Impresiones
femeninas: la mirada de dos mujeres
EVA PRADO SOLÉ*
Durante
el mes de octubre, el Museo de San Carlos presentó la exposición
«Impresiones Femeninas en la Francia del siglo XIX: Manet,
Renoir, Rodin, Vuillard, Casatt...». A través de
155 esculturas, serigrafías, grabados, óleos, acuarelas
y litografías la muestra ofreció una visión
general de la imagen de la mujer en la Francia decimonónica,
de su utilización como tema de controversia y también
como producto de mercado al imprimirse en la portada de revistas
y carteles, pero también como sector de mercado. Era la
época del triunfo de la República, del París
exuberante y floreciente, se da el auge de los espectáculos
nocturnos, de las noches del Moulin Rouge y el Folies Berger,
de las veladas bohemias en Montmartre, en las que las protagonistas,
para bien o para mal, eran las mujeres. Por otro lado, ante el
auge de la industrialización, de la producción de
telas y de otros objetos de consumo, la mujer se convirtió
también en foco de atención para colocar dichos
productos. Era el boom del consumismo, la edad de oro de los carteles
franceses, reproducidos hoy día a la saciedad.
Los
artistas de la época, en el afán de reflejar dichos
fenómenos convirtieron a la mujer en el tema de sus obras.
Tal fue el caso de Manet, Renoir, Rodin, Moreau, Bonnard y Lefebvre
entre muchos otros. En efecto, la mayor parte de las obras expuestas
en esta muestra fueron hechas por la mirada masculina. Hubo sin
embargo mujeres que también aportaron su visión
de la época, tal fue el caso de Mary Cassatt, Camille Claudel
y Suzanne Valadon, mujeres a las que tocó vivir el feminismo
francés incipiente, cuando se crean leyes que les permiten
ser ciudadanas completas, votar y ser electas, divorciarse o bien
poseer propiedades.
Tan
solo una escultura y una litografía son las aportaciones
de Camille Claudel y Suzanne Valadon a esta exposición,
sin embargo, tanto sus carreras profesionales como sus vidas privadas,
ambas opacadas por su cercanía a artistas de la talla de
Rodin y Toulouse Lautrec, merecen profundizar un poco en lo que
ellas representaron para el arte de la época y en lo que
fueron sus biografías, ello en aras de la reivindicación
del lugar de las mujeres en la historia del arte y la historia
en general.
Camille
Claudel y Suzanne Valadon fueron dos mujeres que, por la época
en la que vivieron y quizás por los hombres con los que
compartieron sus vidas, han pasado desapercibidas en los libros
de historia. Camille Claudel fue pareja de Rodin. Ella también
era escultora y se sabe que ayudó a Rodin en muchas de
sus obras y ejerció una gran influencia sobre él.
Si nunca destacó de manera notable fue por que Rodin se
lo impidió, probablemente celoso del éxito que pudiera
ella tener. El caso de «la Valadon», como la solía
llamar Toulouse Lautrec, es similar: siendo ella una pintora de
gran calidad, se mantuvo siempre a la sombra de Lautrec y de otros
pintores famosos con los que convivió.
La
vida de Camille Claudel ha sido objeto de especulación
y drama desde principios del siglo XX. Obviamente, la mayor parte
de la atención ha recaído en su relación
amorosa con Augusto Rodin, su maestro, mentor y amante, ello opacando
el valor de su obra y sus logros como escultora. Camille Claudel
(18641943) nació en el seno de una familia modesta,
su hermano fue el famoso escritor Paul Claudel (1868-1943). Desde
muy joven mostró aptitudes para la escultura por lo que
en 1881 se va a vivir a París, apoyada por su padre quien
la pone en contacto con Alfred Boucher y Paul Dubois, éste
último director de la Escuela de Bellas de Artes de París.
Con el apoyo de Boucher y Dubois, Claudel entra a la Academia
Colarossi (hoy conocida como Grande Chaumière1), una de
las pocas academias de arte que, en esa época, aceptaban
mujeres. Al poco tiempo Claudel crea un estudio con otras tres
mujeres escultoras y reciben clases informales de Boucher, quien
acudía a su estudio una vez a la semana. Boucher se va
a vivir a Italia en 1883 y Rodin retoma las clases de las cuatro
alumnas.
Cuando
se conocen, Rodin tenía 43 años y Camille 19. Muy
pronto se convierten en amantes, justo en la época cuando
Rodin está creando «Las puertas del infierno»
y «Los ciudadanos de Calais». Una y otro ejercieron
fuerte influencia entre sí: la obra Jeune Fille a la Gerbe
de Claudel (1887) fue antecesora de La Galatea de Rodin y Las
Tres Faunas Femeninas fueron inspiración para la obra La
Vague de Camille. Los años en que Claudel fue asistente
de Rodin en su estudio fueron los más productivos del maestro:
para ella fueron los de mayor aprendizaje pero también
quizás los más destructivos pues le impidieron desarrollar
una carrera independiente de Rodin.
