La
Condición Humana*
GEORGINA MORENO CORDERO**
Este
profundo texto, reflexiona sobre el tema que le da título,
vinculado con la esfera pública y privada; la labor, el
trabajo, la acción, la vida activa y la época moderna.
En este resumen se hace especial énfasis en lo público
y lo privado. En sus orígenes, explica la autora, el hombre
tenía el deseo de escapar de la prisión de la Tierra;
escapar de su condición humana con la esperanza de prolongar
la vida más allá del límite de los cien años.
También en la antigüedad prevaleció el deseo
de liberarse de la fatiga y la molestia que conlleva el trabajo,
sin embargo al evolucionar la humanidad, la Edad Moderna trajo
consigo la glorificación teórica del trabajo.
La
autora se adentra inicialmente, al concepto de condición
humana definiéndola como la «labor que es la misma
vida», es decir «vita activa» cuyas actividades
fundamentales son: labor, trabajo y acción. Así,
señala que la condición humana del trabajo es la
mundanidad; la pluralidad es la condición de la acción
humana y la acción es la actividad política por
excelencia, la natalidad y no la mortalidad, puede ser la categoría
central del pensamiento político, diferenciado del metafísico.
La Condición Humana abarca más que las condiciones
bajo las que se ha dado la vida del hombre, cualquier cosa que
toca o entra en contacto con la vida humana asume de inmediato
el carácter de condición de la existencia humana.
Debido a que la existencia humana es pura existencia condicionada,
sería imposible sin cosas, y éstas formarían
un montón de artículos no relacionados, un «no-mundo».
La
condición humana y la naturaleza humana no son lo mismo,
la superioridad de la contemplación sobre la actividad
reside en la convicción de que ningún trabajo del
hombre puede igualar en belleza y verdad al «kosmos físico»,
que gira inmutable y eternamente sin ninguna interferencia del
exterior, del hombre o de dios. De esta forma se llega a la reflexión
sobre eternidad y mortalidad; la preocupación griega sobre
la inmortalidad surgió de su experiencia de una naturaleza
y unos dioses inmortales que rodeaban las vidas de los mortales.
Metidos en un cosmos en que todo era inmortal, la mortalidad pasaba
a ser la marca de contraste de la existencia humana. La inmortalidad
significa duración en el tiempo, vida sin muerte en esta
Tierra. La mortalidad es, pues, seguir una línea rectilínea
en un universo donde todo lo que se mueve lo hace en orden cíclico.
Por su capacidad en realizar actos inmortales, por su habilidad
en dejar huellas imborrables, los hombres a pesar de su mortalidad
individual, alcanzan su propia inmortalidad. Políticamente
hablando, si morir es es lo mismo que «dejar de estar entre
los hombres», la experiencia de lo eterno es una especie
de muerte, y la única cosa que la separa de la muerte verdadera
es que no es final, ya que ninguna criatura viva puede sufrirla
durante ningún espacio de tiempo. Y esto es precisamente
lo que separa a la vita contemplativa de la vita activa en el
pensamiento medieval.
Otros
conceptos fundamentales en este análisis son el de la esfera
pública y la privada. Ninguna clase de vida humana, ni
siquiera la del ermitaño en la agreste naturaleza, resulta
posible sin un mundo que directa o indirectamente testifica la
presencia de otros seres humanos. Todas las actividades humanas
están condicionadas por el hecho de que los hombres viven
juntos; sólo la acción es prerrogativa exclusiva
del hombre, ni la bestia ni un dios son capaces de ella.
Según
el pensamiento griego, la capacidad del hombre para la organización
política no es sólo diferente, sino que se haya
en directa oposición a la asociación natural cuyo
centro es el hogar (oikia) y la familia. La fundación de
la ciudad-estado capacitó a los hombres para dedicar toda
su vida a la esfera política, a la acción y al discurso.
El pensamiento era secundario al discurso, pero discurso y acción
se consideraban coexistentes e iguales, del mismo rango y de la
misma clase; lo anterior significó que encontrar las palabras
oportunas en el momento oportuno es acción, dejando aparte
la información o comunicación que lleven. Sólo
la pura violencia es muda razón por la que nunca puede
ser grande.
Como
se puede observar en el análisis de Arendt, el interés
se desplazó de la acción al discurso, entendido
más como medio de persuasión que como específica
forma humana de contestar, replicar y sopesar lo que ocurría.
