Olas de democracia*
Ricardo Uvalle Berrones**


La historia del poder es fruto de condiciones culturales, políticas y económicas que inciden en la construcción de las sociedades y en el desarrollo de las formas de organización institucional. Su trayectoria no es lineal sino dialéctica, es decir, sujeta al comportamiento de los opuestos. En este sentido, la democracia moderna tiene como antecedente las revoluciones políticas de los siglos XVII y XVIII, las cuales tienen como objetivo la destrucción de un orden político que es injusto -falta de libertades públicas, concentración de beneficios materiales y creciente desigualdad social- para construir otro que sea equitativo, incluyente y benevolente.

Para Markoff, la democracia se explica en razón de contextos, actores, circunstancias, tiempos y desenlaces. Ha sido y es una palabra que tiene contenido, sentido y razón; más aun, cuando se vincula con categorías como movimientos sociales y cambio político. Éstos son un tipo de energía que explica el perfil de las sociedades y la naturaleza del Estado; en este caso, el Estado moderno. Para puntualizar el significado de la democracia no en términos abstractos y formales, sino concretos, el autor acuña el concepto oleada para situar "los cambios políticos que ocurren, estrecha y conjuntamente en el tiempo, en diferentes países".

Como sistema de vida y método de gobierno, la democracia articula una diversidad de cambios que explican su vigencia tanto en el mundo desarrollado como en los países emergentes. Acierta el autor cuando destaca que la democracia no se agota en el rubro de las elecciones ni en las prácticas parlamentarias. Para él, la democracia es importante; pero más lo es la democratización a la cual relaciona con la acción de los movimientos sociales y políticos. El impacto de la democratización en la visión del autor, es la clave para entender la apertura de los espacios políticos y el reacomodo de las estructuras del poder a través de la movilización, las luchas y las protestas. Un elemento importante a destacar es que la democracia también se nutre de elementos no democráticos. Esto significa que tiene carácter híbrido y no puro como lo ha señalado un clásico de la Antigüedad helénica. La coexistencia de lo democrático y lo no democrático sobresale más en países que tienden a la edificación de la " farsa democrática"; y de acuerdo con el autor, en la década de los veinte, Italia, España y Brasil son países que se identifican con dicha situación.

En un planteamiento agudo, precisa para algunos casos "el carácter mítico de la democracia", lo cual significa que el poder no reside en el pueblo, sino que está en manos de arenas reales de poder -caciques, consorcios, élites, tecnoestructuras, comités de gobierno- que se encargan de decidir en nombre del "interés público". Por otra parte, aunque la sociedad moderna siempre ha proclamado la democracia, en el mundo factual sus atributos no siempre conducen a la igualdad política. Para Markoff, las sociedades modernas viven momentos relevantes que denomina "marea democrática", que comprende el periodo de 1910 a 1925.

En efecto, países como Argentina, Bélgica, Canadá, Gran Bretaña y Estados Unidos eliminan diversas restricciones que son contrarias al espíritu, filosofía e institucionalidad de la propia democracia, porque limitan el ejercicio de los derechos ciudadanos, los cuales se proclaman siglo y medio antes, tanto por la Edad de la razón política como por la cultura de la Ilustración.

En un análisis sugerente del tiempo actual, el autor señala los "desafíos de la democracia", los cuales están dados por los procesos multiculturales, transaculturales y transnacionales; también por la acción de las minorías organizadas, las cuales luchan de modo intenso para no quedar excluidas de la toma de las decisiones políticas y de las esferas responsables de su implementación. Para los Estados contemporáneos, la inclusión política es un imperativo tomando en cuenta la importancia de las libertades privadas y públicas, el impacto de la tecnología y el papel que desempeña el público ciudadano en el mundo de las recompensas -ratificación de la lealtad ciudadana con el gobierno - y los castigos electorales- ingreso de las oposiciones a la dirección política de la sociedad - que denotan el desencanto ciudadano con el desempeño de las instituciones gubernamentales.

Para Markoff, la democracia se inscribe en un ambiente de incertidumbre, pues menciona que no es claro si tendrá en el futuro nuevas formas de acción colectiva o bien, proveerá a Estados nacionales de estructuras limitadas para evitar el ejercicio antidemocrático del poder. Más allá de la concepción mítica o deseable, la democracia es un camino para ordenar -civilidad, tolerancia, representación, participación- la sociedad y regular -constitucionalidad y juridificación- los Estados tomando en cuenta la pluralidad ciudadana, pero en ningún caso, su contenido se divorcia de los intereses en competencia, la competencia abierta y los resultados obtenidos. La obra es una invitación para entender y comprender la democracia en términos de su trascendencia histórica, su valor institucional y la formación de nuevos sistemas de poder que, como la Unión Europea, influyen en la construcción y el desenvolvimiento de relaciones que dan vida a prácticas que conjugan la concepción positiva del propio poder y su naturaleza realista hasta valorar a la política como un medio que articula intereses en competencia, tomando en cuenta la intensidad del pluralismo contemporáneo.

*MARKOFF, John, Olas de la democracia. Movimientos sociales y cambio político, Madrid, 1998, 220 p.p.

**Doctor en Administración Pública, por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Profesor de Tiempo Completo por Concurso de Oposición en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Profesor en la licenciatura y el Postgrado de Administración Pública, UNAM.