LAS
ELECCIONES EN PARAGUAY ¿UN DESTINO COMÚN?
GABRIELA ESPINOSA TERAN*
A
pesar del abstencionismo y con un pequeño margen de diferencia
el candidato del Partido Liberal Radical Auténtico, Julio
César Franco ganó el pasado 13 de agosto, la Vicepresidencia
de Paraguay al Partido Colorado. Para comprender el significado
de este acontecimiento, es preciso observar algunos aspectos de
orden contextual.
En
Paraguay se dieron los primeros asentamientos de la época
colonial en Sudamérica. Las bondades climáticas
y geográficas de Asunción establecida como
fuerte militar en 1537 favorecieron la colonización
la región, desde Asunción partieron numerosas expediciones,
tan importantes que una de ellas fundó la Ciudad de Buenos
Aires.
Paraguay
vivió su historia de manera similar a las otras colonias
Americanas: instituciones virrei-nales, dependencia económica,
política y social hacia la Metrópoli y un proceso
de independencia que culmina para Paraguay en el año de
1811; sufre también un proceso de inestabilidad política,
y se consolida como Estado independiente con el acceso de capitales
extranjeros que permitieron la creación de su singular
sistema de relaciones políticas, económicas y sociales.
Durante
el siglo XX la historia paraguaya no deja de ser sensible a los
procesos y movimientos que incidieron en el resto de América
Latina, tales como la búsqueda del equilibrio económico;
conflictos armados; y en particular la dependencia de economías
extranjeras: primero europeas, seguidas por la creciente presencia
de Estados Unidos y sus efectos derivados de la crisis de 1929,
posteriormente la influencia de los países del Eje que
incursionaron en la Segunda Guerra Mundial, con todas sus repercusiones,
como la posibilidad de independencia respecto de la política
norteamericana. En suma, Paraguay vivió etapas y condiciones
políticas similares a las de otros países latinoamericanos:
del régimen dictatorial -el «tirano honesto»
que «pone fin al desorden»-, al populista que sustituye
la acción por el discurso, y finalmente a la búsqueda
de la democracia.
Es
así como Paraguay arriba a los años 40, tras la
guerra del Chaco -contra Bolivia- con el General Morínigo
como jefe de gobierno, quien durante la guerra asume todos los
poderes y al final de ésta se enfrenta a la necesidad de
una apertura democrática. En 1946 se desata una ola de
violencia derivada de la participación del Partido Colorado,
de tendencia conservadora, en contra de grupos comunistas. Esta
situación desemboca en una guerra civil donde el Partido
Colorado se asienta en el poder desde 1947.
No
hay que olvidar la prolongada presencia, desde 1954, del General
Alfredo Stroesnner como Presidente de Paraguay, a quien sólo
un golpe de estado, dirigido por el General Andrés Rodríguez,
pudo derrocar en 1989.
Es
hasta 1993, tras 185 años de vida independiente, que el
pueblo paraguayo pudo elegir libremente a un gobernante civil:
Juan Carlos Wasmosy, del Partido Colorado.
Ello
gracias a la aprobación de un nuevo código electoral,
en 1990, que prohibe la afiliación de las fuerzas armadas
a los partidos políticos.
El
contexto de las elecciones del 13 de agosto.
En
marzo de 1999 el Dr. Franco se retira del cogobierno formado tras
la huida del Presidente Raúl Cubas. Al mismo tiempo el
asesinato del vicepresidente Luis M. Argaña dio origen
a una crisis política y social cuyo resultado fue el nombramiento
de Luis A. González Macchi como titular del poder ejecutivopor
su calidad de titular del congreso con lo cual se hizo necesario
cubrir la vicepresidencia. Así, el 13 de agosto de 2000,
se celebran las elecciones en las que contienden, por el Partido
Colorado, Félix Argaña, hijo del extinto vicepresidente,
y Julio César Franco por el Partido Liberal Radical Auténtico.
La victoria de Franco establecerá una situación
de doble poder entre la presidencia de González Macchi,
cuya legitimidad proviene de la sucesión constitucional
y el vicepresidente cuya legitimidad proviene de un proceso de
elección.
