SITUACIÓN
Y PERSPECTIVAS SOCIALES DE LA MUJER CAMPESINA
PRUDENCIA JUÁREZ CAPILLA*
A.
DIAGNÓSTICO
1.
Demografía.- Los cambios demográficos y económicos
han modificado la distribución de la población en
el territorio nacional, un proceso de urbanización creciente
y los movimientos migratorio del campo a la ciudad han provocado
una disminución porcentual de la población rural
en el país que, no obstante, sigue representando cerca
de una tercera parte de la población total. En 1990, el
total de habitantes en las zonas rurales era de poco más
de 23 millones (28.7%), de los que casi la mitad, 11 millones
600 mil corresponden a la población femenina rural.
En
el país, los esfuerzos de orientación poblacional,
se han reflejado en una reducción del tamaño de
las familias, pero con efectos claramente diferenciados entre
la población urbana y la rural. Así por ejemplo,
mientras que la tasa de fecundidad en las áreas urbanas
se redujo a 2.8 hijos por mujer, en las áreas rurales es
de 4.7 hijos, y para la mujer indígena es de 5.7 hijos,
es decir, superior a un hijo al de la mujer rural y en casi tres
al de las zonas urbanas. Estos datos reflejan no solamente un
acceso desigual a la información y a los programas de planificación
familiar, sino también diferencias sustanciales en los
niveles educativos y en los patrones culturales que todavía
prevalecen en el medio rural. La mayor tasa de fecundidad y frecuencia
de embarazos entre la población rural e indígena,
que habita en zonas alejadas, viviendas precarias y en condiciones
de deficiente nutrición, también condicionan diversos
problemas de salud por inadecuada atención prenatal y del
parto, así como una más elevada mortalidad maternoinfantil.
Conforme
al Programa Nacional de la Mujer 1995-2000, se estima que durante
el período 1986-1990, la mortalidad infantil en las áreas
rurales era de 46 por cada 1000 nacidos vivos, casi 60% más
alta que la de las áreas urbanas que es de 32 defunciones
por cada 1000 nacidos vivos, mientras que entre la población
indígena la mortalidad infantil es de 56 por cada 1000
nacidos vivos, lo que representa casi el doble de la observada
en las zonas urbanas.
Según
el Perfil Estadístico de la Población Mexicana publicado
por el INEGI en 1995, las afecciones del período perinatal,
son responsables del 25% de las muertes de las mujeres en el país,
y del total de defunciones maternas observadas en 1992, por ejemplo,
el 8% es en complicaciones del parto que en muchos casos hubieran
sido previsibles con una adecuada atención durante el embarazo.
2.
Salud.- Los notables avances en la medicina social y el énfasis
de los programas gubernamentales en la medicina preventiva, han
permitido incrementar sensiblemente el promedio de esperanza de
vida al nacer, para la población del país, que sólo
entre 1979 y 1993, aumentó en 2.9 años para los
hombres y en 3.2 años para las mujeres. Sin embargo, este
promedio nacional presenta marcadas diferencias por regiones,
entidades, y grupos socioeconómicos, con importantes desventajas
para las zonas de mayor población rural, que son también
los estados con mayores índices de pobreza.
Además
de la atención y control de enfermedades transmisibles
o de padecimientos específicos como los tumores mamarios
y cérvico-uterinos, y de la prevención de problemas
de salud relacionados con el embarazo y el parto, el mejoramiento
de la salud de las mujeres, requiere contemplar otros importantes
factores como su situación nutricional que en muchos casos,
sobre todo en el campo, se ve deteriorada por patrones culturales
que a menudo llevan a las familias a dar preferencia en la alimentación
a los hombres, en detrimento de la salud de las mujeres, quienes
frecuentemente sufren de fatiga y fuerte desgaste físico,
debido a su doble o triple jornada de trabajo.
