Retorno
al Poder: Japón
Samuel Rodríguez Mora*
En
el país considerado la segunda fuerza económica
mundial, con un ingreso per cápita cercano a los 39 mil
dólares y con un superávit consecutivo en los últimos
años de aproximadamente 40 mil millones de dólares,
se llevaron a cabo comicios generales y retomó el poder
el Partido Liberal Democrático.
El
pasado 25 de junio, la población nipona fue a las urnas
y colocó de nueva cuenta al Partido Liberal Democrático
en el poder, tras una ausencia de algunos años en la determinación
de la toma de decisiones de esa nación. Cabe hacer notar
que este partido, después de su caída en 1993 tuvo
que ir fortaleciendo alianzas y coaliciones con otros dos movimientos
políticos importantes, pues a raíz de que en las
elecciones generales de 1993 el Partido Liberal Democrático
fue superado, por primer vez en su historia, desde su fundación
en 1955, por una coalición formada por seis partidos políticos
apoyados por parlamentarios independientes y tránsfugas
de ese instituto político, por lo que se vio precisado
a abandonar el poder.
Sin
embargo, aún cuando los temas principales en la mesa de
las discusiones de ese entonces eran la corrupción y la
reforma política y varios síntomas de descomposición
social, tales como la consolidación del poder de la mafia,
el deterioro ambiental y la pobreza extrema de cada vez más
ámplias capas de población, los políticos
de la oposición responsabilizaron al Partido Liberal Democrático.
Fue
entonces que el Partido Nueva Frontera agrupó a todas las
organizaciones escindidas del Partido Liberal Democrático
y del Komeito, quien enfrentó y despertó en su oportunidad
grandes expectativas como alternativa al Partido que por cuatro
décadas había gobernado Japón; sin embargo,
al no superar las diferencias entre sus líderes, derivadas
de sus egos personales, perdió el poder y fue disuelto
en diciembre de 1997.
Por
su parte, en 1996, el Partido Liberal Democrático presentó
los primeros signos de recuperación en el poder con el
arribo de Ryutaro Hashimoto como primer ministro, al haber obtenido
169 de los 300 escaños uninominales de la Cámara
de Representantes.
Estimo
pertinente hacer, en este momento, un señalamiento en cuanto
a la forma de gobierno en Japón que es una monarquía
constitucional parlamentaria, en la que el Emperador es el Jefe
de Estado y desempeña funciones eminentemente protocolarias.
Por su parte, el Primer Ministro es el Jefe de Gobierno y su gabinete
tiene responsabilidad frente al órgano legislativo, que
es la Dieta (Kokkai), la que tiene la facultad de aprobar la conformación
del gobierno y el derecho de decretar su eventual disolución
mediante un voto denominado de no confianza e, igualmente, se
puede dar la disolución de la Dieta para celebrar elecciones
anticipadas.
La
Dieta está conformada por dos cámaras: la Cámara
de los Consejeros o Cámara Alta (Sangi In) que está
integrada por 250 miembros electos para un periodo de seis años
y se renueva por mitad cada tres años; y la Cámara
de Representantes o Cámara Baja (Shugi In), que cuenta
con 500 miembros electos, todos, para un periodo de cuatro años.
Cabe
hacer mención que en el año de 1955 se fusionaron
los dos partidos que tenían mayor presencia en Japón,
el Liberal y el Democrático, para dar lugar a un gran partido
que a la postre resultó ser el hasta ahora llamada Partido
Liberal Democrático, el cual, como lo señalamos
líneas arriba, pudo gobernar por cerca de cuatro décadas
sin coaliciones, pero debido a una constante inestabilidad parlamentaria
en Japón, en donde podemos hablar de la formación
de unos 20 gobiernos, contribuyó de manera significativa
a la pérdida del poder.
Después
de haber sufrido un severo revés, el Partido Liberal Democrático
se ha aliado con el Partido del Gobierno Limpio o Komeito, que
es apoyado por la más grande organización budista
(Sokka Gakkai), y con el Partido Conservador. Esta coalición
tripartidista gubernamental ha tenido éxito y, ¿por
qué no decirlo?, pareciera ser un indicativo para otras
sociedades en que el partido en el poder deberá hacer alianzas
o coaliciones que le permitan gobernar, pues en este caso obtuvieron
una mayoría de 254 escaños de 500 en la Cámara
Baja, lo que les asegura la presidencia de los comités
permanentes.
Hay
que resaltar el hecho de que el Partido Liberal Democrático
sufrió serios reveses en zonas urbanas, donde ganó
el principal partido de oposición, el Partido Democrático
de Japón, e incluso el alcalde comunista de Komae, Tokio,
Yudaka Yano, ganó su primera reelección después
de haber sido electo en 1996.
Sin
lugar a dudas, el último proceso electoral de Japón
nos mueve a dos reflexiones, a mi juicio, importantes: una, si
bien ese país ha evolucionado de manera muy relevante en
lo económico, científico y tecnológico, ha
mantenido casi intactas sus milenarios perfiles culturales nacionales
y quizá, sean estos, los que no les permee para ir hacia
cambios más radicales o explorar otras experiencias en
sus hombres de gobierno; y la otra, pudiera ser consecuencia de
la primera, en el sentido de que aún cuando había
síntomas de grandes niveles de corrupción en las
altas clases políticas vinculadas con las altas clases
empresariales y que de una u otra manera impactaron al Partido
Liberal Democrático, el electorado japonés vuelve
apostar de nueva cuenta por este partido. Habrá que analizar
más a profundidad la dinámica de los cambios de
este partido y estar atento al desarrollo de cómo se desenvuelve
en el futuro cercano, la posibilidad pues de retornar al poder
parece estar presente.
*Servidor
público parlamentario en la Cámara de Diputados
del H. Congreso de la Unión.
