PRI, ALIANZA DE ORGANIZACIONES SOCIALES
Lucía Ramírez Ortiz*

El mundo es uno, pero diverso a la vez. El intercambio de valores económicos, culturales, científicos, técnicos y políticos es una ley de nuestro tiempo; es una conquista del progreso humano. No podemos, ni debemos aislarnos, ni separarnos, ni volver al mundo disperso y aldeano del feudalismo, pero tampoco podemos, en nombre de este internacionalismo fecundo, borrar la diversidad de este mundo, ni suprimir las peculiaridades, ni violar fronteras y soberanías, ni pasar por alto la personalidad de cada pueblo, ni inmiscuirnos caprichosamente en sus asuntos propios, ni usurpar las funciones de sus círculos responsables y determinantes, ni suplantar su propio curso histórico.

Está cambiando la historia del hombre constantemente, hoy vivimos una transición que hasta hace unos cuantos años se percibía imposible, que ha irrumpido en forma vertiginosa, sometiendo nuestra capacidad de asombro particularmente, pienso que hay en esta etapa del país una necesidad muy grande de reflexión sobre nuestro Partido, no se puede negar lo que ha hecho para engrandecer a México, ésto es evidente, ha sido el instrumento para conservar la paz, para promover la renovación política, y por encima de sus grandes yerros y defectos el Partido, ha tenido esa virtud, la de saber mantener con la estabilidad política el movimiento renovador político y propiciar el desarrollo económico y social del país. Pero los métodos con los cuales trabajó ya se agotaron, también porque correspondieron a las condiciones de cierta época que ha cambiado extraordinariamente.

Todos hemos contribuído de alguna manera a expulsar a grandes masas populares de la política y hemos convertido la política en un negocio, en un asunto de pequeños grupos. Digámoslo con franqueza y pensémoslo con seriedad, nuestro Partido, desde sus orígenes, desde su fundación, adoptó una estructura: la estructura de la coalición de grupos diversos del pueblo. Esa estructura fue perfeccionada y vigorizada bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas en el que el Partido de la Revolución Mexicana se convirtió en partido de alianzas, de coalición, de pacto de tres clases populares fundamentales del país, que son los obreros, los campesinos y la clase media popular, alianza que además estaba asistida por el ejército, pero se trataba de una alianza de organizaciones, no de una coalición de líderes nada más.

Hemos restringido la democracia en el interior del partido, la hemos enflaquecido. Tenemos que volver al camino inicial, al camino de la militancia efectiva de masas de los distintos sectores sociales.

Qué bueno que se está dando inicio a una transformación del partido que busca métodos más genuinos, más auténticos, para que prevalezca la voluntad o el sentir de las mayorías, qué bueno que se preocupe de organizar sus bases, y los comités seccionales, distritales y los del Estado, qué bueno que haya empezado, porque nuestro Partido solo puede sacar fuerza de su contacto con la tierra y la tierra de sustento de los partidos, es el pueblo. Al alejarse nuestros gobernantes y por ende nuestro Partido de las bases, perdió su dirección, perdió su contacto y comunicación. Y empezó a caminar por vericuetos que nos llevaron a la derrota.

Si queremos reposicionar al Partido como fuerza social y recuperar la confianza de la sociedad, su transformación debe ser más profunda, el partido debe atender al pueblo no solamente en las luchas electorales sino en las luchas de todos los días, en sus reclamos por el empleo, la alimentación, la vivienda, la salud, la educación, la seguridad social, etc. Que el Partido llegue al centro del hogar, que no sea un Partido de hombres solos, que vaya al centro de las familias, que sea capaz de unir en torno suyo a la mayoría de la nación, que el Partido sea el eje de la unidad y de la alianza popular de la que tenemos necesidad angustiosa, porque hay que defender a la nación de las acechanzas interiores y exteriores, del hambre destructiva, de la inseguridad, de la opresión. Que el Partido sea del pueblo, que vuelva abanderar sus causas, que haga frente a sus enormes problemas.

No nos dividamos, porque un partido dividido y desgarrado por las luchas internas seguirá siendo fácil presa de la desintegración como ya lo vivimos en las pasadas elecciones del 2 de julio, en donde el PRI perdió, no sólo su dominio de poder, sino los destinos de la Nación.

Es válido reconocer autocríticamente los errores, también sus aciertos.

Hemos proclamado históricamente una democracia. Por lo tanto, nuestra democracia tiene que ser cada día más profunda. Si proclamamos la lucha por la justicia histórica, tenemos que iniciar por la justicia social y no quedarnos solamente en las declaraciones, si somos patriotas tenemos que defender encarnecidamente la soberanía y la independencia de la Nación.

El PRI debe comenzar por aumentar su democracia interior; ésta debe ser una meta de salud para el Partido y así aumentar su cohesión, su energía, su fuerza y su autoridad moral ante la nación y ante el pueblo.

Actualmente, hay sectores sociales más preparados, en base a la política de los gobiernos revolucionarios. Han salido de las escuelas cientos de miles de profesionistas a los cuales se les tiene que tratar de otra manera, no se les puede tratar mecánicamente, a esta clase media, a estos obreros y campesinos adelantados, avanzados, a esta juventud despierta, pujante y combativa de estas nuevas fuerzas sociales, hay que agruparlas, habrá que empezar, tal vez, con un nuevo método que requiere de mucha prudencia e incluso de un período de experimentación; que habrá que empezar por los organismos de base del Partido. Pienso, que es necesario acentuar la tolerancia, el trato democrático dentro del Partido; hagamos también, un culto de respeto a las opiniones de cada uno de nuestros compañeros y del respeto a la oposición y a la situación de los distintos sectores y organizaciones que lo componen; que los nuevos grupos emergentes se sientan dentro del Partido, que su militancia adecue lo que sea necesario a su declaración de principios, a su programa de acción sin disminuir la libertad de acción para la defensa de sus intereses de clase; guardando una fidelidad a la causa de la Revolución Mexicana y a los intereses y Principios esenciales del Partido.

*Licenciada en Derecho por la UNAM.
Servidora pública, periodista y activista política