PRESENCIA INDÍGENA EN LA CIUDAD DE MEXICO
CIRILO MAYA CRUZ*

La presencia indígena en esta ciudad es tan antigua que se remonta a su fundación misma, Mexico-Tenochtitlan, época prehispánica. Así mismo pasando por la fundación de la ciudad colonial española en donde los antiguos pueblos sufrieron la desaparición, junto con los barrios indígenas, es mínima la sobrevivencia de los pueblos originarios en esta ciudad.

En el Siglo XIX tuvo lugar la construcción del Estado Nación vertical y homogéneo, en su proyecto de crear una sola identidad nacional según el modelo occidental. Como nos afirma Agustín Cue Canovas, «En donde los liberales criollos y mestizos, construyeron una nación a semejanza e imagen del estilo europeo, veían a la cultura indígena que representaba lo pasado, que habrían de ajustarse e integrarse al proyecto de la unidad lingüística a la cultura de tipo occidental.».1

Con el Porfirismo se prohibió legalmente la libre circulación a los indios en los primeros cuadros de la ciudad de México con el argumento que afeaban la ciudad. Así mismo Héctor Díaz Polanco nos señala bien claro: «...el indigenismo mexicano del siglo XIX fue una política de corte racista, diseñada y concebida por los no indios para ser aplicado a los indios». (2).2

Con el triunfo de la Revolución Mexicana, los gobiernos revolucionarios inician la búsqueda de fórmulas pacificas indigenistas para integrar a los indios en la cultura nacional. El Incorporacionismo de Manuel Gamio, 1919 a 1930. Moisés Sáenz, con el Integracionismo. 1934 a 1940. Gonzalo Aguirre Beltrán, el Aculturacionismo, de 1962 a 1990.

Los años cuarenta se intensifica la migración de campesinos y grupos indígenas a la ciudad de México por la naciente industrialización en esta urbe.

En los años cincuenta los indígenas migrantes encontraron mejores perspectivas de vida como son empleos, vivienda, servicios, acceso a la educación, etc. Este periodo es conocido como la «época de oro de migración a la ciudad».

En los años sesenta y los setenta, se eleva la migración a la ciudad de México, el carácter masivo de estos movimientos esta asociado a la crisis de la economía rural capitalista. Huida de la pobreza, un viaje a la esperanza y hacia a la utopía de la sociedad que se va construir allá, en la tierra prometida.

¡No hay trabajo en el campo! ¿Qué quieren que hagamos? ¿Que robemos? Hace tres días que llegué. Un policía me pateó a mi y a mis hijos. El gobierno no nos entiende, nos dice que vuelvamos a nuestra tierra de origen. Yo quisiera, por desgracia hemos perdido todo. El emigrante llega a la ciudad de México y va concentrándose en grupos, se consiguen ocupaciones o subocupaciones, se emplean desde cuidacoches, albañiles, trabajadoras domesticas, comerciantes ambulantes, boleros, diableros, y una minoría se han colocado en industrias, algunos en la burocracia estatal.

La década de los noventa se ha denominado, éxodo de la migración del campo a la ciudad. Salen de sus pueblos, en su mayoría para no morir de hambre y muchos acaban muriéndose en los basureros, los olvidados pasan de una pobreza en el campo, a otra pobreza urbana.

En el inicio de esta década del 2000, INEGI nos ofrece cifras de 700 mil indígenas en esta ciudad con 40 grupos étnicos provenientes del sureste, sur, centro, noreste y parte del norte del país.3
Por otro lado la existencia de comunidades indígenas de la etnia náhuatl, aun subsisten en el Distrito Federal y están ubicadas en las delegaciones de Milpa Alta, con 12 comunidades indígenas; Tláhuac, con 7 comunidades; Xochimilco, con 12 comunidades; Tlalpan, con 6 comunidades; Magdalena Contreras, con 3 comunidades; Cuajimalpa, con 4 comunidades; y, por ultimo, la Delegación de Álvaro Obregón, con 2 comunidades indígenas náhuatl. Juntas las siete delegaciones suman con 47 comunidades Náhuatl. Con 6 mil indígenas.

Las principales delegaciones con mayor presencia indígena son Milpa Alta, Tlahuac, Xochimilco y Tlalpan. Han conservado hasta cierto punto la mayor cantidad de su territorio original, lo cual les han permitido reproducir sus formas de organización social, cultural, así como conservar sus recursos naturales, bosques, pedregales, montes, aguas, desarrollan actividades agropecuarias, el territorio forma parte de su vida y de su cultura étnica náhuatl.

