego nos cambian, se nombra a una nueva Comisión Permanente, se convoca a un Parlamento Indígena para que ellos deliberen. Entonces yo vivo una situación de tristeza, porque me llega una comisión del Estado de México, dos días antes de estos eventos, y me pregunta que cuánto quería yo de dinero para que le diera la coordinación general al líder que había sido electo del grupo otomí. Les contesté muy duro, y les dije que eso no estaba en oferta, que comprar o vender los puestos no se acostumbraba entre nosotros. La única decisión la va a tomar el Parlamento Indígena, es de donde van a salir el coordinador general y los integrantes de la Comisión Permanente. Sin embargo ellos no se dieron por vencidos, se movieron y con todas sus artimañas trabajaron a los mal llamados líderes que se dejan arrastrar en ese sentido; convencieron a algunos de la CNC e hicieron la labor política con los nuevos dirigentes regionales en el Parlamento. Entonces me sucede el presidente del consejo otomí, Apolinar de la Cruz Loreto, el 16 de julio de 1981.

e.- ¿Este nuevo dirigente ya era adicto al gobierno?

SGT.- De hecho ya estaba coordinado totalmente con la CNC, totalmente controlado por ésta.

e.- Luego de dejar el CNPI, ¿Qué haces?

SGT.- Me retiro a mi comunidad, Santa María Matamoros, Oax. Me reintegro a mi trabajo en la SRA. Llego a ver con más claridad la situación de mi comunidad, porque había sido candil de la calle y oscuridad de la casa; me recriminaba que después de haber sido actor en varios eventos tenía en total abandono a mi propia casa. Entonces empiezo a relajarme de la presión que tenía antes y a concretar mi actividad en la comunidad. Me dedico a obtener apoyos. Primero me capacito en Macuspana, Tab., en labores del campo, durante seis meses. Impulsaba proyectos productivos. En realidad fue una experiencia muy amarga, muy difícil de interpretar, ya que las ideas e intenciones eran muy buenas pero la realidad era otra. La respuesta fue negativa; la gente está mal acostumbrada, es difícil que ellos entiendan el cambio que deben de tener, no en la forma de vida de los pueblos indígenas, sino en la necesidad de ir utilizando poco a poco los medios tecnológicos para el desarrollo. Hubo rechazo de la mayoría de la comunidad, se suspende el proyecto y me retiro de la comunidad en abril de 1992, un tanto frustrado por esta experiencia. Fue un proceso muy complejo que llevó más de diez años, pues inició en agosto de 1981. Incluso renuncio a mi plaza de la SRA en este lapso, porque me dediqué a este proyecto, me quedo totalmente en la calle, arrastrando a mi propia familia a esta situación muy difícil. Me vine a la capital y tuve que hacer de todo para subsistir. Recuerdo que me topé en esta etapa crítica de mi vida con el diputado yaqui Ignacio Martínez Tadeo, quien me tendió la mano en la Cámara de Diputados y me ayudó a recuperar el espíritu de lucha. Conocí luego a la paisana, la exsenadora Cirila Sánchez, quien también fue fundadora del CNPI. Así me incorporo al PRI a colaborar en la SAI. Creo que esta es una trinchera en la que hay mucho que dar y mucho que hacer. No está dicha la última palabra, necesitamos vaciar toda esta experiencia y esta energía hacia las comunidades indígenas para impulsar su desarrollo.

e.- ¿Qué quedó del CNPI?

SGT.- Ahora se llama Confederación Nacional de Pueblos Indígenas. Aún existen algunos consejos supremos regionales, pero ya no es lo mismo, es mucho de membrete. Surgieron otras organizaciones, como la Coordinadora Nacional de Pueblos Indígenas, la Asamblea Nacional Indígena Plural por la Autonomía, de tendencia zapatista o de izquierda, que surgió del Congreso Nacional Indígena, etc.

e.- ¿Cómo ves la situación actual de las comunidades indígenas?

SGT.- La situación de los indígenas es muy crítica y difícil, porque a pesar de los intentos por organizarnos y encontrar el mejor de los conductos para resolver nuestros problemas, hemos encontrado resistencias y muchas veces duplicidad en las actividades, y esto ha motivado la conformación de una serie de organizaciones indígenas, algunas dirigidas por los propios indígenas y otras dirigidas por gente que sólo se aprovechan de las circunstancias. Tenemos un movimiento armado muy lamentable, con otra forma de lucha...

e.- ¿Porqué lamentable?

