UNA
NUEVA AGENDA PARA LOS JÓVENES EN EL PRI
FRANCISCO
GUERRERO AGUIRRE*
Cuando
se serenen los ánimos y la claridad comience a aparecer
en la mente y el espíritu de los príistas, la necesidad
de una autocrítica genuina se verá reforzada ante
la apremiante realidad que significará perder el gobierno
federal a partir del 10 de diciembre.
Aunque
diversos grupos dentro del partido han llevado a cabo ejercicios
autocríticos, éstos aún se encuentran impregnados
de una gran visceralidad que en muchas ocasiones ignora las verdaderas
causas de la derrota del pasado 2 de julio. Cayendo en el camino
fácil de sólo poner nombres y apellidos como causales
de la debacle, se obvian razones estructurales mucho más
importantes que las culpas individuales o de las sectas.
Un
discurso avejentado, imágenes engañosas y una falta
de espontaneidad crónica hicieron que lo que el 7 de noviembre
de 1999 parecía como una segura victoria se transformará
el 2 de julio en la derrota más dolorosa que hemos experimentado
como fuerza política.
En
contraste, dentro de las filas de la oposición, un importante
grupo de mujeres y hombres entre los 21 y los 35 años tuvieron
la inmensa oportunidad de participar como candidatos a diversos
puestos de elección popular, razón por la cual en
la actual integración de las Cámaras el contraste
generacional entre los príistas y ellos resulta apabullante.
Al
renunciar al viejo y eficiente concepto del entreveramiento generacional,
el PRI renunció también a una parte importante del
futuro y al repudio en muchas ocasiones generalizada de nuevas
generaciones que en preparatorias, universidades y centros de
investigación superior visualizaron al PRI como sinónimo
de lo caduco y de lo viejo.
Adicionalmente,
en el interior del equipo de campaña siempre se pensó
que el segmento de los jóvenes estaba ya demasiado perdido
como para invertir tiempo y recursos materiales en su recuperación.
Así,
con tendencias históricas decrecientes de participación
juvenil y con la participación entusiasta de miles de jóvenes
en las filas particularmente de Vicente Fox, el PRI se quedo petrificado
ante los jóvenes renunciando a ellos y por ende cancelando
en gran medida su viabilidad y su futuro.
A pesar de lo anterior, en los últimos quince años
una generación de nuevos dirigentes políticos ha
logrado sobrevivir los vaivenes de un partido que se ha venido
envejeciendo con gran velocidad, incorporando siempre que es posible
aires reformistas y ocupando de manera eventual importantes posiciones
dentro del partido.
Utilizando
trincheras del más diverso orden, los treintañeros
del partido hemos resistido las tentaciones de la renuncia o la
cooptación para contribuir a una labor verdaderamente titánica;
esto es hacer del PRI un partido moderno, democrático y
reformista que sin renunciar a la experiencia de importantes compañeros
de partido de otras generaciones pueda rediseñar su rostro
y recuperar su prestigio entre los nuevos sectores del electorado.
Si
bien, los treintañeros tuvimos una cosecha muy magra de
representación política en las cámaras, aún
existe entusiasmo por insistir en la reforma del partido en condiciones
muchas veces adversas y descorazonantes. Rehenes del desprestigio
y la incapacidad de otros, los jóvenes del PRI luchan todos
los días por convencer a la sociedad de que el partido
no es irredento y que si puede cambiar.
Ante
la incredulidad social que continuará por algunos años,
el partido aún cuenta con un haber político muy
importante; sin embargo ese patrimonio se esfumará en un
abrir y cerrar de ojos si persistimos en la necedad de no ver
hacia el futuro.
|Considerando
todo lo anterior me permito de manera muy sintética hacer
5 propuestas para recuperar la atención de las nuevas generaciones:
1.- Es fundamental que por su importancia demográfica y
política los jóvenes que militan en el partido tengan
una representación real en el Comité
Ejecutivo Nacional, los Comités Directivos Estatales y
las diversas organizaciones del partido.
2.-
Poniendo la mirada en las elecciones federales del 2003 es necesario
incrementar de manera sustantiva las candidaturas de veinteañeros
y treintañeros para que el electorado joven se sienta representado.
3.-
Es urgente emprender ejercicios serios de autocrítica en
universidades y centros de educación superior, donde el
partido pueda identificar a nuevos cuadros e incorporarlos de
inmediato en sus estrategias políticas.
4.-
El proceso de entreveración generacional debe reanudarse.
Si los cuadros tradicionales no suman a sus acciones cotidianas
la energía de los jóvenes, el partido estará
condenado a su extinción.
5.-
La construcción de una nueva ideología para el partido
y una capacitación práctica y eficiente son retos
fundamentales para hacer del partido un espacio atractivo ante
los ojos de los jóvenes.
El
2 de diciembre los príistas enfrentaremos una realidad
inédita e inquietante. Atrás quedarán tiempos
que si bien fueron mejores, seguramente no regresarán tal
y como los conocimos. El PRI requiere desempolvar su imaginación
política y con audacia y creatividad recuperar el espacio
de centralidad social que ocupó durante 71 años.
Esta labor será ardua y tomará años; por
ello los jóvenes que aún militan en el PRI y aquellos
que pueden sumarse en un futuro necesitarán de un partido
que le apueste a lo nuevo aunque en el camino tenga que tomar
decisiones que lastimen los intereses de aquellos que ven en el
PRI sólo un espacio de realización egoísta
y personal y que se han negado a entender que para tiempos nuevos
también se requiere actores nuevos.
*Exdirector
del ICADEP, Actualmente es visitador de la Comisión Nacional
de Arbitraje Médico. 34 años
