EL RECLAMO INDÍGENA
Organización, demanda y propuesta

ENRIQUE KU HERRERA*

En los últimos años las diversas organizaciones que constituyen el movimiento indígena nacional han impulsado la lucha contra de las terribles desigualdades y las injusticias que padecen millones familias indígenas mexicanas; es una lucha contra la marginación y la exclusión que mantienen sumidas en la pobreza extrema, en el olvido y el abandono a la mayoría de nuestra población. Este movimiento expresa el reclamo que cuestiona permanentemente la pobreza de miras de nuestro Estado mexicano el cual, no obstante los altos objetivos del proyecto nacional, ha mostrado su incapacidad para ofrecer soluciones satisfactorias a las demandas históricas de los pueblos indígenas.

Los indígenas rechazamos tener como destino la pobreza, la desnutrición y el analfabetismo, no merecemos concentrar los índices más dramáticos del rezago social y mucho menos continuar siendo presas del botín político y de la manipulación corporativa, de elites políticas, de rebeldes encapuchados o de los tristemente célebres «turistas revolucionarios» que poco contribuyen a nuestro desarrollo y convivencia pacífica.

Desde 1910 hasta nuestros días, los indígenas seguimos siendo igual de pobres, víctimas de la anti-revolución que en las últimas décadas privilegió las políticas neoliberales contrarias a los intereses populares; políticas que negaron la existencia del problema indígena, y utilizando todos los medios, inclusive la violencia, pretendieron administrarlo hasta conseguir la extinción de nuestros pueblos y culturas, como medio para disfrazar los errores, la ignorancia y las omisiones cometidas desde las alturas burocráticas en nuestro país.

Porque la Política Indígena del gobierno ha sido errónea, siempre excluyente de la participación indígena en su diseño y promotora de la intermediación de antropólogos con tendencias museográficas, lejanos de nuestras aspiraciones. El indigenismo oficial muestra ya signos de agotamiento y obsolescencia conceptual e institucional, es intolerable seguir tratando a los indígenas como menores de edad, sin fuerza ni capacidad para conducir inteligentemente su destino. ¿Qué acaso no existe otra visión aparte del paternalismo o el asistencialismo?

Por si esto fuera poco, los indígenas enfrentamos a una sociedad racista y discriminatoria, que obliga sistemáticamente a abandonar la identidad indígena como condición para formar parte de este país, de su cultura supuestamente «moderna», de sus instituciones y de sus leyes. ¿Es posible alcanzar el desarrollo, sin antes haber reconocido nuestras diferencias y aprender a convivir con ellas? ¿En verdad hemos arribado a la democracia, cuando la evidencia muestra que todos los beneficios están negados a los indígenas, increíblemente a un paso de llegar al siglo XXI?

Siendo objetivos, la globalización, la democracia, la izquierda o la Tercera Vía no han significado nada para los indígenas. Al contrario, sólo constatamos que quienes impulsan un rostro más humano del desarrollo, reconocen intrínsecamente que éste careció siempre de uno.

El proyecto de nación en su origen es amplio e incluyente, pero la práctica política ha privilegiado el desarrollo de ciertas regiones y actividades económicas por sobre lo más importante: la gente. Esta concepción nos ha llevado a la tolerancia de la presencia y la demanda indígena, pero no al compromiso y la atención efectiva que reivindique a nuestros pueblos.

No se trata de pagar culpas o errores pasados, al contrario, se tienen que reconocer derechos históricos y políticos legítimos y ser congruentes con la justicia, la igualdad y la democracia que define la Constitución de la República. No se trata de fomentar el Estado benefactor, dadivoso y caritativo, se trata de hacer efectivas sus funciones de promotor de las libertades, la equidad y el desarrollo.

Los indígenas solamente queremos ejercer plenamente nuestros derechos y ser corresponsables del crecimiento, el bienestar y la democracia. Por ello, proponemos siete puntos fundamentales para el diseño de una Política de Estado que garantice en el mediano y largo plazos, la ciudadanía plena y la vida digna de los pueblos indígena mexicanos, a través de:

1. Un Pacto de Voluntad Política entre los Poderes de la Unión y la sociedad, traducido en el compromiso de atender el problema indígena de manera prioritaria, mediante la construcción de una Política Indígena de Estado.

2. Formular e instrumentar el Programa Nacional de Desarrollo Integral para los Pueblos Indígenas, estructurado bajo las siguientes estrategias:

a). El Programa Emergente para el Combate a la Pobreza Extrema, destinado a solucionar definitivamente los rezagos sociales y económicos que hoy padecen las familias y comunidades indígenas, a través de los siguientes componentes fundamentales:

- Atención Primaria de la Salud y Medicina Tradicional;
- Cultura y Educación;
- Equipamiento social básico: caminos y puentes, agua potable y alcantarillado, luz, comunicaciones, transporte, registros civiles, tiendas y botiquines populares, centros de salud, mercados.
- Base financiera para el desarrollo económico, a través de la creación inmediata de un Fondo Indígena, para el apoyo a los proyectos productivos y a la pequeña y mediana empresas.

b). El Programa de Apoyo a la Autonomía, destinado a estimular y a apoyar las iniciativas que formulen los pueblos y organizaciones indígenas en el campo de su revitalización, desarrollo y actualización cultural, étnica, política y administrativa.

c). El Programa de Cultura e Identidad, orientado a superar definitivamente la segregación, subordinación, el racismo, el menosprecio, el abandono y la hostilidad contra los estilos de vida, las costumbres y los idiomas de los Pueblos Indígenas; a fomentar la convivencia en la diversidad cultural del pueblo mexicano y para hacer posible la revitaliza-ción y el renacimiento de cada una de las culturas y lenguas indígenas, la mayoría de ellas expuestas ahora a la deformación o a la extinción definitiva.

d). El Programa de Educación de Calidad para la Identidad y el Desarrollo, cuyo propósito será consolidar un Sistema de Educación Indígena bilingüe e intercultural, que tome como tarea central la preservación y el desarrollo de las lenguas y culturas maternas, que privilegie la enseñanza de los valores fundamentales de la nacionalidad mexicana y, al mismo tiempo, permita el acceso ilimitado de los niños y jóvenes indígenas a lo mejor y más avanzado del patrimonio cognoscitivo y valorativo de la humanidad.

