EL PRI. TERCERA LLAMADA
SALVADOR M. LEDÓN MACÍAS*

«...lo que resiste, apoya...»
Jesús Reyes Heroles

Los partidos políticos se encuentran ante la carencia de contenido ideológico, elemento indispensable para distinguirlos y elevar la cultura política y el debate. En tiempos de saturación informativa, se observa un auge de la mercadotecnia política, técnica electoral útil, pero que no necesariamente conlleva a la toma de la mejor decisión, dejando de lado la propuesta, los argumentos, la estrategia y objetivos de gobierno. Se tiene que reflexionar en los atributos sustantivos de los partidos y de sus candidatos, considerando que la decisión del electorado es, por mucho, más trascendente y permanente que la de un consumidor; se trata de una decisión de vida.

A partir de la máxima de Reyes Heroles, –ideólogo al fin–, se vislumbra, después de la derrota, una oportunidad para el PRI de convertirse, una vez más, en un partido político real. Derrota que no fue sino el resultado de políticas gubernamentales, económicas y sociales alejadas de sus principios ideológicos además de malas decisiones, cerrazón y errores al interior del Partido.

Por muchos años, el PRI dejó de encabezar las causas de la sociedad y fungió única y exclusivamente como instrumento de gobierno del Presidente de la República en turno, recibiendo todo el costo político de decisiones impopulares y con un alto costo electoral, derivadas del modelo económico aplicado.

El Revolucionario Institucional, alteró durante las últimas décadas su fundamentación ideológica y sus principios por instrucción presidencial, sin dar la oportunidad de reflexionar hacia su interior sobre el rumbo a seguir para convertirse en una opción política viable. Durante este periodo, pocos políticos priístas sugirieron o encabezaron la resistencia en contra de medidas gubernamentales que no traían beneficios para el grueso de la sociedad y que en cambio, trajeron, con su aplicación, un alto costo político para el PRI. La razón, se promovió la presencia de líderes vitalicios de este partido que fueron creados, operaban bajo una lógica circular de dependencia en dependencia, de curul en curul. Su liderazgo estaba orientado a apoyar y aplicar cualquier indicación del gobierno. En los sesenta Carlos Madrazo hizo un llamado a la democratización del PRI, una democratización efectiva, que llevara a reconocer y proponer a candidatos y dirigentes que tuvieran representatividad, valores, vocación de servicio y conocimiento de partido. La historia, una vez más, no fue atendida.

El resultado es que muchos líderes priístas se encuentran anquilosados, manejando o decidiendo el futuro del partido, apoyados en un corporativismo que, se vio el 2 de julio, ya no funciona. El PRI fue rebasado por la sociedad y éste no se ha dado cuenta todavía. Ciertamente el papel que han desempeñado algunos políticos priístas ha sido reconocible; pero es difícil que un partido político que pierde interés en formar cuadros jóvenes, en aglutinar nuevos simpatizantes y militantes y cuya imagen no es la de frescura, sino la de nombres escuchados década tras década, y que no en pocos casos han lesionado el patrimonio nacional y el bienestar de los ciudadanos, pueda ser atractivo para el grueso de la población. La experiencia de los políticos honestos es valiosa e indispensable, pero son los jóvenes quienes pueden con más facilidad entender e instrumentar los cambios a que obliga la necesidad de modernizarse.

Los avisos fueron muchos y variados, la visión futurista de dos de los últimos ideólogos políticos de nuestro país (hace más de 30 años) y los resultados electorales desde 1988, avisos que no se quisieron escuchar ni entender. El PRI tenía que adecuarse a los tiempos democráticos, en los que hubo la necesidad de crear un organismo electoral autónomo para contrarrestar la desconfianza y la incredulidad ciudadana de los resultados de las elecciones anteriores, tiempos en los que la competencia por los votos es una realidad.

Hoy en día, los resultados electorales dan al PRI una oportunidad para reflexionar, posiblemente para refundarse; segura y necesariamente para redefinirse. Esta redefinición es un elemento básico para que los ciudadanos decidan ser militantes, simpatizantes o determinen qué posición habrán de tomar frente a él.

La redefinición del PRI debe surgir de sus bases, de jóvenes, mujeres y hombres que han militado en este partido y que tienen interés en que siga siendo una opción política, no únicamente de «notables» e iluminados.

La Asamblea Nacional XVIII tanto tiempo detenida por temor, que no por desidia, debe convocarse. La participación de todos los priístas es necesaria para redefinir el rumbo. El resultado negativo tendrá que ser positivo, al asumir una posición y eliminar la pasividad.

La tercera llamada a la que el PRI debe acudir obliga a reflexionar que la función de un partido político y sus militantes no existen únicamente en tiempos electorales; que es vergonzosa, para los priístas y para todos los mexicanos, la impunidad de que gozan quienes se aprovechan de los recursos públicos para crear fortunas personales; que la calidad de líder juvenil no la da el corporativismo; que el papel de los jóvenes es trascendental en la redefinición del PRI y en el trabajo de cualquier organización política; que la democratización real del PRI es hoy una necesidad; que el buen desempeño y la buena toma de decisiones de los legisladores priístas, unidos, con una visión integral, de largo plazo y responsable con el bienestar de los mexicanos, son indispensables para el mejor futuro de nuestro país y de la política en México.

El sistema de partidos está en crisis, lo cual se demuestra en las elecciones del 2000. Impulsada por los jóvenes, toca a la sociedad ser más participativa, buscar espacios políticos y si ningún partido político quisiera reformarse y definirse, organizarse y optar por una vía política distinta a ellos.

*Licenciado en Derecho. Servidor Público.
28 años