UNA
MIRADA AL MUNDO RARÁMURI
«Estos
hombres a quienes se cree incultos, sucios e ignorantes, han alcanzado
un grado de cultura sorprendente. Sé que la existencia
de los indios no es del agrado del mundo de ahora y que ante la
presencia de una raza como ésta, por comparación
se puede concluir que es la vida moderna la que se encuentra atrasada
respecto a algo y no que los indios Tarahumaras sean los que se
encuentran retrasados en relación con el mundo actual»
Antonin Artaud
MAGDALENA
FIERRO*
No
existen escrituras de ellos; su origen es incierto. Unos dicen
que llegaron del Norte con las tribus que pasan por Casas Grandes,
otros afirman que son descendientes de los Aztecas. Para Don Erasmo
Palma «Dios nos dejo caer como gotitas de lluvia para que
pobláramos la Sierra de Chihuahua. ¿Porqué
nos la quieren quitar?».
Antes
de la llegada de los españoles a tierras de Chihuahua,
los rarámuris ocupaban gran parte del centro y sur del
estado; desde la junta de los ríos Chuviscar y Sacramento
hasta Parral, su territorio se extendía hasta las montañas.
La
conquista, que duró cerca de 200 años debido a que
los indígenas defendieron fielmente su territorio, llegó
con los evangelistas, franciscanos y jesuitas; derrotados, se
recluyeron en las montañas de la Sierra Madre Occidental.
A
pesar de la explotación forestal y la integración
de los indígenas con los occidentales, los rarámuris
conservan muchas de sus costumbres, tanto religiosas como de organización
social. Su mundo de verde resplandeciente por pinos, de blancos
espuma de nube rodeando las montañas, con un cielo de distintas
tonalidades de azul, todo un sistema de barrancas, son un misterio
para el visitante extranjero; para ellos, los rarámuris,
es su vida, su destino. Su integración con el medio es
tal que pueden identificar si el arroyo esta triste o alegre,
de cuál es el animal que hace unos momentos pasó,
las marcas de las rocas y los cantos de las aves.
Esta
prodigiosa tierra llena de magia, misterio y majestuosa belleza
se divide en dos regiones distintas: la fría o alta tarahumara,
de valles, mesetas y montañas, y la baja tarahumara, de
barrancas y bajíos, templados o calientes. Son un grupo
insólito, se llaman ellos mismos RARáMURIS. Rará
significa pie y muri correr veloz, pies ligeros. Por una similitud
fonética o por corrupción del lenguaje modificaron
sus gentilicios y les impusieron nueva denominación; así
los Rarámuris pasaron a ser conocidos como Tarahumaras.
Son el pilar del mundo, lo sostienen, son los incansables caminantes;
de estatura regular, morenos y fornidos; muestran su altivez de
dignidad rarámuri.
Honorables,
en ellos no existe el orgullo. No son belicosos; su carácter
es esquivo y taciturno.
Dentro
de ellos se dividen en Pagotame, los bautizados, y Gentil, los
no bautizados, sin diferencia alguna entre ambos; salvo que los
Gentiles viven más aislados y le convidan tesgüino
y comida a Dios en sus fiestas. Su lenguaje es dulce y predominan
los vocablos referentes a sus costumbres y su entorno, con palabras
corteses como «te saludo, como la paloma gorjea, te deseo
salud y felicidad con los tuyos». Dentro de su vocabulario
no cuentan con la palabra «USTED», tratan de «TÚ»
aun cuando se dirijan a personas de alto nivel jerárquico
como el presidente de la República, el gobernador o cualquier
autoridad.
Su
organización es totalmente armónica, todo es de
todos, nadie tiene más que otros. Cada cual desempeña
un trabajo y una responsabilidad. Para ellos las personas que
actúan apropiadamente, que son amables con los otros y
cumplen las responsabilidades de compartir su comida, su esfuerzo
de trabajo, dejando a un lado la agresividad, son características
de personas, no sólo de gente buena sino de un buen pensador.
He ahí la importancia del Korima, no limosna sino un regalo.
El
pensamiento rarámuri entra en lo celestial y terrenal;
su idea sobre el alma es considerada en su núcleo espiritual.
