PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LOS MUNICIPIOS INDÍGENAS
MIGUEL ÁNGEL OROZCO DEZA*

La transformación de un grupo nómada a una poderosa estructura organizada, tuvo su origen en la unidad social denominada «Calpulli» (grupo de casas), al que Soustelle califica de «célula básica» y Jorge Carpizo como la «institución jurídicopolítico más antigua de México». Los mexicas aportaron una institución social, el «Calpulli», que se integró a partir de los clanes en que se dividieron los originarios barrios donde se establecieron a su llegada en el siglo XIV, provenientes de la región de Aztlán al noroeste de México.

El «Calpulli» era una comunidad de familias que tenían los mismos dioses, resolvían internamente sus problemas cotidianos, a través de sus autoridades, como el calpullec, que fue el personaje que impartió justicia, llevaba un registro de régimen comunal agrario de las tierras y su producción; el Tecuhtli, jefe militar; los Tequitlatos, dirigentes del trabajo comunitario; los calpizques, recaudadores; los tlayacaneques, encargados de los cuadrillas; los tlacuilos, escribanos y los topiles o gendarmes.

El «Calpulli» tenía su propio gobierno formado por un consejo de ancianos, que designaban a los funcionarios del «Calpulli», éste consejo de ancianos estaba formado por representes de cada familia constituyendo una «junta vecinal». El templo local del «Calpulli», alrededor del cual se organizaba la población vecinal, era atendido por el Quacuilli (sacerdote de barrio).

Por lo anterior, diferentes historiadores señalan al «Calpulli» como antecedente del régimen municipal novohispano, ya que fue una consistente organización política, social y económica de los aztecas desde su origen.

Ante la conquista española, el encuentro con una nueva civilización significó para los pueblos indígenas un problema singular; integrarse a la civilización occidental o conservar sus valiosas tradiciones y formas de vida. Al finalizar la época colonial sólo unos pocos indígenas se habían segregado de su legado cultural En la Independencia figuró un mero cambio de tutelaje; es decir, no difiere de la situación en que se encontraba en la época de la Colonia.

Durante el periodo que transcurre de la Independencia a la Reforma, se puede decir que el problema del tratamiento a los pueblos indígenas quedó relegado a segundo término. A la entrada del liberalismo político y más tarde del positivismo con Andrés Molina Enríquez y Antonio Caso y posteriormente con Manuel Gamio y Edmundo O’Gorman surgió la concepción que considera imprescindible conservar su organización, idioma y costumbres. Durante los años subsecuentes se sumaron diferentes corrientes en pro y en contra, afortunadamente predominaron los primeros, por lo que, resulta comprensible que México fuera de los primeros países en ratificar el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), aprobado en 1989, en el que se reconoce «las aspiraciones de las comunidades indígenas a definir sus propias formas de vida y de su desarrollo económico, y a mantener y fortalecer sus identidades, lenguas y religiones dentro del marco del estado».

Al plantearse la reivindicación de los usos y costumbres de los pueblos indígenas, en 1989, se instala en México la Comisión de Justicia para los Pueblos Indígenas, que dio como producto la reforma al artículo 4 en 1992, elevando a rango constitucional los derechos, culturas, lenguas y costumbres de los pueblos indígenas.

México, es un país donde conviven dos sociedades diferenciadas: la población indígena y la mestiza, por eso, en el artículo 4 de nuestra Carta Magna se establece que «la nación mexicana tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas. La ley protegerá y promoverá el desarrollo de sus lenguas, culturas, usos, costumbres, recursos y formas específicas de organización social, y garantizará a sus integrantes el efectivo acceso a la jurisdicción del estado...».

Otras disposiciones constitucionales que benefician a las comunidades indígenas, se encuentran en el Artículo 27, fracción VII, párrafo 2º y 3º que otorgan acceso a la justicia protegiendo la integridad de las tierras de los grupos indígenas, y considerando en la ley el respeto y fortalecimiento de las comunidades, promoviendo acciones de fomento necesarias para elevar el nivel de vida de sus pobladores. Los indicadores del Instituto Nacional Indigenista señalan que la población indígena se concentra principalmente en Oaxaca, Quintana Roo, Chiapas, Veracruz, Hidalgo, Puebla, Guerrero, Yucatán, México, San Luis Potosí, Sonora y Michoacán.

Es Oaxaca el Estado con mayor presencia indígena en el país con el 53% de la población, 15 de las 56 etnias existentes se asientan en él y más del 60% de su población es indígena, le siguen Quintana Roo con 37% y Chiapas con 35%. De los 2’427 municipios de la República Mexicana en 809 hay predominio indígena, de éstos, 669 se consideran como de alta y muy alta marginalidad.

