LA
MUJER INDÍGENA EN EL EXTREMO DE LA MARGINACION
María
Antonieta Rojo*
La
historia de México tiene una memoria clara y fresca que
reconoce nuestras raíces, tradiciones y costumbres que
son parte importante de su territorio nacional y de su patrimonio
cultural.
No
podemos hablar de México y mucho menos de sus etnias, sin
hacer mención especial al papel protagónico de sus
mujeres. Las mujeres indígenas son la clase más
marginada de nuestra sociedad, ya que carecen hasta de las más
elementales oportunidades para la educación, el empleo,
la salud y la vivienda. Ella es la célula de la familia,
sólo que con mayúsculas desventajas para llevar
a cabo sus principales tareas y preocupaciones como son el cuidado
de los hijos, la atención al esposo y, generalmente, a
los miembros de la familia de edad avanzada.
Sus
tareas cotidianas, entre otras muchas, la preparación de
alimentos, para lo que tiene ella misma que allegarse desde el
agua y la leña; el cuidado de animales domésticos
y de traspatio; la siembra de hortalizas; la recolección
de nopales, verdolagas, quelites, y todo tipo de plantas silvestres
que complementan la dieta; la elaboración de artesanías,
cuya venta contribuye al gasto familiar. Trabaja todo el día,
nunca dedica un espacio para ella y su trabajo no tiene reconocimiento
ni estímulo alguno.
La
familia indígena es, por lo regular, numerosa y en un solar
habitan de dos a tres generaciones; esto hace que exista suficiente
mano de obra para las labores del campo, ya que a cada miembro
de la familia, de acuerdo a su edad, se le asignan tareas; sin
embargo, el trabajo de la casa se le deja totalmente a la mujer.
A
todo esto habrá que agregar la violencia de que es objeto
la mujer indígena, producto de la ignorancia en la familia
y de la discriminación en la sociedad.
En
la actualidad, al igual que en otros sectores sociales, en el
indígena se ha incrementado el número de mujeres
jefas de familia, debido principalmente a la migración
de los hombres, principalmente a los Estados Unidos de Norteamérica
o a las grandes ciudades de nuestro país, en busca de mejores
condiciones de vida, lo que da como resultado en muchas ocasiones,
que abandonen definitivamente a su familia. Generalmente en este
tipo de población, los matrimonios se realizan a muy temprana
edad lo que da como resultado una vejez prematura en las mujeres,
ya que a los treinta años presenta serios signos de deterioro.
No
es extraño que en algunas etnias todavía se acostumbre
que los matrimonios se realicen a través de concertaciones
entre las familias, lo que representa una falta de respeto a los
derechos humanos, principalmente de las mujeres, ya que en ocasiones
son comprometidas en matrimonio a cambio de animales o cualquier
otro bien material.
Para
las mujeres viudas, madres solteras o esposas abandonadas representa
un grave problema intentar rehacer su vida sentimental, ya que
es severamente sancionada esta conducta en su sociedad, por lo
que deben permanecer solas o reintegrarse al núcleo familiar.
En
el empleo, que normalmente es la elaboración de artesanías,
son los hombres de la familia quienes se responsabilizan de la
comercialización, aduciendo un mejor manejo del español
y desempeño como comerciantes, ya que son quienes tienen
mayor oportunidad de relacionarse, por lo que el producto de su
trabajo es manejado por los hombres y nunca por ella misma.
Existen
en la actualidad diversos programas institucionales para proyectos
productivos que debieran representar una oportunidad de desarrollo
para las mujeres indígenas; sin embargo, la comercialización
y la capacitación para una eficiente organización,
están enfocados a la participación masculina, lo
cual es un factor que impide la viabilidad de dichos proyectos
entre las mujeres.
