El cristal con que se mira
GABRIELA ESPINOSA TERÁN*

La cumbre anual del Fondo Monetario Internacional (FMI), y el Banco Mundial (BM) en Praga, con su abrupta conclusión el 27 de septiembre pasado, ofrece múltiples ángulos de observación.

Desde su óptica, los organizadores de la reunión económica afirman que resultó exitosa, mas la inanición de las conclusiones y la vaguedad de los acuerdos exhiben lo contrario: sólo puntualizaron sobre los riesgos monetarios asociados a los precios internacionales del petróleo y la mención sobre la necesidad de reforzar el diálogo entre países pobres y ricos.

Quienes se sienten triunfadores son los manifestantes que desde la calle obstaculizaron la reunión, restándole capacidad deliberativa al cónclave económico, al grado de precipitar la clausura del evento un día antes de lo programado. La prensa destaca que en el seno del FMI han surgido divisiones respecto a la estrategia para contrarrestar esas acciones recurrentes (Melbourne, Washington y Seattle, son los antecedentes). En los extremos están quienes se muestran dispuestos a atender reclamos de organismos no gubernamentales, otros (entre éstos James Wolfensohn, presidente del BM, y Horst Köler, gerente del FMI) que sólo reconocen como únicos interlocutores legítimos a los representantes de los gobiernos, es decir, los ministros de economía y finanzas, así como los gobernadores de bancos centrales. Una posición intermedia es la que propone permitir una participación limitada a los organismos no gubernamentales.

Surge aquí una pregunta ¿Quién financia y con qué fines, a las llamadas ONG’s?, cuya capacidad de movilización permitió contar con cerca de 12 mil manifestantes, (90% de ellos de procedencia extranjera, según el diario mexicano El Financiero), es comprensible la presencia de italianos, griegos y alemanes, por la cercanía con la República Checa; empieza a ser inexplicable la presencia de cerca de 500 españoles; para terminar de asombrarnos la participación de representantes del movimiento brasileño «Los sin tierra», (un viaje a través del Atlántico habla de capacidad económica, que no es precisamente la característica ni el origen de ese movimiento). Es preciso profundizar sobre esta interrogante.

¿Qué pensarán los activistas que fueron heridos, los detenidos, los enviados a centros de transferencia para luego ser expulsados de territorio checo? ¿Se sentirán héroes? ¿Se sentirán defraudados por sus líderes? ¿acaso los conocerán?

Otro punto de vista es el de los anfitriones, que vieron afectada su cotidianeidad y destrozos en algunos sectores de su ciudad a cambio de una relativa presencia en el concierto internacional. ¿Las pretensiones del gobierno checo de incorporarse a la Unión Europea se verán favorecidas?

Aun con todo, la prudencia estuvo presente en los actores: los daños son relativamente mínimos (estimados en 125 mil dólares), los heridos llegaron a un centenar, la retirada de los asambleístas financieros contribuyó a conjurar la violencia.

Y surgen más preguntas ¿FMI y BM se verán precisados a realizar su próximo encuentro en las Islas Seychelles, en los confines del océano Índico? ¿Será una victoria pírrica la de la sociedad organizada? ¿Influirá en la actitud, hasta ahora implacable, de los dueños del dinero? ¿Es la globalización tan siniestra como la presentan los activistas, o tan benéfica como la ofrecen los capitalistas?

Una conclusión inmediata respecto a los acontecimientos de Praga, es que el mundo está vertiginosamente inmerso en el cambio; para que éste sea útil, el camino es el diálogo, la búsqueda de acuerdos.

El cristal con que se mira tiene muchas facetas, pero el interés general debe anteponerse a las pasiones particulares.

*Licenciada en Relaciones Internacionales por la UNAM. Directora de Asistencia y Cooperación Técnica del Centro de Estudios Superiores en Turismo.