ALGUNAS PREGUNTAS PARA LA AGENDA POLITICA DEL PRI
Sabino Bastidas Colinas*

El 2 de julio el PRI perdió la Presidencia de la República, pero además perdió su naturaleza política. El PRI que nació desde el poder para conservarlo, hoy se enfrenta a una realidad totalmente distinta: perdió el poder y está obligado a convertirse en un partido político más en la búsqueda del poder y de la representatividad ciudadana. Hoy es un PRI sin privilegios y en igualdad de condiciones frente a otras ofertas políticas.

Se trata de la fundación de un nuevo organismo político. El PRI tal como lo conocimos y lo vivimos desapareció el 2 de julio. Tenemos ahora oportunidad para construir una institución moderna, distinta, propositiva e innovadora, que forme parte de la democracia y actúe en ella, buscando conquistar simpatías, voluntades y votos.

No va a ser fácil. Hay inercias. Empero el PRI tiene hoy con qué convertirse en un partido político maduro, responsable y con propuestas viables y eficaces. Proponer a viejos problemas, nuevas soluciones. A todos nos conviene que el viejo PRI derive en una nueva oferta política viable. No es solo de los priístas la preocupación. Ninguna democracia se consolida sin partidos políticos fuertes, capaces de ganar y perder. Opciones serias que le permitan a la ciudadanía votar diferente, generar equilibrios y premiar y sancionar buenas y malas gestiones y fortalecer la gobernabilidad democrática.
A nadie le conviene que la pluralidad y las fuerzas reales del PRI se fragmenten, se resistan al cambio o quieran cobrar venganza de la nueva democracia que vivimos todos los mexicanos. El PRI tiene una tarea histórica que cumplir en la transición: convertirse en un partido político serio, en una oferta de gobierno viable y en una oposición sensata.

Quizá no se llamará PRI, tal vez dejará de usar los colores de la bandera, pero en este país, hay espacio para un partido liberal, de centro y nacionalista. En este país hay lugar para un partido socialdemócrata y ciudadano.

La lección es dura: la gente nos cambió porque no cambiamos. La ciudadanía no creyó en nuestra oferta de cambio con las mismas formas y los mismos rostros. Hoy no hay opción: o cambiamos y nos renovamos o desaparecemos.

Creo que el PRI de ayer es el embrión de un partido con futuro capaz de ganar con votos en la democracia. Vamos a tener que aprender muy rápido. Perdimos y es natural la confusión que estamos viviendo. Generalmente la derrota confunde. Pero en este partido hay gente capaz, hay convicciones y seguramente habrá imaginación suficiente para diseñar nuestro nuevo partido y construir con él el futuro de México.

Los priístas debemos hacernos algunas preguntas urgentes: ¿Qué partido? ¿Con quienes? ¿Con qué ideas? ¿Qué oposición seremos? y ¿Qué hacer?

¿Qué partido?

Un partido moderno y ciudadano. El PRI debe dejar de ser una maquinaria paraestatal para convertirse en un verdadero partido político. Un partido que aproveche su experiencia y su historia, pero que sepa leer los tiempos para construir el futuro. Un partido que recupere la confianza y la credibilidad de amplios sectores de la sociedad.

El sucesor del PRI debe ser un partido nacionalista, democrático, laico y liberal. Un partido con ideas sociales que sepa encabezar las nuevas demandas de una sociedad más preparada, mayoritaria-mente urbana y con información y poder de decisión. Un partido tolerante e incluyente, que no olvide nunca a los muchos millones de mexicanos que siguen rezagados. Un partido que sepa insertar a México en el mundo y que sepa encabezar las causas de la sociedad.

El PRI tiene la oportunidad de convertirse en un partido de ciudadanos más que de organizaciones. Las organizaciones patrocinan, luchan, presionan y movilizan, pero no votan. El ciudadano común ya probó que sabe para que sirven los votos y nada ni nadie puede comprometer en su nombre el sentido del voto. La gente probó que las corporaciones de principio de siglo no votan, y está claro que lo que el PRI necesita son votos.

Necesitamos ser un partido de ideas democráticas. Que tenga propuestas sensatas y viables de gobierno. Un partido que sepa debatir y que se distinga por no engañar al electorado con campañas de imagen y promesas de coyuntura. No cualquier promesa por un voto. Vamos a comprometernos con lo real y lo posible, con lo viable y lo inteligente.

¿Con quienes?

El PRI pierde porque se aleja de la gente. Por la soberbia de algunos militantes y dirigentes. Porque no supimos leer a tiempo el carácter adulto del ciudadano. Subestimamos a la sociedad. Pensamos en viejos paradigmas para un país distinto.

No supimos comunicarnos con la sociedad. Necesitamos recuperar las nuevas causas de la sociedad civil para que se manifiesten dentro del partido. No necesitamos acarreados para llenar las plazas, hoy necesitamos ciudadanos para llenar las urnas. Hoy necesitamos encabezar a la sociedad para construir políticas públicas y soluciones políticas para un tiempo distinto.

Construiremos el partido con muchos priístas honestos y decentes. Tenemos cuadros para reconstruir el partido. Caras nuevas, expertos en diversos temas y lideres sociales de verdad.

Vamos a convencer a los jóvenes que votaron por Fox, de que el PRI es una alternativa viable.

Vamos a las universidades a debatir y a convencer. Demos el debate entre los jóvenes y trabajemos para el futuro.

Que se queden quienes se puedan sentar como cualquiera a discutir y a dialogar. Gobernadores y líderes de sectores y organizaciones deberán asumirse como militantes de un partido más horizontal.

Debemos entender que los ciudadanos castigaron el 2 de julio, «el Olimpo» donde con soberbia nos encerramos.