En
cuestión de vivienda, la indígena se caracteriza
por ser unifamiliar y carente de las mínimas comodidades,
ya que son pequeñas, construidas con materiales originarios
de la región, por ejemplo:
palma,
otate, barro, etc. Cuentan con una área de dormitorio y,
generalmente, el área de servicios como sanitario y cocina
es independiente. Sin embargo; cuando el esposo migra a grandes
ciudades y regresa, el haber visto otro tipo de construcción
y haber vivido en otras condiciones de comodidad y funcionalidad
en la habitación, contribuye a que modifique el tipo de
vivienda aun en las zonas más alejadas.
En
lo relativo a la educación, aunque la incorporación
de las niñas a los planteles educativos es tardía,
han mejorado sus posibilidades de acceso, aunque persiste la inequidad
hacia las mujeres ya que en ellas se da con mayor notoriedad el
ausentismo, el monolingüismo, debido a su papel doméstico
y reproductivo.
Sobre
todas estas limitaciones, existen casos ya frecuentes de indígenas
con preparación superior. Esto se debe principalmente a
que se trasladan a las ciudades, en el campo su preparación
requiere de mayor cantidad de tiempo por las distancias que en
ocasiones deben recorrer para llegar a la escuela y a las pocas
posibilidades económicas de subsanar estos gastos que,
para el presupuesto familiar, resultan verdaderamente onerosos.
A
pesar de los grandes esfuerzos de nuestros gobiernos emanados
de la Revolución Mexicana y en consecuencia, del Partido
Revolucionario Institucional, es mucho lo que falta por hacer
en materia de salud para los indígenas, repercutiendo esta
carencia de atención médica en las mujeres, quienes
además deben hacerse responsables de la salud de la familia,
recurriendo a la medicina tradicional consistente en hierbas,
principalmente.
La
idiosincrasia de los indígenas no permite el apoyo que
significa el uso de anticonceptivos en la salud reproductiva de
las mujeres, ya que en casi todas las etnias de nuestro país,
el valor de las mujeres se mide por el número de hijos
que es capaz de procrear, por ello debe tener el número
de hijos que su naturaleza física le permita; los cuidados
durante la gestación son mínimos y la mayoría
de los partos son atendidos por parteras empíricas en sus
propias casas. La duración de la lactancia es de uno a
dos años ya que las mujeres a través de la lactancia
impiden embarazarse nuevamente, pero esto ocasiona una mayor desnutrición
en la madre. Las mujeres indígenas recurren también
al aborto como medio de planificación familiar, pero en
condiciones demasiado riesgosas para su salud e incluso para su
vida, ya que lo provocan con hierbas y otros medios por demás
peligros. Muchos abortos son provocados y muchos se dan en forma
natural debido principalmente a la desnutrición producto
de la pobreza extrema.
La
aplicación de la justicia en las zonas indígenas
de nuestro país, es casi nula, debido principalmente a
la falta de denuncia, por ello, la violación de los derechos
humanos, principalmente los de las mujeres, es constante. La violencia
sexual, el acoso, y la discriminación de que son objeto,
en muy pocos casos son denunciados y en muchos menos, castigados.
El alcoholismo y la falta de educación provoca frecuentes
agresiones físicas y verbales de los hombres hacia las
mujeres. Por el desconocimiento de las leyes y recursos de apoyo
que existen contra estos delitos quedan inmunes.
Por
todo lo anterior, es el momento de impulsar una nueva relación
de los indígenas con el Estado para que a través
de sus instituciones se promuevan una mayor administración
y procuración de justicia en las zonas indígenas,
que se diseñen programas incluyentes para un verdadero
desarrollo social, respetando los usos y costumbres de cada etnia,
principalmente en la elección de sus autoridades, promoviendo
una amplia participación política que les permita
asumir cargos de elección popular y en la administración
pública, lo que les hará sentirse verdaderamente
integrados al resto de la ciudadanía.
*Se
ha desempeñado como dirigente nacional de mujeres campesinas
de la CCI. Actualmente es Secretaria de Gestión Social
del Organismo Nacional de Mujeres Priístas y Secretaria
de Colonias Populares del CEN de la CCI.
