REFUNDARSE
EN UN PARTIDO MODERNO
VÍCTOR ROBERTO INFANTE GONZÁLEZ*
Después
de haber respetado la voluntad suprema del pueblo de México,
que optó por una opción distinta a la nuestra, el
Partido debe asumir su papel de oposición; hay quien considera
que debemos ser una oposición colaboradora; otros, debe
ser una oposición constructiva y reflexiva, y pudiera haber
quienes pretendieran que fuésemos como las oposiciones
de choque sistemático y sin argumentos que ya padeció
nuestro País. Debemos encontrar, en un momento histórico
decisivo, la mejor actitud que sirva únicamente a las mejores
y más altas causas de la Nación. En el priísmo
tenemos la oportunidad de vivir intensamente, con responsabilidad,
y en la pluralidad estos nuevos tiempos de México, como
una oposición útil socialmente, coherente, congruente,
organizada y fuerte.
Otro
gran reto del Partido en esta nueva etapa, será el de acercar
a las nuevas generaciones, para ello el Instituto de Capacitación
y Desarrollo Político tiene la tarea de formar activistas
políticos entusiastas, comprometidos, que se reproduzcan
en todo el país, permanentemente en todos los espacios
territoriales del Partido, Estatales, Municipales, Distritales
y Seccionales, más allá de los procesos de modernización
de nuestras estructuras y de la refundación de nuestro
Instituto Político en un partido moderno, democrático,
progresista, ético, humanista y popular. Es importante
por ello que el Icadep, no obstante las circunstancias que enfrentamos,
haya mantenido sus actividades de capacitación y divulgación,
y asumido el reto de potencializarse en la extraordinaria coyuntura
que vive hoy el Partido para cambiar, radical y profundamente.
Debemos
también transitar lo más rápido posible y
bien, de la etapa del impacto de la derrota del 2 de julio en
la elección presidencial, a la del análisis sereno
y reflexivo de lo que dejamos de hacer para que el pueblo avanzara
sin nosotros, para mantener nuestra gobernabilidad interna, y
coadyuvar en la externa, y ser actores en la modernización
de todas las estructuras políticas para después
reagruparnos, reorganizarnos, unificarnos dinámicamente,
renovarnos en la competencia y en la sana pluralidad. El priísmo
debe asumir el papel de oposición madura, digna, enérgica
y de crítica constructiva, partiendo del hecho de que,
no sólo el PRI tiene grandes y delicados desafíos
en su vida interna y en la transición, también los
tienen las otras opciones políticas, aún la que
ganó la elección presidencial. Entre las nuevas
y complejas tareas, como ya referí, tenemos la de acercar
en todo momento a más jóvenes, a profesionistas,
a universitarios, a hombres y a mujeres que sólo han sabido
de crisis recurrentes, que no tienen registro de la obra de la
Revolución Mexicana y que no logramos -a pesar de los esfuerzos-
acercar a un mayor número y convencerlos para esta elección.
Estimo
además que la gente quiere escuchar, ver y leer sobre debates
de los grandes temas de la sociedad: soluciones realistas y concretas
a la pobreza lacerante, al desempleo, al grave problema de la
migración, la atención a los grupos de la tercera
edad, la atención a los discapacitados, el fortalecimiento
de la Seguridad Social, el hallar mejores condiciones de salud,
así como alternativas viables para la Seguridad Pública
y Vivienda, temas que entre otros, deben continuar siendo parte
fundamental de la agenda priísta.
Tampoco
podemos dejar de lado otros temas relevantes:
*El
respeto a los Poderes Legislativo y Judicial.
*Respeto a la Soberanía Nacional.
*Respeto a la Educación Pública, laica y
gratuita.
*Un mejor y mayor desarrollo rural.
*Una política económica con rostro y fondo
humano.
También
debemos exigir en el Congreso y en todos los foros, que se cumplan
los compromisos asumidos en campaña por el Presidente electo.
Debemos constituirnos en los vigilantes del respeto al aval que
la ciudadanía dio a otra opción en el Poder Ejecutivo
Federal, ante sólo una expectativa del cambio incierto.
Estos y muchos retos más tenemos que asumirlos ya, ponerlos
en la mesa de reflexión, y en la práctica, recuperar
el tiempo y los espacios con la mayor celeridad.
