EL PRI DEL FUTURO: EL PARTIDO DE LA GOBERNABILIDAD
JUAN CARLOS DELGADILLO SALAS*

Tras asimilar los resultados de la elección federal del 2 de julio, los priístas tenemos la obligación de ver hacia adelante. Debemos aceptar las nuevas realidades políticas y sociales y reconocer los retos que estas plantean, rediseñando nuestro partido para convertirlo en la mejor opción para la participación política de la sociedad.

La renovación del poder en nuestro país debe partir de dos situaciones fundamentales: el desarrollo de un nuevo presidencialismo, lo cual implicaría, fundamentalmente el diseño de un nuevo sistema de condiciones, de pesos y contrapesos para el ejercicio de las atribuciones constitucionales y metaconstitucionales que la ley y el sistema político le reconocían a la figura presidencial; y la definición de una nueva gobernabilidad, la cual deberá basarse en un nuevo modelo de ejercicio de la autoridad, orientado por la premisa de economizar y racionalizar poder para ganar en capacidad de gobierno.

En ambos casos, la postura que defina nuestro partido será decisiva para superar el umbral de la incertidumbre, la interminable «coyuntura-de-la-transición» en la que estamos atrapados desde hace años, para establecer los alcances reales de la reforma democrática en el país.

Y es que la transición política en la que estamos inmersos, lejos de haberse resuelto con las elecciones de julio pasado deberá continuar como parte de un proceso intensamente negociado entre actores políticos que tendrá que reconocer distintos plazos y momentos; proceso que no podrá avanzar sin el PRI, cuya participación –al ser la fuerza política que posee el mayor número de diputados federales, senadores, gobernadores, diputados locales y presidentes municipales– será indispensable para definir la agenda de diálogo y negociación.

El contexto actual es la crisis de los partidos. El triunfo en la elección presidencial del 2 de julio de una candidatura apoyada en una coalición carente de identidad ideológica y en un movimiento ciudadano formalmente apartidista, evidencian esta situación. El PRI, el PAN y el PRD se encuentran inmersos en procesos de ajuste interno que les dificulta impulsar un nuevo acuerdo social que dé paso a un proceso general de refundación del poder político. Esta situación, en el marco de una transición política compleja, la cual carece de conductores y de puntos de apoyo claros e identificables, está generado una creciente incertidumbre que ha comenzado a reflejarse en la totalidad de nuestro sistema social.

En este contexto, el reto para el PRI es posicionarse de nuevo como una alternativa de poder; es encontrar las alternativas de organización, acción y decisión que lo mantengan a la cabeza de la dinámica política de México. Y este reto empieza por tener una visión de futuro; empieza por preguntarnos dónde queremos estar y qué queremos lograr, como partido político y como fuerza electoral en los próximos años.

El punto de partida es un diagnóstico elemental que reconoce 3 situaciones básicas:

1.- Nuestro partido, base tradicional de apoyo del sistema político, está perdiendo la función de catalizador y asimilador de la inconformidad social. A esto se ha aunado el debilitamiento de su estructura sectorial, la cual ha sido desgastada, manipulada y ha quedado inmovilizada ante el descrédito que enfrenta a los ojos de la ciudadanía.

2.- En la actual coyuntura, la conducción de la política tendrá que ajustarse a un jefe de gobierno sostenido de un poder parlamentario, capaz de ejercer su poder de manera democrática y legítima a los ojos de la sociedad.

3.- La división y diferenciación del voto regional en el país seguramente conformará regiones políticas que dificultarán la necesaria concentración de autoridad y de funciones que aseguren la gobernabilidad del sistema político y social.

Ante esto, las claves del reposicionamiento del PRI en el sistema político son: la recuperación de la legitimidad social; la consolidación de un partido «parlamentario», es decir, la definición de un nuevo perfil político para el PRI a partir de valorar su fuerza en el Congreso de la Unión y el diseño de un nuevo acuerdo político interno basado en la cohesión y la estabilidad política en los estados de la federación en torno a un proyecto común de partido y de nación.

El Partido tiene la urgencia de la necesidad histórica y del calendario electoral, ya que en menos de 3 años estaremos en una nueva elección federal, la cual será la prueba de fuego para nuestros esfuerzos de cambio.

Así, el PRI del futuro, el PRI del año 2003 tendrá que ser un partido que defina un nuevo paradigma de acción política; un paradigma que asimile las nuevas condiciones de la gobernabilidad, que acepte que el gobierno es una práctica institucional y racional en el ejercicio del poder y que reconozca el nuevo funcionamiento del sistema político en torno a un presidencialismo acotado y un congreso revitalizado.

Tendrá que ser un partido necesariamente mas democrático: un partido que deberá abandonar su estructura sectorial y recuperar la figura del ciudadano para poder representar la acción de una sociedad política mas abierta, participativa y mejor informada que ha reclamado espacios propios de movilización y expresión buscando establecer nuevas formas de comunicación y vinculación con el Estado.

Tendrá que ser un partido que reconstruya nuevas redes de poder en los estados que sustituyan a los cacicazgos locales en el marco del nuevo federalismo y que así, integre las bases para un nuevo acuerdo político nacional.

Tendrá que ser un partido que asuma la defensa de la soberanía del Estado en el marco de los procesos de privatización y globalización económica y que redefina la noción de crecimiento económico y desarrollo social.

Tendrá que ser un partido que se erija como una instancia de negociación permanente y que asuma como propio el reto de conformar un nuevo acuerdo nacional ; que se erija como un actor importante en los escenarios políticos nacionales en el corto plazo para establecer separada o conjuntamente con otras fuerzas políticas, un escenario viable y legítimo ante la mayoría del pueblo de México, para garantizar condiciones mínimas de estabilidad y certidumbre de largo plazo en lo político, lo económico y lo social.

*Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Servidor público.
Actualmente es Asesor de la Presidencia del CEN del PRI
29 años.