La globalidad y los países del Sur
Víctor Manuel Barceló R.*

La globalización de las economías, que significa su subsunción en una sola economía universal, no fue inventada por la mente perversa de alguien, ni siquiera es un «plan» siniestro de las todopoderosas empresas multinacionales, simplemente es un fenómeno «natural», si así puede llamársele, propiciado –entre otras cosas– por la acelerada multiplicación de las comunidades electrónicas, que configuran, hoy por hoy, una gigantesca red mundial de unidades interco-nectadas, la omnipresente world wide web (www), que nos muestra rostros cada vez más poderosos, pero a la vez más simples de acceso.

De modo que la globalidad es una realidad y, de acuerdo con las filosofías más avanzadas, con la realidad uno no se pelea, simplemente la conoce y la reconoce o no, eso es todo. Pero las consecuencias de la globalización, de los cambios e intercambios en el mundo, han conmocionado todos los valores y las teorías que, apenas hace un decenio, todavía alentábamos, esperanzados en una especie de justicia social universal, por la que bregamos durante varios lustros previos, con el empeño de México en primer plano.

De ahí la importancia del acercamiento que realiza el grupo de los 77 –que en realidad son 133– que conformamos los países menos favorecidos, del antes llamado Tercer Mundo, cuyos representantes sesionan en La Habana, porque buscan el camino que nos permita compartir los beneficios de la globalización sin pagar el alto precio de una mayor marginación y una mayor miseria, razón de ser de esta Conferencia Ministerial.

Y, como la mundialización del comercio y las finanzas ha sido precedida de los intentos de integración regional con la Unión Europea y con el Tratado Trilateral en Norteamérica, así como la Asociación de los que poblamos la cuenca del Pacífico, una de las principales preocupaciones del Grupo de los 77 –como se llamó originalmente, en 1964, con el grupo de Movimiento de Países no Alineados a su interior, que agrupaba a los más aguerridos– es ahora asegurar la convivencia internacional, con base en el respeto a la soberanía y la integridad territorial de los pueblos, prescribiendo la injerencia en los asuntos internos de otros como reza el apotegma juarista– y con ello, obtener el derecho a la autodeterminación, por el que tanto hemos luchado.

Esto es vital, porque la integración de bloques regionales de potencias, presiona contra la existencia y el modo de ser de las naciones pequeñas, amenazadas de simple extinción, por el avasalla-miento de su soberanía, afectada por la deuda externa, que «estorba» a la corriente globalizadora. Será el punto más importante de la declaración final de esta reunión, también llamada «Cumbre Sur», puesta en primer lugar en el orden de prioridades.

Tal vez por mera coincidencia, la reunión de la FAO –la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas– se acaba de producir en Mérida, habiendo advertido de la amenaza de mayores y más extensas hambrunas en el mundo, a medida que la presión demográfica y las inequidades -que son iniquidades- en el mundo, dejan fuera del simple límite de supervivencia a centenares de millones de seres humanos.

Desde luego, los planteamientos de la reunión de los 77 en la Habana, se centran en las implicaciones que para nuestros pueblos tiene la globalización, como fenómeno irreversible e inevitable, las relaciones Norte-Sur, de intercambio injusto, y las de cooperación entre nosotros mismos –llamadas relaciones Sur–Sur– así como la demanda de que nos armemos con los instrumentos del desarrollo tecnológico y científico de nuestro tiempo.

Qué lejos están los tiempos en que este grupo de naciones -que Julios Nyerere, uno de sus fundadores llamó «sindicato de pobres»- se planteaba la neutralidad, como un simple objetivo que permitiera el desarrollo sin el compromiso ni con el capitalismo, ni con el socialismo. Ahora, sólo queda un sistema viable y la coyuntura plantea que dentro de este sistema prevaleciente, encontremos la justicia social que la mayoría de pueblos del mundo reclama.

Si los planteamientos de la Cumbre Sur, en La Habana, se rigen por la más estricta lógica económica, simplemente harán patente que las mismas leyes del mercado que han sido impuestas a fortiori a nuestros países, indican que no hay salida para la oferta, ni desarrollo de ésta, sin el fomento de la demanda, que simple y sencillamente, es el ingreso y la capacidad de ahorro de los consumidores. O dicho sencillamente, si no somos consumidores, toda la producción se estanca, se pudre o se derrumba, en una crisis también global, esta vez, de dimensiones universales.

En definitiva, que si la economía es global, las metas del desarrollo deben de ser globales, esto es, que deben de abarcar a toda la humanidad y no solamente a los países que tuvieron el privilegio de llegar primero a la modernidad. Ello llevará a nuevas muestras de solidaridad universal, como la de Japón, condonando la deuda de 40 países, pobres entre los pobres.

Esta sencilla verdad ilumina la cuestión, pero también la hace compleja. De nuestro desarrollo y mejoría de vida de nuestros pueblos, depende el desarrollo y la expansión de una economía global, que, por sí misma, fincada en el intercambio entre ellos mismos, está llegando a sus límites estrictos y somos nosotros, los pobres de hoy, los potenciales demandantes de sus mercancías, el rico mercado ignorado y marginado, por ceguera y egoísmo globales. Sería de desearse que México revise cuidadosamente su vinculación al grupo de los 77, para que con su voz y voto, nuestro país mantenga la bandera de su búsqueda del Primer Mundo, sin perder sus obligaciones con las naciones que comparten nuestros problemas. Los 133 países son nuestros hermanos, construimos con ellos los mismos anhelos de racionalidad y equidad en el mundo, para que el progreso sea mejor comprendido y realizado, no de unos a costa de otros, sino por medio de la cooperación y el intercambio, de manera justa y en condiciones de igualdad. Ojalá que en la reunión de Los 8 todopoderosos, de mediados de año, resuene la voz de la razón y permee la justicia, que hoy se emiten desde La Habana.

*Profesor y Licenciado en Economía. Se ha desempeñado en el Servicio Exterior, Secretaría de Gobernación, Gobierno del Estado de Tabasco. Actualmente es Director General del CAPFCE