LOS CONTRASTANTES CAMINOS DEL SUR
HUMBERTO MAYANS CANABAL*

El Sur también existe
MARIO BENEDETTI

En cuántas ocasiones hemos escuchado que existen dos Méxicos: el del norte, al cual se asocia con términos como avance, industria, empleo y exportación; en tanto que al sur-sureste se le vincula con palabras como petróleo, agua, pobreza y marginación, lo que nos convierte en un país dividido precisamente por las mismas condiciones regionales de generación de la riqueza.

Campeche, Chiapas, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán son entidades que han prestado a México una parte fundamental de su gloria histórica y cultural y forman una reserva invaluable de recursos humanos y económicos.

La grandeza de los estados que conforman el sur-sureste del país se expresa en que representan el 20.78 por ciento de la superficie nacional y una quinta parte de la población de México, así también como en el hecho pluricultural de que el 58.93 por ciento de la población de lengua indígena se concentra en estos estados.

Si evaluamos la abundancia de recursos naturales que posee esta región se tiene que por su geografía cruzan los ríos más caudalosos, el Grijalva y el Usumacinta, cuyo envasamiento en las presas más importantes del país produce el 80 por ciento de la energía eléctrica que demanda el consumo nacional.1

Su biodiversidad es igualmente grandiosa, ya que la superficie forestal del sur-sureste equivale al 20 por ciento de la nacional, y su reserva de selvas equivale al 55 por ciento del total en el país 2, lo cual significa que un número considerable de especies animales y vegetales habitan estas áreas y que la riqueza de su suelo y la diversidad de climas, son propicios para todo tipo de cultivos.

Un recurso estratégico con que la naturaleza dotó a esta región es el petróleo, ya que su producción de crudo y gas representa la casi totalidad de la riqueza en el sector.

La producción de yacimientos debajo de sus territorios representa el 35 por ciento del total nacional, y aun más si se considera la producción extraída frente a sus litorales en el Golfo de México, pues la proporción llega al 97 por ciento.

LOS DÉFICIT DEL SUR. Con el recuento de todo esa abundancia, la situación de la región sur-sureste debería ser diferente, pero irónicamente en términos de bienestar social y progreso económico se encuentra por debajo de la media nacional. En este sentido, la región se caracteriza históricamente por la pobreza y la marginación. Hasta 1995, su índice de analfabetismo era de 16.43 por ciento contra un promedio nacional de 10.60; mantenía una PEA dedicada a la actividad primaria del 35.27 por ciento contra una nacional de 22.54; el promedio de viviendas con agua potable era de 74.43 contra 85.60 por ciento en el país.

La cobertura regional de alcantarillado era de 24.78 por ciento contra el 59.98 por ciento nacional; en servicio de electricidad tenía una media de 87.84 contra 93.20 por ciento del nacional y la población trabajadora que obtenía menos de dos salarios mínimos era de 54.77 contra el 48.90 por ciento en el país.

En los últimos años estas condiciones no mejoraron y pese a contar con un mayor número de habitantes en el mercado de trabajo, en 1988 la región sur-sureste solamente representó el 12.2 por ciento del total del PIB nacional, en tanto que la zona norte produjo bienes y servicios por un valor equivalente al 29.5 por ciento y el centro del país el 58.1 por ciento del PIB general.3

Para subrayar aun más las desproporciones de la riqueza, la suma del PIB de Chihuahua y Nuevo León (11.13 por ciento) es por un valor semejante al de toda la región sur-sureste y la del Distrito Federal (22.76) supera en casi el doble al de los siete estados aquí considerados. Se entiende esta inequidad debido a que en el sur-sureste la actividad industrial y de servicios es muy atrasada.

La actividad preponderante en el sur del país es la agropecuaria, ya que un porcentaje de 37.77 por ciento de su población ocupada se dedica a esta labor, en tanto que en el norte las actividades agropecuarias absorben sólo el 15.6 por ciento, las del sector secundario el 22.56 por ciento y los servicios el 29.37, mientras que en el centro de México encontramos apenas 13.1 de su fuerza de trabajo en el campo, el 21.1 en la manufactura y 32.53 por ciento dedicada a los servicios.

Por otro lado, si realizamos la comparación de la PEA en el año de 1998, en el sur representaba el 57.76 por ciento de su población regional de 12 años y más, mientras que en el norte fue el 55.86 por ciento y en el centro del país el 54.50 por ciento, lo que evidencia que no obstante poseer un mayor número de recursos humanos aptos para el trabajo, la generación de ingresos es mucho menor que en el resto de las regiones.4

UN INJUSTO REPARTO. Si efectuamos un análisis del nivel de ingresos, podremos ver que en ese mismo año el PIB correspondiente a la media nacional fue de 4 mil 926 dólares por habitante, en tanto que de los estados que conforman esta región solamente Campeche y Quintana Roo se encontraron por arriba de la media nacional.5

Esta situación pone de manifiesto que en nuestro país no existe una correlación entre los recursos generados por los estados y el bienestar de sus habitantes, como lo ejemplifica un estudio de la CONAPO, que muestra que Campeche ocupa a escala nacional el segundo lugar en la generación de PIB por habitante, pero el bienestar de su población ocupa el lugar número diez.6

Conforme a este estudio y en orden descendente podremos observar a Tabasco, Quintana Roo, Yucatán, Veracruz, Oaxaca y Chiapas que respectivamente se colocaron en las posiciones seis, catorce, veintidós, veintiséis, treinta y uno y treinta y dos en esta clasificación del nivel de desarrollo de su población.

