La sociedad abierta y sus enemigos*
Jorge Vargas Hernández**

*Popper, Karl R., México, Paidós, 1998. 693 pp.

Introducción

Desde Platón a nuestros días, filósofos, teóricos sociales o políticos, así como políticos profesionales y ciudadanos en general, se han planteado básicamente dos maneras de concebir o enfocar el diseño y construcción de la sociedad: ya sea a través de utopías que agoten de una vez por todas los contenidos y formas de un determinado orden social, o por medio de la manipulación de variables sociales, económicas y políticas concretas que desemboquen en transformaciones parciales y graduales de la sociedad.

En el texto de Karl R. Po-pper, La sociedad abierta y sus enemigos, publicado por vez primera en 1945, este autor, desde las posiciones de la filosofía de la ciencia, elabora una propuesta original que intentaría acabar con las tensiones entre ambos tipos de solución.

Partiendo de un argumento eminentemente lógico, Popper sostendrá la inviabilidad de las explicaciones totalizantes del historicismo (y sus ‘perniciosas consecuencias sociales’ como el totalitarismo) en el que incluye a autores de distintas tradiciones, desde Platón hasta Karl Marx, pasando por Heráclito y Hegel.

De acuerdo con la tesis popperiana, la falla del histori-cismo radica en la imposibilidad lógica de explicar, pero sobre todo predecir, los cursos históricos, a la manera en que las ciencias naturales hacen lo propio con los fenómenos naturales. Esta refutación del historicismo la sustenta Popper en cinco proposiciones:

1) El curso de la historia humana está fuertemente influido por el crecimiento de los conocimientos humanos.

2) No podemos predecir, por métodos racionales o científicos, el crecimiento futuro de nuestros conocimientos científicos.

3) No podemos, por tanto, predecir el curso futuro de la historia humana.

4) Esto significa que ha de rechazarse la posibilidad de una historia teórica y social de la misma naturaleza que la física teórica. No puede haber una teoría científica del desarrollo histórico que sirva de base para la predicción histórica.

5) La meta fundamental de los métodos historicistas está, por tanto, mal concebida; ello hace que el historicismo caiga por su propia base.

El momento fundamental en este argumento radica en la diferenciación ontológica que establece Popper entre los objetos de estudio de los que se ocupan respectivamente las ciencias históricas y las ciencia de la naturaleza. En efecto, los sujetos sociales, a diferencia de los fenómenos de la naturaleza, son determinados por su peculiar condición hermenéutica de sufrir transformaciones a medida de que adquieren más y más conocimientos sobre su entorno, situación que no acontece en el caso de los objetos propios de las ciencias naturales.

La importancia de la descalificación popperiana de los intentos de explicación historicistas aumenta en la medida de que el filósofo austríaco consideraba dicha refutación como un acto de primera importancia, no sólo para el ámbito de las teorías científicas, sino en el campo práctico de la actividad política de la sociedad. Para Popper, las diversas utopías totalizantes asociadas al historicismo a través de la historia representan un obstáculo fundamental en el acceso de las sociedades modernas a la democracia y la libertad. La sabiduría profética que caracteriza a las utopías del historicismo obstaculiza la aplicación de los métodos rigurosos, aunque lentos, de la ciencia a los problemas de la reforma social.

En este sentido, Popper sostendrá que una de las tareas principales de la sociedad abierta es el agotamiento de dichas utopías, como el socialismo marxista, reemplazándolas con instituciones democráticas que instalen progresivamente modificaciones libertarias mediante actividades de ingeniería social.

La descalificación del historicismo como filosofía de la historia representa un intento por parte de Popper por instalar mecanismos de defensa ante las consecuencias totalitarias vinculadas a las posiciones historicistas, tales como teorías racionales de la tradición política y social, en el que se planteen cuestionamientos abiertos sobre la pertinencia lógica de las diversas formas de organización comunitarias.