3.Educación.-
En el país en general, se ha registrado en las últimas
dos décadas, un notable incremento de la cobertura de la
enseñanza básica, sin embargo las desigualdades
para las mujeres rurales e indígenas, son especialmente
evidentes: mientras que el analfabetismo femenino promedio nacional
es de 15.2%, el 30% de las mujeres rurales de 15 años o
más, no saben leer ni escribir, proporción que se
eleva hasta el 50% para las mujeres indígenas de ese grupo
de edad. De la misma manera, mientras que en el país el
90% de las niñas entre 6 y 14 años asisten a la
escuela, en el medio rural sólo lo hacen el 75%, y entre
las niñas indígenas esta proporción se reduce
hasta el 66%. En el caso de las mujeres indígenas, el rezago
se agrava si se considera que el 20% no habla español (contra
el 11% de los hombres indígenas) y que en los estados más
pobres, las indígenas monolingües representan hasta
el 64%. En cifras redondas estos datos significan que hay en el
país 6.2 millones de analfabetas, de los que 3.9 millones
son mujeres, y que de ellas, más de 530 mil son indígenas
monolingües.
4.Trabajo.-
En conjunto, en el país, del total de mujeres en edad de
trabajar, están ocupadas el 33%, y hay 2.8 millones de
mujeres que encabezan el hogar y la economía familiar en
los cuales habitan alrededor de 10 millones de personas (UNIFEM-INEGI).
La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares del INEGI,
1994, señala que existen en el país 7.6 millones
de hogares rurales que equivalen al 39% del total nacional; y
que de ellos, el 11.2% tienen como jefe del hogar a una mujer.
En los hogares rurales con jefa, hay porcentajes semejantes de
hogares nucleares y de hogares extensos: 39 y 38 de cada cien
hogares, respectivamente. Mientras el porcentaje de mujeres solas
alcanza el 23 %. Los hogares rurales con jefatura femenina, agrupan
3.1 millones de personas. Según el Perfil Estadístico
de la Población Mexicana del INEGI 1995, la distribución
de las mujeres ocupadas por sector, se concentra, en un 29%, en
servicios personales y domésticos; un 25% en el comercio;
un 17% en la industria de la transformación, y un 11% en
actividades agropecuarias. En este último caso, cabe destacar
que es en el campo donde la actividad económica femenina
está menos registrada, y donde con mayor frecuencia las
mujeres realizan diversos trabajos de apoyo a la producción
agrícola para el autoconsumo, o artesanal, sin remuneración
directa, por lo que no se incluyen en las evaluaciones estadísticas.
Las
mujeres campesinas son también las jornaleras agrícolas
que, cargando con los hijos, recorren miles de kilómetros
para vivir hacinadas en un campamento y trabajar las temporadas
de cosecha por un miserable ingreso y sin derechos laborales;
o las vendedoras ambulantes que recorren las calles de las ciudades
procurando darle sustento a su familia; o las trabajadoras domésticas
que salen para emplearse en hogares ajenos y enviar su modesta
mesada al pueblo; o las trabajadoras rurales en la agroindustria
y en las maquiladoras, que reciben un menor salario que sus compañeros,
sin que cuenten con los elementos para defender sus ingresos y
sus condiciones de trabajo.
No
obstante, a pesar de su condición desventajosa, las mujeres
del campo son agentes del cambio social debido a su papel como
eje familiar y a su capacidad de cohesión comunitaria.
Ellas, en la actualidad del medio rural, son factor de desarrollo.
Su potencial organizativo amerita el impulso y el apoyo de las
instituciones y organizaciones.
B.
TENDENCIAS ACTUALES
A
partir de los años ochenta y hasta los noventa, la agricultura
ha sido objeto de profundas reformas estructurales, ya que pasó
de un modelo agrícola apoyado y protegido por el Estado,
a uno de acelerada apertura económica.
Como
en toda construcción social, la de género en la
agricultura se transforma a través del tiempo. La participación
de las mujeres en actividades remuneradas en la agricultura es
creciente, porque ellas buscan la forma de resolver las limitaciones
de fuerza física y de riesgo para sus personas. Hay algunos
mercados que se están feminizando y modifican las relaciones
de trabajo. Esto se debe en primer lugar al aumento de la demanda
de fuerza de trabajo y, en segundo a la necesidad imperiosa de
las mujeres de obtener ingresos.
