UN PRI PARA UN SISTEMA COMPETITIVO DE PARTIDOS

Mesa de discusión Nº 5, Moderador: Samuel Palma César,
Coordinador Nacional Editorial del CEN del PRI.

Por J. Guillermo Pineda García, Coordinador de Prensa
del CEN del PRI en el Estado Morelos, Consejero Político Estatal.

El presente documento en rigor no es una relatoría. Este trabajo en realidad recoge y ordena las ideas y propuestas de los participantes en la mesa número cinco, dispuesta para debatir con ánimo propositivo las reflexiones, observaciones, así como algunas propuestas sugeridas a los participantes con la pregunta ¿Qué sistema de partidos?, realizada en el marco del Foro Nacional Discutamos el Partido, convocado por el Partido Revolucionario Institucional, en el mes de septiembre del 2000.

Lo anterior, se justifica en virtud de que para motivar la participación de los militantes concurrentes a la mesa y garantizar la más amplia libertad de expresión, se consideró prudente sacrificar el rigor metodológico inherente a un debate político para privilegiar el espíritu incluyente, democrático y crítico que todo debate entre correligionarios de partido debe impulsar.

Para la redacción del presente documento se rescataron ideas precisas, algunas propuestas claras y concretas, otras, apenas delineadas pero sugerentes y provocadoras y por lo mismo, todas ellas dignas de atención y circulación entre los militantes interesados en el futuro del Partido Revolucionario Institucional.

Con los resultados de las elecciones federales del dos de julio, termina una larga etapa de protagonismo del Partido Revolucionario Institucional en el ámbito político electoral y de predominio de la titularidad de la mayor parte de las posiciones de poder político, electorales o administrativas. Etapa de protagonismo ésta que, inicia en 1929 con la creación del Partido Nacional Revolucionario, continuando en la época del Partido de la Revolución Mexicana, para culminar con el periodo correspondiente al Partido Revolucionario Institucional.

Las condiciones sociales, políticas e ideológicas que hicieron posible la continuidad de los proyectos y propuestas políticas, tanto conceptual como cualitativamente diferentes y diferenciadas, en su momento, impulsadas por el PRN, PRM y el actual PRI, las podemos calificar como un producto atribuible más al perfil del sistema de partidos no competitivo prevaleciente en México, que al arreglo interno mismo y al proyecto social y político de los antecesores históricos y del propio Partido Revolucionario Institucional.

En efecto, la presencia e importancia del PRI como fuerza política nacional dominante, como partido político hegemónico y, en algunos periodos no muy lejanos, como fuerza política avasalladora en la contienda electoral, empezó a declinar en la medida en que se modificaban, por las sucesivas reformas a las reglas electorales federales y locales, las condiciones políticas, sociales e ideológicas que, caracterizaban al sistema de partidos prevaleciente en nuestro país: un sistema no competitivo con la abrumadora presencia de un partido, creado e impulsado desde la cúspide misma del sistema.

Del arreglo político e ideológico prevaleciente, que determinaba el perfil no competitivo de nuestro sistema de partidos, el PRI tomaba y obtenía para su beneficio, los privilegios y ventajas que le permitieron mantenerse como la principal fuerza política en los estados y el país; como una eficiente maquinaria electoral nacional; un privilegiado interlocutor de los principales protagonistas y actores políticos; y como eficiente promotor de los satisfactores de las demandas sociales.

Además del arreglo político e ideológico que le daba vigencia y permanencia al sistema de partidos no competitivo, el PRI obtenía convenientes ventajas de su relación privilegiada con las estructuras gubernamentales locales y federal; de una convencional y eficiente red de difusión y propaganda gubernamental estructurada con la colaboración y anuencia de los principales medios de comunicación masiva existentes en el país, así como de su amplio dominio y presencia en las legislaturas locales y en el Congreso de la Unión, entre otras relaciones.

Con los privilegios y ventajas mencionadas, el PRI en las competencias electorales, locales o federales, participaba, en condiciones de desproporcionadas ventajas, que le permitían obtener arrolladores resultados, independientemente de los candidatos, las propuestas y la gestión social realizada, por el partido o los mismos aspirantes.

Con la derrota electoral y la pérdida del principal centro de poder político en México, como lo es la Presidencia de la República, aflora una severa crisis al interior del Partido Revolucionario Institucional, cuyo catalizador, es el resultado electoral del dos de julio.

Por otro lado, podemos afirmar, que con las reformas electorales federales aprobadas en 1996, que introducen reglas de competencia electoral más equitativas, con amplio respaldo social, marca el inicio de la transformación del sistema de partidos no competitivo en el que nos desenvolvíamos, hacia un sistema de partidos competitivo.

La prueba de lo anteriormente asentado la encontramos o la podemos ver en el resultado de las elecciones federales de 1997, en las que el PRI, por primera ocasión en su historia, no obtiene la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

Las elecciones federales del 2000 sin duda constituyen la evidencia que confirma la transición, el cambio de naturaleza del sistema de partidos en nuestro país; que apunta a configurar un sistema de partidos competitivo. Ante tal evidencia el PRI se tiene que transformar radicalmente para participar, competir, ganar y permanecer vigente como fuerza política viable y con una propuesta de desarrollo social aceptada y compartida por la población.

Con la crisis interna en el PRI, cuya dimensión esta determinada por la pérdida del eje articulador de acción política y eficiencia electoral del partido, representado en la persona del presidente de la república en turno, se presenta la inaplazable necesidad de reflexionar, discutir para diseñar el futuro del PRI, ejercicio de análisis y reflexión política de vital importancia.