De esta forma, Popper estaría sentando las bases para considerar los cursos de la historia humana futura como un problema procedimental y racional, dejando de lado consideraciones ideológicas y políticas en sí. La sociedad abierta y sus enemigos sugiere plantear en la teoría política un problema totalmente nuevo. Dicho problema, de acuerdo con Popper, no queda representado con la pregunta clásica de la teoría política: ¿quién debe gobernar?, sino mediante otra pregunta procedimental y racional: ¿cómo debe estar constituido el estado para que sea posible deshacerse de los malos gobernantes sin violencia?

Revisión de las mitologías historicistas. La sociología descriptiva de Platón

Platón fue uno de los primeros teóricos sociales y, sin duda, el que más influencia tuvo. Si hemos de entender la palabra «sociología» en el sentido que la usaron Comte, Mill y Spencer, Platón fue un sociólogo; esto significa que aplicó con éxito su modo idealista al análisis de la vida social del hombre y de las leyes de su desarrollo, como así también de las normas y condiciones de su estabilidad.

Platón enseña que el cambio es el mal y que el reposo es divino. En una tentativa de comprender e interpretar el cambiante mundo social en que le tocó vivir, Platón se vio inducido a desarrollar una sociología historicista sistemática, sumamente minuciosa. Así concibió la idea de que los estados existentes no fueran sino la réplica decadente de una Forma o Idea inmutable. Platón trató entonces de reconstruir esta Forma o Idea del estado o, por lo menos, de describir alguna sociedad que se le pareciese al máximo posible.

A través de su insistencia en las prerrogativas de clase la teoría platónica de la justicia plantea el problema: «¿Quién debe gobernar?», colocándolo en el centro de la teoría política. Su respuesta es que deben hacerlo los más sabios y los mejores. Con su insistencia en este problema, Platón dio por sentada la teoría general de la soberanía. Se elimina de este modo el problema del control institucional de los gobernantes y del equilibrio institucional de sus facultades. El mayor interés se desplaza así, de las instituciones hacia las personas, de modo que el problema más urgente es el de seleccionar a los jefes naturales y adiestrarlos para el mando.

El surgimiento de la filosofía oracular

El sucesor directo de la filosofía griega fue Hegel, pensador arque-típico de todo el historicismo contemporáneo, según Popper. Para este último, la filosofía hegeliana representa un esfuerzo por «mantener a la filosofía dentro de los límites adecuados», de modo tal que pudiese servir «al bienestar del Estado», es decir, el de Federico Guillermo y su gobierno absoluto. Así, toda la filosofía de Hegel tendría que ser interpretada como una apología del prusianismo.

Uno de los herederos directos de Hegel y la filosofía historicista moderna es Karl Marx. Su filosofía, el marxismo, sería, desde la óptica de Popper, la forma más pura, más desarrollada y más peligrosa del historicismo, de todas las revisadas hasta ahora. Pese al intento de Marx por aplicar concientemente al estudio y solución de los problemas más urgentes de la vida social los métodos de la ciencia, Marx fue, al entender de Popper, un falso profeta.

En La sociedad abierta y sus enemigos, el marxismo aparece sólo como una teoría histórica, una teoría que aspira a predecir el curso futuro de las evoluciones económicas y, en especial, de las revoluciones. Uno de los peligros de la fórmula marxista es, según Popper, el de que si se la toma demasiado al pie de la letra induce erróneamente a interpretar todos los conflictos políticos como si fuesen luchas entre explotadores y explotados.

Las principales premisas de la profecía final del marxismo en relación al advenimiento del socialismo son: el desarrollo del capitalismo ha conducido a la eliminación de todas las clases salvo dos, a saber, una pequeña burguesía y un vasto proletariado, y el aumento de la miseria ha obligado a este último a rebelarse contra sus explotadores. Las conclusiones son, primero: que los trabajadores deben ganar la lucha, y segundo: que al eliminar la burguesía deben establecer una sociedad sin clases.

