CUMPLIR
EL MANDATO DE LAS BASES
ROBERTO
MADRAZO PINTADO*
Texto
íntegro de la carta que envió Roberto Madrazo Pintado
a
los integrantes del Grupo de
expresidentes del Comité Ejecutivo Nacional del PRI.
Agradezco
de particular manera su amable invitación a reunirnos.
No me es posible asistir a esta ocasión por motivos de
trabajo; sin embargo quiero corresponder a su amable atención
con algunos comentarios:
Cada
uno de ustedes, en su tiempo, en su circunstancia, aportó
lo mejor de sí a una organización política
que ha jugado un papel central en la construcción de México
a lo largo del siglo que fenece.
Con
la mayor parte de ustedes me liga una relación de amistad
y de respeto. A lo largo de más de treinta años
de militancia, hemos compartido tareas partidistas.
En
cada etapa y con cada encargo aprendí a amar a mi partido
y forjé con los años mi más profunda lealtad
a su origen y a sus principios; mi más decidida entrega
a su misión y mi mayor compromiso para contribuir constructivamente
en su destino.
Por
ello quiero refrendarles algunas reflexiones y propuestas que
en nombre de muchos, he hecho llegar a la dirigencia y a la opinión
pública nacional.
Nada
de lo dicho, nada por decir, responde al impulso de la ambición
personal. Lo afirmaré cada vez que sea necesario.
Creo
en mi partido, jamás he dejado de pensar y de trabajar
por su engrandecimiento.
Cuento
con el privilegio de la amistad y la confianza de miles de compañeras
y compañeros en la diversidad de nuestra geografía
y su voz es la mía. Sus anhelos y sus reclamos sustentan
mi desempeño.
Nuestra
voz interior tiene que surgir del exterior. Nuestras acciones
deben contener y cumplir el mandato de las bases. Nuestro desempeño
tiene que reflejar las expectativas de quienes sustentan con su
voto nuestra fuerza.
Quiero
decirles que aprecio mucho su interés en las cosas del
Partido. Estoy convencido que es la hora de reconstruir el diálogo
en una escala más amplia, más productiva, más
a fondo, más de verdad.
No
sería posible remontar la severa crisis que afrontamos
si enfocamos las nuevas realidades y si observamos sus fenómenos,
desde un punto de vista inmutable; sólo obtendremos la
misma gastada reacción ante lo que no se percibe.
Nuestro
tiempo debe servirnos para cruzar barreras, para eliminar antiguas
categorías que ya no son referentes válidos para
responder nuestras preguntas, las que nuestra gente se hace cada
día.
Sería
equivocado tratar de acceder a las nuevas fórmulas de desempeño
político con el condicionamiento mental y las respuestas
sensoriales de antes. Cometeríamos el error de tratar de
ejecutar las tareas que exige el nuevo tiempo con instrumentos
obsoletos.
Hoy
tenemos que franquear el umbral de los reflejos condicionados;
innovar y arriesgar la comodidad de lo seguro para abrir el partido
y soportar su viabilidad en un proceso de democratización
integral.
Para
lograrlo es imprescindible vivir simultáneamente en y con
todos los modos y los tiempos políticos que caracterizan
a nuestro partido.
El
viejo concepto de unidad monolítica, automática
y piramidal es hoy inviable. Nuestra mejor fortaleza es nuestra
diversidad regional. La nueva unidad debe ser edificada en torno
a lo que nos une, pero reconociendo lo que nos hace diferentes.
El
poderoso aglutinante que nos puede reunir unir de nuevo
se llama democracia.
Esa
es la nueva misión. Incluir en una deliberación
madura y racional a todas las corrientes y a todas las regiones.
Entender y atender sus reclamos. Hacer nuestros sus intereses.
Tomar su voz y elevarla multiplicada con la fuerza moral que otorga
la legitimidad democrática.
No
hay problema invencible cuando se está dispuesto a observar
y comprender lo que está sucediendo. Los hechos tienen
que modificar nuestra manera de sentir y de pensar. Cuando eso
sucede; cambian los hombres, y con ellos sus instituciones.
No
podemos entrar al futuro retrocediendo ni podemos sofocar las
pulsaciones del cambio con los viejos rituales de la liturgia
política que sólo asegura la comodidad de unos cuantos.
No podemos encargar a las células hepáticas la elaboración
de las respuestas. Esa es tarea del tejido cerebral.
Así es como debemos preguntarnos:
¿Hasta
cuántas derrotas electorales podemos seguir equivocándonos?
¿Hasta
cuántas discordias cupulares resistirá la lealtad
de quienes nos observan y creen en nosotros?
¿Hasta
cuándo podremos por fin hacer, lo que tanto hemos dicho?
Por
ello no debemos resolver arriba lo que corresponde por derecho
por historia y por necesidad a nuestras bases.
El
más costoso error sería considerar que nuestros
militantes y simpatizantes son ignorantes o tontos. Ellos tienen
las respuestas. Seamos capaces y valientes para ir a buscarlas.
Están en el sitio en el que siempre han estado. Del que
nunca debimos alejarnos. Al que tenemos que regresar: junto a
la gente.
Sólo
así estaremos en condiciones de reconvertirnos en una nueva
opción de poder, en una diferente alternativa de gobierno.
Sólo
así mantendremos y ampliaremos nuestra fuerza en las regiones.
Sólo así ganaremos de nuevo la Presidencia de la
República.
Sólo así reharemos nuestro ahora vulnerando orgullo
histórico.
Sólo así nuestra emoción, nuestra imaginación
y nuestra lealtad fructífera en la transformación
valiente y eficaz que nuestro Partido merece.
Ustedes
saben mejor que nadie lo que ha cambiado. Nada será igual.
México es otro. En sus manos está una oportunidad
histórica de construir con la sabiduría política
de los años dedicados, con la lealtad probada en las tareas
cumplidas, con la emoción de cumplir una vez más
con el Partido, con decisión, con valor, con luz en el
entendimiento.
*Gobernador
del Estado de Tabasco.