Ser político, vivir en una polis, significaba que todo
se decía por medio de palabras y de persuasión,
y no con la fuerza y la violencia. Para el modo de pensar griego,
obligar a las personas por medio de la violencia, mandar en vez
de persuadir, eran formas prepolíticas para tratar con
la gente cuya existencia estaba al margen de la polis, del hogar
y de la vida familiar. La preocupación primera de los ciudadanos
era hablar entre ellos. En toda la antigüedad occidental
el gobierno absoluto, irrebatido y la esfera política propiamente
hablando se excluían mutuamente.
Dentro
de la polis la familia ya jugaba un papel trascendental, la distinción
entre la esfera privada y pública de la vida corresponde
al campo familiar y político que han existido como entidades
diferenciadas. La aparición de la esfera social, que rigurosamente
hablando no es pública ni privada, es un fenómeno
relativamente nuevo cuyo origen coincidió con la llegada
de la Edad Moderna; asegura la autora que existe una extraordinaria
dificultad para entender la división entre las esferas
pública y privada, entre la esfera de la polis y la familia;
entre actividades relacionadas con un mundo común y las
relativas a la conservación de la vida. En este contexto,
el conjunto de familias económicamente organizadas en el
facsímil de una familia superhumana es lo que llamamos
«sociedad» y su forma política de organización
se califica con el nombre de «nación».
El
rasgo de la esfera doméstica era que los hombres vivían
juntos llevados por sus necesidades y exigencias. En la esfera
de la polis prevalecía la libertad. La libertad de la sociedad
es lo que exige y justifica la restricción de la autoridad
política. La libertad está localizada en la esfera
de los social, y la fuerza o violencia pasa a ser monopolio del
gobierno.
Para
los filósofos griegos, el concepto de gobernar y ser gobernado,
de gobierno y poder en el sentido que en que lo entendemos, así
como el regulado orden que lo acompaña, se tenía
por prepolítico y propio de la esfera privada mas que de
la pública. Ser libre significaba no estar sometido a la
necesidad de la vida ni bajo el mando de alguien y no mandar sobre
nadie, es decir, ni gobernar ni ser gobernado.
Por
otra parte, el concepto de igualdad como hoy lo entendemos, no
tenía nada que ver con la conceptualización desarrollada
en Grecia: significaba vivir y tratar solo entre pares, lo que
presuponía la existencia de «desiguales» que
constituían la mayoría de la población de
una ciudad-estado. La igualdad lejos de estar relacionada con
la justicia como en la actualidad era la propia esencia
de la libertad: ser libre de la desigualdad presente en la gobernación
y moverse en una esfera en la que no existían gobernantes
ni gobernados. En el mundo moderno las esferas social y política
están mucho menos diferenciadas.
La
desaparición de la zanja que los antiguos tenían
que saltar para superar la estrecha esfera doméstica y
adentrarse en la política es un fenómeno moderno.
En la época medieval el concepto de «bien común»
lejos de señalar la existencia de una esfera política,
sólo reconoce que los individuos particulares tienen intereses
en común, tanto materiales como espirituales.
Maquiavelo
comprendió la separación entre la esfera privada
y la pública y señaló la necesidad de tener
algo de valor para salvar esa distancia. Quien entrara en la esfera
política había de estar preparado para arriesgar
su vida y el excesivo afecto hacia la propia existencia impedía
la libertad, era una clara señal de servidumbre; por lo
tanto el valor se convirtió en la virtud política
por excelencia. Dentro de esta concepción destaca también
que, ninguna actividad que sólo sirviera al propósito
de ganarse la vida, de mantener el proceso vital, tenía
entrada en la esfera política.
El
auge de lo social borró la antigua línea fronteriza
entre lo privado y lo político, y cambió el significado
de ambas palabras y su significación para la vida del individuo
y del ciudadano. El hecho histórico decisivo es que lo
privado moderno en su más apropiada función, la
de proteger lo íntimo, se descubrió como lo opuesto,
no a la esfera política, sino a la esfera social, con la
que sin embargo se halla más próxima y auténtica-mente
relacionado. El primer teórico de la intimidad fue Jean-Jacques
Rousseau, para él lo íntimo y lo social eran mas
bien modos subjetivos de la existencia humana; la rebelde reacción
contra la sociedad durante la que Rosseau y los románticos
descubrieron la intimidad, iba contra las igualadoras exigencias
de lo social.
