MAS CERCA DE TI
FERNANDO SALGADO DELGADO*

Un nuevo PRI. Sí, el que le apostó a que la mercadotecnia podría ganar a la memoria; el que hizo a un lado sus omisiones pensando quizá que no se notaban; Un PRI que olvidó dar un paso fundamental: asomarse, revisar, encontrar su verdadera identidad en sus propios documentos básicos. El PRI que no tuvo la humildad para reconocer sus errores ni la capacidad de difundir sus aciertos. Ese fue el que se presentó a contender el 2 de Julio.

¿A qué hora, dónde o cuándo la letra de los Documentos Básicos murió?, ¿a partir de qué suceso o personaje se distanció el PRI de su filosofía? Es cierto, no se trata de buscar culpables, pero si no observamos objetivamente las causas de la derrota, con signos, actos y personas, nunca encontraremos un nuevo camino para transitar rumbo a nuestros propósitos ¿cuáles?, ¡Precisamente los que le dieron vida ideológica al PRI! En la Declaración de Principios, apenas ocho palabras, debían señalar toda una forma de actuar: «...nuestro principal compromiso es con quienes menos tienen»..., sin comentarios.

«La justicia social es, en consecuencia, nuestra máxima prioridad...», contundente enunciado del que hubiéramos esperado se desprendieran muchas acciones, para poner en marcha a un pueblo que, ante la adversidad, puede encontrar en la unidad fortaleza y en sus dirigentes la confianza para asumir los retos presentes. El trabajo a medias y una dirección sin pasión se convirtieron en ingredientes principales del descrédito, el desánimo y la renuncia a seguir creyendo.

Un día a alguien se le ocurrió que la Revolución fue hace mucho tiempo, que como la música o el vestido, pasaba de moda. Comedidos y obedientes, nos olvidamos de la Revolución como línea de conducta para confinarla a los textos y las ceremonias conmemorativas. A ese supersabio se le olvido que permanecía y permanece como «origen y destino» para los priístas, como un movimiento social que rechaza todo dogmatismo e inmovilidad, que hace de «la renovación creativa y visión hacia delante» su manera de mantenerse vigente en la sociedad.

Honestidad, Soberanía, Justicia social, Libertad, Democracia, Igualdad. Son algunos de los valores impresos en los documentos fundamentales, hay que mover la fuerza del Partido hacia ellos, hay que provocar que en adelante, la única línea a seguir sea la marcada por nuestra ideología.

Naturalmente discrepo de quienes han anunciado la muerte de las ideologías, la política no puede caminar sin la idea, y sin el ejercicio de la política no hay democracia posible. Dos grandes pendientes tiene frente a sí el Partido, por un lado hacer del pensamiento acción, para eso no se necesita de cambios de estructura ni de estatutos, requiere solamente de voluntad. Por otra parte, comenzar un debate serio, sereno, objetivo. Una discusión profunda en la que se reafirme la unidad del Partido, de donde surja la fuerza política progresista, incluyente, que el país espera.

No falta de ninguna manera un caudillo, la búsqueda es la unidad y el respeto entre nosotros. El tiempo reclama que no haya ni albazos ni dedazos, a través del dialogo podemos lograr más, reafirmarnos como una verdadera opción. En el recuento de estos años es mucho más lo positivo que lo negativo, la sociedad también con serenidad habrá de aquilatar lo que tenemos, que hubo en el PRI mucha gente dedicada a servir a México, que hay en el PRI sangre nueva dispuesta a dar la batalla y que la razón histórica está con nosotros.

Para que nuestro discurso pase de lugar común a verdad aceptada debemos tomar de inmediato la ofensiva, no hablo de un ataque violento, sino de una actitud consecuente con un partido progresista. Comencemos por nosotros mismos, que nuestros gobernadores, presidentes municipales y legisladores tanto federales como locales asuman la responsabilidad que se les confió. En gran medida depende de la buena actuación de ellos, de su respuesta a la gente, de la honorabilidad con la que se conduzcan, que el Partido haga renacer la confianza hacia el. No se nos olvide que de los resultados del ejercicio del gobierno, se derivan los obtenidos por los partidos en las urnas. Nuestro caso no fue la excepción. Nuestro pueblo se canso del famoso «duro pero necesario», del «vamos bien». El 2 de julio fue al mismo tiempo jornada democrática y consulta pública sobre los resultados de gobierno, allí perdimos de todas, todas.

