DE UN PARTIDO DESEABLE A UN PARTIDO POSIBLE
Julio César Córdova Martínez*

«Procedamos con pasión, pero también con razón. Hay cosas de la vieja política que debemos desterrar al igual que hay cosas de la nueva política que debemos eliminar o impedir, ni todo lo nuevo es bueno ni todo lo viejo es malo».
Jesús Reyes Heroles

Mucho se ha reflexionado acerca de los resultados del 2 de julio y mucho más se seguirá hablando y escribiendo. El hecho de que por primera ocasión el PRI haya perdido la Presidencia de la República, en los comicios más limpios y ejemplares de nuestra historia, ha significado uno de los acontecimientos más importantes en la vida política y social de México.

Decía Colosio «cuando el gobierno actúa, el partido resiente» y tenía mucha razón, la borrachera del poder y los errores de campaña, aunados a las malas decisiones de gobierno, son sólo algunas de las acciones que contribuyeron a nuestra derrota.

Sin embargo, en esta ocasión, lo que nos ocupa es el futuro del PRI, y aquí plantearíamos algunas interrogantes: ¿qué debemos construir, el partido deseable o el partido posible? ¿debemos trabajar en la reconstrucción del partido que tenemos? ¿pensar en la refundación del mismo? ¿o en la formación de uno nuevo con los activos y la experiencia acumulados? El ejercicio del poder durante 71 años provocó un desgaste natural, pero también generó innumerables logros como la paz, la estabilidad social y oportunidades a los mexicanos, como en pocos lugares en el mundo. Algo que no está sujeto a discusión es una mejor esperanza de vida, el crecimiento económico, los sistemas educativos y de salud, por mencionar algunos beneficios, no se construyeron de la noche a la mañana, son producto de los gobiernos emanados del PRI.

Hoy debemos cambiar para mejorar, debemos buscar un cambio seguro, sin prisas, pero también sin retrasos innecesarios.

En lo particular y como militante activo del PRI por cerca de 20 años, creo que el partido debe ya cerrar su tercer ciclo y abrir una cuarta etapa, debemos crear un partido nuevo que recoja las aspiraciones y anhelos del pueblo mexicano. Me inclino por una inteligente modernización de nuestro partido, por una nueva cultura política, acorde con las necesidades actuales y con lo que pide nuestra militancia, pero sobre todo de acuerdo con las exigencias de una ciudadanía cada vez más alejada de los partidos políticos, los cuales no han sido capaces de hacer eco a sus demandas y mucho menos atenderlas.

Hoy, el PAN, el PRD y el PRI, por citar a los partidos mayoritarios, no representan los anhelos de la cada vez más demandante sociedad mexicana, la cual ha rebasado por mucho y desde hace tiempo, no sólo a los partidos políticos, sino a las instituciones y estructuras gubernamentales.

Me inclino también por un partido que, sobre todo, cambie de actitudes, un partido social, progresista, donde la honestidad, el respeto a la militancia y la oferta política genuina sean premisas fundamentales. Un partido donde efectivamente impere el respeto a las regiones; nuestra dirigencia nacional debe poner especial atención en la militancia de los municipios y de las localidades, actuando de acuerdo con sus necesidades, buscando así recuperar la capacidad de gestión y abanderar esas pequeñas causas que hacen la diferencia cotidiana de las comunidades.

Un partido donde el natural relevo generacional de las ideas y las propuestas, sea una realidad.

Un partido capaz de formar cuadros políticos orgullosos de ser mexicanos, que amen y respeten a nuestro país, a nuestros símbolos patrios, a nuestros valores nacionales, a nuestra historia, pero que también estén abiertos a la realidad de un mundo cada vez más globalizado.

Un partido político que, a la hora de escoger candidatos a los diferentes cargos de representación popular, lo haga sobre la base de los méritos y no a traves de chantajes o cuotas de poder de grupos oligopólicos o corporativistas, que respondieron a un tiempo determinado, pero que hoy son obsoletos.