Con
los resultados del 2 de julio, en los que perdimos la Presidencia
de la República, pero en los que obtuvimos resultados favorables
en las Cámaras de Senadores y Diputados, recibimos una
nueva oportunidad que generosamente nos brinda la ciudadanía
para recuperar su confianza. Los legisladores priístas
no debemos defraudar a la Nación y cumplir con el aval
que dio al PRI el pueblo de México teniendo peso importante
en las Cámaras y con ello equilibrar el ejercicio del poder
presidencial en el nuevo juego político. Necesitamos los
Diputados y Senadores electos, cumplir con emoción política
y gran responsabilidad la doble tarea que hoy tiene el PRI después
de 70 años de ser factor de unidad nacional: contener por
una parte las fuerzas reaccionarias, y por otra, impulsar el proyecto
democrático, nacionalista y popular con las fuerzas de
la izquierda, del centro progresista y de la social democracia,
es decir con fuerzas afines a la nuestra.
Los
Diputados y Senadores de la próxima legislatura debemos
ya dedicar todo nuestro tiempo para revisar las primeras propuestas
que sin mucha precisión han trascendido del equipo de transición
del nuevo gobierno en materia educativa, en política fiscal,
sobre el impuesto a medicinas y alimentos, y posibles reformas
a la Ley Orgánica de la Administración Pública
Federal con eventuales impactos en materia de vivienda, de procuración
de justicia, de Seguridad Nacional, de Reforma Agraria, etc.,
que pudieran convertirse en iniciativas, algunas de ellas con
un grave impacto a las clases mas necesitadas del país,
que no podemos permitir.
En
el priísmo debe caber la cordura, la sensatez, particularmente
entre quienes pretendan presidir la nueva dirigencia para que
privilegiando la unidad en la diversidad y una vez que se estabilice
la situación prevaleciente y respetando las reglas que
fijen nuestros órganos deliberativos y de decisión
(debidamente reconstruidos y legitimados) y con apego a los lineamientos
que marque una asamblea de delegados precisen al interior del
Partido su propuesta.
Posteriormente,
en la XVIII Asamblea que no solo hable la base militante, sino
que se marquen las pautas que tanto hemos postergado y que cada
priísta, las organizaciones, sectores, corrientes y grupos,
asumamos y corramos el riesgo, pues de no hacerlo, la gente avanzará
una vez más sin nosotros. Ya nos quitó el ejercicio
del Poder Ejecutivo Federal, nos puede también negar más
posiciones de elección popular, si no le damos a nuestra
Organización Política un cambio radical e integral,
sin mensajes encontrados como los que mandamos a la ciudadanía
en la última elección, en la que perdimos el plebiscito
del cambio o la continuidad, quizás una y otra inciertas,
pero en la que pesó más la esperanza de ese cambio
que se truncó por nuestra parte, desde la muerte de Luis
Donaldo Colosio.
Quienes
pretenden desmontar el sistema sobre la base del demérito
y desviaciones en que algunos priístas cayeron, recordémosles
los logros de los gobiernos revolucionarios y de sus Instituciones
que han permitido un primer paso de la transición, en orden
y en paz; y quienes con base sólo en los logros de una
gran etapa del Partido se niegan a la refundación, recordémosles
que ya perdimos la Presidencia de la República y que subsiste
en quienes no votaron por nosotros una carga negativa y problemas
de credibilidad y de comunicación que sólo con un
gran cambio interno podemos revertir.
En
estados como Zacatecas, ya dejamos constancia de que se puede
recuperar la confianza y las posiciones de elección popular,
pero también aprendimos la otra lección: quién
quiso ganar posiciones solamente manipulando medios de comunicación
y aún órganos deliberativos o de elección,
encontró una vez más, por la fuerza un espacio en
el partido, pero en una elección constitucional encontró
un freno: el de la ciudadanía.
Termino
el texto para la revista examen con tres reflexiones finales:
*No
resulta excesivo anotar que la goberna-bilidad del país
en mucho dependerá de lo que se viva en el Congreso. Será
en el Congreso donde se realicen las negociaciones políticas
que fijen el rumbo de la transición y de la consolidación
democrática.
*Por
ello, la fracción parlamentaria del Partido Revolucionario
Institucional en ambas cámaras deberá dejar constancia
de un nuevo perfil legislativo, ajeno a debates estériles.