Enseguida, el respaldo del Partido a sus organizaciones sociales, a sus sectores. El no haber acompañado en las causas sociales a la gente ha provocado que la militancia de las organizaciones se mantenga en ellas pero desconfíe de un partido para quien son indiferentes. Para que se traduzca en votos el caudal de ciudadanos que pertenece a una agrupación natural debe sentirse cerca y actuando la presencia del Partido. En adelante no se nos olvide que atendimos más a los dictados del poder que a las inquietudes de la gente.

Necesitamos una estrategia bien definida para los jóvenes, a los que nunca perdimos porque nunca los tuvimos. Los muchachos de hoy que no encontraron una respuesta nuestra a sus expectativas, prefirieron votar por otras opciones porque hasta en la incertidumbre encontraron más confianza que en nuestra propuesta. Convencer a los jóvenes que quieren hacer política pero también a los que perciben a ésta como medio de estabilidad y esperanza de futuro («no me interesa la política pero si sus resultados»).

Todo indica que como relevo generacional se buscó a los preparados en el extranjero (tecnócratas les decimos), pero paradójicamente esa estrategia se volvió contra el Partido, pareció que a más capacidad académica menos resultados positivos para la gente que se manifestó con el llamado «voto de castigo» contra el PRI.

¿Y el ejército del PRI?, comités seccionales, promotores, representantes en casilla, la militancia de base; revalorarlos es dar nueva vida al Partido en todos los rincones de la nación y en todas nuestras acciones sociales, no sólo en los procesos electorales. Deben ser voz, opinión en todo tiempo; tener capacitación para multiplicar los logros y para formar un dique contra el arribismo, contar con canales de expresión hacia el interior. Una militancia activa a nivel territorial se puede convertir en orientadora del quehacer partidario por todos lados.

Debemos evitar el paso de la dependencia a un «líder nato» del Partido, a la de 19, 20 o el número de gobernadores priístas en funciones. A más nivel, más responsabilidad sí, pero el futuro del PRI no puede estar anclado a voluntades particulares. Hoy, mantener la capacidad de critica responsable hacia nuestros compañeros con tareas especificas, dará por resultado eficiencia, atención y una escrupulosa honestidad en el ejercicio público.

Por ningún lado en el país, la gente espera dádivas que la consuelen o que sólo resuelvan momentáneamente sus males; esperan la apertura de la gran oportunidad, la del empleo con el cual saquen adelante a sus familias, garanticen la educación de sus hijos y den seguridad y certidumbre a su futuro. Decía Colosio: «La más grande de las injusticias es la carencia de oportunidades. Sin opciones la voluntad se somete, se sujeta a promesas irresponsables...»

Atender a la gente y sus causas es motivación primordial. Nunca más un PRI que tenga la acción electoral como función exclusiva, pues de ser así, veremos pasar procesos electorales donde, uno a uno se repitan las derrotas. El recuento es brutal: 1997, menos del 40% de la votación, perdida de la mayoría en la Cámara de Diputados; año 2000, 36% de la votación, perdida de la mayoría en el Congreso y ¡derrota en la contienda presidencial!

Para quien acostumbra hacer cuentas alegres, el 36% es muy bueno, pero no nos engañemos, estamos hablando de otro 64% de los votantes que sufragó por una opción diferente. En efecto nadie alcanzó la mayoría absoluta pero «mal de muchos...»

O el Partido se atreve a ser diferente o nuestro futuro como tal se limitará en el mediano plazo a ser una fuerza marginal. Tenemos todo para ser una oposición digna y mucho más, ser alternativa real. De nosotros depende.

*Secretario de Acción Juvenil del Comité Nacional de la Confederación de Trabajadores de México. 33 años