Sin duda, deberemos diseñar un partido eficiente electoralmente, con presencia nacional; con estructuras y organización internas flexibles, eficientes, y, en una palabra, tenemos que lograr y tener un partido político moderno. Lo anterior significa que tenemos que transformar las reglas internas de participación, el funcionamiento de nuestros órganos de dirección, nuestras prácticas internas de elección de dirigentes y selección de candidatos, las actitudes y valores de los militantes, cuadros y dirigentes.

Ante las evidencias sociales y electorales actuales tendremos que prepararnos para empezar a ser un partido político competitivo, dentro de un sistema de partidos competitivo que se está conformando aceleradamente en nuestro país.

La configuración de la actual correlación de fuerzas políticas, representada por el numero de miembros en el Congreso de la Unión, de cada uno de los partidos políticos, nos mueve a pensar acerca del perfil y características de los participantes en el emergente sistema de partidos competitivo que se está configurando.

¿ Deberemos impulsar un sistema competitivo en donde tengan cabida solamente los tres principales partidos políticos con presencia en el Congreso de la Unión? ¿ Cuántos partidos máximo debieran funcionar?

¿ Es posible, deseable o sano establecer un límite a la creación de partidos políticos?

Las interrogantes planteadas no son fáciles de responder. Lo que resulta claro, es que el nuevo sistema de partidos que reconocemos, a partir de las evidencias, como competitivo, es una construcción social y política que está no se ha acabado de estructurar se encuentra en vías de consolidarse como sistema aceptado e indiscutible, por todos los actores involucrados en el fenómeno político.

De ser cierta la configuración de un sistema de partidos políticos competitivo, en México, el PRI tiene por imperativo de sobrevivencia política, participar, activa, propositiva y permanentemente, en cuanto espacio o foro que se abra con-sensuar con las fuerzas políticas significativas en el país.

De ser inevitable la transformación del actual arreglo del sistema de partidos no competitivo, hacia un sistema más competitivo perfilado e impulsado por la actual tripartidista correlación de fuerzas políticas nacionales representadas en los órganos legislativos y con reconocimiento en la sociedad mexicana, el PRI debiera proponer para instituir: ¿Un sistema de partidos de tres y sólo tres partidos? ¿Un sistema sin limites al número y calidad de los participantes? ¿Un sistema de partidos nacionales solamente o por el contrario, auspiciar la generación de partidos regionales y locales que convivan y participen con los partidos nacionales?.

Cualquiera que sea la determinación de los priístas acerca de qué sistema de partidos conviene, a nuestros intereses el PRI tendrá que encarar para enfrentar responsablemente y sin eufemismos ideológicos, sin rodeos conceptuales, sin vacías metáforas, o paralizantes elusiones, entre otras cuestiones las siguientes: ¿Cuál es o debiera ser el lugar del PRI respecto a la geografía ideológica, en la derecha del espectro, en la izquierda o, cómodamente en el centro político?¿ Ideológicamente que nos identifica? ¿Cuáles son los diferencias en nuestra ideología, con respecto a las otras fuerzas políticas? ¿qué nos hace diferentes?

De las respuestas que los priístas formulen a éstas aquellas y otras, inquietantes y provocadoras cuestiones que demandan atención y determinaciones, alcanzadas mediante el ejercicio de la reflexión colectiva interna partidista, depende el futuro de una situación de fondo, que pudiera formularse de la siguiente manera; ¿Asumiendo que la crisis actual del PRI es grave y terminal deberemos declarar que el PRI ha terminado su ciclo vital dentro del sistema político mexicano y por lo tanto proceder a la fundación de un nuevo partido, con todas sus implicaciones?

O por el contrario, ¿Asumiendo que la crisis actual del PRI es grave pero superable, ¿es factible y deseable que el PRI consolide su cuarta etapa, caracterizada por la democratización de los procedimientos internos del partido para la elección de dirigentes y candidatos?

De las participaciones respecto al tema ¿Qué sistema de partidos? podemos inferir, sin duda alguna, que el sentimiento colectivo, la percepción personal o de grupo del cual se impregnó al ambiente fue que el PRI enfrenta una seria y severa crisis de identidad y rumbo político; que es un imperativo para los priístas discutir seria, responsable y a fondo el futuro del partido; que con responsabilidad se reflexione sobre si deberemos impulsar, con algunos cambios de fondo, el mismo partido o bien explorar las posibilidades y probabilidades de buscar fundar con todas sus consecuencias de un nuevo instituto político.

Lo que queda unánimemente establecido en la conciencia de los priístas en cuanto se refiere en general al futuro del sistema de partidos políticos en México, y en particular en lo que toca al futuro del Partido Revolucionario Institucional, es que no debemos soslayar no discutir los asuntos del partido, so pena de convertirnos, en un futuro no lejano, en el tema central de unas reflexiones para después de la muerte.

PARTICIPANTES

Orador
Vicente Fuentes Díaz
Réplicas
Gustavo Salinas
Jarmila Olmedo
Sara Gama
Victoriano Luna Uribe
Margarita Pérez Bobadilla
Enrique Mendoza Velásquez
Orador
Rodolfo Becerril Strafon
Réplicas
Martín Alberto Sánchez
Alberto Gándara Magaña
Carlos Flores Vizcarra
Guillermo Legorreta
Vicente Fuentes Díaz
Orador
Ildefonso guajardo
Jarmila olmedo
Guadalupe Federigno
Gustavo Fernández
Carlos Flores Vizcarra
Roberto Ramírez
Guillermo Legorreta
Fernando Vázquez Alanís
Carlos Dájer
Orador
Jorge Durán Chávez
Hilda Anderson
Enrique mendoza
Julio E. Chong
Gerardo Toledo
Adalberto Cortés
Guillermo Rivas
Heriberto Ruiz
Luis Martín Rubio
Sara Gama
Orador
Julio E. Chong
Orador
Erik Castro
Orador
Flor Garcia Ortiz