LOS JÓVENES EN EL ¿QUÉ HACER? DEL PRI
Mario Velasco Torres de la Vega*

Un comienzo idóneo es el definir qué es un joven. En su Diccionario de Sociología, Henry Pratt afirma que «es una persona comprendida entre la adolescencia y la plena madurez. Colectivamente, el término comprende al conjunto humano en edad escolar intermedia y superior. Como límites de edad para los jóvenes se suelen aceptar los 15 y 25 años, u otros aproximados, pues son muy variables los criterios predominantes al respecto «.

Definitivamente, no es posible limitarse a todos aquellos que comprenden la edad referida anteriormente, pero sí es aceptable señalar a los aproximados. Y es relevante, ya que la participación de la juventud en las tareas políticas de la nación, y concretamente en las labores del Partido Revolucionario Institucional, es muy amplia.

Es en este punto que sale a colación el concepto de participación. Continuando en el tenor de Pratt, éste expresa que es la «entrada en alguna situación social definida identificándose con ella por medio de la comunicación o de la actividad común».

La definición de los parámetros de la juventud es una tarea de romanos. Y lo es, porque al llevarla a cabo, se correría el riesgo de discriminar a quienes que, por edad o propia percepción, podrían quedar excluidos.

Sería interesante construir una acepción que englobara, para lo efectos de las actividades del PRI, a todos los posibles. Esta podría figurar como «la inclinación de todos aquellos para pertenecer a una comunidad de visiones que aspiran a una evolución del partido».

La evolución del partido, es claramente, la aspiración de los jóvenes. No obstante, una cuestión que se plantea, al tiempo de retirar algunas nebulosas sobre lo que es un joven y su participación, es una pregunta que, por ocasiones, bien parece un dilema: El compromiso que como jóvenes tenemos con la realidad, o bien, el compromiso que, suponemos, tiene la realidad con nosotros.

El compromiso será ahora, con la vida del partido. Vida en el estricto sentido. Para que este partido continúe con vida, se requerirá unidad. Se tiene la errónea idea de que los jóvenes nada representan como factor real de influencia, a la hora de la toma de decisiones. Nada más falso que eso. De entrada, bastaría contar a todos los nuevos electores que no cruzaron la boleta a nuestro favor en la pasada elección.

No obstante, la existencia a largo plazo de este Instituto Político dependerá de que los jóvenes permanezcan en el, sobre todo cuando los cantos de las sirenas comienzan a llegar, desde las colinas del futuro gobierno que se vislumbra.

Otros más no escuchan atractivos llamados, simple y llanamente permanecen en la administración pública, a la espera de los que sucederá más allá del primero de diciembre de este año.

Ciertamente y no sin razón, muchos de ellos abrigan temores que van desde las renuncias que les pedirán, hasta la poca o nula coincidencia con un gobierno en el que tendrán que participar por razones de sus obligaciones familiares.

Sin embargo, a lo largo de estos años se escuchaban en distintas dependencias del gobierno federal, en todos los niveles, a personas encuadradas en ellas, sobre todo a gente joven, que se excusaba de no ser priísta, o bien afirmaban sin pudor su simpatía a otros partidos políticos.

Para que a la mayoría de los jóvenes, la permanencia no les cause un gravamen que los obligue a tomar distancia, se deberán diseñar vías que les permitan volver sin ningún temor de ser vilipendiados y con instrumentos idóneos que les permitan garantizar su acceso a los derechos de militantes.

Esto en razón de que los fundamentalistas de toda la vida rechazarán a los jóvenes funcionarios que, no tengamos duda, son priístas y participarán en el inminente poder ejecutivo que vendrá, debido a que forman parte del servicio civil de carrera.

Uno de esos mecanismos de permanencia a distancia, podría ser un nuevo y eficiente padrón de militantes, que lleve un control estricto del cumplimiento de cuotas. Ese adecuado registro permitiría, además de generar los necesarios recursos, verificar quién se encuentra al día en sus obligaciones, y por lo tanto, acceder a la amplia carretera de las misiones político-partidistas.

Por supuesto, que los simpatizantes jóvenes. que bien pueden ser los nuevos electores del 2003 y 2006, deben tener incentivos para un sufragio favorable, por lo cual, la defensa de un centrismo a ultranza es básico, frente a las tradicionales utopías de la derecha y de la izquierda.

Bovero manifestaba que el centro es un disfraz utilizado por la izquierda o la derecha. En Italia probablemente. Pero en el modelo alternativo que plantea el PRI, sumado al propio contexto nacional, ha quedado claro y sin máscaras quién se encuentra en cada ángulo.

Definitivamente, los radicales están en todos los grupos de edad, incluyendo a los jóvenes, pero la generalidad tiene una gran esperanza por el futuro en renglones como el empleo, la educación, el esparcimiento.

Solo el centrismo podrá garantizar esas aspiraciones, aunque el problema que se evidenció fue el de una inadecuada transmisión de puntos que debieron tomar en cuenta al receptor del mensaje.

Los recientes sufragantes que no votaron por el PRI el 2 de julio, lejos de ser dogmáticos, son prácticos. Azorados observan, cómo el PAN en Guana-juato pese al veto del ejecutivo local, intenta que las manecillas retrocedan.

Igualmente, es disparatado pensar, en un desplazamiento de los mayores o los tradicionales. A todos parece quedar claro que no existe mejor sustituto para la experiencia, que la experiencia misma. Al político de décadas, le corresponderá la apertura. Al nuevo, serenidad y dedicación.

Para muchos críticos, la consideración del simplista y ambiguo anglicismo denominado «yuppie», cuya traducción bien podría ser jóvenes profesionales que se mueven hacia arriba, es un despectivo mote de uso recurrente cuando no se puede defender un argumento fehacientemente. Simple. No puedo atacar tus palabras, ataco tu persona.

Necesario es tomar distancia de las esquematizaciones, porque también puede ser un recurso fácil, utilizar vocablos de la época en que los reptiles gobernaban la tierra, para revirar una posición que bien puede ser legítima.

Pensar en el papel de los jóvenes en el PRI, se asemeja, en un grado extremo y proporciones guardadas, al debate bizantino de los ángeles con sexo o sin el, y en un grado menor, a la necesidad que tiene el organismo humano de sangre.

Quizá, en el pensamiento de todos se encuentra el ¿qué hacer?, para de algún modo, las nuevas preguntas tengan nuevas respuestas. Para todos, jóvenes por edad, percepción, y para los no tanto. El papel de los jóvenes será inversamente proporcional a la escala evolutiva de nuestro Instituto Político. El 2 de julio de este año dejó más que claro el rumbo. Lo siempre paradójico, fue y es, que se tuviera que ir la Presidencia de la República de nuestros colores para comprender la necesidad de dar el siguiente paso en el proceso evolutivo partidista. Paradojas que al fin y al cabo conllevan algún beneficio. André Bretón tenía razón: En México, el surrealismo es costumbrismo.

*Director de «La República». 29 años