La
asombrosa coincidencia del auge de la sociedad con la decadencia
de la familia indica claramente que lo que verdaderamente ocurrió
fue la absorción de la unidad familiar en los correspondientes
grupos sociales. Para la sociedad moderna, es decisivo que se
excluya la posibilidad de acción, en su lugar espera de
cada uno de sus miembros una cierta clase de conducta, mediante
la imposición de innumerables y variadas normas, todas
las cuales tienden a «normalizar» a sus miembros.
Con el ascenso de la sociedad de masas, la esfera de lo social,
tras varios siglos de desarrollo, ha alcanzado el punto desde
el que abarca y controla a todos los miembros de una sociedad
determinada. La victoria de la igualdad en el mundo moderno es
el reconocimiento legal y político del hecho de que esa
sociedad ha conquistado la esfera pública. Esta igualdad
moderna basada en el conformismo inherente a la sociedad y únicamente
posible porque la conducta ha reemplazado a la acción como
la principal forma de relación humana, es en todo aspecto
diferente a la igualdad de la antigüedad, donde la esfera
pública estaba reservada a la individualidad; se trataba
del único lugar donde los hombres podían mostrar
real e invariablemente quien eran.
Puesto
que las leyes de la estadística son totalmente válidas
cuando tratamos de grandes números, resulta evidente que
todo incremento en la población significa una incrementada
validez y una marcada disminución de error. Políticamente,
quiere decir que cuanto mayor sea la población en un determinado
cuerpo político, mayor posibilidad tendrá lo social
sobre lo político de constituir la esfera pública.
Karl
Marx, especialista en en el análisis de la socialización
del hombre, no comprendió que el germen de la sociedad
comunista estaba presente en la realidad de una familia nacional,
y que su pleno desarrollo no estaba obstaculizado por ningún
interés de clase como tal, sino sólo por la ya caduca
estructura monárquica de la nación-estado.
Las
ciencias sociales como «ciencias del comportamiento»,
apuntan a reducir al hombre, al nivel de un animal de conducta
condicionada; las «ciencias del comportamiento» señalan
como su etapa final, cuando la sociedad de masas ha devorado todos
los estratos de la nación y la conducta social se ha convertido
en modelo de todas las fases de la vida.
Una
de las características de lo privado, antes del descubrimiento
de lo íntimo, era que el hombre existía en esta
esfera no como verdadero ser humano, sino únicamente como
espécimen animal humano. Esta era la razón básica
del desprecio sentido en la antigüedad por lo privado; el
auge de la sociedad ha hecho cambiar la opinión sobre dicha
esfera.
El
trabajo es otro elemento de análisis para la autora, en
el momento en que éste quedó liberado de las restricciones
impuestas por su destierro en la esfera privada, fue como si el
crecimiento inherente a toda una vida orgánica hubiera
superado y sobrecrecido los procesos de decadencia; en ningún
otro campo de la vida hemos alcanzado tal excelencia como en la
revolucionaria transformación del trabajo, hasta el punto
que el significado de la propia palabra (relacionado antaño
con penas y y fatigas) ha comenzado a perderse para nosotros.
Al
ahondar en la esfera pública la autora explica que la palabra
«público» significa dos fenómenos estrechamente
relacionados; en primer lugar todo lo que aparece en público
puede verlo y oirlo todo el mundo, en segundo lugar significa
el propio mundo, en cuanto es común a todos nosotros y
diferenciado de nuestro lugar poseído privadamente en él.
Dentro de esta esfera, al igual que el mundo en común nos
junta, por lo anteriror, lo que hace tan difícil de soportar
a la sociedad de masas no es el número de personas, sino
el hecho de que entre ellas el mundo ha perdido su poder para
agruparlas, relacionarlas y separarlas. Históricamente
sólo conocemos un principio ideado para mantener unida
a una comunidad: encontrar un nexo entre las personas lo bastante
fuerte para reemplazar al mundo, fue la primera tarea política
de la primera filosofía cristiana y fue San Agustín
quien propuso basar en la caridad no sólo la hermandad
cristiana, sino todas las relaciones humanas.
Así
la no-mundanidad sólo es posible bajo el supuesto de que
el mundo no perdurará.
