LOS
CUADROS PATÉTICOS HAN QUEDADO ATRÁS
- La realidad actual en el Valle del Mezquital
Graciela
Escamilla*
Los
otomíes, una de las ricas vetas humanas ramificadas de
los grupos provenientes de las emigraciones mongólicas
que cruzaron el estrecho de Bering hace miles de años,
se asentaron en la región central de lo que hoy es la República
Mexicana. Las poblaciones otomíes llegaron a ser importantes
centros de cultura y religión, que vinieron a menos durante
la conquista y el dominio colonial español, al grado de
postración infrahumana, como lo retratan los pinceles dramáticos
de Orozco y Siqueiros, la pluma de Antonio Rodríguez y
la novelística regional.
El
censo del 2000, realizado por INEGI, indica que existen más
de 400 mil personas mayores de cinco años hablantes del
otomí, diseminados en los Estados de Michoacán,
Puebla, Morelos, San Luis Potosí y Tlaxcala, es el Estado
de Hidalgo donde se halla el núcleo mayor de concentración
demográfica otomí. En el Estado de México,
al noroeste de Veracruz e incluso en el Distrito Federal, hay
población perteneciente a esa etnia, que junto con pames,
mazahuas, matlazincas y chichimecajonas, forman la familia otomiana.
El
problema básico de los otomíes es el de la tierra,
de la que fueron despojados por la conquista de la espada y la
cruz. Sin embargo hay luces de esperanza que desvanecen las penumbras
de miseria en que se habían desenvuelto durante siglos.
Los cuadros patéticos del otrora infame Valle del Mezquital
han ido quedando atrás. Hay acciones concretas realizadas
por los gobiernos emanados del PRI, las escenas se han modificado
en el Valle del Mezquital, la sustitución del agua con
el pulque , causante de alcoholismo atroz que asolaba a la raza,
se ha venido venciendo con la introducción de sistemas
de agua potable. Los eriales nunca bendecidos por la lluvia («La
nube Estéril») se han vuelto productivos con los
sistemas de riego, gracias a las obras hidráulicas que
aprovechan aguas residuales, debidamente tratadas provenientes
del Distrito Federal.
La
industria cementera, la lana, las artesanías, obra conjunta
de gobierno e iniciativa privada, son fuentes de empleo que aseguran
el ingreso familiar. El turismo, con sus balnearios de aguas termales,
envidia de los extranjeros, se viene convirtiendo en importante
fuente de trabajo y esparcimiento.
Capítulo
aparte merece el arte culinario hidalguense, ¿quién
no ha degustado la barbacoa?, fuente de actividades agropecuarias
de gran importancia, factor económico dinámico y
creciente en la región otomí.
Para
quienes gustamos de recorrer los caminos de México, dialogar
con nuestros ancestros es una enorme satisfacción encontrar
aun en los más remotos pueblos de la meseta o la montaña
que ha llegado el camino, la energía eléctrica,
el teléfono y sobre todo, lo enfatizo por su trascendencia
social, el alfabeto.
El analfabetismo, devaluatorio social, fuente de abusos y explotación,
se ha disminuido con firmeza, con la generosa y altruista participación
de jóvenes estudiantes y conscriptos, mediante programas
implementados por el gobierno federal, apoyados por los gobiernos
estatal y municipales, así como por la sociedad civil.
En el año 2000, en el Valle de Mezquital no hay pueblo
que carezca de escuela secundaria al menos; la telesecundaria
y el telebachillerato aun están lejos de impartirse con
la calidad deseable, pero son ventanas por donde encuentra acceso
el conocimiento.
Cabe
destacar en forma relevante el papel de la Universidad Autónoma
de Hidalgo que con sus grupos multidisciplinarios ha realizado
estudios serios y exhaustivos en todos los aspectos sociales,
económicos y de salud pública que han sido base
de programas lógicos y adecuados a la realidad hidalguense,
para aportar soluciones coherentes, lejanas a cualquier utopía;
cualquiera que fuera la bandera de estas buenas intenciones.
Esto lo puede constatar cualquier mexicano de buena fe, para fundar
su enérgico rechazo a la calumnia desaforada y maligna
que etiqueta de «perdidos» a los 70 años de
gobierno priísta.
Los
falsos pietistas o ¿los mal intencionados segregacionistas?
Han abogado porque se hagan pequeños feudos institucionales
de los grupos indígenas. Ingenuos o perversos, carecen
de razón. El camino es integrar a los indígenas
a la vida activa social, política y económica de
México. Basta de letreros dizque bilingües en monumentos
prehis-pánicos y museos. Basta de proposiciones de documentos
oficiales que son una gran tomadura de pelo. ¿Para qué
sirve un documento así? ¿Quién lo va a entender?
¿Qué fines prácticos persigue? ¿Para
qué lo quiere aquel que sabe leer y escribir en español?
¿Quién inventó la grafía del idioma
otomí? Esas son invenciones ociosas, afortunadamente, al
parecer los gobiernos revolucionarios no han caído en esta
trampa de pseudointelectuales y pseudoindigenistas.
*Lideresa
sindical hidalguense. Fue Secretaria General del Sindicato Nacional
de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Secretaria
de Información y difusión de la FSTSE. Actualmente
es secretaria de Comunicación Social del Organismo Nacional
de Mujeres Priístas.