LA FRONTERA SUR. Políticamente, por otra parte, la importancia del sur-sureste se ha vuelto creciente. Tenemos allí la zona de conflicto guerrillero más importante que surgió en la pasada década-el EZLN-, además de que la presencia de la problemática de la frontera sur se ha convertido en punto delicado de la seguridad nacional.

La frontera sur comprende a los estados de Campeche, Chiapas, Tabasco y Quintana Roo, que poseen mil 138 kilómetros lineales que colindan con los países de Belice y Guatemala, y en particular tienen a 21 municipios adyacentes a esta franja fronteriza. En esta región limítrofe, hasta 1997, vivía una población de 7 millones 113 mil habitantes, que equivalían al 7.51 por ciento del total de la población nacional.

Esta frontera se ha convertido en un creciente corredor humano y comercial que se vincula con la migración centroamericana indocumentada que viaja a los Estados Unidos; y en un centro de operaciones de bandas organizadas de narcotraficantes y de comerciantes ilegales de armas.

La situación migratoria de esta frontera es muy peculiar porque se da bajo una dinámica de integración social y cultural que nos liga a la población centroamericana, a diferencia de lo que ocurre con la frontera norte. Al mismo tiempo se presenta también un fenómeno de maltrato y abuso contra los indocumentados, lo que resulta altamente preocupante en términos de política de derechos humanos y de procuración de justicia.

MIRAR HACIA EL SUR: F. LABASTIDA. Todo este complejo cuadro socioeconómico y político nos da la real dimensión de la gran deuda que tienen el gobierno, la iniciativa privada y los partidos políticos con las necesidades de desarrollo político y social de esta región del país. En el marco del nuevo siglo, el atraso del sur constituye el desafío programático más importante del Estado mexicano, a fin de equilibrar el desarrollo regional y cambiar la estructura de la distribución de la riqueza nacional.

Es urgente por ello revertir la desigualdad que padece el sur-sureste si se quiere hacer viable el desarrollo integral de México y su inserción soberana en el mundo globalizado. La enorme deuda social que existe en esta región solamente podrá ser subsanada con voluntad política, un nuevo modelo de política fiscal y de desarrollo regional, grandes inversiones en infraestructura y con un decidido impulso a su avance democrático.

En este contexto, nuestro candidato Francisco Labastida Ochoa ha sido el único de los aspirantes presidenciales que tiene una propuesta seria y viable para el sur-sureste. Desde sus primeros pronunciamientos de campaña estableció que el nuevo siglo tiene que ser la hora del sur de México y que es indispensable cerrar la brecha de desarrollo que separa esta región del nivel de progreso que existe en el norte.

Es fundamental, en este sentido, incorporar integralmente los temas del desarrollo regional en la agenda nacional. Es necesario que se apliquen mayores partidas dirigidas a la creación y consolidación de infraestructura carretera, ferroviaria y marítima en la región, así como para fortalecer su desarrollo agropecuario, con miras la expansión de la infraestructura agrícola y ganadera, el crecimiento agroindustrial y el fomento a las exportaciones.

El nuevo modelo de desarrollo para el sur-sureste pasa por aprobar mayores inversiones para el mantenimiento y modernización de las obras de control hidráulico; por la ejecución de programas de ordenamiento urbano, y el respaldo presupuestal y de la banca privada a favor de la creación de desarrollos habitacionales y la ampliación de los sistemas de servicios públicos.

En particular, sostengo que es necesario construir una nueva relación entre Petróleos Mexicanos y los gobiernos de estas entidades, a efecto de que esta paraestatal -que tanta influencia tiene en las economías de esos estados- suscriba convenios de apoyo al desarrollo social muy amplios, los cuales deben vincularse a fondos para el combate a la pobreza y marginación, a programas de saneamiento ambiental, al desarrollo y equipamiento urbano, a estímulos a carreras universitarias ligadas a las necesidades regionales y a la creación de bolsas de trabajo para egresados.

Debemos pensar en el gran compromiso nacional que tenemos con esta región, tan rica en recursos naturales y en gente -la cual no sólo representa un voto en este periodo electoral-, a fin de establecer con su población verdaderos compromisos de desarrollo que contribuyan a abatir la pobreza y la marginación, de manera que en un futuro breve podamos hablar de un sólo México.

1 Banamex. México Social 1996-1998. Estadísticas seleccionadas, 1998 e INEGI. Conteo 95 de Población y Vivienda. Resultados Definitivos, Tabulados Básicos.
2 SEMARNAP. Anuario Estadístico Forestal. Edición 1998.
3 Cálculos propios con base en INEGI. Banco de Información Económica. PIB por entidad federativa.
4 Cálculos propios en base a Gobierno de la República. V Informe de Gobierno. Anexo Estadístico.
5 Diario La Jornada. 26-03-2000.
6 Diario Reforma. 04-04-2000

*Senador de la República. Delegado General del CEN en el Estado de Zacatecas.