En el México de hoy, los pueblos indígenas aún poseen formas propias de gobernarse, de organizarse económica, social, política y culturalmente que los distinguen de otros pueblos y culturas, y se manifiestan en las comunidades que los conforman en la geografía de nuestro país, dando lugar a problemáticas con un rostro específico, propio de la diversidad regional de una nación históricamente pluricultural y pluriétnica mostrando grandes contrastes en su desarrollo, luchando afanosamente por una real definición del Estado y su valoración ante una sociedad inmersa en una economía globalizada que en su mejoría permanece indiferente, olvidando a este número mayoritario de hermanos de raza que se encuentra muy por debajo de la media nacional, más aún cuando ese grupo caracterizan en buena parte lo que somos, de nuestra identidad, y son ellos a quienes se le ha dificultado el acceso a mejores niveles de vida, y otros se encuentran desvalorados en grado extremo, ignorados, despreciados y manipulados, por los «cultos», los «entendidos» y los «iluminados». Hoy en día es necesario que se haga efectiva la autonomía, la libre determinación, una verdadera participación de los municipios indígenas en el aprovechamiento de sus recursos naturales, que así como se reconocen «los usos, costumbres, recursos y formas específicas de organización social», es necesario que la legislación avance en el sentido de tender puentes indispensables para establecer una nueva relación del Estado mexicano con los municipios indígenas. Sin embargo debemos estar conscientes que su problemática no se resuelve con un marco jurídico que reconozca y respete sus derechos si no va acompañado de una serie de estrategias y acciones encaminadas a lograr su progreso que les permita alcanzar un nivel de bienestar.

La lucha por la autodeterminación va más allá del sólo terreno político. Hoy en día muchos pueblos no pueden decidir libremente el manejo de los recursos que reciben. Estos recursos van encuadrados y etiquetados de modo que la autodeterminación económica no existe; la programación en la aplicación de los recursos en los municipios indígenas no está acorde con el horizonte cultural de los mismos, se requiere sensibilidad para consensuar la diversidad.

El respeto a los gobiernos municipales, el diálogo constante, la atención indistinta y plural dentro del marco constitucional hacen de las relaciones de los niveles de gobierno el clima propicio para el fortalecimiento y consolidación de los municipios indígenas, constituye esto también la posibilidad de hacer realidad la reforma constitucional del artículo 115 y lograr que en los municipios existan gobiernos locales, que la reforma como seguramente coincidimos no se detenga. No podemos pensar en «mecanismos de descentralización tipo», igualmente sería desproporcionado, injusto e inequitativo aplicar a los gobiernos municipales una formula a partir de la captación de sus impuestos. Una forma insensible de tratar la reforma constitucional es la de limitar la entrega de recursos a partir de la capacidad tributaria de los pueblos. Al contrario hoy más que nunca se requiere construir también la nación de abajo hacia arriba y no sólo de arriba hacia abajo, erradicado a fondo, y no sólo con palabras cualquier visión paternalista y autoritaria, en su lugar, permitir que los municipios indígenas asuman su libertad con todas sus consecuencias.

Porque no valen, ni son viables los esquemas iguales de distribución de recursos hacia todos los desiguales, o las fórmulas exclusivamente técnicas y casi automáticas de cesión, dádiva o devolución de atribuciones. El federalismo debe ser en cierto sentido una respuesta, una correspondencia, una reciprocidad, un reconocimiento, más aún en una sociedad contrastada diversa y plural.

El municipio indígena en la agenda nacional requerirá de una atención objetiva y realista para su incorporación a procesos de modernización que revaloren su identidad cultural y promuevan su prosperidad armónica y equitativa. Oaxaca, Quintana Roo y Chiapas, han emitido sus respectivas leyes de derechos y cultura indígena, en este sentido.

El Partido Revolucionario Institucional, deberá necesariamente reencontrarse con las mayorías enarbolando la «Justicia y Democracia Social» esto implica el replanteamiento del proyecto nacional, apelando a nuestras raíces y voluntad como nación, realizando por lo menos las siguientes acciones: se deben retomar los resultados de la Consulta Nacional sobre Derechos y Participación Indígenas que llevó a cabo el Poder Legislativo Federal en 1995 y promover su factibilidad hasta donde sea posible.

Es necesario impulsar la aprobación de la Ley Reglamentaria del Artículo 4º. Constitucional, que contenga una real definición de todos los derechos exclusivos e irrenunciables de los municipios indígenas.

Propugnar para que en materia legislativa se regule y uniformen los criterios en su técnica censal de las instituciones oficiales que determinan el número poblacional de los municipios indígenas, su distribución en el territorio y sus rezagos en los niveles de bienestar, ya que estos resultados son punto de referencia en la elaboración de los planes y programas de desarrollo regional y consecuentemente en la asignación de los recursos.

Proponer que los esquemas y criterios utilizados para la asignación de los recursos sean más equitativos, sencillos y claros, eliminando fórmulas entrampadas y que se difunden a lo largo y ancho del territorio nacional, en todos los idiomas de las 56 etnias.

Hoy más que nunca recobra fuerza la frase de Benito Juárez refiriéndose a los pueblos indígenas en 1848, siendo Gobernador del Estado de Oaxaca:

«Gobernar con ellos, no al margen o por encima de ellos y mucho menos contra ellos, hace más expedita la marcha de la administración general del estado y es la expresión cabal de auténtica democracia».

*Economista. Periodista. Miembro de la Comisión Nacional de Ideología del PRI desde 1989.