La suerte de la consorte*
Ruth Gaspar López**

La Suerte de la Consorte es una novela histórica en la que la autora realiza una profesional crónica y engarza finamente la historia de México, relatando el desarrollo de ésta, con anécdotas de los hombres que han tenido el poder en sus manos: como reyes aztecas, virreyes, generales y presidentes de la república, desde la perspectiva de las mujeres que compartieron el poder con ellos, no por el hecho de que éstas tuvieran la personalidad para ocupar los cargos de poder, sino por ser las compañeras de los hombres con los que compartieron el lecho conyugal.

Sara Sefchovich parte de la llegada de las siete tribus nahua-tlacas a la cuenca del Valle de México; tocando no sólo las vivencias de las esposas de los virreyes, quienes que no tuvieron participación en la vida política de sus compañeros de alcoba, narrando las actividades, ideales, rasgos personales de cada mandatario y sus esposas, hasta la actualidad, concluyendo con las vivencias de la primera dama del presente sexenio.

La autora llevó a cabo una amplia investigación sobre cómo las mujeres españolas, criollas, indígenas, nativas y finalmente mexicanas fueron participando poco a poco en la vida social, cultural, económica y política de México; destaca quiénes influyeron y cuáles jamás se enteraron de la problemática del país, su función se limitaba a ser madres y educar bajo los principios de las buenas costumbres y la religión, además de hacer votos de obediencia ciega a sus cónyuges; también menciona la manera en que influyeron en decisiones importantes y algunas veces torales para el desarrollo político y económico del país, haciendo uso de su influencia en los hombres con los que compartían su vida; asimismo, narra la intervención de algunas mujeres que no fueron precisamente esposas, sino las madres de los hombres en los que se ha depositado la máxima autoridad del país.

Por otro lado, también menciona la tristeza, malos momentos y peripecias que estas mujeres acompañantes de los dirigentes de la política nacional pasaron en su vida conyugal, algunas viviendo una hermosa historia de amor y otras una fatídica vida matrimonial con hombres a los que amaban, pero a los que el poder y las presiones de su investidura les arrebató el humor, el buen trato, el amor, las buenas costumbres y hasta el respeto por ellas.

La participación de las mujeres en la vida política de los hombres que han llevado las riendas de nuestro país en un principio fue nula, por lo que las esposas de los nobles aztecas llamadas pipiltin sólo estaban educadas para ser esposas y madres, para ello habían sido elegidas desde que nacían.

La obra narra la aparición de los españoles en estas tierras, el mestizaje y la llegada de Hernando Cortés, la existencia de dos esposas y muchas mujeres que pasaron inadvertidas por él y por la historia; de esta búsqueda de poder y riqueza que emprendió Cortés se originaría y marcaría en la historia de México la participación de una mujer que serviría de traductora y amante a este español, como lo fue Mallinaltzin o Malitzin, llamada también Marina o Malinche.

El imperio español estuvo presente durante tres siglos desde el primer virrey llegado a la Nueva España, Antonio de Mendoza y su esposa Catalina o Catarina de Vargas, hasta el último virrey Juan O’Donojú y su esposa Josefa Sánchez Barriga; por el virreinato pasaron nobles, eclesiásticos y militares, en algunos casos solteros, casados y viudos.

Por otra parte, las esposas de los virreyes estaban completamente fuera de la vida política de sus cónyuges, en virtud de que la mayor parte de ellas tenían características «sui géneris», como ser hijas de la aristocracia, descendientes de reyes, marqueses o por lo menos, tener algún título nobiliario, además de estar ampliamente cultivadas en el arte, la cultura modales y gustos refinados; eran profundamente católicas y algunas, sin abandonar sus principios, estaban influenciadas por las ideas revolucionarias francesas.

En el desarrollo de La Suerte de la Consorte, la autora Sara Sefchovich viaja por la historia de México pasando por Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, Agustín de Iturbide y su esposa Ana María Josefa Ramona Huarte Muñoz Sánchez de Tagle; Doña Josefa Ortíz de Dominguez, y su inolvidable anécdota de su encierro y el aviso a los conspiradores; Antonio López de Santa Anna y sus dos esposas; María de la Paz García y Dolores Tosta; Antonieta Guevara de Bravo; Guadalupe Martel de Arista, entre otras mujeres que acompañaron a sus maridos en el difícil camino del poder y su ejercicio.

Otro grupo de mujeres importantes por sus principios, ideales y actitudes ante la adversidad de su vida conyugal fueron Concepción Lombardo de Miramón, quien vivió sin ignorar la situación política del país; por el contrario, estaba muy interesada en conocer de ésta, de una forma bastante discreta e inteligente; sumamente enamorada de su esposo, escribió sus memorias, al parecer ha sido la única esposa de un mandatario que se ha atrevido a ventilar problemáticas personales y políticas de su época; otra mujer admirable fue Margarita Eustaquia Maza de Juárez, quien vivió huyendo con sus hijos de la revuelta surgida en nuestro país, obteniendo un «exilio obligado», gracias a la paciencia y lealtad a su esposo, buscando protección personal y familiar separada de su cónyuge para finalmente regresar a México y morir en 1871.

Otra mujer que tuvo injerencia en el desarrollo de la política mexicana, pero con diferente perspectiva fue Carlota de Bélgica, quien llegó a México ávida de poder y con definida ambición que le llevaría al trágico fin de su marido y una vida de enajenación mental.