SGT.- Porque no es un juego, en principio. Ahí se expone la integridad y la vida de todas las comunidades que participan. Claro que se reclama lo que en justicia le corresponde a las comunidades. Esta es una cuestión muy delicada. El movimiento es justo, pero el camino es muy dramático, con muy alto costo humano, creo que debemos buscar otros caminos. Pero así ha sido la lucha del pueblo mexicano, desde la conquista hasta la actualidad; los indígenas hemos sido aliados de los grandes líderes de este país para encontrar un camino, pero al triunfo de cada movimiento nos han relegado. En todo este proceso que he relatado, cuando pedimos o exigimos que nos oigan y atiendan, han puesto oídos sordos e incluso nos han visto como enemigos. En realidad, el problema indígena es un problema nacional, es un problema de todo el país. Si no se resuelve, muchas otras cosas no se podrán resolver, porque estamos dentro de esta gran nación. Somos los herederos de este gran pueblo. Por eso debe atenderse ya este problema, para que no se genere más violencia, porque es la situación la que la impulsa. No es justo que continúen las condiciones de subsistencia y de marginación en que vive la mayoría de las comunidades indígenas.

e.- ¿Cuál debe ser la postura del PRI frente al nuevo gobierno que se inaugura el primero de diciembre?

SGT.- Retomar sus principios y objetivos para los que fue creado, que sí fueron descuidados; se desatendió a los indígenas y a otros sectores. Tiene que hacerse una autocrítica y un verdadero análisis de toda esta situación, reencauzar todo lo que se ha hecho a un lado, retomar los principios de la Revolución. Tenemos que revolucionarnos, tenemos que cambiar, bajar a las bases, llámese obrero, indígena, etc. Es muy difícil para nosotros entender este cambio, porque carecemos de la información veraz para saber qué pasa en este país y con la política . A nivel de líderes y de dirigentes es otra concepción la que se maneja. ¿Qué queremos para nosotros, qué quieren las comunidades, cómo lo quieren?, esto sale de nosotros. Lo que se plasma en documentos y proyectos, ¿Son los adecuados para las comunidades? Eso es lo que origina los fracasos. Por eso, los programas y proyectos deben partir de las comunidades, para trasladarlos a las instituciones correspondientes a fin de que se canalicen los apoyos correctamente.

e.- ¿Cómo se definiría Santiago Gutiérrez Toribio?

SGT.- Yo me defino como un idealista, porque es lo único que puedo aportar, mis ideas; si algo les puedo dar para alivianar las condiciones difíciles y críticas a mis paisanos los indígenas, yo estoy con ellos moralmente, mis ideas están consagradas para ellos; como he dicho he resistido a las tentaciones de poder tener una buena vida. Pero no puedo distanciarme u olvidarme de ellos porque les debo todo lo que soy; mi gratitud es lo único con lo que les puedo pagar por la oportunidad que me ofrecieron. Si hubiera la ocasión de llegar a una comunidad lo haré con mucho gusto para aportar mis experiencias de trabajo en lo que aprendí. Nosotros sí podemos impulsar pequeños y grande proyectos porque tenemos la fuerza y tenemos los recursos, lo que no ha habido es el apoyo en todos los órdenes para estar al nivel de la tecnología actual.

Santiago Gutiérrez Toribio, testigo y actor excepcional del movimiento indígena de las últimas décadas de este siglo, concluye su entrevista con examen, recordando un fragmento del vibrante discurso que, siendo presidente del supremo consejo mixe, pronunció a nombre de todas las etnias del país en el acto de clausura del III Congreso Nacional de Pueblos Indígenas, celebrado en el Auditorio Nacional el 26 de julio de 1979, ante el presidente José López Portillo: «A los que dudan que somos mexicanos; a los que aún están pensando en integrarnos a costa de la destrucción de nuestras culturas y pérdida de los bienes comunales que nos pertenecen, para entregárselos a la iniciativa privada; a aquellos que creen que somos una carga que impide el desarrollo capitalista y que fatalmente nuestro destino debe ser el peonaje y la servidumbre al margen de la protección de las leyes; a los que consideran que somos incapaces de planear nuestro propio desarrollo económico, social y político... queremos responderles... que los indígenas somos mexicanos como el que más, sólo que la discriminación y la segregación que padecemos a espaldas de la Constitución de la República efectivamente nos niegan tal derecho, y declaramos, con la fuerza de la razón histórica, que fuimos la principal mano armada que expulsó de esta tierra al imperio español.»

*Indígena Mixe de Oaxaca, expromotor del DAAC y la SRA; expresidente del Supremo Consejo Mixe; fundador y excoordinador general del Consejo Nacional de Pueblos Indígenas; exjefe de redacción de la revista «De pié y en lucha»; actualmente es analista de la Secretaría de Acción Indígena del PRI.