A
principios de 1890 la relación comienza a deteriorarse,
sin embargo la obra de Camille alcanza su mejor momento. Camille
nunca se recupera de la separación aún cuando su
obra empieza a liberarse de la influencia de Rodin. Fue de las
primeras en esculpir en onix, material poco usual en la época.
Monta
algunas exposiciones individuales en el Salón de Otoño
y en el Salón de los Independientes y en las galerías
Bing y Eugène Blot. Junto al deterioro emocional, Camille
comienza a mostrar signos de deterioro intelectual, volviéndose
paranoica. En 1906 destruye la mayor parte de su obra, se obsesiona
con las injusticias de Rodin hacia ella y siete años después
la internan en una hospital mental en Ville-Èvrard y más
tarde en Montdevergues, donde pasó los últimos 30
años de su vida.
Durante
todos los años que vivió con Rodin, Camille firmó
sólo tres de sus obras. Ello ha levantado especulaciones
y conjeturas sobre cuál habrá sido realmente su
participación en las obras atribuidas originalmente a Rodin.2
Suzanne
Valadon (1865-1938) nace un año después que Camille.
Era la hija ilegítima de una lavandera francesa. Desde
los nueve años se tiene que mantener a sí misma
haciendo los trabajos más diversos: llegó incluso
a ser mesera y acróbata circense, hasta los 16 años
cuando, tras una caída del trapecio lo abandona. En busca
de una ocupación un poco más segura, se convierte
en modelo para los artistas de la época. Posó para
diferentes pintores famosos, incluidos Renoir y Henri Toulouse
Lautrec. Observando diariamente las técnicas y el trabajo
de todos aquellos para los que posaba, Valadon se interesó
en la pintura y pronto empezó a crear sus propias pinturas,
animada por Degas, quien fue de sus principales promotores. Pintó
retratos, paisajes y especialmente desnudos femeninos. Su obra,
de colores brillantes y poderosos, se ha clasificado como postimpre-sionista
y de estilo fauvista. Se dice que trabajó durante trece
años en sus óleos antes de enseñarlos al
público. En 1915 tuvo su primera exposición individual
que fue un éxito comercial y para la crítica de
la época.
Su vida personal ha atraído la atención a través
de los años, pues además de su intensa relación
con Toulouse Lautrec (espléndidamente narrada en la película
sobre la vida del pintor), Valadon fue también amante de
Puvis de Chavannes, el compositor Erik Satie y el banquero Paul
Moussis, con quien vivió 14 años. Tiempo después
se casó con Andre Utter, pintor veintiún años
más joven que ella. Tuvieron varias exposiciones conjuntas.
Suzanne Valadon tuvo un hijo, también pintor, Maurice Utrillo.
No se supo nunca quién fue el padre, recientemente se ha
especulado en torno a Lautrec e incluso Van Gogh. El apellido
Utrillo se lo dio un escritor español, quien publicó
una biografía de El Greco.3
Valadon
murió en 1938; a su funeral acudieron grandes personajes
de la comunidad artística de París incluyendo a
Picasso, Georges Braque y André Derain.4
Recientemente
pude ver obras de ellas en una exposición sobre las Féminas
en la Francia del siglo XIX. Como conocía sus historias
me impresionó mucho el poder ver «en carne y hueso»
obras hechas por ellas. Ambas vivieron tórridas historias
de amor pero tuvieron que renunciar al éxito en sus profesiones.
Por lo visto dos siglos más tarde el dilema sigue vigente
para las mujeres: amores o profesiones.
¿Será
requisito sine qua non el estar sola para poder tener una carrera
o profesión exitosa? ¿Dónde se encuentra
el equilibrio? ¿Qué pasa con las relaciones entre
hombres y mujeres? Analizo los casos cercanos a mí, los
de mis amigas, conocidas y el mío mismo. Compartimos muchas
cosas: somos jóvenes, rondando los treinta, con carreras
incipientes pero más o menos exitosas, independientes económicamente
y todas sin excepción, solteras. ¿Por qué?
¿Hemos cambiado? ¿En qué somos diferentes?
¿Estaremos medio locas? Sin pretender generalizar, creo
que efectivamente las mujeres hemos cambiado. Estudiamos una carrera,
encontramos un trabajo, ganamos dinero: somos libres e independientes.
En efecto, las mujeres hemos cambiado, ¿y los hombres?
Creo firmemente que hay un desencuentro entre hombres y mujeres.
Nosotras cambiamos y ellos no, (hay algunos que sí, pero
son los menos). No los culpo: así como para nosotras se
abre una nueva opción de vida al ser independientes económica
y socialmente, para los hombres no ha habido una «revolución
masculina» que los libere del rol de seres humanos «proveedores-siempre
en control-no emocionales-fuertes-». ¡Qué difícil!
1
Encyclopaedia Britannica.
2 The National Museum of Women in the Arts. www.nmwa.org/legacy/bios/bclaudel.htm
3 www.artcult.com/valad.htm
4 Distinguished Women: www.distinguishedwomen.com/~dbois/valadon.html
*Licencia
en Relaciones Internacionales. Asesora de la Presidencia del CEN
del PRI.