Propongo un partido que como oposición sea oportuno e inteligente, que anteponga a los intereses partidarios o de grupo, los supremos intereses nacionales. Que contribuya con el gobierno en las ideas y causas comunes a la nación y que sea intransigente ante los abusos de poder y las políticas públicas que, lejos de aliviar la miseria en la que aún viven millones de mexicanos, la profundicen. Requerimos de un partido permanentemente vigilante de las acciones del gobierno.

Me inclino por un partido que respete y aliente la equidad de género inteligente; no más discriminación, ni cuotas. Un partido que luche por la preservación del medio ambiente, estimulando el desarrollo sustentable.

Debe promover la participación de los jóvenes para mantener su frescura, tanto en sus ideas como en sus cuadros. Debe respetar y aprovechar la experiencia de sus mujeres y hombres que se han ganado un lugar en la historia del mismo, debe buscar la complementariedad de la energía de la juventud, con la experiencia valiosa de distinguidos priístas y no con los militantes de ideas viejas aferrados al poder, que olvidaron actualizarse y se negaron a refrendar el pacto no escrito del relevo generacional, que daba no sólo votos, sino oxígeno a nuestro partido y a nuestro sistema político.

Requerimos de un partido político que pugne por el crecimiento económico, pero con rostro social, con un rostro más humano que atienda a todos los sectores de la población: a los niños, a los jóvenes, a las mujeres, a los adultos mayores, a los mexicanos que viven en el extranjero, a los discapacitados, a los campesinos, a los indígenas, etc.

Un partido, que con sus acciones, recupere la credibilidad que se perdió ante el pueblo mexicano.

Recuperar esa credibilidad implica un arduo trabajo y la selección cuidadosa de candidatos capaces y con calidad probada en todos los ámbitos, que le cumplan a la ciudadanía, que, como ya lo demostró, cuenta con una capacidad política de discernimiento muy por encima de los especialistas y de los encuestadores. Tan cierto es, que pidió la alternancia presidencial pero no entregó al PAN un cheque en blanco, pues dejó en manos del PRI, la mayoría relativa del Congreso de la Unión, mismo que tendrá un reto fundamental en esta etapa inédita para los legisladores federales priístas. Para recuperar la credibilidad, habrá que trabajar mucho, esto ya se demostró que es posible. Los estados de Zacatecas, Chihuahua, Durango y Tabasco son sólo algunos ejemplos de que el poder se puede recuperar y mantener.

En el PRI ya se escuchan voces con diferentes propuestas para su reforma, que van desde las más conservadoras, hasta las más liberales.

Pero lo importante en este momento es que todas esas voces se escuchen, que la militancia del partido se exprese en todas partes: en las regiones, en los gobiernos de los estados, en los municipios, en los comités seccionales, en el campo, en las etnias, en los barrios, en las universidades, en las fábricas, en las empresas, etc.

Que nadie quede fuera de la reflexión, que la actual dirigencia coordine un verdadero ejercicio democrático, que refleje también el verdadero sentir de los millones de priístas a lo largo y ancho del país. Digamos adiós a la simulación y a la práctica de vicios por el exceso de poder. La prepotencia y la soberbia deben ser sustituidas por la humildad; el centralismo, por la libre discusión de las ideas y opiniones; el autoritarismo, por los consensos y acuerdos.

Mantener la unidad es fundamental, de no hacerlo, la fragmentación de fuerzas locales y regionales, seguirá arrastrando todo, como una bola de nieve cuesta abajo.

Estas ideas podrían referirse a una parte de lo que desde mi perspectiva sería el partido deseable. Tendríamos que analizar, después de escuchar al priísmo nacional, cuál es su mandato y respetarlo y con base en ello, tendríamos que analizar también ¿cual es el partido posible?

*Licenciado en Derecho por la UNAM, con maestría en Economía por la Universidad de Manchester, Inglaterra, especializaciones en Estados Unidos de América, La Sorbona de París y el Instituto Nacional de Administración Pública. Pertenece al PRI desde 1980.
37 años