PARTIDO DE OPOSICION
CESÁREO MORALES*

El 2 de julio coincidieron para el PRI, algunos de los rasgos esenciales del destino político que lo ha inquietado desde 1929. No se puede dejar de reflexionar sobre ellos, si los priístas han de ocupar de aquí en adelante el nuevo lugar que les corresponde en el sistema de partidos y cumplir con la responsabilidad inédita que les asignan estos tiempos.

Calles fundó un partido que fuese un instrumento privilegiado en la edificación del Estado y las instituciones, el diseño de la forma política nacional y el tránsito ordenado del poder. Durante 7 décadas, en un proceso sinuoso, sin duda, pero ininterrumpido, se construyó el entramado que integró y alentó la pluralidad política, la competencia electoral y la alternancia. Desde los 60, la oposición elevó su presencia en el Congreso y ganó los municipios en donde tenía su electorado. En los 90 la alternancia se dio en 10 entidades y el Distrito Federal. Hoy, el PRI deja el poder nacional, porque cumplió su tarea y su destino democráticos.

En estos 70 años, el principio de justicia social, ha inspirado reformas constitucionales y legales, reformas económicas y reforma social. Todavía en los documentos básicos vigentes se habla del compromiso de una economía para la justicia social. La sociedad nuestra es fuerte y ha adquirido nuevas capacidades. El país rural se convirtió en urbano; del analfabetismo general pasó a un buen nivel de escolarización; del subdesarrollo transita a una base productiva moderna. También, los 17 millones de mexicanos de 1930 se convirtieron en los 100 millones del 2000. Padecimos los efectos de una crisis económica larga; las desigualdades se profundizaron y más de 26 millones de mexicanos viven por debajo de una calidad de vida digna. Sus triunfos electorales, pese a lo que se diga, fueron siempre votos de la legitimidad. Hoy, el sufragio de la sociedad plural y diferenciada que impulsó desde sus gobiernos, le hace perder la presidencia de la República.

Vivimos en el respeto a las libertades y los derechos humanos. La tolerancia, en el sentido estricto de su concepto, como reconocimiento a la dignidad y las diferencias del otro, forma parte de nuestra cultura, en su carácter inclusivo y su capacidad de ofrecer lazos asociativos a la interacción de los ciudadanos. Hoy, sin intransigencia alguna, el PRI acepta que no logró formar una mayoría electoral para ganar la representación de la titularidad del Ejecutivo federal.

En México tenemos Constitución, Estado e instituciones. La Ley Fundamental sustenta nuestro orden jurídico y ha sido el marco de la transformación del país. El Estado, pese a las deficiencias de la procuración y administración de justicia, ha sido garante del ejercicio de las leyes para defender la igualdad jurídica de los ciudadanos. Las instituciones, siempre perfectibles, ofrecen el andamiaje requerido en la solución de los conflictos. La formalidad democrática constitucional de origen, guió nuestro proceso de democratización. Hoy, la democracia que el PRI forjó, y en las últimas décadas continuó haciéndolo junto con otros partidos, lo declara perdedor en la elección presidencial.

El 2 de julio, ante el veredicto del sufragio, el PRI acredita ante los mexicanos el cumplimiento de su destino y les entrega el gobierno de una República consolidada en sus instituciones y la democracia, una República que en su integridad y su riqueza es de todos y para todos.

Hoy, el PRI, como partido de oposición y con este carácter, deberá renovar profundamente su legitimidad, reorganizarse para estar con la sociedad en los nuevos tiempos del país y encontrar los medios para elevar su capacidad de competir en la democracia.

Más que nunca, sus principios de democracia y justicia social, han de sustentar su pensamiento y su acción. A partir del 1º de septiembre, en el Congreso de la Unión y los congresos locales, está llamado a convertirse en la fuerza política que oriente y otorgue su pleno sentido a la división de poderes. Desde ese ámbito legislativo habrá de dar todas las batallas en defensa de la Constitución, el Estado y las instituciones.

En su XVIII Asamblea Nacional que debería tener lugar de aquí a noviembre, con plena conciencia de partido de oposición, podrá identificar sus tareas inmediatas. Como una propuesta inicial consideraría que son las siguientes:

1) La renovación ideológica y la de su identidad

Considero que no puede ni debe abandonar los principios y la memoria de la Revolución Mexicana. Ha de actualizarla para que ella adquiera su significación en nuestra sociedad individualizada y ciudadana de la globalización. Se trata de la expansión de las libertades, la nueva generación de derechos, el respeto a las diferencias, las oportunidades y una cultura de la responsabilidad.

2) La reorganización para ocupar su lugar en el nuevo sistema de partidos.

Sus gobiernos en 21 entidades, le exigen conciliar la presencia estatal y regional con la nacional. Han de evitarse, tanto la dispersión y las fracturas, como el centralismo y la unidad artificial.

Es evidente que de estas elecciones surge una nueva estructura política nacional. Aquí el PRI deberá traducir su larga experiencia en innovaciones.

Deberán buscarse soluciones diferenciadas para la organización territorial, los sectores y las organizaciones de nuevo tipo.

A nadie debe excluirse; ni deben tirarse a la basura las organizaciones tradicionales. Todos han de reubicarse en el nuevo modo de funcionamiento político del PRI.

Ha de tener respuestas para los ciudadanos que quieren participar en la vida pública, pero no lo quieren hacer bajo la bandera de ningún partido. En este contexto, se deberán pensar las formas de relacionarse con las diversas organizaciones de nuevo tipo en la sociedad.

Además, es previsible que los procesos complejos de negociación ante los conflictos, tengan nuevos interlocutores y aristas inéditas, ante lo cual, el partido ha de estar listo a responder con otros reflejos y actitudes diferentes.

Un axioma a recordar: los electores ya no quieren que los encierren en cajones partidistas y aspiran a tener una relación distinta con las organizaciones políticas y sus candidatos.

3) La democracia interna

Ya no tiene sentido aplazar la satisfacción de esta vieja demanda. Sólo elecciones internas reiteradas alentarán la cultura democrática de los priístas. La unidad dejó de ser pretexto y, en ciertos casos, cuando se quiso preservar de manera autoritaria, se volvió en contra.

La cuestión de la democracia interna sería la única salida, al callejón en que se encuentra, por haber llegado a su límite una política cerrada de grupos que comenzó a adoptar rasgos facciosos.

4) Los liderazgos

De aquí en adelante, sólo los liderazgos reales tienen legitimidad. Llegó a su fin la política burocrática. Esto ha de aplicarse a todos los ámbitos y niveles, desde el seccional hasta el Comité Ejecutivo Nacional, desde las organizaciones de base hasta la cúpula de los sectores.

5) Nuevas tareas, nueva ética política

El PRI cumplió un ciclo de 70 años. Contribuyó a edificar el Estado y las instituciones, también a crear grupos empresariales y organizaciones políticas o sociales. En estas décadas sufrió todas las tentaciones del poder y muchas veces los priístas no las resistieron.

Ahora, se espera que su aportación a la sociedad sea otra. ¿Cuál? Podría pensarse en un espíritu constitucional y democrático, justicia social, una ética de la responsabilidad, inteligencia, flexibilidad y capacidad de innovación.

Hay que iniciar el debate. No hay que dejar que se haga tarde.

*Coordinador de la Comisión Nacional de Ideología; coordinador de asesores de la presidencia de la Junta de Coordinación Política del Senado de la República.