LA
CAMPAÑA ELECTORAL EN ESTADOS UNIDOS, EN LA RECTA FINAL
ILDEFONSO GUAJARDO*
Tal
como lo señalamos en el número anterior de examen,
la contienda electoral por la Presidencia de los Estados Unidos
arrancó propiamente en la primera semana de septiembre,
es decir, en la etapa final y a poco más de dos meses de
las elecciones. Como también comentábamos, la celebración
de la Convención Demócrata -a la que fue cordialmente
invitada Dulce María Sauri, Presidenta del CEN de nuestro
Partido- tuvo como efecto previsible que Al Gore remontara su
desventaja entre el electorado de aquel país, como lo sancionan
encuestas recientes.
En
algunas de ellas, incluso, el candidato demócrata es, por
el momento, ligeramente favorito sobre su competidor George W.
Bush. De hecho, hace unos días una nueva encuesta de intención
de voto, realizada entre los electores del estado de Nueva York,
revela una ventaja significativa de Gore sobre Bush en ese estado,
segundo en importancia en todo el país por la cantidad
de sufragios que representa. Sin embargo, en otras encuestas hoy
Bush parece tener entre 60 y 65 por ciento de posibilidades de
ganar. En este contexto hay que recordar que en EU el Presidente
no es elegido por votación universal, de manera que estas
encuestas deben ser consideradas con las debidas reservas, pues
no reflejan el peso de los diversos distritos electorales.
De
acuerdo al sondeo difundido el 29 de agosto por CNN y USA Today,
Bush cuenta con 46 por ciento de las intenciones de voto, mientras
que Gore concentra el 45 por ciento de las mismas. Se trata de
una encuesta de Gallup, con un margen de error del 4 por ciento,
de manera que la propia empresa ha afirmado que lo que en realidad
revela el sondeo es un empate; ello después de que Gore
ha logrado remontar meritoriamente su desventaja, al haber escogido
a Joe Lieberman como candidato a Vicepresidente y tras su buen
desempeño en la Convención de su partido.
En
la última semana de agosto, Gore aparece como el candidato
a cargo de la ofensiva, ya que la propuesta de Bush sobre la reducción
de impuestos no está provocando el efecto deseado entre
los electores. El hecho de que la mayoría de los estadounidenses
tengan empleo satisfactoriamente remunerados y puedan ejercer
un importante nivel de consumo, al parecer neutraliza el efecto
de la táctica de Bush, con frecuencia exitosamente utilizada
por los republicanos. Por otra parte, Dick Cheney, candidato republicano
a la Vicepresidencia, reconoce que el equipo de campaña
apenas está trabajando en una propuesta en materia de asistencia
médica y farmacéutica, mientras que los demócratas
ya la han presentado a los electores.
En
este mismo sentido, Gore propone utilizar recursos gubernamentales
para proporcionar cobertura médica a 11 millones de niños,
al tiempo que ha señalado que casi 1 millón y medio
de niños en Tejas carece de tal cobertura. Los analistas
indican que ésta es una estrategia para atraer al voto
de origen hispano. De cualquier manera, existe un consenso generalizado
en el sentido de que las elecciones presidenciales de EU serán
sumamente cerradas, como lo han señalado los propios candidatos,
de manera que cualquiera de ellos podría vencer en los
próximos comicios.
El
hecho de que Al Gore haya escogido a Lieberman, judío ortodoxo
y senador por Conneticut, para que ocupe la Vicepresidencia de
los EU en caso de ganar las elecciones, pone de manifiesto una
clara estrategia para anteponer una distancia simbólica,
para deslindarse de esa parte vulnerable de la imagen del todavía
Presidente Clinton quien, como se recuerda, estuvo envuelto en
un escándalo en su vida personal que estuvo a punto de
costarle la Presidencia. Al interior de su propio partido, Lieberman
fue uno de los críticos más acres de dicho desliz,
si bien es cierto que finalmente se pronunció porque no
se enjuiciara a Clinton.
Al
escoger a Lieberman como su compañero de fórmula,
Gore está tratando de seducir, de satisfacer a los miembros
más conservadores de su Partido, presentándose como
un candidato que se hace acompañar en la competencia por
un hombre de reconocida honestidad, no sólo en su vida
pública y política, sino también en su vida
personal. Además, a Lieberman se le señala por su
apoyo a las minorías étnicas. Al mismo tiempo se
sabe que Gore y su compañero de viaje difieren respecto
a varios temas, por ejemplo en referencia a aspectos del financiamiento
de la enseñanza privada; o por el hecho de que, a diferencia
de Gore, Lieberman está a favor de la privatización
de la seguridad social, un punto sin duda delicado. Sin embargo,
el candidato a Vicepresidente ha reiterado que cuando Gore asuma
la Presidencia y tome decisiones políticas, lo respaldará
sin reserva alguna.