Ambas conclusiones son rechazadas por Popper puesto que, según el, las clases no son como los individuos. Así pues, los argumentos en que reposa la profecía histórica de Marx carecen de validez.

Su ingeniosa tentativa de extraer conclusiones proféticas de la observación de las tendencias económicas contemporáneas, de acuerdo con Popper, fracasó lamentablemente. Y la razón de este fracaso no reside en una posible insuficiencia de la base empírica del argumento. El análisis sociológico y económico marxista de la sociedad contemporánea puede haber sido algo unilateral pero, pese a esta tendencia, es excelente en la medida en que involucra una descripción de los hechos. La razón del fracaso de Marx como profeta residiría enteramente en la pobreza del historicismo como tal, en el simple hecho de que aun cuando observemos lo que hoy parece ser una inclinación histórica, no podemos saber si mañana habrá de tener o no la misma apariencia.

Conclusión

De acuerdo con Popper, la historia no tiene significado. Eso que da en llamarse «historia del mundo» o «historia de la humanidad», no es realmente dicha historia, sino sólo la historia del poder político elevada a categoría de historia universal. Por ello, Popper, sostiene que en lugar de posar como profetas debemos convertirnos en forjadores de nuestro destino.

Debemos aprender a hacer las cosas lo mejor posible y a descubrir nuestros errores (tal como lo hace la ciencia). Y una vez que hayamos desechado la idea de que la historia del poder es nuestro juez, una vez que hayamos dejado de preocuparnos por la cuestión de si la historia habrá o no de justificarnos, entonces quizá, algún día, logremos controlar el poder. De esta manera podremos, a nuestro turno, llegar a justificar a la historia. Y por cierto que necesita seriamente esa justificación.

Los enfoques brevemente descritos propuestos y analizados por Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos, da lugar a múltiples interpretaciones y a la configuración de distintos modelos, pero lo que hay que destacar es que en el fondo prevalece la díada propuesta: o se concibe una sociedad ideal y utópica o se plantea otra que se va transformando gradual y parcialmente, como método, los dos, para transformar la sociedad. Ambas también se contrapuntean permanentemente, puesto que nunca se deja de pensar en un ideal de sociedad y tampoco se puede prescindir de reformas puntuales que la realidad nos exige permanentemente.

La diferencia consistiría en que, en lugar de efectuar una apuesta definitiva por alcanzar un orden social a través de revoluciones o macro movimientos y prediciendo agentes y escenarios concretos identificados, como en el caso del marxismo, la sociedad abierta elige una modificación gradual de aquellos aspectos parciales que va identificando como factores causales, sin que llegue a determinar de una vez por todas planes totales de operación de las sociedades.

Para soportar su elección por métodos de la ingeniería social racional y no utópica, Popper señalará que la única forma de predecir fenómenos o acontecimientos con relativo éxito, es contar con un sistema aislado donde las variables se controlen totalmente. Si esto no sucede en el campo de las ciencias naturales (por ejemplo, la imposibilidad de predecir con exactitud terremotos u otros fenómenos meteorológicos), es aun más difícil en el dominio de los hechos sociales e históricos.

De esto último se desprende la enseñanza que permea los textos de Popper: la lección de aprender de nuestros errores. Lo más que podemos hacer en el escenario histórico es solucionar problemas que no podemos prever de antemano. Podemos aprender a solucionarlos cada vez mejor, pero no podemos aspirar a predecirlos y a partir de dichas profecías organizar nuestras sociedades. Ese ha sido el defecto del historicismo, aquella actitud radical utopista que conduce a rechazar la razón y a reemplazarla por una desenfrenada esperanza en milagros políticos. Aquella actitud romántica pero irracional originada en la embriaguez que ocasionan los sueños de un mundo hermoso y mejor.

** Expresidente del Colegio de Sociólogos de México; actualmente es Director de Administración y Operación de la Coordinación General de Representaciones de la SEP en las Entidades Federativas.