Israel
apuesta al cambio
GABRIELA ESPINOSA TERÁN*
Oriente
Medio ha sido durante siglos una región geopolítica
muy importante. Como encrucijada de tres continentes, ha cumplido
un papel sustantivo en el desarrollo de la cultura universal,
posee abundantes reservas petrolíferas y su posición
geográfica es estratégica para el comercio intercontinental.
Además
de ser una de las regiones más antiguas en donde se registra
actividad humana, la historia de sus conflictos es sumamente compleja.
Israel, como Estado, fue formado para permitir un orden en el
flujo de capitales occidente-oriente, su actividad política
ha estado determinada en gran medida por sus relaciones internacionales,
en función del papel que este país desempeña
en la economía mundial.
Con
motivo de las negociaciones para la suscripción de un tratado
de libre comercio entre México e Israel, es oportuno poner
atención en los acontecimientos de nuestros potenciales
socios comerciales; por ello resulta interesante observar las
recientes elecciones para la presidencia, en un país donde
las acciones de gobierno se ejecutan desde la Primera Vicepresidencia,
a cargo de Ehud Barak miembro del partido laborista, en cuya gestión
durante las últimas negociaciones de Campo David no concluyeron
en los términos propuestos por el Primer Ministro al pueblo
de Israel. Barak, sin el respaldo del Parlamento (Kneset) ni el
de la sociedad, que no está dispuesta a lograr un acuerdo
de paz a cualquier precio, fue censurado por el parlamento acusado
de aceptar en Campo David «amplias concesiones a los palestinos».
Sin
bien el candidato del partido laborista a la presidencia Shimon
Peres, político de gran trayectoria, premio Nóbel
de la Paz (1994) y reconocido en el ámbito internacional,
se perfilaba como favorito, hubo de perder la elección
en la segunda vuelta, frente a Moisés Katsav, candidato
«oscuro y desconocido» de la oposición cuyo
partido (Likud) tiene tendencias conservadoras, de derecha y que
busca un gobierno de unidad. Al respecto Barak, quien ha propuesto
un gobierno de coalición mediante la recomposición
de sus alianzas, sostiene que un gobierno de unidad «haría
prácticamente imposible cualquier acuerdo y conduciría
al país a la parálisis».
En
este concierto de relaciones políticas internas e internacionales,
parecería que la elección a favor de Katsav estaría
marcada por la decisión de una sociedad que desea límites
a una forma de vida que hasta ahora se ha caracterizado por el
conflicto y la violencia.
Al
respecto, el vocero del Parlamento Abraham Burg opinó:
«muchos de los votantes no son sofisticados, como yo, el
público no se interesa sólo en la paz, sino más
bien, en la vida día a día, lo que incluye temas
económicos, de estado, de religión y del medio ambiente».
En
el futuro próximo el gobierno israelí deberá
enfrentar decisiones de trascendencia. Por un lado la recomposición
del poder ejecutivo y, por otro, desarrollar una estrategia para
negociar la paz, plausible con los intereses de la sociedad y
del gobierno; y a su vez congruente con sus relaciones al exterior
(regionales e internacionales).
Bajo
esta perspectiva, la posición de Katsav en la presidencia
tendrá un campo limitado de acción, toda vez que
la figura presidencial en Israel atiende más los aspectos
protocolarios y ceremoniales propios de un Jefe de Estado, que
al ejercicio pleno del poder ejecutivo.
Sin
embargo es valiosa la convocatoria de Katsav para la vida política
de Israel: «Queremos encabezar un país más
tranquilo y unido. La sociedad, no debe ser necesariamente homogénea,
pero si debe estar más unida». El tiempo y la voluntad
de pueblo israelí darán la respuesta.
*Licenciada
en Relaciones Internacionales por la UNAM, con Diplomados en Derecho
Empresarial y en Inversión Extranjera (ITAM), fungió
como Subdirectora de Asuntos Internacionales de la CANACINTRA.
Actualmente es Directora de Asistencia y Cooperación Técnica
del Centro de Estudios Superiores en Turismo.
