LO INDÍGENA, LA DIFERENCIA Y LA HOSPITALIDAD
Jaime Martínez Veloz*

Lo indígena y la pobreza son una dualidad simbólica de nuestra historia. Son apenas 500 años de noches –como diría en uno de sus poemas José Emilio Pacheco– que caen sobre nuestra identidad. 62 lenguas o etnias quedan como el reducto de una compleja red de pueblos que dieron vida a un sistema económico, social, cultural y espiritual que en su huella no cesa de admirar a todas las culturas del mundo. Los indígenas mexicanos emblematizan la presencia milenaria y oprimida de millones de nativos de otros territorios de América, que son para la aspiración globalizada una especie de despojo que hay que sacudirse...y cuanto antes mejor, para incorporarnos a plenitud al ritmo de los mercados, cuyas partituras escriben en lujosos gabinetes los financieros y estrategas monetarios.

En una era donde los flujos de información son constitutivos de economía, salen sobrando las lenguas no oficiales, esos vestigios que es loable ver en museos o sirviendo como una curiosidad para quienes descifran el lenguaje de esas razas, pero no para acompañarnos en la diaria lucha por el bienestar.
La ideología de la identidad nacional está basada en la imagen de una fundación autóctona (el águila, la serpiente, el nopal), pero en los hechos nacionales y cotidianos, niega que esos pueblos ejerzan sus derechos, de cultura y territorialidad.

Aunque lo indígena mexicano, en los últimos años, ha sido difundido a través de las etnias de Chiapas, por los acontecimientos militares y de violencia que han vivido, México tiene uno de los mapas más ricos de etnicidad en el mundo. Nadie podría pensarse mexicano sin relacionar su vida con las imágenes y vivencias en relación con ese mundo conquistado, del que hemos nacido.

Indios y españoles hicieron el crisol de una cultura que a 500 años de su «encuentro» tiene aún las heridas abiertas.

La asociación pobreza y etnicidad hacen de lo indígena una categoría de la vulnerabilidad social. Lo indígena es así sinónimo de desnutrición, analfabetismo, victimación por la violencia1... y un largo etcétera que expresa las modalidades de la marginación y la opresión, entre ellas el ejercicio de los dogmas religiosos, que es motivo de separatismo al interior de algunas etnias2.

Lo indígena mexicano no es una conceptualización acabada. Las instituciones tienen diferencias en sus registros poblacionales3 , como consecuencia de que lo indígena no es de ninguna manera una estabilidad...aunque algunos quisieran traer los criterios de la reservación para algunas etnias. Lo indígena es una savia dinámica, en resistencia, por eso, incluso, una parte de ellos están armados y escondidos en las montañas.

Lo indígena está en la médula de las ciudades4, en los flujos migratorios, y, más que ninguna otra cultura tradicional, en todas las fronteras de nuestro territorio y soberanía (los mixtecos en Tijuana, los tojolabales en Chiapas y los mayas en Yucatán).

Lo indígena es un componente sanguíneo en nuestra cultura y sin embargo no hemos aprehendido a convivir creativa y justamente con ellos. Las limitaciones son múltiples: en el derecho cultural que les asiste como grupos sociales que se comportan en normas y estilos de convivencia diferentes a los instaurados por el mestizaje y la modernidad; en sus derechos de propiedad y administración de los recursos naturales de las regiones donde están milenariamente asentados; en su derecho al trabajo y al apoyo de las instituciones nacionales de las que como mexicanos forman parte.

Lo indígena mexicano es uno de los grandes pendientes de nuestra convivencia ciudadana, uno de los rezagos más graves del proceso histórico que como nación hemos experimentado y uno de los saldos más dolorosos de nuestra identidad.

La miseria y lo indígena debe dejar de ser una dualidad asumida con la tranquilidad con la que uno enciende la televisión para contemplar una tragedia.

Los pueblos indígenas han consensuado una ley sobre sus derechos que la LVIII Legislatura tendrá que debatir y resolver en beneficio de millones de seres humanos y compatriotas que esperan la fundación constitucional de su causa, que están vivos desde los desiertos del norte a las selvas y planicies mesoamericanas, cuya existencia reclama a todos un compromiso activo que posibilite la consecución de la paz y avanzar en formas nuevas y creativas de convivencia.

Gustavo Esteva, un «intelectual desprofesiona-lizado» como se llama a sí mismo, escribe con sinceridad algo que debía ser objetivo nacional: «No basta tolerarnos. La tolerancia es sólo una forma civilizada de intolerancia, supone rechazo del otro, de quien no es como debe ser; se le tolera, pero no se le acepta. Necesitamos abrirnos al otro, admitir que existe en su diferencia y reconocer su lugar con espíritu hospitalario».

1 En México hay más de nueve millones de indios, si se toma en cuenta los hogares donde habla al menos una lengua autóctona. La cifra oficial es de 5.2 millones de personas que usan un dialecto. En estos hogares 34 por ciento declararon no tener ingresos. 10.5 por ciento de los mexicanos pertenece a este sector. La cuarta parte de los analfabetas mexicanos son indígenas. En cuestión de energía el rezago del servicio es hasta 12 veces mayor que la de los no indios, aunque en general los indígenas tienen un rezago de 3.5 veces superior al resto de los mexicanos. El Programa Sedesol-Progresa entre la población que atiende, 30 por ciento son indígenas. “Dinámica de la población indígena en México: problemáticas contemporáneas”. CIESAS. Casa Chata. (La Jornada 17-05-2000)
Por su parte, la Tercera Visitaduría de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, reportó que de 4 mil indígenas detenidos en diferentes centros de reclusión del país, 85 por ciento perdió su libertad por delitos contra la salud. (La Jornada 4-09-2000)
2 La Organización de Pueblos Evangélicos de los Altos de Chiapas, denunció que por cuarto año consecutivo, 135 niños no fueron aceptados en escuelas primarias de San Juan Chamula, por ser hijos de protestantes. (La Jornada 1-09-2000).
3 Mientras el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) da cuenta de que existen 6.715 millones de indígenas en el país, en el Consejo Nacional de Población (CONAPO), la suma asciende a 9.167, en tanto que el Instituto Nacional Indigenista (INI) reconoce a más de 11 millones. (El Financiero 13-11-2000).
4 Mujeres mazahuas, totonacas y otomies, son madres de una nueva generación de niños indígenas de entre 0 y 5 años de edad en la Merced, de la ciudad de México, según registros del Centro de Desarrollo Infantil Comunitario Sallo Yabinky. (La Jornada, 14-07-2000).

*Diputado Federal por Baja California. Secretario de Programa de Acción y Gestión Social del CEN del PRI. Miembro de la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA) y de las de Población, Fronteras y Asuntos Migratorios, y Atención a Grupos Vulnerables.