Más adelante la autora se refiere a mujeres como Delfina Ortega de Díaz y Carmen Romero Rubio de Díaz ambas mujeres ejemplares que amaron y compartieron la vida con el mismo hombre en tiempos diferentes, una que le respaldó en la dura lucha inicial y la que disfrutó a su lado las delicias del poder. En esa época encontramos a Laura Mantecón de González, mujer que sufrió y escandalizó a la sociedad mexicana por defender su integridad física, moral y personal ante su cónyuge y los tribunales, por lo que decidió ser la primera esposa de un mandatario en demandarle el divorcio; el poderoso político, Manuel González, utilizó todo su poder para hacerla a un lado, para lo cual incluso modificó el Código Civil a su conveniencia a fin de minimizar la lucha de quien fuera su esposa.

Probablemente la mujer que sí vivió en plenitud el amor por su esposo y que además compartía ideales y fines con él fue Sarita Pérez de Madero, desafortunadamente el destino le arrebató al amor de su vida; otra consorte Emilia Águila de Huerta, fue una mujer muy desdichada por el trato que le dio el usurpador, un hombre según las citas de la autora «dipsómano y barbaján»; Virginia Salinas de Carranza, también es mencionada en la obra; una mujer feliz fue María Tapia de Obregón:

Por otro lado la obra contempla a Natalia Chacón de Calles, mujer que apoyó en todo momento a su esposo y creó, gracias a su juventud y dinamismo, una nueva idea de la modernidad para la sociedad por medio de sus ideales y forma refinada, educada y especial de comportarse, cuestión que dio un giro importante en la vida de las cónyuges de los posteriores mandatarios mexicanos.

Por otra parte, existen anécdotas de la vida de Carmen García de Portes Gil, otra mujer muy moderna para su tiempo, basada en la forma de vestir y de participar junto a su esposo en actos públicos; pasando por Amalia Solór-zano de Cárdenas, una mujer que impulsó y apoyó a su esposo con un fuerte y admirable carácter personal; otra mujer referida en la obra es Beatríz Velasco de Alemán de «hermosos ojos azules» y exquisita educación, siempre participó junto a su esposo con las características propias de una primera dama, siendo respetuosa de la política, pero con un fuerte impulso personal para su marido.

Por lo que respecta a los sexenios 1970-2000, tenemos a Maria Esther Zuno de Echeverría, mujer con naturaleza de lucha, exigente y solidaria con la mujer mexicana; posteriormente llegó Carmen Romano de López Portillo, dotada de una extravagante belleza, quien impulsó, entre otros, los programas culturales y de protección a la infancia; después Paloma Cordero de De la Madrid; mujer también hermosa, pero discreta, muy católica y ferviente amante de su esposo a quien apoyó sin dejar a un lado su faceta de madre de familia; más tarde llegó a Los Pinos Cecilia Occelli de Salinas, quien se encargó de las tareas del DIF, primordialmente y fue criticada como muchas otras por su indiferencia ante la problemática que vivía el país.

Por último, Nilda Patricia Velasco de Zedillo, una mujer sencilla y afable, dedicada a la atención de su familia, se le ha criticado por no tener un gesto amable, como una sonrisa, pero siempre se le ha visto apoyando a su esposo en cada momento en actos de carácter oficial y fuera de ellos también; es la primera dama que acompaña a cualquier parte a su esposo, sin interesarle la opinión pública y su tarea principal se dio al buscar el cambio en el extinto Voluntariado Nacional por Unidades de Participación Ciudadana.

Es la lista de mujeres que se mencionan en la obra, pero indudablemente todas han tenido características especiales que son seguramente la inteligencia, la tolerancia y las buenas costumbres, pero sobre todo el amor y el respeto que le profesaron a sus cónyuges, por los que ellas han llegado a compartir las glorias y sinsabores del poder.

Sin embargo, todas las consortes de los mandatarios y hombres que han ejercido el poder en nuestro país, han estado limitadas a un segundo plano, atendiendo a la función específica de la mujer en la vida social, económica y al sistema político que se ha desarrollado en México y la idiosincrasia de nuestro pueblo, sin permitirles brillar con luz propia; por lo que siempre han estado al margen de las situaciones que se les han presentado y aunque algunas de ellas han podido opinar sobre la situación de la nación y sobre los temas como economía y política, sus ideas siempre han quedado restringidas a las paredes de la alcoba, o cuando más al entorno doméstico, sin hacerse públicos.

La suerte de la consorte ha sido difícil para la mayoría de las mujeres que han tenido este rol en la sociedad mexicana, en virtud de que cada una de ellas ha sido y ha vivido una parte de la historia de México, por lo que el destino les ha puesto tareas de gran responsabilidad, ya que el devenir histórico las ha calificado algunas veces con un enfoque diferente a su realidad, olvidando lo primordial que es ser una dama, detrás de las adulaciones, las buenas costumbres, la religión y los placeres de la vida, el lado débil, el amor, la entrega incondicional, las lágrimas, los problemas, las peripecias y, lo más importante, la naturaleza de ser mujer.

*Sara Sefchovich, Editorial Océano, México, 1999, 470 pp.

**Licenciada en Derecho por la UAEM.Cuenta con estudios de Maestría en Derecho por la UAEM y postgrado por la Universidad Iberoamericana. Actualmente es Coordinadora Técnica de la Dirección de Partidos Políticos del Instituto Electoral del Estado de México.