PARA
REFORMAR AL PRI
MANUEL VILLA AGUILERA*
Después
del dos de julio, la gran pregunta es: ¿Qué va a
pasar con el PRI? Su derrota ha permitido entender que el Partido
es mucho más que un apéndice del Ejecutivo, una
maquinaria al servicio del Presidente de la República,
una mera oficina burocrática para fabricar elecciones.
Es una organización con una considerable base social. Pero
por ahora sin buena cabeza.
Con
todos sus defectos, deficiencias y pésimos hábitos,
el tricolor es una pieza de gran importancia para la estabilidad
y la gobernabilidad de México. Sobre todo para la lucha
institucional, es decir, republicana, por la equidad en el proceso
de cambio y desarrollo.
Sin
embargo, para poder cumplir con esas responsabilidades en esta
nueva etapa, el PRI requiere de reformas en todos los órdenes.
Estas deben diseñarse con sentido de futuro, pero sin perder
de vista el sentido histórico que le ha dado durabilidad
a la organización.
1.-
La reforma lo es porque conserva y da nueva forma, en el marco
de las circunstancias y sobre todo de la adecuación a los
valores y exigencias de sus agentes sociales sustentantes, porque
éstos han sufrido ya notables transformaciones.
Un
partido, antes que nada, se debe a conglomerados sociales que
forman sus bases sociales y de electores. Y esto debiera ser un
criterio principal para diseñar la reforma. El Partido
Revolucionario Institucional, cuenta con el voto de algo más
de 13 millones de mexicanos, la ciudadanía le otorgó
en un grado considerable su representación y le encomendó
parte substancial de sus intereses, al asignarle amplias fracciones
parlamentarias.
El
sustento social le fue ratificado al PRI por millones de mexicanos.
Aún más, para decirlo con toda claridad, pero también
con responsabilidad, fue candidato presidencial del Partido quién
perdió la elección; debido a serios errores de estrategia,
por haber permitido que un grupo elitista lo cercara y aislara
del Partido por no haber sabido liderar a la militancia, por no
integrar una oferta adecuada para los electores.
El
PRI, sin embargo, conservó su base electoral. No puede
si no emprender su reforma en el marco de los intereses sociales
y la vocación política que le definen y que establecen
sus compromisos como organización.
Los
grupos de mexicanos que han sustentado al PRI pertenecen a los
sectores que más padecen los efectos inequitativos del
cambio económico y ahora de la globalización. Son
los más necesitados de la acción colectiva para
enfrentar la concentración de la riqueza y su creciente
control sobre el poder público. La vocación del
Partido es organizarlos, para forjar convergencias y alianzas,
que dan forma, orientación y vigor al esfuerzo nacional.
Si
esto es así, la tarea, desde el punto de vista de las bases
sociales, de la convergencia nacional y de la representación
de intereses sigue siendo la misma.
Sin
embargo, los medios hasta ahora disponibles para llevar a cabo
tal vocación y sus acciones son simplemente obsoletos.
La reforma, entonces, debe atender a esta deficiencia que afecta
al PRI en todos los ámbitos y que por lo pronto mantiene
distorsionada, dañada, cuando no desnaturalizada, su relación
con amplios conglomerados de ciudadanos.
2.-
Dos antecedentes fundacionales, extraordinariamente actuales,
deberían |no perderse de vista las reflexiones y debates
del priísmo:
A):-
El PNR fue creado con tres propósitos y responsabilidades:
I.-
Reconocer y aceptar la existencia y la legitimidad de la lucha
por el poder y su inevitable carácter diverso, ahora se
diría plural.
II.-
Organizarla y darle contexto institucional para evitar rupturas
irreconciliables, riesgos de inestabilidad y desbordamiento de
conflictos, y forjar convergencias;
III.-
Contribuir a establecer, según los tiempos, y respetándolas,
reglas y mecanismos para la contienda del poder.
B).-
Aquel partido fue objeto de una gran reforma, que luego alcanzó
a las instituciones nacionales, de ahí nació el
PRM, con el propósito de:
I.-
Propiciar la organización y la movilización social,
para que su capacidad de influencia sobre las instituciones evitara
que la desigualdad y el abuso del poder relegaran los benéficos
del desarrollo a grandes masa de mexicanos;
II.-
Auspiciar la convergencia de fuerzas, tanto territorialmente,
como a través de la escala de la estratificación
social, para integrar un centro ideológico político
que en contra de las polarizaciones, diera sustento democrático
y sentido de equidad a la República.
Se trata en efecto, de responsabilidades vigentes.
3.-
¿Por qué esta referencia a los orígenes?
Porque entre los priístas hay grupos que de manera casi
refleja han volteado la vista al pasado. Reclaman el reencuentro
con los viejos propósitos que dicen abandonados.
Desafortunadamente
no distinguen entre lo esencial y lo permanente, lo vigente, desde
el pasado, y lo que fueron las formas y mecanismos eficaces de
otros tiempos. Esto último no tiene legitimidad, ni menos
aún vitalidad.
Lo
que perdura desde el pasado se concentra en dos vertientes: una,
la ya señalada: el compromiso con la estabilidad, la civilidad,
la vigencia de reglas en la competencia por el poder, el desarrollo
de la vida pública en instituciones saludables. Otra, el
sentido social de la política, el porqué y para
qué de ésta.
En
efecto, en la tradición de los tres partidos, desde 1929,
PNR, PRM y PRI, la política se ha entendido -aunque la
práctica ya se ha apartado en tramos de esa concepción,
como medio por excelencia para que los grupos subordinados de
la Nación, los que padecen los distintos efectos de las
desigualdades, puedan organizarse, expresarse y defenderse; así
como para que el Estado y el gobierno organicen sus programas
y acciones de acuerdo a ello y atendiendo a esas demandas.
Los
dos puntos anteriores no son sino el contenido en esencia, que
define el arraigo social, la vocación política,
la ubicación del PRI en la situación nacional, expresado
sintéticamente en su lema: «Democracia y Justicia
Social».
4.-
De lo anterior se desprende lo desatinado de la otra posición
polar, la que plantea una transformación tan radical que
pretende ir más allá de la reforma.
Intentar
un cambio que transforme al PRI en algo tan novedoso, tan distinto
y renovado, con nuevo nombre, símbolos e identidad imitando
modas social democráticas o de nuevas vías
significaría fundar otro partido. Sería tanto como
pretender que, para cambiar, antes hay que suicidarse.
Hay
urgencia, pero hay tiempo. Lo que no cabe es pretender sacar del
armario los viejos hábitos y recursos, porque lo que se
van a encontrar es un cadáver.
Tampoco
tiene caso pensar que de las cenizas del partido autoaniquilado
va a nacer uno nuevo.
*Politólogo.
Miembro de la Comisión Nacional de Ideología del
CEN.