Los
resultados inmediatos.- Las reacciones suscitadas entre la jornada
electoral y el anuncio de los resultados, fue de inconformidad.
Desde solicitar la impugnación del proceso electoral, hasta
la renuncia de miembros de gabinete Nelson y Emilio Argaña,
hijos del exvicepresidente, a cargo de las carteras de Defensa
y del Banco Nacional de Fomento respectivamente. Ni qué
decir de los integrantes del Partido Colorado, quienes después
de más de cincuenta años en el poder tienen la posibilidad
de perder las próximas elecciones municipales en el 2001
y las generales para el 2003. Ello es resultado de un proceso
paulatino de desgaste derivado de agudización de las diferencias
al interior del partido en los últimos años, agravadas
los efectos post-electorales.
Perspectivas.-
Es interesante observar que si bien los países latinoamericanos
han compartido, históricamente, procesos económicos,
políticos y sociales similares, cada uno de estos países
tienen especificidades que presentan variaciones en tiempo y espacio
a esta suerte de destino común. Al respecto no es de extrañar
que el proceso de Paraguay haya sido, en algunos aspectos, similar
al de otros países en América Latina, como el de
México en julio de 2000. La afanosa búsqueda de
la democracia a toda costa en la comunidad internacional y al
igual que en América Latina, presenta varios puntos de
observación en los que se advierte cómo se van perfilando
y construyendo nuevas formas de relaciones al interior de los
países y en su participación regional o internacional
con el resto de la comunidad.
En
este sentido, la democracia irrumpe en los últimos años
del siglo XX como necesidad imperiosa de reconocimiento a los
países como sujetos válidos en el concierto internacional.
Es decir, se percibe un nuevo orden en las relaciones internacionales,
donde para participar se requiere contar, entre otras cosas, con
un sistema «realmente» democrático, cuyos procesos
de democratización deban ser observados, validados y calificados
desde fuera, con objeto de recibir una acreditación y una
cuota de negociación para participar en otras esferas de
actuación internacional como la económica, comercial,
financiera y cultural, entre otras. Parecería que contar
con un sistema democrático legítimo y transparente,
no sólo al interior de un país, sino «aprobado»
por otros países es un requisito para tener derecho a participar
en transacciones comerciales y financieras; contar con la posibilidad
de tener acceso a créditos o recibir apoyos por parte de
las economías más fuertes.
Por
otra parte, la democracia también representa un estado
ideal de bienestar, un anhelo, una fase superior en la calidad
de vida de las personas. Es claro que la libertad de elegir es
una de las necesidades que el ser humano viene asumiendo como
derecho ineludible e intransferible y que se exige cada vez con
mayor fuerza. Sin embargo las experiencias democráticas
emprendidas en América Latina, como en el caso de Paraguay,
son apenas un atisbo de lo que es la democracia o de lo que podría
devenir en este tipo de sistema para los próximos años.
Queda
pendiente por observar el futuro cercano, cómo se asumen
estos procesos democráticos al interior de los países
en términos de gobernabilidad, y si se cumplirán
a satisfacción de los pueblos esos ideales y anhelos de
bienestar que representa.
Se
puede entonces advertir que la democracia, tal y como se está
viviendo en Paraguay, es apenas el inicio en la construcción
de una forma de vida política nacional e internacional
que se enfrentará a la reticencia al cambio; a la asunción
de responsabilidades de manera diferente con una cobertura
sectorial más amplia y con niveles de conciencia, conocimientos
y recursos desiguales al interior de la sociedad e inclusive
a entender y tolerar, hasta cierto punto, errores o sacrificios
en la búsqueda de consolidar su régimen democrático.
En este proceso cabría esperar reacciones tales como una
mayor agudización de las diferencias entre fracciones o
grupos de poder, períodos de ingobernabilidad, desaliento,
frustración y violencia social.
No
hay que olvidar que el proceso de democratización impactará
también en los ámbitos económico y social
de Paraguay y en sus relaciones regionales e internacionales y
que en buena medida se verá influida por ellas.
*Licenciada
en Relaciones Internacionales por la UNAM.
Directora de Asistencia y Cooperación Técnica del
Centro de Estudios Superiores en Turismo.