A
diferencia del bien común, tal como lo entendía
el cristianismo, el mundo común es algo en que nos adentramos
al nacer y dejamos al morir. Trasciende a nuestro tiempo vital
tanto hacia el pasado como hacia el futuro; bajo esta concepción
la maldición de la esclavitud no sólo consistía
en la falta de libertad y visibilidad, sino también en
el temor de los propios esclavos «de que por ser oscuros,
pasarían sin dejar huella de su existencia». Entre
los griegos y los romanos también existía esta preocupación,
así la polis fue para los primeros, al igual que la «res
pública» para los segundos, su garantía contra
la futilidad de la vida individual.
Resulta
evidente que la admiración pública y la recompensa
monetaria son de la misma naturaleza y pueden convertirse en sustitutas
una de otra; la admiración pública es algo que cabe
usar y consumir, y la posición social llena también
una necesidad como el alimento lo hace con otra. Ser visto y oído
por otros deriva su significado del hecho de que todos ven y oyen
desde una posición diferente, este es el significado de
la vida pública.
La
esfera privada es el otro elemento a analizar, la privación
de lo privado radica en la ausencia de los demás; bajo
las circunstancias modernas, esta carencia de relación
«objetiva» con los otros y de realidad garantizada
mediante ellos se ha convertido en el fenómeno de masas
de la soledad.
Como parte de la esfera privada aparece la vida hogareña
en un espacio interior y privado, cuyo pleno desarrollo lo debemos
al sentido político de los romanos, que a diferencia de
los griegos, nunca sacrificaron lo privado a lo público,
comprendieron que estas dos esferas sólo podían
existir mediante la coexistencia.
La
diferencia del punto de vista cristiano y socialista, sobre la
esfera pública, es que uno considera al gobierno como mal
necesario debido a la perversidad del hombre y el otro confía
en su final supresión. Existe una profunda relación
entre público y privado, manifiesta en la cuestión
de la propiedad privada; antes de la Edad Moderna todas las civilizaciones
se habían basado en lo sagrado de la propiedad privada,
que no tenía nada que ver con el concepto de riqueza, que
nunca fue sagrado. La riqueza de un extranjero o de un esclavo
no era sustituto de su propiedad, y la pobreza no privaba al cabeza
de familia de su sitio en el mundo.De esta forma no es exacto
decir que la propiedad privada, antes de la Edad Moderna, era
la condición evidente para entrar en la esfera pública.
Lo privado era semejante al aspecto oscuro y oculto de la esfera
pública, y si ser político significaba alcanzar
la más elevada posibilidad de la existencia humana, carecer
de un lugar privado propio (como era el caso del esclavo) significaba
dejar de ser humano.
De
origen posterior y diferente es el significado político
de la riqueza privada, de la que salen los medios de subsistencia;
ser propietario significaba tener cubiertas las necesidades de
la vida y, por lo tanto, ser potencialmente una persona libre
para trascender la propia vida.
El
auge de lo social coincidió históricamente con la
transformación del interés privado por la propiedad
privada en un interés público. La riqueza surge
como algo destinado a usarlo y consumirlo, al margen de los períodos
de vida individual que pueda sustentar. Cuando la riqueza se convirtió
en capital, cuya principal función es producir más
capital, la propiedad privada igualó o se acercó
a la permanencia inherente al mundo comúnmente compartido,
así la propiedad moderna perdió su carácter
mundano y se localizó en la propia persona.
Otro
aspecto relevante de lo privado, es que las cuatro paredes de
la propiedad ofrecen el único lugar seguro y oculto del
mundo común público. La moderna teoría política
y económica considera a la propiedad privada como tema
crucial, en éste se acentúan las actividades privadas
de los propietarios y su necesidad de protección por parte
del gobierno, en beneficio de la acumulación de la riqueza.
La
distinción entre esferas pública y privada, considerada
desde el punto de vista de lo privado más que del cuerpo
político, es igual a la diferencia entre cosas que deben
mostrarse y cosas que han de permanecer ocultas. Sólo la
época moderna, en su rebelión contra la sociedad
ha descubierto lo rica y diversa que puede ser la esfera de lo
oculto bajo las condiciones de la intimidad.
*
Arendt, Hannah, Barcelona, Editorial Paidós, 1998.
*Licenciada
en Sociología por la UNAM. Servidora Pública en
el IMSS, SCT, DDF, Lotería Nacional. Actualmente es subdirectora
de Mercadotécnia de Instituto Mexicano de la Radio.