El grupo étnico emigrante con mayor población registrada ha rebasado la población indígena originaria del Distrito Federal. Los indígenas migrantes que ocupan el primer lugar en esta ciudad de México es la etnia náhuatl, en segundo lugar, el zapoteca, el tercer lugar la etnia otomí.

La mayor concentración de población indígena se ubica en primer lugar la delegación Cuauhtémoc, en segundo lugar la delegación Venustiano Carranza, y en tercer lugar Iztapalapa.

En los municipios del área metropolitana el que concentra mayor población indígena es Netzahualcóyotl, en segundo lugar Valle de Chalco Solidaridad, y en tercer lugar Chimalhuacán.

La ciudad alternativa de la emigración rural, como esperanza de vida y expresión de la civilización. La gran ciudad industrial para Engels, «es el mundo de las mercancías en donde todo se vende y se compra.» Entre más grande sea la ciudad son mayores los problemas, en donde los pobres tienen que sacrificar lo mejor parte de su calidad de hombres en búsqueda de la felicidad. Sin embargo se va convirtiendo en una multitud solitaria en reserva de trabajadores, periodos sin prosperidad. Una masa que se vuelve enorme con una miseria que se perpetua».4

Soy indígena otomí de Santiago Mexquititlan, Querétaro. Vine a la ciudad por que en el rancho estamos en la pobreza. Nueve años viví en la calle, dormíamos en el Ángel de la Independencia de la avenida Reforma, y en el camellón de avenida Chapultepec, junto al metro de Insurgentes. Pedíamos agua en los comercios para lavar nuestra ropa y bañarnos, también cocinábamos en la calle con leña. En 1996 nos juntamos 12 personas y nos fuimos a vivir a un predio vacío en Av. Chapultepec 342, colonia Roma. Nos metimos para tener un lugar donde vivir por que en la calle hay mucho frío, o calor, o lluvia, sufrían mucho los niños y debíamos traer cargando la ropa, cobijas, tortillas y muñecas que vendemos en la zona rosa. El terreno estaba lleno de escombros, piedras, polines y vigas. En unas semanas habían ya 26 familias en el predio y un domingo cuando estábamos limpiando, como a las 8 de la mañana, algunos de nosotros estábamos emparejando un piso, se cayó una barda, a causa de eso una persona murió, dos se fueron al hospital. Ahora tenemos el problema de que llegó el dueño del terreno y tenemos que buscar otro.

Están aquí, presentes, en todas partes, dándole vida al paisaje urbano, dando colorido a la selva de asfalto, contrastando con sus sonidos musicales de bandas y acordeones, silbidos y lenguas diversas, entre los ruidos cotidianos que otorga el desarrollo tecnológico, llenando con alegría cada día que pasa del calendario.

La presencia de personas, familias, grupos y organizaciones indígenas en la capital del país es una realidad innegable, preexistente a la ciudad misma, muestra de resistencia histórica que nos obliga a reconocerla y respetarla.

El escritor social V. Gordon Childe en su obra The Urban Revolution, afirmó: «es el lugar geográfico donde se instala la superestructura político, administrativo, representación de un sistema político que asegura el funcionamiento del conjunto social, es un sistema de instituciones y de intercambio con el exterior articulado a la estructura de una sociedad de industrialización que se resume bajo la denominación de cultura urbana».5

La ultima década del siglo XX, en donde los ingresos percapita eran menos de un dólar diario por cada indígena en sus lugares de origen. Actualmente México se encuentra en el décimo lugar de los países mas pobres del mundo con 40 millones de pobres, y de estos 10 millones de indígenas están en la pobreza extrema, de acuerdo a las cifras del Banco Mundial; lo que significa: que el emigrante indígena que llega a la ciudad de México lo hace por necesidad económica, su afán de sobrevivencia que lo empuja a ir en búsqueda de nuevos horizontes, de esperanzas de vida.

