SIN IDEOLOGÍA NO PUEDE HABER RUMBO
Raúl Olmedo Carranza*

Al dar a conocer la adhesión de la senadora Layda Sansores y de otros dirigentes del Partido de la Revolución Democrática, Vicente Fox sostuvo que las incorporaciones a su campaña presidencial son "sin ideología" y sin que sea necesario afiliarse al Partido Acción Nacional o al Partido Verde Ecologista de México. Con esas palabras Fox definió su posición: bienvenida cualquier ideología, centro, derecha, izquierda; lo importante es que gane yo las elecciones presidenciales; ya luego veremos qué rumbo tomaremos.

Su estrategia ha sido "lógica" y consecuente para ese propósito: darle a cada quien por su lado, decirle y prometerle lo que el público en turno desea escuchar. Es la estrategia del camaleón. No importa que las "ofertas políticas" sean ilógicas, contradictorias e incongruentes unas con otras. Lo que Fox le pide al electorado es que le firme -con su voto- un cheque en blanco.

Detrás de la consigna "sacar al PRI de Los Pinos" está la estrategia: "para que entre yo". No importa el rumbo que vaya a imprimirle al país, su consigna y su estrategia se basan en el axioma de que "será mejor que si el PRI sigue gobernando". Esto explica que llegue hasta prometer: "Estableceré un libre flujo de trabajadores en 5 o 10 años y equipararé los salarios entre México y Estados Unidos" (Reforma, 21 marzo, 2000). Hablar de 10 años es ya un síntoma de sus intenciones. Pero prometer que los salarios entre México y Estados Unidos serán iguales es una locura, como lo es prometer que Estados Unidos derribe sus fronteras a la inmigración. A partir de este tipo de promesas imposibles de realizar, todo puede esperarse de su discurso surrealista.

En su larga campaña "sin ideología" (todas las ideologías caben en él) ha logrado convencer a una porción importante del electorado. Su llamado a los simpatizantes de los otros partidos, especialmente del PRD, para que no "desperdicien" su voto por un candidato que, según las encuestas, no tiene posibilidad de ganar, y lo hagan "útil" votando por el PAN para "sacar al PRI de Los Pinos", ha logrado un efecto de "remolino".

Ello nos indica el grado de confusión -o de "claridad", según se interprete- de una buena parte del electorado, que ha llegado a convencerse de que lo más importante es la "alternan cia", como si el cambio de partido en el poder pudiese hacer posible cambiar las tendencias mundiales de la economía. Cuando uno lee libros recientes como los de Jeremy Rifkin El fin del trabajo: nuevas tecnologías contra puestos de trabajo, Lester Thurow El futuro del capitalismo, Emmanuel Todd La ilusión económica: ensayo sobre el estancamiento de las sociedades desarrolladas, Vivian Forrester El horror económico, André Gorz Miserias del presente, riquezas de lo posible, libros que señalan las tendencias declinantes de la economía mundial, uno constata que el margen de maniobra que les queda a los gobiernos nacionales se reduce cada día más ante la determinación de los grandes intereses del capital financiero internacional y de las propias contradicciones del sistema económico mundial. Cualquier locura que un gobierno nacional cometa en este filo de la navaja tendrá efectos negativos para cualquier país.

Los tropiezos que han tenido en los últimos años varios países de América Latina que se han dejado llevar por la "euforia democrática", la cual abre espacios a los candidatos populistas "sin ideología", muestran que ya en el ejercicio de gobierno provocan graves retrocesos, tanto en lo que se refiere a la propia democracia política como en la situación económica de sus países. ¿Tendremos los mexicanos que pasar también por esas riesgosas experiencias?

En este contexto, el Partido Revolucionario Institucional tiene que reconsiderar sus alianzas y sus diferencias con los otros partidos políticos si quiere recuperar la vocación popular que le ha dado los votos para gobernar durante siete décadas.

No podemos ignorar las tendencias electorales en el nivel municipal, que son las que represen tan de manera más espontánea el sentir de la población: "En 1988 no más del 3% de la población mexicana vivía en municipios gobernados por partidos distintos al PRI; en 1990 la cifra llegó al 10.45%; en 1992, al 14.4%; en 1995, al 24.3%; en 1996, al 37.5% y en 1997, al 44.42%" (Alonso Lujambio. Adiós a la excepcionalidad. Régimen presidencial y gobierno dividido en México. Revista Este país, febrero de 2000).

Al cierre de 1999 el PRI gobernaba 1,391 municipios del país de un total de 2,426; el PAN, 286; el PRD, 293; el PT, 26 y el PVEM, 9. En la diferencia numérica están los 413 municipios de Oaxaca que se rigen bajo el sistema de "usos y costumbres". Pero, en términos de población, el PRI tenía bajo su gobierno al 46%; el PAN, el 30%, el PRD, el 21%; el PT, el 0.5% y el PVEM, 0.3% (Federación Nacional de Municipios de México, A. C., Geografía político-electoral por municipios, diciembre de 1999).

En el caso de las gubernaturas, "de las 32 entidades federativas en que se divide el país, 11 ya han sido gobernadas por partidos distintos al PRI, lo cual significa que el 35.51% de la población ya ha vivido la experiencia de ser gobernada por partidos políticos distintos al Revolucionario desde la titularidad del Ejecutivo estatal" (Alonso Lujambio, Op. cit.). Conviene aclarar que de los municipios gobernados por el PRI muchos pertenecen a zonas rurales de los estados de Hidalgo, Veracruz, Puebla, Oaxaca, Guerrero y Chiapas. Estas entidades se caracterizan actualmente por altos índices de pobreza, por constantes movilizaciones sociales y por la presencia de grupos armados no institucionales.

No arriesguemos el futuro. Tenemos que alertar a la gente de que la ausencia de ideología conduce a la ausencia de rumbo.

*Doctor en Ciencias Políticas. Presidente del Instituto de Administración Municipal, AC.
Director del Periódico "El Municipal".