SANTA ANNA REDIVIVO
Eliseo Mendoza Berrueto*


A unas cuantas semanas de la madre de todas las elecciones, la presidencial, es difícil comprender cómo un candidato tan carente de las cualidades que caracterizan a un Jefe de Estado, haya avanzado tanto en el ánimo de la ciudadanía hasta colocarse en segundo lugar entre los aspirantes a la Presidencia de la República.

El avance que ha tenido el Sr. Vicente Fox representa un fenómeno político de difícil explicación. Quizá no sea uno, sino múltiples factores los que intervinieron para fortalecer a un candidato no sólo desprovisto de cultura general, sino de cultura política y que ha hecho planteamientos tan abiertamente opuestos a nuestros principios y valores. ¿Cómo explicarnos que un hombre tan faccioso, tan confundido ideológicamente, de pensamiento tan volátil, de tan marcado autoritarismo, pudiera llegar a la Presidencia de la República? El señor Fox hace gala de su machismo al grado de que para él no es importante que una mujer lo acompañe en tarea tan complicada como la de dirigir y administrar toda una Nación. Y eso que las mujeres, en México, no sólo representan al mitad del electorado, sino son las más eficientes promotoras del voto en las colonias, los barrios y los ejidos.

Vicente Fox es tan contradictorio que a veces raya en lo tragicómico. Como aquél López de Santa Anna, en su ambición por alcanzar el poder político, a veces se apoya en los conservadores, a veces en los liberales, con tal de agradar a su auditorio y de sumar votos. Cuando compareció en el debate, insistió en atraer a su causa tanto a Cárdenas como a Rincón Gallardo, llegando a afirmar que estaba totalmente de acuerdo en los planteamientos de ambos, cuando bien sabemos que su verdadera ideología choca frontalmente con las ideas de izquierda socialista que aquellos defienden. Recordemos la edición de su decálogo en materia religiosa que ahora sus correligionarios se empeñan en cotejar con la carta pastoral "Del encuentro de Jesucristo a la solidaridad con todos" para constatar las semejanzas entre uno y otra, con la aviesa intención de atraer simpatizantes, bajo el aparente manto de una fe ficticia.

Conjugar en un solo propósito asuntos de fe religiosa con cuestiones políticas, representa un intento tan aberrante como peligroso, opuesto a nuestra más limpia tradición liberal. Las cuestiones de la Iglesia y del Estado, para el mejor destino de México, fueron acotadas desde hace más de un siglo y eso nos ha permitido vivir en un ambiente de estabilidad política y de armonía social.

Mientras más se empeñen algunos panistas en esta absurda empresa, y Fox la permita, mejor le vendrán al candidato los epítetos que le espetan los masones de la República de "oscurantista", "intolerante", "promotor del fanatismo religioso" y de "marchar contra la historia del país".

Fox ha insistido en que el estado que gobernó, Guanajuato, alcanzó los más altos niveles educativos y económicos durante su gobierno. Las estadísticas actuales no comprueban tan optimista visión del ex gobernador. En Guanajuato, la población mayor de quince años tiene 5.4 años de educación, mientras que en el país la cifra alcanza 6.5 años. En cuanto a la atracción de inversiones, la entidad se ubicó en el lugar 24, lo que, entre otras causas, fué motivo de que Guanajuato siguiera siendo una entidad de fuerte emigración de fuerza de trabajo.

Ante estos resultados y con estas estadísticas, es de sorprender el efecto que provoca en la población la publicidad política. A un hombre de tan escasos méritos como estadista y como político, se le transforma en un líder capaz de asumir la más alta responsabilidad que mexicano alguno puede des empeñar: la Presidencia de la República. Uno estaría obligado a pensar en la peligrosa influencia de la publicidad, que es capaz de plantear como virtudes lo que son en realidad cuestiones negativas, contrarias no sólo a los intereses mayoritarios, sino a los avances que hemos tenido, como pueblo, a lo largo de nuestra historia.

De la audacia de Fox, de su temeridad y rudeza, nadie duda. Pero estos no son méritos suficientes para que votemos por él la mayoría de los mexicanos. Los mismos panistas saben que no es el hombre ideal para la transición, pero ya no tienen otra opción, después de que no supieron formar un candidato más idóneo y de que no pudieron parar a Fox. Los panistas, con Fox a la cabeza, con el radicalismo de sus críticas, le ha apostado a la confusión y a la polarización de la sociedad, situaciones similares a las que prevalecían en el México de Santa Anna. No cabe duda que hay un inescapable paralelismo con aquél héroe de pacotilla, culpable de tan desgraciado evento como lo fue el Gran Despojo. Ambos personajes, sin consistencia ideológica, proyectan una tremenda confusión hacia la sociedad, polarizan actitudes y plantean falsas redenciones. Si Fox gana y no les convence a sus seguidores, ya buscarán a otro Lucas Alamán para que lo aconseje.

Esperemos que nada de eso sea necesario.

*Expresidente de la Gran Comisión de la Cámara de Diputados. Exgobernador de Coahuila. Actualmente Secretario Adjunto de la residencia del CEN