Hay en la ciudad de México una urbanidad pluricultural que permite la gestación de formas culturales propias en un ámbito cotidiano. Crean bandas filarmónicas étnicas, grupos de danzas tradicionales, poesía indígena, pintura indígena, torneos de pelota mixteca, etc. Otros procuran hacer algo por su pueblo natal, juntan dinero para cooperar en alguna obra publica, envían libros para crear bibliotecas, hacen gestiones ante las autoridades centrales, reciben y orientan a los recién llegados, mantienen una relación cercana con su comunidad, van y vienen, están comunicados de los sucesos de sus comunidades: de qué murió, se casó o se fugó, noticias de invasiones de tierras comunales por ganaderos, cooperación para la fiesta del Santo Patrón de la comunidad, etc. En síntesis una red de solidaridad social con un fin colectivo emigrantes, cultura y comunidad.

Para despedirme he escrito algunas estrofa del pensamiento indígena en esta ciudad:
Creyeron que con un capitalismo con desarrollo industrial, permaneciéramos en silencio.
Que dejáramos de escribir nuestra historia.
Que olvidáramos nuestras costumbres, nuestras lenguas y nuestra cultura.
Que nos ahogáramos y desapareciéramos en esta ciudad.

Que nos extinguiéramos poco a poco por el modernismo occidental.
Que dejáramos de ser indios, y solo fuéramos unos ladinos miserables en esta ciudad.
Sin embargo la asimilación aculturativa occidental, ha fracasado en adecuarnos.
Somos una resistencia étnica, pese a la miseria en que estamos sumidos en esta ciudad.
Somos lo que hemos perdido todo, carecemos de territorio, sin embargo tenemos un espacio inmortal, la dignidad de luchar por la vida, con la esperanza de salir adelante con nuestras familias.
Muchos de nosotros se han quedado en el camino, los ha tragado el monstruo de ciudad, en el alcoholismo, en la mendicidad, en el desempleo.

Luchamos por sobrevivir, aunque hacinados en un cuarto de cuatro por cuatro con diez familias.
El pueblo ha quedado lejos, a pesar de esto valoramos más el sentido de la ayuda mutua, en la solidaridad.

Somos la mano de obra sobrante.

No debemos de sentir vergüenza dejado nuestro pueblo.

Somos un pueblo que nos ilusionamos queriendo ver realidades y siempre recibimos traiciones, nos traicionan y no cumplen, siempre vemos como nuestros sueños se resquebrajan.

Desde estas trincheras mazahuas, triquis, popolocas, mixtecos, náhuatl, otomíes, choles, yaquis, mazatecos, etc. La voz indígena en la ciudad les decimos ¡aquí estamos!.

El que mucho se despide no se quiere ir, sin embargo mis amigos lectores de la revista examen, les contaré una anécdota real: De la niña Adriana Mazahua, huérfana de padre y madre, el único sobreviviente su abuelo, éste un día se decide que había que partir. Emigran a la ciudad de México, para dejarle un mejor futuro a la nieta. El abuelo trae consigo en su morral en el hombro su mas grande tesoro, que es un pequeño baúl.

Un día la niña Adriana, quería saber que era lo que su abuelo guardaba celosamente en aquel pequeño baúl, pero el abuelo se resistía a satisfacer su curiosidad y luego de su negativa de las muchas veces, y el abuelo únicamente le contestaba «allí duerme mi más grande tesoro». Conforme Adriana creció, aumentaron las negativas del abuelo y el deseo de la nieta por conocer el contenido del pequeño baúl.

Un día el abuelo mazahua murió. En su tierra mazahua San Antonio Pueblo Nuevo le lloraron. Adriana supo entonces que había llegado el momento de conocer «el gran tesoro del abuelo que aguardaba celosamente». Cuando Adriana abrió el pequeño baúl se encontró una cuantas mazorcas de maíz, «el gran tesoro del Abuelo mazahua».

Él nunca se olvido de su pueblo, que por las noches añoraba y lloraba por estar lejos de los suyos y de sus raíces.

1 Cue Canovas, Agustín. “Historia Social y Económica de México”. Ed. Trillas. México 1979. pag. 220.
2 Díaz Polanco, Héctor. “Indigenismo y la Modernización y Marginalidad”. Ed. Juan Pablo. México 1981. pag. 47.
3 Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática.
4 Henri Lefreve. “El Pensamiento Marxista y la Ciudad”. Ed. Extemporáneos. México 1977. pag. 25.
5 V.G. Childe, “The Urban Revolution”, Town Planning Review, abril 1950, pp. 4-8.

*Antropólogo Social egresado de la ENAH.Coordinador del Consejo Indígena del Distrito Federal.
Presidente de la Unión Mazahua del Estado de México.
Analista de la Secretaria de Acción Indígena del CEN del PRI.