Mantienen el culto a la naturaleza, con la cual están sumamente
agradecidos, por eso su visión es distinta a la de los
mestizos o chabochis. El cristianismo no ha logrado transformar
a fondo las divinidades de los rarámuris, ya que dentro
de ellos existe todavía una concepción animista
del mundo, donde todo lo animado e inanimado tiene vida espiritual.
Las
divinidades se identifican con los astros; así el Sol o
Dios creador es llamado Onarúma y su pareja la Luna Everume.
Es la insistencia de continuar en el camino de Nuestro Padre y
el camino de Nuestra Madre, de no estar triste ni descorazonados,
aunque los hagas sufrir, ya que ellos nunca faltan día
a día. ¿O no siempre están aquí en
la tierra?. Agarrar el bastón de Nuestro Padre y la flor
de Nuestra Madre para mantenerse de pie ante las adversidades.
Todo un modelo espiritual de armonía para caminar sin temor
, sin perder la fe.
Parte
del caminar bien para los rarámuris en el plano celestial
es el danzar, ya que no es solo una forma esencial de devoción
o de alegría, sino un rasgo más de conciencia; hacerlo
bien es caminar trabajando y se trasmiten con ello, de generación
en generación, conocimientos ancestrales del mundo y del
universo. Sus danzas son los matachines, pascoleros, pintos, yúmare
y tutuburi; bailan varias veces al año; el 6 de enero,
a fines de éste cierran pascua, los festejos del día
de Corpus, el día de San Juan, el 12 de octubre, y 12 y
24 de diciembre. Lo hacen dos o tres días antes de la fecha
señalada. Uno de los festejos más importantes y
reconocidos es el de la Semana Santa.
La música es todo un componente importante de las danzas,
sus cantos no son muy complejos ni elaborados, más bien
son monótonos, los instrumentos cambian según la
época del año. La importancia que le dan a las danzas
y a la música es sagrada, con toques de poder de magia
no realizada delante de los chabochis. La importancia del canto
dentro de su cultura es el tener alma, «ya que toda persona
que canta y habla lo hace porque tiene alma».
Uno
de los principales elementos dentro de la cultura rarámuri,
mal entendida por los mestizos, es el tesgüino, bebida alcohólica
obtenida de la fermentación del maíz de sabor muy
seco; es utilizada en numerosos festejos, ceremonias curativas
y reuniones de trabajo cooperativo. Es fácil aficionarse
a ella; logra efectos secundarios ya que se comenten diversos
delitos graves y una vez pasado los efectos de la bebida no recuerdan
haber realizado los actos.
Es
interesante la manera de ver la muerte y la vida, pues para ello
nacemos, vivimos y nos acostumbramos a descansar en la palma abierta
de Nuestra Madre, la tierra. Cuando un rarámuri muere,
una estrella en el firmamento cae, comienzan las danzas y cantos
para ayudarla a llegar al mundo donde descansará de los
chabochis. También los rarámuris utilizan el peyote
para técnicas curativas; las ceremonias son sagradas, sólo
el curandero las realiza con retiros espirituales largos en las
regiones donde vive el peyote, y le otorgan nexos muy cercanos
con Dios.
La
sabiduría del silencio a flor de piel es su más
valiosa arma ya que es un regalo de Tata Rioshi donde dice: solo
el silencio humilde llega a nosotros dando respuesta de amor,
humildad, esperanza y alegría. Lo cierto es que desde épocas
milenarias son dueños de esas tierras y que tontamente
les hemos quitado para lograr así la destrucción
de seres humanos, de una riqueza cultural de una parte de México.
Estos
hombres de pies ligeros en su buen caminar nos dejan toda su sabiduría.
No los veamos como un objeto más, menos como una figura
decorativa, o turística del país. No tratemos de
cambiarlos sino de conocerlos y aceptar la existencia de un México
desconocido para muchos y olvidado para otros más.
Tetara
bá, kuiná simí korima.
(Gracias, ven aquí y comparte).
*Presidenta
de la Organización Desarrollo Sustentable de la Mujer,
A.C. Lucha por implementar el Programa Grandeza Rarámuri.
