Perú:
crisis electoral
Erika Amoedo*
La
sombra de las irregularidades presentadas durante la primera vuelta
de las elecciones del pasado 9 de abril en Perú, que dejaron
en duda la confiabilidad de los comicios para la segunda vuelta
electoral, orillaron al candidato de Perú Posible, Alejandro
Toledo a declinar su participación en las elecciones del
28 de mayo y a solicitar el aplazamiento de las mismas hasta el
18 de junio, poniendo contra la pared al gobierno del candidato-presidente
Alberto Fujimori.
Aunque Toledo ya había amenazado con una posible retirada,
pocos pensaban que fuera a abandonar la contienda una semana antes
de la jornada electoral. Sin embargo, su declinación no
fue fortuita, la Organización de Estados Americanos (OEA)
había declarado en su último dictamen que no existían
garantías para una clara contienda democrática,
con lo que puso nuevamente en tela de juicio la actuación
de las autoridades electorales, que se negaron a posponer la fecha
de los comicios.
La desconfianza en la transparencia de las elecciones no es infundada.
A más de un mes de haberse presentado la denuncia sobre
la presunta falsificación de firmas para la inscripción
del Frente Nacional Independiente Perú 2000, que junto
con tres grupos más respaldan la postulación de
Fujimori para un tercer mandato consecutivo, ésta aún
no ha sido aclarada, como tampoco han sido corregidas las insuficiencias
e inequidades que prevalecieron en la primera vuelta electoral
denunciadas por los organismos internacionales de observación
electoral. En palabras del propio mandatario, las recomendaciones
de la OEA "no se cumplieron porque no eran necesarias o contravenían
las leyes del país". Sin embargo, no fue el mismo
Fujimori quien transgredió la Carta Magna lanzando su candidatura
para otra reelección la cual le estaba prohibida, generando
movilizaciones sociales de protesta, que si bien en su momento
no fueron enormes, ahora junto con las organizaciones políticas
encabezadas por Toledo podrían adquirir otra magnitud y
provocar una mayor desestabilización en el país.
El proceso electoral peruano inició viciado, pero la misma
participación de los partidos de oposición legitimaron
la candidatura inconstitucional de Fujimori, quien a lo largo
de sus diez años de gobierno ha logrado hacer creer que
su poder es inagotable. Muchos peruanos aseguran que su país
vive bajo formas dictatoriales con rasgos democráticos
en donde el régimen fujimorista controla los medios de
comunicación, el Poder Judicial, la Junta Nacional Electoral
y el Consejo Nacional de la Magistratura, entre otros poderes
del Estado.
La crisis política por la que atraviesa Perú solo
puede explicarse a partir de la falta de autonomía de las
instituciones y la creación de una estructura de poder
surgida luego del golpe de Estado presidencial que acabó
con la institucionalidad democrática en el país.
Sin embargo, hay un hecho que podría marcar el futuro panorama
político de Perú como es la conformación
del nuevo Congreso que asumirá sus funciones el próximo
26 de julio, en donde el oficialista Perú 2000 no cuenta
con la mayoría absoluta, lo que obligará a Fujimori
a negociar con algunos de los partidos opositores que en coalición
con Perú Posible representan la mayor fuerza política
en el Congreso. Otro autogolpe de Estado no sería posible,
ya que Fujimori correría el riesgo de quedar aislado de
la comunidad internacional y de sufrir sanciones económicas.
Todo indica que el actual mandatario se presentará como
candidato único en la segunda vuelta electoral del domingo
28 de mayo y que logrará reelegirse con el apoyo de sus
seguidores. Los llamados que ha realizado la oposición
para que la población se abstenga de votar muy difícilmente
tendrán la respuesta que esperan ya que imperará
el miedo a las advertencias que han comenzado a difundirse sobre
las obstrucciones administrativas y el cobro de multas.
La
actual crisis que viven los peruanos es sin duda la expresión
más grave de los conflictos por los que atraviesan diversos
países de América Latina. Por ello, lo más
viable es que las partes lleguen a acuerdo para evitar una mayor
desestabilización política y social ya que de lo
contrario llegaría a repercutir en el resto de los países
de la región, principalmente los andinos, cuya situación
es preocupante.
*Secretaria
Técnica de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos
de América Latina y el Caribe