Este Programa de desarrollo Integral deberá generar 62 programas de desarrollo etnico, al nivel de programas regionales, orientados a perfilar las estrategias para el desarrollo integral de cada uno de los Pueblos Indígenas de México, de acuerdo a sus intereses y condiciones particulares.

3. Asignar al menos el 15% del gasto social a la ejecución del Programa para el Desarrollo Integral de los Pueblos Indígenas y sus acciones complementarias.

4. Crear la Secretaría para el Desarrollo Integral de los Pueblos Indígenas y reestructurar las instituciones del gobierno federal para la atención de los Pueblos Indígenas, cuyas atribuciones sean planificar, coordinar y, en su caso, ejecutar los programas del ejecutivo federal destinados a la superación de la pobreza y el desarrollo integral de los Pueblos Indígenas.

Esta secretaría deberá contar con un Consejo Consultivo de Participación Indígena, integrado por representantes de los Pueblos Indígenas, de la sociedad y los funcionarios públicos titulares de las dependencias que tengan bajo su responsabilidad la ejecución de programas indígenas. Sus atribuciones serán aprobar y evaluar los programas operativos anuales y vigilar la transparencia en la aplicación de los recursos. Además en las instancias de planeación de los tres niveles de gobierno deberán estar incluidos los indígenas con el propósito de que la planeación del desarrollo sea verdaderamente democrática, incluyente e integral.

5. Garantizar que la dirección de las instituciones encargadas de conducir la Política Indígena del Estado, estén dirigidas por indígenas con representatividad y legitimidad probadas.

6. Reconocer en la Constitución General de la República los derechos fundamentales de los Pueblos Indígenas, para alcanzar el desarrollo y la ciudadanía plena. Lo más importante será hacer congruente nuestra realidad social, política y étnica, con las estructuras de gobierno y de representación republicana; por lo tanto, los Pueblos Indígenas deben ser reconocidos en la Constitución como entes políticos, integrantes del Pacto Federal, con representación propia en el Poder Legislativo y con capacidad jurídica para ejercer su autonomía y libre determinación.
El Consejo Indígena Mexicano propone que sean reconocidos plenamente los siguientes derechos:

Uno: A ser reconocidos como pueblos, con historia y con futuro, antes que como comunidades locales, culturas o simples vestigios del pasado glorioso;

Dos: Al carácter inembargable, inalienable e imprescriptible de sus tierras y territorios;

Tres: A recuperar y desarrollar sus propias estructuras políticas, jurídicas y administrativas para ejercer plenamente su autonomía y su libre determinación en el marco irrenunciable de la Unidad Nacional.

Cuatro: A tener presencia y representación directas y proporcionales en todos los órganos de elección popular de la República;

Cinco: A un estilo de vida, una cultura, un idioma y una identidad propios y diferenciados, en el marco plural y fraterno de la diversidad mexicana;

Seis: A la justicia, el bienestar, el desarrollo y la modernidad, sin alienaciones, sin imposiciones y en las mismas condiciones y oportunidades que los demás mexicanos.

Siete: A ser consultados, de manera que su consentimiento libre e informado sea requisito indispensable para la legitimidad y procedencia de cualquier decisión, de los poderes públicos o de particulares, que afecten o atañan a sus intereses.

Ocho: A participar directamente en el diseño, la ejecución y la evaluación de los planes, proyectos y acciones que deriven de esas decisiones, y a dirigir las instituciones y programas gubernamentales que los ejecuten.

Nueve: Al usufructo exclusivo y a la preservación de sus recursos naturales y su entorno ecológico, salvo las excepciones que por interés público señale la ley;

Diez: A protección y defensa, por parte del Estado, en situaciones críticas, de riesgo o de abuso, dentro y fuera del país.

7. Garantizar la presencia y la participación de los indígenas en la toma de decisiones nacionales, a través de dos estrategias:

a) La integración de un Congreso Indígena Transitorio; compuesto de cuarenta diputados y dieciséis senadores, elegidos por los Pueblos Indígenas a través del método que defina el Instituto Federal Electoral. Se coordinarán con el Congreso de la Unión y las instituciones y tendrá como tareas centrales promover la participación de los pueblos indígenas en la discusión sobre las reformas constitucionales en materia de derechos y cultura indígena, y en la definición de la Política Indígena de Estado.

b) La creación de la Circunscripción Indígena Nacional que, a partir de la LIX Legislatura, garantice la presencia de representantes indígenas en ambas cámaras del Congreso de la Unión. Esta Política Indígena de Estado cuenta con el consenso y el apoyo de quienes tienen conciencia de la justicia que asiste a la causa indígena y de la necesidad que tiene México, en esta hora de su plena madurez social y política, de alcanzar la democracia y el desarrollo étnicos como la forma más elevada y noble de convivencia humana.

* Actualmente es Presidente del Consejo Indígena Mexicano, del Parlamento Indígena de América y Coordinador de la Comisión de Asuntos Indígenas del Consejo Político Nacional del PRI.