El
efecto del Tratado de Libre Comercio sobre el empleo rural implicó
un incremento de las jornadas de trabajo, pero no mejoró
las condiciones de vida de los trabajadores y las trabajadoras
agrícolas. En general, creció la proporción
de mujeres jornaleras en los cultivos de exportación con
jornadas laborales más largas, porque trabajan más
tiempo a destajo y, además, porque tienen que realizar
el trabajo doméstico.
Sin
embargo, la preponderancia es de maquiladoras vinculadas a la
obtención de autopartes, de piezas y equipos eléctricos
y electrónicos, las cuales forman parte de las industrias
con mayor grado de globalización y por ende, con procesos
tecnológicos altamente avanzados. Por otro lado, la falta
de empleo en la economía ha provocado que trabajadores
calificados se integren a las maquiladoras, constituyendo una
competencia inequitativa para las mujeres obreras de esta industria,
quienes han tenido pocas oportunidades de capacitación.
C.
ALGUNAS PROPUESTAS:
Frente
a las condiciones de inequidad y marginación de las mujeres
campesinas e indígenas y su diversidad; su creciente papel
en la economía rural y sus responsabilidades familiares;
las tendencias actuales del campo de hacer valer las leyes del
mercado en cuanto a la producción y comercialización
y la tenencia de la tierra; la transformación que experimentará
el aparato de la Administración Pública y las políticas
del Estado; y la tendencia a la individualización de la
política en el país, se propone:
-
Una política de capacitación laboral para las mujeres,
con enfoque de género, que iguale y/o incluso supere sus
capacidades con las de los hombres, de manera que puedan contar
con mejores oportunidades de trabajo y de remuneración.
-
Las modificaciones legislativas necesarias que adecuen el marco
jurídico de las relaciones de trabajo de las jornaleras
agrícolas y de las trabajadoras de las maquiladoras.
-
Impulsar políticas públicas que contrarresten lainequidad
y el rezago de las mujeres del campo en materia de salud. Intensificar
las campañas de información sobre la salud de las
mujeres, sus derechos reproductivos y de la planificación
familiar.
-
Combatir la inequidad y el rezago educativo de las mujeres. Establecer
un mecanismo de becas para las niñas y las jóvenes
del campo, para contribuir a garantizar la continuidad de su acceso
al sistema educativo. Impulsar la formación de excelencia
de niñas, jóvenes y mujeres en general, de origen
rural.
-
Impulsar una política con enfoque de género para
las mujeres productoras ejidatarias, pequeñas productoras
y comuneras, para la capacitación y el adiestramiento en
el uso de nuevas tecnologías y su actualización
administrativa y comercial, así como un sistema de financiamiento
y asistencia técnica.
-
Promover la asociación de las empresas productivas como
las UAIM, S. de S.S. de mujeres por rama de actividad y/o por
región. Y con empresas del capital privado y social.
-
Promover la participación de despachos de asesoría,
fundaciones y otros organismos de fomento para el desarrollo rural
en la detección y promoción de proyectos productivos
y rentables de actividades que pueden ser atendidas por las mujeres
del sector rural.
-
Revisar los acuerdos internacionales en lo que se refiere a la
parte agropecuaria, y hacer las modificaciones necesarias a la
ley con el propósito de que los productores mexicanos compitan
en igualdad de circunstancias con los productores extranjeros.
*Contadora
Pública Auditora, egresada de la Benemérita Universidad
Autónoma de Puebla.
Líder social y política. Ha sido dirigente nacional
de las mujeres de la C.N.C.
Diputada al Congreso del Estado de Tlaxcala.
Actualmente es Secretaria de Federalismo del CEN. del Organismo
Nacional de Mujeres Priístas y Diputada Federal Suplente.