En el PRI caben todos, pero no cabe la deshonestidad y la simulación que la gente ya expulsó del PRI. Si hay ganas de trabajar y compromiso, el PRI puede recibirlos. Pero se acabó el PRI como «modus vivendi». El PRI tiene que cambiar su forma de hacer política.

No debemos caer en el gatopardismo, es tiempo de cambiar desde el fondo, es tiempo de impulsar nuevos liderazgos democráticos, dejando atrás los cacicazgos y líderazgos verticales que ya nada representan.

Vamos por los presidentes municipales y por los diputados locales a construir liderazgos regionales para el futuro. Ahí está el nuevo PRI.

Vamos por la gente. Ciudadano por ciudadano. Convenciendo con la humildad que nos faltó. Sin los grandes aparatos de publicidad, sino con los hechos concretos, con la gestión de verdad, con buenos gobiernos y con honestidad y dedicación en el trabajo publico.

¿Con qué ideas?

Con las ideas de un proyecto de nación claro y democrático. Que busque la igualdad de oportunidades y la tolerancia en la diversidad y la pluralidad.

Construiremos un partido con la historia como conocimiento y no como cadena. Que sepa con gran claridad darle forma al futuro de nuestro país.

La revolución será un referente más, pero el PRI deberá asimilar que México evolucionó y que las causas de una ciudadanía de principios de siglo XXI son distintas a las de un pueblo de principios del siglo XX.

El PRI debe responder a la democracia y los conceptos serán diálogo, participación, responsabilidad y pluralismo. Vamos hacia un partido nacionalista y democrático al que la socialdemocracia informará con ideas. Seremos un partido moderno de centro, progresista e incluyente.

Un partido liberal en el sentido amplio del término y laico apegado a las ideas y a la razón, respetuoso de todas las formas de creer y de pensar.

La geometría electoral y el pragmatismo desdibujan a los partidos en todo el mundo. Pero debemos creer que es posible hacer un partido con valores y con principios. Vamos juntos a construir una ética política, basada en la honestidad y el servicio.

Construir un nacionalismo renovado, que entienda la necesidad de la globalización pero que sepa dar la batalla frente a los intereses que desmantelan y debilitan el proyecto nacional.

Creemos en un partido que piense en la familia y en la sociedad. Que valore eficazmente a la mujer y que brinde espacio a las minorías.

Un partido que sepa ir por los más pobres para hacer un estadio de igualdad de oportunidades de equidad y de justicia.

Con las ideas de una oferta social sensata podemos emprender el cambio y la reforma.
¿Qué oposición seremos?

El PRI debe ser una oposición moderna, madura y sensata. Que sepa la sociedad y el Presidente electo, que si sus propuestas son viables y positivas para México, contará con la colaboración del PRI, porque no se trata de bloquear por bloquear, ni de cerrar las puertas al diálogo, a la negociación política y a la inteligencia.

El PRI hoy no sabe ser oposición, sin embargo, aprenderá. Aprenderá muy rápido, con sentido común. No se trata de desgarrar al país en un enfrentamiento constante que deje ver frustraciones y revanchas personales o de grupo. Las ideas se discuten y la oposición es y debe ser en el terreno de las ideas.

El PRI debe proponer e impulsar proyectos que sean viables. Debemos convencer a la ciudadanía y al gobierno de emprender ideas de gobierno basadas en nuestra plataforma. Desde la oposición se hace mucho gobierno. Tendremos que trabajar mucho, pero es será sano para México.

No podemos ni debemos ser una oposición sistemática y necia, que pierda credibilidad y simpatía ciudadana. Seremos una oposición respetuosa, responsable y propositiva. Perdimos por nuestras propias incapacidades. No culpemos. La derrota fue nuestra.

¿Qué hacer?

Ponernos a trabajar. Necesitamos abrir muy pronto espacios de discusión y debate en todos los niveles del partido. Que se diga todo. Que se transparente lo sucedido. La reforma se inicia con la discusión seria de las ideas y con el estudio y análisis de los errores.

Un partido político es obra de muchos y no de unos cuantos. Que hablen las bases. Que digan que partido quieren. Que se escuchen las ideas. Hoy todos tenemos la palabra. Que se debata todo. Todo está sujeto al análisis y al escrutinio de las bases.

Que se organicen foros estatales y temáticos, que se discuta la derrota, nuestro papel en la transición y todos los demás temas que le interesan al PRI y a los militantes. Que el partido abra espacios ordenados para discutir ideas. Con rumbo nos podemos reagrupar. Hoy todas las acciones pueden fracasar sin el sustento de una ruta clara.

Debemos pronto convocar y organizar la XVIII Asamblea Nacional del Partido. Espacio natural y estatutario de deliberación, análisis y discusión de ideas. Esa Asamblea será el momento para definir y para decidir el futuro del Partido y con él, el de todo un proyecto de nación.

Esa Asamblea hará del PRI un partido democrático y viable. Debemos abrir el debate. Que hable el partido. Que hablen las bases. No podemos circunscribir el debate a los que siempre hablan y siempre tienen foro. Hay que darle foro a los militantes de la base, a los liderazgos reales, y a nuevos cuadros de partido. Esa Asamblea será una oportunidad para conocer ideas nuevas, para ver caras nuevas y escuchar voces nuevas. El PRI no es de los de siempre, sencillamente, porque no es el de siempre.

La agenda es compleja, pero la adversidad es una oportunidad. La democracia mexicana es finalmente también obra del PRI. El PRI votó las reformas, se sujetó a las reglas, perdió con dignidad y con esa autoridad moral, puede recuperar con votos, el poder para servir.

Qué gran lección.
La pregunta central es:
¿aprendimos la lección?

*Abogado. Secretario adjunto a la presidencia del CEN.