INEQUITATIVA
RELACIÓN
FAUSTO
MUCIÑO DURÁN*
Qué
distante y qué inequitativa es la relación que vincula
a los jóvenes con el poder. Distante porque sólo
en raras y circunstanciales ocasiones los jóvenes acceden
a él; inequitativa porque siendo éstos un gran sector
de la población, y el que representa la mayor esperanza
en el desarrollo de la nación, no existen condiciones de
igualdad y justicia en la repartición del mismo.
Hoy
que nos encontramos en una sociedad revolucionada, que día
a día lucha y se convulsiona por obtener el reconocimiento
de las sociedades de otros países, no recapacitamos, y
ni siquiera meditamos, en que dicho reconocimiento como un país
demócrata y libre necesita basarse en el reconocimiento
de ser un país de oportunidades y de confianza, en el núcleo
básico del mismo que es su juventud.
Sin
duda, en México la juventud y el poder guardan una malsana
distancia, ya que si bien es cierto que las oportunidades en espacios
cupulares o de decisión es casi nulo e inaccesible para
los jóvenes, también es cierto que a la gran mayoría
de éstos, un alto índice, pareciera no importarles
el acceder a esos espacios que su propia naturaleza debiera reclamarles.
Históricamente
el poder no ha recaído en los jóvenes, argumentándose
siempre la falta de experiencia, la cual erróneamente se
confunde con falta de capacidad, esto se convierte en una medida
que en estos tiempos no es ni deberá ya de ser vigente,
ni aceptable; habrá que observar en un panorama objetivo
y en una plataforma general, el actuar, el conocimiento y la capacidad
de cada individuo, sin medir a estos, ni tasarlos, ni mucho menos
calificarlos por la edad, para encontrarnos con la sorprendente
y agradable respuesta de que son muchos los jóvenes, que
si tuvieran acceso al poder lograrían sin lugar a dudas
mejores resultados que muchos de los no tan jóvenes de
su participación en el mismo.
En
este orden de ideas, las virtudes, capacidades, conocimientos,
valentía, impulsividad, audacia, atrevimiento y rebeldía
de los jóvenes en nuestro país están siendo
no solamente despreciados sino también vilipendiados, por
nuestras autoridades, por nuestros gobernantes.
Pero
no, el destino de los jóvenes, no es el olvido, es la permanencia,
el derecho de los jóvenes no es a nada, es a todo, las
oportunidades que deben tener los jóvenes no deberán
ser las menos, sino por el contrario deben de ser las más,
los espacios, accesos y lugares que existen en el poder no se
pueden permitir que se sigan limitando, se debe exigir que se
sigan obteniendo, que se sigan agrandando. En los tiempos en que
vivimos ya no es concebible, ni mucho menos aceptable la desvinculación
y la relación limitada entre los jóvenes y el poder,
estos tiempos exigen y nos exigen el entrelazamiento entre los
unos y el otro y la pertenencia y apertura del uno con los otros,
hoy los jóvenes tienen por imperiosa necesidad que verse
favorecidos y representados en el poder, así también
el poder se ve en extrema urgencia de ser revitalizado y contar
con el incomparable refuerzo de los jóvenes.
La separación de los jóvenes con el poder para nadie
es ajeno, para ninguno es desconocido, para todos es los menos
recomendable, pero por desgracia es lo más común,
pero ¿quién puede negar que las oportunidades dadas
a los jóvenes no han sido aprovechadas a favor de nuestra
nación?, ¿quién se atrevería a decir
que los jóvenes no merecen el acceso al poder?, ¿quién
señalaría, que no son necesarias la capacidad y
las ganas de los jóvenes por triunfar?
La
generación del cambio y de la crisis parecen entrar en
la etapa de evolución, hoy nos convertimos en la generación
de las oportunidades.
En
fin ¿quién puede negar que la fuerza de la transformación
está en la juventud?
*Director
General del Instituto Mexiquense de la Juventud.
Dirigente de la Asociación «México Nuevo»
en el Estado de México.
26 años.