Por
lo demás, Al Gore parece estar transformando de manera
notoria una imagen previa de hombre excesivamente adusto e inflexible,
así como del estudioso de los problemas de la política
hasta hace poco cercado en sus actitudes y expresiones públicas
por una rigidez que lo mostraba como un político que no
lograba tender con facilidad puentes sensibles con el electorado,
en términos de su imagen y expresiones. Hoy pareciera que,
en grado notable, esta imagen está quedando atrás,
de manera que al candidato demócrata se le percibe, de
acuerdo a la percepción pública que recogen los
medios, más cómodamente instalado y desenvuelto
en el terreno de la campaña.
Por
otra parte, y como ya se sabía puesto que la Convención
Republicana fue anterior a la Demócrata, George W.
Bush escogió como su compañero de contienda a Dick
Cheney, exsecretario de la Defensa durante el gobierno que encabezó
su padre, el exPresidente Bush, al tiempo que se sabe de la disposición
de Henry Kissinger a asesorar al candidato republicano en materia
de política exterior. Con ello, Bush se estaría
allegando experiencia y conocimiento en el manejo de asuntos internacionales
y, en tal sentido, la medida es complementaria como parte de una
estrategia de mensaje al electorado y a los medios. Asimismo es
claro que la imagen de Bush entre los estadounidenses corresponde
a la de un político que en sus actitudes y expresiones
se muestra como un hombre cercano al ciudadano común. Sin
duda se trata de una característica a su favor, que responde
al papel indudable de la subjetividad y de las emociones en la
política, que han de traducirse en actitudes y en conductas
explícitas al momento de emitir el voto.
Como
también lo señalamos en nuestra anterior colaboración,
el factor que habrá de decidir a la mayoría de los
electores por uno u otro candidato quizá no radica propia
ni principalmente en la plataforma de sus partidos, sino sobre
todo en la imagen y en el mensaje personal que logren transmitir
en los medios. A este propósito, y en el terreno de los
debates que habrán de celebrar los candidatos a partir
de la primera semana de octubre, tendremos la oportunidad de comparar
su desempeño. Por lo pronto, la mayoría de los analistas
coinciden en que Gore es el favorito, debido a su preparación
y a la profundidad con que toca los temas de debate, así
como a sus cualidades probadas como polemista; en cambio, se señala
que Bush carece de dicha profundidad en la discusión, sobre
todo en los temas de política exterior; sin embargo, justamente
por no gozar de expectativas favorables, Bush podría sorprender
en su desempeño. Por lo demás, vale la pena recordar
que en la historia de las campañas presidenciales en EU
los debates no han sido determinantes, a excepción del
debate histórico entre Nixon y Kennedy.
Así
pues, la imagen y el mensaje que los candidatos logren transmitir
en los medios cobran su real importancia, en el contexto del hecho
de que los Estados Unidos experimentan una de sus etapas más
prolongadas de prosperidad que, a decir de los especialistas,
muy probablemente se prolongará durante los próximos
años, de tal manera que incluso se habla de un crecimiento
sostenido de alrededor del 5 por ciento anual, lo cual es notable
en el caso de una economía que continúa incrementando
su productividad y competitividad a escala mundial.
En
este contexto de bonanza económica resulta de gran interés
preguntarse qué es lo que decidirá a la mayoría
de los electores al momento de emitir su sufragio, ya que la economía
no influirá en tal decisión, salvo que la continuidad
del bienestar económico dicha se identificara con uno de
los candidatos. Ahora bien, en tal sentido vale la pena recordar
que así como se atribuye una buena conducción de
la economía a Clinton y se identifica con él la
actual prosperidad de los EU, los republicanos han reiterado constantemente
-lo que ha trascendido en la opinión pública y en
los medios- que esa prosperidad en medida importante es el producto
de políticas desarrolladas durante los gobiernos de los
presidentes republicanos de Ronald Regan y George Bush.
A
medida que se acerque el día de las elecciones, los equipos
de Gore y Bush buscarán polarizar la campaña por
medio de los temas que componen sus ofertas electorales, al tiempo
que incrementarán las críticas recíprocas
y se verán tentados a desplegar, en forma, campañas
negativas para sacar clara ventaja de su competidor. En este último
aspecto, sin embargo, es evidente que ninguno de los candidatos
desea ser percibido por los electores como quien inicie dicha
estrategia, por los previsibles costos políticos que ello
supondría.
Así
pues, todo parece indicar que ésta será la elección
más cerrada desde 1960, en que John F. Kennedy y Richard
Nixon compitieron por la Presidencia de la República.
*Diputado
Federal. Coordinador de Asuntos Internacionales del CEN del PRI.
