LOS RETOS DE LA DEMOCRACIA. LA GOBERNABILIDAD EN MÉXICO
Dionisio E. Pérez Jácome*

La actual contienda electoral en México se ha visto caracterizada en fechas recientes por actitudes y declaraciones que buscan la notoriedad y la noticia de primera plana por parte de nuestros opositores. Resulta claro que, ante la falta de claridad en sus plataformas y programas de campaña, resulta más cómodo y sencillo recurrir a los simples descalificativos y a la diatriba, que tratar de presentar al electorado una oferta política. Cualquier foro es utilizado sin importar cual sea su naturaleza y fin; lo que les interesa es aprovechar a los medios de comunicación para transmitir su mensaje de pretendida denuncia opositora y crítica sistemática al sistema político.

En la sesión ordinaria del Consejo General del Instituto Federal Electoral celebrada el pasado 30 de marzo, con una votación dividida, los Consejeros Electorales decidieron que no era procedente sancionar al Partido Acción Nacional por las declaraciones realizadas por su candidato a la Presidencia de la República, quien señaló: «Los capos se han apoderado del partido oficial, de funcionarios públicos desde hace varios años, cuando se descubren prefieren esconderlo debajo del tapete para no hacer olas. Este gobierno es parte del problema, no de la solución, más de lo mismo, significa que el narcotráfico seguirá creciendo, a mi me parece que sí se puede enfrentar el problema al terminar con la tolerancia desde el propio gobierno». El principal argumento que sostuvieron los señores Consejeros para no sancionar, fue el pretendido derecho de cualquier ciudadano a expresarse libremente, el que está contenido en el artículo 6º constitucional. Nada más lejano de la realidad.

La garantía individual a que se refiere dicho precepto señala textualmente: «La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, los derechos de tercero, provoque algún delito o perturbe el orden público; el derecho a la información será garantizado por el Estado». Nada más claro, los derechos de los terceros están protegidos en el marco constitucional de un ejercicio extremo, de un ejercicio desbordado de la libertad de expresión, como lo fue el caso al que se ha hecho referencia. Pero aún más: el propio Código Electoral Federal prevé en su artículo 38, párrafo 1, inciso p), que es obligación de los partidos políticos: «abstenerse de cualquier expresión, que implique diatriba, calumnia, infamia, injuria, difamación o que denigre a los ciudadanos, a las instituciones públicas o a otros partidos políticos y sus candidatos, particularmente durante las campañas electorales y en la propaganda política que utilice durante las mismas».

Aún cuando la resolución del Consejo General del IFE de no sancionar al PAN, podría pensarse que llevaba implícita una autorización para que existiera total libertad de los partidos políticos, para utilizar precisamente este tipo de expresiones, estableciendo así, automáticamente, nuevas y singulares «reglas de campaña electoral», la representación de nuestro Partido dejó sentado muy claramente en el seno de la sesión, que la actuación del PRI no se ubicaría en el marco de esa resolución; que nos apegaríamos a lo dispuesto por la ley, que es coincidente con la aspiración de la mayoría de los mexicanos: campañas de altura, que presentaran propuestas y ofertas políticas, propiciando el diálogo y la crítica severa, pero en un ambiente de civilidad y respeto.

Ya en alguna otra ocasión, cuando los Magistrados Integrantes del Tribunal Federal Electoral definieron que no era posible que la Alianza por el Cambio utilizara el emblema con la silueta de su candidato a la Presidencia, éste calificó el hecho de «marranadas», situación que motivó la crítica de la mayoría de los actores del actual proceso electoral, pero que no mereció de los directamente afectados una respuesta de controversia, porque los señores Magistrados están más allá de caer en una provocación tan evidente.

El Partido Revolucionario Institucional ha reiterado en diversas instancias que no incurrirá tampoco en ese juego; ha señalado que continuará con la presentación de propuestas serias, con la reiteración de su oferta política, sin caer en el garlito de nuestros adversarios.

El pasado 13 de abril, el propio Instituto Federal Electoral promovió en una intensa jornada en la sede del propio Instituto, la presentación de las plataformas electorales de los partidos políticos y las coaliciones que participan en la actual contienda; salvo algunas excepciones, la mayoría de los panelistas presentaron sólo la visión de sus agrupaciones sobre los cambios que a su juicio hacen falta en este país. Por supuesto, nuestro partido presentó, a su vez, nuestras propuestas para responder a las actuales necesidades de la Nación, controvirtiendo con nuestros adversarios en torno a las que ellos presentaron, pero en un marco de absoluto respeto y civilidad. Es esto precisamente lo que hace falta promover aún más, como lo ha señalado nuestro candidato a la Presidencia de la República, elevar el nivel de debate; promover el cambio de la injuria y la calumnia, por las ideas y las propuestas constructivas.

La agenda política nacional debe recoger este principio básico, no es posible ya que las declaraciones que denosten al adversario prevalezcan sobre las ofertas políticas. La democracia mexicana debe avanzar hacia niveles en que los ciudadanos puedan reconocer las diferencias que tienen los partidos y lo que ofrecen en sus programas. Este principio deberá ser la base de nuestra gobernabilidad. La que hará factible un tránsito pacífico del país en armonía, hacia estratos de consolidación de nuestro sistema político, donde la democracia sea valorada y reconocida, por todos, como el mejor sistema de vida de la sociedad.

*Licenciado en Derecho y Contador Público; catedrático de la UNAM, el IPN y la UV; actualmente es Senador de la República em la LVII Legislatura, vicepresidente de la mesa directiva de la Cámara de Senadores y consejero del Poder Legislativo en el IFE.